Centro Andino de Estudios Estratégicos
  • Inicio
  • Quiénes somos
    • Artículos del Director >
      • Defensa
      • Seguridad
      • Inteligencia
      • Análisis político
      • Temas internacionales
  • Libros autoría Director
  • Entrevistas al Director
  • Geoestrategia de la Desestabilización
  • Artículos de análisis 30S
  • Archivo Notas CENAE
  • Notas a destacar
  • Videos de interés
  • Audios de interés
  • Temas militares
  • Temas de inteligencia
  • Inteligencia Artificial
  • Artículos otras organizaciones de estudios estratégicos
  • Artículos equipo investigador
    • Diego Pappalardo
    • Andrés Pierantoni G.
    • Germán Gorraiz López
    • Juan Proaño
  • Galería eventos académicos
  • Inicio
  • Quiénes somos
    • Artículos del Director >
      • Defensa
      • Seguridad
      • Inteligencia
      • Análisis político
      • Temas internacionales
  • Libros autoría Director
  • Entrevistas al Director
  • Geoestrategia de la Desestabilización
  • Artículos de análisis 30S
  • Archivo Notas CENAE
  • Notas a destacar
  • Videos de interés
  • Audios de interés
  • Temas militares
  • Temas de inteligencia
  • Inteligencia Artificial
  • Artículos otras organizaciones de estudios estratégicos
  • Artículos equipo investigador
    • Diego Pappalardo
    • Andrés Pierantoni G.
    • Germán Gorraiz López
    • Juan Proaño
  • Galería eventos académicos
Centro Andino de Estudios Estratégicos
10 de abril de 2025

ECUADOR: EL PUEBLO DESPERTÓ Y DEFIENDE LA DEMOCRACIA*

“No es de Shyris vivir de rodillas”
La palabra “democracia” significa “poder del pueblo” (del griego demos: pueblo; y cratos: poder). En términos generales, un Estado está conformado por un gobierno, un territorio y un pueblo. En democracia el pueblo elige a un gobierno y le da el poder para que este gestione, planifique y controle su territorio. En tiempos electorales, muchos vociferan la palabra democracia con total liviandad o arrogante cinismo, pero tienen aversión a otorgar poder real al pueblo, tienen terror al poder del pueblo en acción, a un pueblo poderoso consciente de sus fuerzas, seguro de sus capacidades, defensor de sus necesidades, organizado para gobernar, insubordinado ante cualquier relación de dominio o explotación, unido por el objetivo de transformación y autodeterminación social.
 
El próximo domingo, a través de las urnas, el pueblo ecuatoriano debe tomar el poder para terminar con el actual simulacro de “democracia”, que no es más que una gran mentira organizada en función del afán de lucro de una red familiar oligárquica y de amigos, que conciben al Estado como si fuera (su) empresa, a la política como un negocio y a la justicia como una mercancía que se compra en el mercado para afianzar sus intereses de clase. Así, los privilegiados de un orden social injusto, racista, clasista, patriarcal, neocolonial, xenófobo y violento, buscan –mediante la fuerza, el odio, el miedo y el engaño— expropiar al pueblo de su derecho a la emancipación y a una sociedad verdaderamente democrática con un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
 
En ese marco, retomamos el llamamiento de nuestra candidata a presidenta, Luisa Gonzáles, a respetar nuestro derecho a la democracia, tal como ella señaló: “¡porque este pueblo ya perdió el miedo, este pueblo se levanta y exige sus derechos de pie!”; reivindicando el poder popular en las calles y en las urnas para transformar la sociedad y forjar justicia social, participando de la unidad en la diversidad y organizando a las fuerzas sociales y políticas para construir y defender una democracia plurinacional e intercultural en aras del bien común, la honestidad, la verdad, la autodeterminación y el bienestar material que merecen y exigen los pueblos.
 
Aquello solo será posible en el marco de un proyecto histórico contrahegemónico de igualdad con prosperidad, de paz con soberanía, de una vida digna colmada de esperanzas y realizaciones individuales y colectivas, representado por la Revolución Ciudadana, y con el respeto a la Constitución de la República resumido en el principio del Buen Vivir para todos y todas.
 
Nos sumamos, así, a la convocatoria a defender una democracia plural y diversa donde escribamos todxs nuestra propia historia, radicalizando el horizonte de cambio social, ejerciendo la memoria y conciencia de lucha para abrir nuevos caminos de articulación colectiva basados en la garantía, protección y amplificación de los Derechos Humanos y los de la Naturaleza, celebrando la vida buena de todos los seres sintientes y vivientes de nuestra tierra y buscando la PAZ.
 
Se termina ya la miseria planificada del neoliberalismo antidemocrático y autoritario que ha destruido el Estado durante los últimos 8 años, mercantilizado la justicia, judicializado la política y militarizado la sociedad. Estamos, por fin, unidos contra quienes se han servido de la guerra y la muerte para intentar dominar a la patria, desvirtuar a la democracia y saquear sus instituciones, diseminando mentiras para estafar al pueblo en función de su codicia.
 
Ha llegado el tiempo de luchar y erigir, juntxs, un proyecto de vida presente y futuro con salud, educación, trabajo, seguridad, alimento y vivienda dignos. Es la hora de la verdadera democracia, la del poder popular de vida, paz, igualdad y prosperidad para todxs.

* Juan Proaño Salgado y Jacques Ramírez Gallegos

8 de mayo de 2025
Échale MATE | ¿El Movimiento Indígena vendido a la derecha? Sigue el análisis de David Chávez

La izquierda que olvidó a Marx y la derecha que entendió a Gramsci

Gramsci está de moda. Pero mientras unos lo recitan como un relicario oxidado colgado del cuello de una retórica sin cuerpo, otros lo entienden como manual operativo, lo convierten en estrategia.
Revista Jacobin          René Ramírez
La izquierda contemporánea anda recitando a Gramsci como si sus ideas fueran souvenirs de una revolución institucionalizada. «Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad» se repite como mantra en cafés universitarios, discursos de campaña, manuales de autoayuda progresista y más allá. Mientras tanto, la extrema derecha toma notas, ordena sus cuadros, construye sentido común y gana elecciones. Más grave, aún el triunfo electoral de este lado sobreviene solo cuando la derecha deja «tierra arrasada». A diferencia de la primera ola progresista, que supo irrumpir en tiempos de crisis con un proyecto político propio, hoy llegamos cuando no queda piedra sobre piedra, como parteras de lo que otros destruyeron. Y gobernar desde los escombros no es gobernar: es resistir con oxígeno prestado. Ganar por la negativa es condenar a cualquier proyecto político a la no sostenibilidad histórica.
Gramsci está de moda. Lo citan tanto los herederos de Laclau como los asesores de Vox, Javier Milei y Jair Bolsonaro. Pero mientras unos lo recitan como un relicario oxidado colgado del cuello de una retórica sin cuerpo, otros lo entienden como manual operativo. Lo convierten en estrategia: construcción hegemónica en tiempo real. Nosotros, atrapados en la obsesión por las narrativas, hemos ido olvidando la materia, hemos ido olvidando a Marx. Nos hemos vuelto huérfanos del modo de producción, ciegos ante la arquitectura material que da forma a las subjetividades.
Porque sí, camaradas de Twitter y militantes del algoritmo: la subjetividad no flota en el aire, no nace en TikTok ni muere en X. La subjetividad se estructura en la relación social con la producción, con la distribución, con el reparto del tiempo, del suelo y del hambre. ¿Qué materialidad proponíamos cuando la tecnología privatizada construía individuos antisociales y antidemocráticos, moldeados por algoritmos adictivos y discursos de odio personalizados? ¿Dónde estábamos cuando las plataformas enseñaron que todo es competencia y que la culpa siempre es del otro pobre, del otro repartidor, de la otra uberista, del otro migrante, la otra feminista, en fin, del otro que no se sacrifica en la misa neoliberal del mérito?
Marx no está muerto. Está secuestrado. Lo enterramos bajo likes, lo expulsamos del análisis político y lo sustituimos por «emociones colectivas» y «comunicación eficaz» de estrategas de marketing carentes de compromiso con la historia. Pero no se puede disputar hegemonía sin leer las grietas del modo de acumulación. No se puede disputar el alma sin entender el cuerpo. «Lo nuevo no nace», porque nuestra acción no lo fecunda. Definitivamente no somos los «monstruos», pero sí parecemos ser quienes les preparan el lecho en los claroscuros de la noche.
Hoy los cuerpos están precarizados; en otros casos, incluso descuartizados. La desindustrialización ha devuelto la lucha de clases al plano del delivery. La competencia entre pauperizados se ha vuelto espectáculo. En tiempos de Netflix, del capitalismo de plataformas, la autoexplotación se disfraza de libertad. Y en esa libertad encubierta, la extrema derecha siembra su evangelio: que el Estado es un parásito, que las feministas destruyen la familia, que el migrante roba el trabajo, que el pobre es pobre porque quiere…
Su síntesis es tan perversa como brillante. Mientras nosotros intelectualizamos nuestras derrotas y disputamos pronombres o adjetivos, la derecha construye narrativas ancladas en la rabia, el miedo, el sentido del deber y de la pérdida, relatos acorde a los cambios materiales propios de nuestra época. La derecha narra la nostalgia como promesa. Y, como bien supo Gramsci, eso también es política.
La industria del narcotráfico enseña con sangre: la violencia como forma de resolver conflictos. Esta también es parte de la crisis de acumulación. La religión conservadora enseña con dogma, con dogma como sustituto de la razón pública. Se estigmatiza el conocimiento científico, se asedia a las universidades y las humanidades desparecen poco a poco. La pandemia enseñó que el Estado puede morir por abandono y que el antipolítico puede convertirse en profeta. En ese caldo venenoso, la extrema derecha construyó subjetividades con eficacia quirúrgica, articulando lo material con lo simbólico, lo estructural con lo emocional. Mientras tanto, nosotros, atrapados en nuestra estetización de la política, hemos olvidado que la ideología no es solo un relato sino una práctica histórica anclada en las condiciones concretas de vida.
El avance de la derecha extrema no es un accidente. Es el resultado de haber leído correctamente las transformaciones del capitalismo: la falsa «desfosilización» como nueva acumulación, la digitalidad como nueva frontera de control, la ecología como excusa para nuevos extractivismos. Su utopía ya no solo es el orden y la tradición, sino la libertad privatizada, la tecnología como redención y la propiedad como horizonte moral.
Pero frente a todo esto tenemos un antídoto. Debemos volver a Marx. Volver a pensar la subjetividad como resultado de la estructura, no como simple emoción flotante. Volver a leer el capital no solo como crítica al mercado, sino como diagnóstico de las formas de vida que produce. Porque solo desde ahí puede construirse una nueva pedagogía política, que articule cambios materiales con horizontes ideológicos, que dispute el sentido común desde el suelo y no desde la pantalla. Volver a pensar lo analógico en tanto cuerpo a cuerpo y en tanto tiempo no usurpado.
La lucha cultural sin crítica de la economía política no es más que performance progresista. Si no se transforma la base, la superestructura se burla. Gramsci, sin Marx, es un meme. Y la izquierda, sin Marx, es una marca sin producto.
La izquierda que olvidó a Marx y la derecha que entendió a Gramsci

13 de mayo de 2025

14 de mayo de 2025

Viviana versus la indecente monarquía de la plutocracia

Quién y por qué tiene que presidir la Asamblea Legislativa
por: Alexis Ponce
Era el 2006. Un año revuelto, tras dos golpes de calle (2000 y 2005) que terminaron con tres gobiernos. También significó un período de tiempo con dos levantamientos indígenas, una paralización nacional del taxismo, paros obreros regionales, masivas protestas callejeras y un inútil conato de revuelta militar en 2004 para echar abajo al gobierno de Lucio, con civiles participantes mezclados en intereses contrapuestos, entre ellos el hoy “analista” de la ultraderecha Antonio Ricaurte, el ex embajador Mauricio Gándara, con quien había coincidido en oponerme a las fumigaciones del Plan Colombia y la base militar de EEUU en Manta, militares en retiro y varios dirigentes sociales; conato que fue desactivado antes de encenderse (la sala del subsuelo de un hotel famoso en la calle Cordero de Quito, fue el sitio de las reuniones). 

En ese contexto, tras la exitosa rebelión de los forajidos de Quito en abril de 2005 y mientras hervía la sociedad exigiendo una Constituyente al gobierno interino, para llenarla de derechos e institucionalidad estatal que supere el neoliberalismo rampante y oligárquico heredado de los gobiernos de Sixto, Bucaram, Mahuad, Noboa y Lucio; me convocaron a una reunión en la casa de un notable jurisconsulto ecuatoriano. 

Era una fría tarde quiteña, después de los comicios de primera vuelta, realizada el domingo 15 de octubre y pocas semanas antes del domingo 28 noviembre de ese mismo año, en que se enfrentaron los finalistas Álvaro Noboa, representante de la plutocracia local que había sido presidente de la Junta Monetaria de Abdalá Bucaram, y Rafael Correa, entonces desconocido economista que se había catapultado casi como un outsider de la política en el gobierno interino de Alfredo Palacio. El eminente jurista del Ecuador, después fallecido, que me convocó a su casa, me esperaba con su hija e hijo; me acompañó a la cita una compañera del “Acuerdo Nacional Constituyente”, que fundamos cerca de 300 organizaciones del país y lideré desde la APDH, la entidad aglutinadora, entre 2005 y 2008.

Era tarde y la relevancia de la reunión significó que se prolongara hasta el anochecer, solamente distraídos por el infaltable café con pan. El anfitrión era, seguirá siendo, un hombre histórico de nuestra Patria. Y me convocaba para cederme un documento que lo guardaba celosamente durante quién sabe cuánto tiempo. 

En síntesis, me dijo el por qué me citaba: “En la edad que tenía y tras haber visto tanta agua correr bajo el puente, solo podía confiar en usted por ser un defensor de DDHH, y por eso decidió entregarme el documento, con el fin de que lo haga público a través de los espacios que creyera pertinente". 

Se trataba del documento en el que Álvaro Noboa declaraba interfecto (“impedido mentalmente”) a su padre, por la herencia, para que no influyera en lo absoluto en el proceso que lo enfrentaba con su hermana Isabel, ambos poderosos miembros de una familia oligárquica ecuatoriana, dueña de una fortuna que 16 millones de ecuatorianos, ni rompiéndonos el lomo durante 150 años, podríamos llegar a tener. Porque el capital acumulado no significa trabajo, sino plusvalía y otros adjetivos menos escrupulosos y tibios.
 
Le pregunté por qué precisamente me lo entregaba a mí y al Acuerdo Nacional Constituyente: “Porque quiero contribuir a impedir que un individuo así gane la Presidencia. Pero por mi salud, mi edad, ya no puedo hacerlo, pero deposito en usted mi confianza de que sabrá lograr que la ciudadanía conozca esta infamia, pues fui uno de los abogados de don Luis Noboa Naranjo y no es justo que hasta se le haya victimado con el robo del documento en EEUU, contratando delincuentes de Colombia. Es mi última contribución a la Patria y confío en su seriedad y valor”.

Salimos del lugar y tras una accidentada odisea por varios sitios y reuniones, en parecido padecimiento sufrido para lograr que se publique en el Ecuador en 1996 el libro “El testigo” del ex agente Hugo España, tras dos años de espera y boicot pasivos (el modus operandi del país), logramos contactar a Carlos Vera, periodista de Ecuavisa entonces, quien en aquel momento no se había pasado aún a la ultraderecha y éramos amigos que nos respetábamos uno a otro. Me citó en su departamento, en la avenida Shyris, y apenas ingresamos a la sala, hizo un comentario frontal pero errado sobre la querida, histórica y hermosa compañera, que asistía conmigo a la reunión crucial. Le expusimos en nombre del Acuerdo Constituyente y la APDH lo ocurrido, sin nombrar al eminente ecuatoriano, cuya memoria siempre respeté y respetaré. 

Entonces, Carlos, tras intuir lo que sucedería, indicó, palabras más, palabras menos: “Lo expondré en mi noticiero. Vamos a subir a la presidencia a Rafael Correa con semejante documento, y posiblemente me gane o nos ganemos el odio y amenazas de muerte del que va a perder: Noboa. Les pido que hables con el sindicato eléctrico (mi padre) para que protejan el canal y la torre de transmisión, y así garanticen que Noboa no ordenará apagones o daños al canal, y será una de las estrategias que usarán para que el país no se entere. Lo pasaremos en el noticiero matutino y luego en el nocturno. Y veremos qué sucede. Cuídense”.

Y cumplió su palabra. El documento fue conocido públicamente y levantó una ola de indignación; resultó una contribución esencial a la derrota de Noboa padre y a la victoria de PAIS y Rafael Correa. Vivíamos en el continente la primera ola progresista y la primavera latinoamericana de gobiernos de izquierda. La plutocracia tendría que esperar otro momento para que la correlación de fuerzas, a su favor, gire la brújula de la historia. 

Al cambiar el panorama, en el mundo, el continente y, especialmente en el Ecuador, nuevamente convertido (lo fue en 1999), en un laboratorio de experimentos de dominación militar, política, económica, psicológica-social, y sobre todo cultural, el vástago del clan sería presidente para una fase rápida de interinazgo en que declaró la guerra y existencia de un “conflicto armado terrorista interno”, que alentó la ultra - derechización de una gran parte de la población, y luego, en oscura opacidad fraudulenta, impuso su ilegítima “victoria” en las elecciones de 2025.

En esas condiciones, mientras los BRICS derrotan la unipolaridad y los 4 grandes referentes geoestratégicos de Latinoamérica: México, Brasil, Venezuela y Colombia, mantienen una fuerte tendencia progresista; Milei y Noboa son la evidencia de lo que realmente quiere la elite dominante para nuestros países. En nuestro caso, han convertido al Ecuador en colonia militar, mercenaria y geopolítica en favor de lo más violento y neocolonial del planeta: EEUU, Israel, la Ucrania neonazi y una empresa mercenaria privada de criminal conducta. 

Quieren, en suma, devolvernos a dos pasados: el Garcianismo, que castigaba con látigo, cepo, golpe, mazmorra, panóptico y fusilamientos la disidencia y protesta; y el “Gran Cacao”, cuando las élites hasta emitían billetes propios, dueños de vidas, haciendas, indios y montubios. El ropaje moderno, no oculta el objetivo: han venido para reinar como en monarquía, el mocoso en el palacio de Buckingham criollo, y se dice que la madre en la Cámara de los Lores. En tanto que sus yanaconas y empleados al frente de la Fiscalía, Corte Constitucional, CNE, TCE, FFAA, Policía, Grandes medios pautados y ecosistemas troll, controlan al avispero.
 
Nada está hablado. Nada está vencido, sino hasta el final. RC, si no siguen saliendo asambleístas sin historia ni conciencia de clase, y un Pachacútec disciplinado y enérgico con los crápulas, podrían lograr lo que en justicia sería dable: que, siendo el partido ganador en curules, las mismas que les fueron quitadas con delictivos cachineos de esquina por parte del CNE TCE vendidos a Carondelet; el Reichstag criollo no va a ser copado por los fascistas como en 1933. Esta vez, como en el Acto II, Escena 1 de Macbeth: “La noche está en lucha con la mañana, mitad por mitad”. 

Fuerte bloque es la noche y la niebla de CREO y fuerte bloque es la mañana de la RC. Aliados tienen ambos lados: la monarquía, pero también la resistencia ciudadana y nacional. Por lo tanto, la pregunta es: ¿Quién y por qué tiene que presidir la Asamblea Legislativa? ¿O Viviana (Viviana Veloz), o la indecente monarquía de la plutocracia representada por Lady Annabelle o cualquier empleado del grupo económico?

Hoy la acompañé en su, quizás, último acto público, o penúltimo, o -conociéndola como he aprendido a conocerla-, el antepenúltimo, pues no descansa ni pierde tiempo: sabe, desde niña, que cada hora que pasa, es crucial en su vida y la de su pueblo. 

El acto, realmente, fueron dos actividades, ahí mismo todo, con público lleno de todas partes: asambleístas, trabajadores, servidores, funcionarios, periodistas, sociedad civil: el develamiento del retrato presidencial en el Salón de presidentes “y presidentas” como dijo Viviana. Y el lanzamiento del libro “Con tinta sangre del corazón”.

Allí dijo: “Este gesto no obedece a la búsqueda de reconocimiento personal ni a un deseo de trascendencia, sino al cumplimiento de una disposición institucional que acompaña a quienes hemos presidido la Asamblea. En medio de tantas imágenes masculinas, este es el primer retrato de una mujer presidenta que se incorpora a esta galería, y eso tiene un profundo valor simbólico. No llego sola: me acompañan en la memoria las cuatro mujeres que me antecedieron en esta Asamblea, quienes abrieron brecha con su esfuerzo y determinación. Que este retrato quede aquí, en un espacio históricamente masculino, tiene un significado que va mucho más allá de lo protocolario. Que sirva como testimonio para todas las mujeres que, como yo, no nacimos en cuna de oro, pero que hemos demostrado que ¡sí se puede! Que sea una fuente de inspiración para las nuevas generaciones de mujeres que hoy alzan la voz y reclaman, con toda razón, más espacios en la vida pública de nuestro país”.

Y remató: “Deseo que, al contemplarla, no vean únicamente a quien tuvo el honor de presidir esta institución, sino a una mujer que, como tantas, ha recorrido este camino con aciertos y errores, con esfuerzo, con compromiso y con la firme voluntad de aprender y servir. Porque haber llegado al primer poder de estado y representarlo con responsabilidad y transparencia, es ir rompiendo el techo de cristal para nuestras niñas.”

Viviana nació el 7 de noviembre de 1984 en Santo Domingo de los Tsáchilas; era una bebé mientras el país era sacudido por el régimen autoritario de León Febres Cordero.  Es decir, genéticamente, lleva aquel dolor nacional sintetizado en la desaparición de los hermanos Restrepo, y una rebeldía contra las injusticias que la hicieron la mujer que es hoy.

Viviana fue la asambleísta que llevó al banquillo de los acusados a nada menos que un presidente, Guillermo Lasso. El 17 de mayo dicho señor firmó el Decreto Ejecutivo 741 que activó la «muerte cruzada», argumentando en su decreto «grave crisis política y conmoción interna»; disolviendo la Asamblea y convocando a elecciones presidenciales y legislativas extraordinarias, con tal de evitarse el juicio político, la destitución quizás, y sobre todo el edpacio público abierto en el juicio para evitar que la sociedad vomite días enteros conociendo  los nexos delincuenciales de dicho gobierno con el crimen organizado. Y al optar Lasso por la muerte cruzada y convocar a elecciones, su principal opositora visible, Ella. Viviana,  fue reelegida, siendo uno de los candidatos más votados. El presidente salió del cargo por la puerta trasera y de bajo perfil, mientras la fiscalía borraba las huellas del delito hasta hoy en día.

Viviana entonces, lideró una cantidad considerable de proyectos de ley entre los cuales destaca la creación de la Universidad de Santo Domingo, la lucha contra la corrupción, las Discapacidades, protección de datos, movilidad humana, derechos civiles, leyes aprobadas que fortalecen lo que nos hace iguales. Porque sin igualdad no hay democracia, cono acostumbra a decir. 

Y ella, Viviana, es madre, hermana, hija, ciudadana, mujer y patriota. Hoy, en estas horas, Patriota es el título más necesario. Pocas personas lo tienen en tiempos adversos. Y Viviana es una de ellos.

Es la patria o la ocupación. Viviana representa la madre Patria, cuya historia de dignidad prometemos defender sus hijas e hijos dignos. Y quienes defenderemos la Bandera y sus colores Amarillo Azul y Rojo, el Escudo, el Himno, la vida.

Que Viviana sea la presidenta de la Asamblea, donde según el Observatorio civil académico que monitorea el trabajo y los mínimos errores del legislativo, ella es la asambleísta en primer lugar en puntualidad, cero atrasos y cero faltas, permitiría que exista algo que, de ganar la aristócrata, no habría: equilibrio de poder. Y garantías a los derechos. Es indispensable votar progresismo, votar izquierda, votar movimientos sociales. Es decir, Votar Ella, Viviana. 
 
La oligarquía no se espera esta opción. Lady Macbeth desde la eternidad inmortal de Shakespeare repite una vez más que, estando mitad a mitad la mañana y la noche, el sol volverá, el sol vuelve, tras este anochecer,  porque la niebla no podrá perpetuarse jamás.

  • Manuel Choro
  • Edmundo Cerda
  • Cecilia Baltazar
  • Carmen Tiupul
  • José Nantipia
  • José Nango
Mientras tanto, Álex Toapanta (Cotopaxi), Mariana Yumbay (Bolívar) y Dina Farinango (Pichincha) se abstuvieron, pues, no votaron ni por Revolución Ciudadana ni por ADN.
De los nueve legisladores de Pachakutik, seis votaron con ADN y tres se abstuvieron

“Lo que vimos hoy es la consolidación de un totalitarismo”:
​Revolución Ciudadana denuncia exclusión en la sesión de la Asamblea
El oficialismo bloqueó a la RC en la primera sesión de la nueva Asamblea
¿Quién es Niels Olsen, el ministro e influencer que se convirtió en Presidente de la Asamblea Nacional?
ADN obtiene la presidencia y primera vicepresidencia de la Asamblea; Pachakutik asume la segunda vicepresidencia

22 de agosto de 2024
"El error de la izquierda no correísta" según David Chávez



Contacto

Links de Interés

Encuesta

Blog Mario Ramos

© COPYRIGHT 2015. ALL RIGHTS RESERVED.