14 de abril de 2026
El espejismo del bloqueo: Por qué EEUU no puede cerrar el estrecho de Ormuz
Hispan TV Xavier Villar
NOTA CENAE: Brillante análisis:
Cuando el Comando Central de EEUU (CENTCOM) anunció del inicio de operaciones para interceptar embarcaciones asociadas al petróleo iraní, los mercados apenas reaccionaron.
Varias personas pasan junto a un mural, que representa misiles iraníes atacando un portaviones estadounidense, en Teherán, capital de Irán, 8 de abril de 2026.
Esa ausencia de sobresalto no fue una muestra de indiferencia ni el síntoma de una economía demasiado acostumbrada a la crisis; fue, más bien, una lectura bastante precisa del desfase entre la retórica de bloqueo y la realidad material del Golfo Pérsico. Washington presentó la medida como una demostración de fuerza, como si la sola enunciación de una prohibición bastara para alterar el curso del comercio marítimo mundial, pero lo que siguió fue algo muy distinto: una exposición sobria, aunque difícil de admitir en la capital estadounidense, de los límites estructurales del poder naval norteamericano en una región donde la geografía no obedece al lenguaje de las sanciones y donde la economía política del petróleo ha aprendido, desde hace años, a moverse con una elasticidad que desmiente los gestos de autoridad.
Los datos de las semanas previas ya habían anticipado ese desenlace. Una parte sustancial del crudo iraní había sido retirada de terminales vulnerables y desplazada hacia zonas de espera fuera del Golfo Pérsico, o bien cargada en buques fondeados en rutas donde la trazabilidad se vuelve incierta y la jurisdicción se fragmenta. No se trató de una retirada improvisada ni de una reacción nerviosa ante el anuncio estadounidense, sino de una operación de anticipación, organizada con la paciencia de quien sabe que el verdadero campo de batalla no es el puerto sino la cadena de circulación que lo enlaza con otros puertos, otros registros, otras jurisdicciones y otros intermediarios. Cuando comenzó la operación estadounidense, los puntos que debía asediar ya estaban, en lo esencial, vaciados. La escena era casi una parábola del orden contemporáneo: una flota desplegada para impedir un flujo que su adversario había sabido desviar antes de la llegada del bloqueo.
La dificultad central, sin embargo, no reside sólo en esa capacidad iraní de adaptación, sino en el propio diseño del sistema que Washington pretende ahora disciplinar. No se puede cerrar el estrecho de Ormuz de manera selectiva sin tocar al mismo tiempo el tráfico de otros grandes compradores ni perturbar corredores por los que circula una parte decisiva del comercio energético mundial. El estrecho no es un punto periférico ni una frontera menor; es uno de esos pasajes en los que la economía global concentra su vulnerabilidad. Intentar filtrar ese tráfico barco por barco, cargamento por cargamento, mientras se preserva intacto el resto del flujo, no es una operación militar en sentido estricto. Es una ficción burocrática revestida de lenguaje estratégico. Y lo que vuelve esa ficción especialmente inestable es que el Golfo Pérsico no es un teatro vacío, sino un espacio saturado de intereses superpuestos en el que cada movimiento estadounidense produce efectos que desbordan su intención declarada.
China entendió esto de inmediato y actuó en consecuencia. No hizo falta una proclamación solemne sobre soberanía ni una invocación grandilocuente del derecho internacional. Bastó con mantener los vínculos energéticos con Irán y dejar claro, por canales diplomáticos y comerciales, que cualquier interferencia con ese tráfico sería interpretada como un acto hostil. La aparente sobriedad del lenguaje chino no debe engañar: en cuestiones de seguridad energética, Pekín no puede permitirse aparecer como un actor que cede ante la presión unilateral de Washington. Y esto no se explica sólo por orgullo nacional o por una lógica abstracta de prestigio, sino por la relación concreta entre energía, crecimiento y legitimidad interna. Un bloqueo efectivo contra Irán exigiría a Estados Unidos la disposición a arriesgar una confrontación con China por el control de un corredor marítimo del que dependen, directa o indirectamente, varias de las principales economías asiáticas. Esa posibilidad existe en la imaginación de ciertos estrategas, pero no en la política real de la Casa Blanca ni, menos aún, en el cálculo cotidiano del Pentágono.
Por eso la operación, en su forma inicial, se redujo con rapidez a una versión más limitada, más ambigua y, en el fondo, más reveladora de sus propias restricciones. Incluso esa formulación atenuada se enfrenta al problema ya señalado: los puertos han dejado de ofrecer el tipo de blanco definido que la narrativa del bloqueo presupone. El tráfico iraní directo ha sido sustituido por circuitos más distribuidos, por buques registrados bajo banderas de conveniencia y por cargamentos cuya titularidad se diluye en una arquitectura de sociedades interpuestas, registros offshore y operaciones de trasbordo. Parte del crudo permanece ahora en barcos fondeados frente a costas del sudeste asiático, nominalmente a la espera de compradores, pero funcionando en la práctica como depósitos móviles, una reserva flotante que no sólo elude la coerción sino que la desplaza en el tiempo y en el espacio. Cada intento de fijar un punto de presión encuentra una geografía que se reconfigura, una propiedad que se redistribuye, una jurisdicción distinta. La consistencia de este sistema no depende de su legibilidad inmediata, sino de su capacidad para absorber perturbaciones y redistribuir sus costes.
La cuestión decisiva es, entonces, si Estados Unidos está dispuesto a empujar esta lógica hasta sus últimas consecuencias. Técnicamente puede detener cualquier petrolero civil; políticamente no puede hacerlo sin asumir costes que podrían exceder ampliamente cualquier beneficio inmediato. La detención de buques vinculados al comercio chino, o incluso de cargamentos asociados a redes asiáticas más amplias, abriría una secuencia de incidentes con actores que van mucho más allá de Irán. El mar del Sur de China, el estrecho de Malaca, los puertos malayos y singapurenses, las rutas de trasbordo y las cadenas de seguro marítimo: todo eso quedaría implicado en una operación que Washington querría presentar como una medida selectiva y que inevitablemente adquiriría un carácter sistémico. El problema no es sólo que el coste de esa escalada sea elevado; es que no hay una forma limpia de administrarlo. El bloqueo, en otras palabras, no produce control: produce fricción, y la fricción, en un sistema tan interdependiente, se convierte pronto en crisis.
Lo que Washington parece no querer reconocer es que Irán ha pasado décadas preparándose precisamente para este tipo de presión. Su capacidad no depende de una única arma ni de una sola amenaza, sino de una constelación de respuestas posibles que, combinadas, vuelven demasiado costoso cualquier intento de estrangulamiento marítimo. Puede hostigar el tráfico, amenazar rutas alternativas, presionar infraestructuras energéticas regionales y, si decide hacerlo, convertir el estrecho en un espacio temporalmente inhabitable para el comercio. No hace falta que esa capacidad sea técnicamente deslumbrante; basta con que sea creíble. Y lo es, porque ha sido demostrada en distintos momentos: en ataques a petroleros durante la guerra con Irak, en capturas selectivas de buques, en acciones contra infraestructuras energéticas regionales, en la constante advertencia de que el Golfo Pérsico no es un espacio que pueda pacificarse desde fuera por decreto o por patrulla.
Aquí aparece la dimensión más importante del conflicto. El estrecho de Ormuz no es sólo un pasaje marítimo; es una pieza de negociación, un instrumento de disuasión para Teherán. Quien controla ese paso no domina simplemente un corredor: dispone de una capacidad para hacer visible el precio político de la coerción. Y esa es la razón por la cual la estrategia estadounidense, por muy cuidadosamente que se redacte, tropieza con una contradicción interna. Washington quiere usar el estrecho como palanca contra Irán, pero al hacerlo corre el riesgo de que esa misma palanca actúe en sentido inverso. Cuanto mayor sea la presión, mayor será también el incentivo iraní para recordar que el control del paso no pertenece a una sola potencia, ni se deja reducir a una operación policial del orden marítimo.
La consecuencia probable es una escalada lenta, más administrativa que cinematográfica, pero no por ello menos peligrosa. Los buques son detenidos o inspeccionados; las primas de seguro suben; las rutas se desvían; los puertos operan con incertidumbre; los mercados anticipan interrupciones; los Estados del Golfo Pérsico recalculan sus márgenes; los importadores asiáticos observan con alarma una situación que no controlan. Todo eso puede parecer una suma de perturbaciones menores, pero en un sistema energético globalizado esas perturbaciones se acumulan y se traducen en una presión política mucho más amplia. El estrecho se convierte así no en una barrera limpia sino en un foco permanente de inestabilidad, una zona donde la soberanía, el comercio y la seguridad se solapan sin resolverse nunca del todo. Lo que se pretendía como una acción de contención termina siendo una fábrica de incertidumbre.
La verdadera cuestión, entonces, no es si Estados Unidos puede anunciar un bloqueo. Eso puede hacerlo. La cuestión es si puede sostenerlo sin alterar las condiciones mismas que lo hacen posible. Y la respuesta, por ahora, parece negativa. El estrecho de Ormuz no puede tratarse como un espacio vacío sobre el que una potencia exterior impone voluntad unilateral. Es un lugar donde convergen soberanía, dependencia energética, competencia regional y una memoria larga de confrontación. Cualquier intento de convertirlo en una herramienta de presión exclusiva contra Irán se topa con el hecho de que la infraestructura del comercio global no está organizada para obedecer a un solo Estado, y mucho menos a una sola narrativa estratégica. El orden marítimo que Estados Unidos dice proteger es también el orden que impide que su coerción sea absolutamente eficaz.
A Irán, por su parte, le basta con demostrar que el coste de la presión estadounidense puede subir más rápido que la capacidad de Washington para administrarlo. Esa es la lógica que ha ido construyendo durante años: convertir su vulnerabilidad en recurso, su proximidad geográfica en capacidad de disuasión y su integración forzada en el sistema global en una forma de negociación asimétrica. Estados Unidos sigue pensando, con una mezcla de hábito y arrogancia, que la superioridad naval basta para organizar el mundo. Pero en el Golfo Pérsico, como en otros espacios saturados por intereses rivales y dependencias cruzadas, la superioridad naval no resuelve contradicciones políticas; apenas las hace más visibles, y en ocasiones las acelera.
El bloqueo anunciado el 24 de abril debe leerse, por eso, menos como una estrategia coherente que como un gesto de reafirmación. Está dirigido a audiencias domésticas, a aliados nerviosos y a adversarios que se quiere mantener bajo amenaza. Pero los gestos no sustituyen a la capacidad de producir efectos duraderos. Y en el estrecho de Ormuz, la eficacia no depende del volumen del anuncio sino de la posibilidad real de convertir presión en obediencia sin provocar un desorden mayor. Eso es precisamente lo que Washington no puede hacer. Puede interrumpir, encarecer, intimidar y ensayar formas parciales de coerción. No puede cerrar el estrecho de Ormuz de manera estable sin desorganizar el sistema del que forma parte y del que, en última instancia, también depende. La amenaza existe, sí, pero su eficacia queda atrapada en la misma red que pretende romper.
La lección no es nueva, aunque siga resultando incómoda para los arquitectos de la política exterior estadounidense. Irán no ha desaparecido bajo el peso de las sanciones ni se ha deshecho por la acumulación de amenazas. Se ha adaptado. Ha aprendido a operar dentro de las grietas del orden que lo presiona y ha convertido la geografía del estrecho en un activo político. El problema para Washington no es técnico sino conceptual: sigue imaginando que una combinación de coerción y demostración de fuerza puede reemplazar una negociación real con un actor que, quiera o no quiera, tiene capacidad de imponer costes al conjunto del sistema. Y en ese sentido el bloqueo fracasa antes incluso de completarse, porque parte de una premisa que el Golfo Pérsico ya ha desmentido demasiadas veces: que el control marítimo equivale a control político.
En ese punto, la cuestión deja de ser estrictamente iraní y pasa a ser estructural. La administración estadounidense no está enfrentándose sólo a un rival regional, sino a las contradicciones del orden que ella misma contribuyó a construir: un sistema de comercio global que depende de pasos estrechos, de registros opacos, de intermediarios financieros, de mercados energéticos extremadamente sensibles y de una infraestructura logística cuya eficiencia se sostiene precisamente en su vulnerabilidad. Lo que Irán hace es aprovechar esa vulnerabilidad. Lo que Estados Unidos intenta hacer es disciplinarla sin destruirla. Y ahí reside la imposibilidad. No puede mantener intacto el circuito mundial del comercio y, al mismo tiempo, convertir Ormuz en un espacio controlado de forma unilateral. No puede garantizar el flujo y bloquearlo. No puede afirmar la universalidad del sistema y usarlo como arma contra uno de sus propios nodos.
Por eso el debate no debería girar en torno a si Washington dispone de suficientes destructores, satélites o capacidades de vigilancia. Lo decisivo no es eso. Lo decisivo es que Irán ha logrado situarse en una posición desde la cual cualquier intento de estrangulamiento lo obliga a la vez a una respuesta que extiende el problema al sistema entero. Esa es una forma de poder incómoda para los comentaristas que aún piensan en términos de superioridad lineal, pero es la forma de poder que importa en el Golfo Pérsico. La geografía, cuando está bien aprovechada, convierte la vulnerabilidad en influencia; la dependencia, cuando se vuelve mutua, limita el alcance de las amenazas; y la capacidad de aguantar más que el adversario, en una crisis sostenida, acaba importando tanto como la fuerza inicial.
El fracaso del bloqueo, cuando finalmente sea reconocido como tal, probablemente será presentado en Washington como una “recalibración”, un “ajuste táctico” o una “fase distinta de presión”. Ese vocabulario de la administración del fracaso es ya parte del paisaje político estadounidense. Pero la realidad será más simple y más dura: Estados Unidos habrá descubierto, una vez más, que no puede imponer por la fuerza un cierre selectivo en uno de los corredores energéticos más sensibles del planeta sin desencadenar efectos que no controla. Irán, en cambio, habrá demostrado algo que lleva años demostrando: que el poder no reside sólo en la capacidad de atacar, sino en la capacidad de hacer costoso el ataque ajeno. En el estrecho de Ormuz, ese principio sigue siendo decisivo. Y mientras siga siéndolo, el bloqueo seguirá siendo un espejismo.
Los datos de las semanas previas ya habían anticipado ese desenlace. Una parte sustancial del crudo iraní había sido retirada de terminales vulnerables y desplazada hacia zonas de espera fuera del Golfo Pérsico, o bien cargada en buques fondeados en rutas donde la trazabilidad se vuelve incierta y la jurisdicción se fragmenta. No se trató de una retirada improvisada ni de una reacción nerviosa ante el anuncio estadounidense, sino de una operación de anticipación, organizada con la paciencia de quien sabe que el verdadero campo de batalla no es el puerto sino la cadena de circulación que lo enlaza con otros puertos, otros registros, otras jurisdicciones y otros intermediarios. Cuando comenzó la operación estadounidense, los puntos que debía asediar ya estaban, en lo esencial, vaciados. La escena era casi una parábola del orden contemporáneo: una flota desplegada para impedir un flujo que su adversario había sabido desviar antes de la llegada del bloqueo.
La dificultad central, sin embargo, no reside sólo en esa capacidad iraní de adaptación, sino en el propio diseño del sistema que Washington pretende ahora disciplinar. No se puede cerrar el estrecho de Ormuz de manera selectiva sin tocar al mismo tiempo el tráfico de otros grandes compradores ni perturbar corredores por los que circula una parte decisiva del comercio energético mundial. El estrecho no es un punto periférico ni una frontera menor; es uno de esos pasajes en los que la economía global concentra su vulnerabilidad. Intentar filtrar ese tráfico barco por barco, cargamento por cargamento, mientras se preserva intacto el resto del flujo, no es una operación militar en sentido estricto. Es una ficción burocrática revestida de lenguaje estratégico. Y lo que vuelve esa ficción especialmente inestable es que el Golfo Pérsico no es un teatro vacío, sino un espacio saturado de intereses superpuestos en el que cada movimiento estadounidense produce efectos que desbordan su intención declarada.
China entendió esto de inmediato y actuó en consecuencia. No hizo falta una proclamación solemne sobre soberanía ni una invocación grandilocuente del derecho internacional. Bastó con mantener los vínculos energéticos con Irán y dejar claro, por canales diplomáticos y comerciales, que cualquier interferencia con ese tráfico sería interpretada como un acto hostil. La aparente sobriedad del lenguaje chino no debe engañar: en cuestiones de seguridad energética, Pekín no puede permitirse aparecer como un actor que cede ante la presión unilateral de Washington. Y esto no se explica sólo por orgullo nacional o por una lógica abstracta de prestigio, sino por la relación concreta entre energía, crecimiento y legitimidad interna. Un bloqueo efectivo contra Irán exigiría a Estados Unidos la disposición a arriesgar una confrontación con China por el control de un corredor marítimo del que dependen, directa o indirectamente, varias de las principales economías asiáticas. Esa posibilidad existe en la imaginación de ciertos estrategas, pero no en la política real de la Casa Blanca ni, menos aún, en el cálculo cotidiano del Pentágono.
Por eso la operación, en su forma inicial, se redujo con rapidez a una versión más limitada, más ambigua y, en el fondo, más reveladora de sus propias restricciones. Incluso esa formulación atenuada se enfrenta al problema ya señalado: los puertos han dejado de ofrecer el tipo de blanco definido que la narrativa del bloqueo presupone. El tráfico iraní directo ha sido sustituido por circuitos más distribuidos, por buques registrados bajo banderas de conveniencia y por cargamentos cuya titularidad se diluye en una arquitectura de sociedades interpuestas, registros offshore y operaciones de trasbordo. Parte del crudo permanece ahora en barcos fondeados frente a costas del sudeste asiático, nominalmente a la espera de compradores, pero funcionando en la práctica como depósitos móviles, una reserva flotante que no sólo elude la coerción sino que la desplaza en el tiempo y en el espacio. Cada intento de fijar un punto de presión encuentra una geografía que se reconfigura, una propiedad que se redistribuye, una jurisdicción distinta. La consistencia de este sistema no depende de su legibilidad inmediata, sino de su capacidad para absorber perturbaciones y redistribuir sus costes.
La cuestión decisiva es, entonces, si Estados Unidos está dispuesto a empujar esta lógica hasta sus últimas consecuencias. Técnicamente puede detener cualquier petrolero civil; políticamente no puede hacerlo sin asumir costes que podrían exceder ampliamente cualquier beneficio inmediato. La detención de buques vinculados al comercio chino, o incluso de cargamentos asociados a redes asiáticas más amplias, abriría una secuencia de incidentes con actores que van mucho más allá de Irán. El mar del Sur de China, el estrecho de Malaca, los puertos malayos y singapurenses, las rutas de trasbordo y las cadenas de seguro marítimo: todo eso quedaría implicado en una operación que Washington querría presentar como una medida selectiva y que inevitablemente adquiriría un carácter sistémico. El problema no es sólo que el coste de esa escalada sea elevado; es que no hay una forma limpia de administrarlo. El bloqueo, en otras palabras, no produce control: produce fricción, y la fricción, en un sistema tan interdependiente, se convierte pronto en crisis.
Lo que Washington parece no querer reconocer es que Irán ha pasado décadas preparándose precisamente para este tipo de presión. Su capacidad no depende de una única arma ni de una sola amenaza, sino de una constelación de respuestas posibles que, combinadas, vuelven demasiado costoso cualquier intento de estrangulamiento marítimo. Puede hostigar el tráfico, amenazar rutas alternativas, presionar infraestructuras energéticas regionales y, si decide hacerlo, convertir el estrecho en un espacio temporalmente inhabitable para el comercio. No hace falta que esa capacidad sea técnicamente deslumbrante; basta con que sea creíble. Y lo es, porque ha sido demostrada en distintos momentos: en ataques a petroleros durante la guerra con Irak, en capturas selectivas de buques, en acciones contra infraestructuras energéticas regionales, en la constante advertencia de que el Golfo Pérsico no es un espacio que pueda pacificarse desde fuera por decreto o por patrulla.
Aquí aparece la dimensión más importante del conflicto. El estrecho de Ormuz no es sólo un pasaje marítimo; es una pieza de negociación, un instrumento de disuasión para Teherán. Quien controla ese paso no domina simplemente un corredor: dispone de una capacidad para hacer visible el precio político de la coerción. Y esa es la razón por la cual la estrategia estadounidense, por muy cuidadosamente que se redacte, tropieza con una contradicción interna. Washington quiere usar el estrecho como palanca contra Irán, pero al hacerlo corre el riesgo de que esa misma palanca actúe en sentido inverso. Cuanto mayor sea la presión, mayor será también el incentivo iraní para recordar que el control del paso no pertenece a una sola potencia, ni se deja reducir a una operación policial del orden marítimo.
La consecuencia probable es una escalada lenta, más administrativa que cinematográfica, pero no por ello menos peligrosa. Los buques son detenidos o inspeccionados; las primas de seguro suben; las rutas se desvían; los puertos operan con incertidumbre; los mercados anticipan interrupciones; los Estados del Golfo Pérsico recalculan sus márgenes; los importadores asiáticos observan con alarma una situación que no controlan. Todo eso puede parecer una suma de perturbaciones menores, pero en un sistema energético globalizado esas perturbaciones se acumulan y se traducen en una presión política mucho más amplia. El estrecho se convierte así no en una barrera limpia sino en un foco permanente de inestabilidad, una zona donde la soberanía, el comercio y la seguridad se solapan sin resolverse nunca del todo. Lo que se pretendía como una acción de contención termina siendo una fábrica de incertidumbre.
La verdadera cuestión, entonces, no es si Estados Unidos puede anunciar un bloqueo. Eso puede hacerlo. La cuestión es si puede sostenerlo sin alterar las condiciones mismas que lo hacen posible. Y la respuesta, por ahora, parece negativa. El estrecho de Ormuz no puede tratarse como un espacio vacío sobre el que una potencia exterior impone voluntad unilateral. Es un lugar donde convergen soberanía, dependencia energética, competencia regional y una memoria larga de confrontación. Cualquier intento de convertirlo en una herramienta de presión exclusiva contra Irán se topa con el hecho de que la infraestructura del comercio global no está organizada para obedecer a un solo Estado, y mucho menos a una sola narrativa estratégica. El orden marítimo que Estados Unidos dice proteger es también el orden que impide que su coerción sea absolutamente eficaz.
A Irán, por su parte, le basta con demostrar que el coste de la presión estadounidense puede subir más rápido que la capacidad de Washington para administrarlo. Esa es la lógica que ha ido construyendo durante años: convertir su vulnerabilidad en recurso, su proximidad geográfica en capacidad de disuasión y su integración forzada en el sistema global en una forma de negociación asimétrica. Estados Unidos sigue pensando, con una mezcla de hábito y arrogancia, que la superioridad naval basta para organizar el mundo. Pero en el Golfo Pérsico, como en otros espacios saturados por intereses rivales y dependencias cruzadas, la superioridad naval no resuelve contradicciones políticas; apenas las hace más visibles, y en ocasiones las acelera.
El bloqueo anunciado el 24 de abril debe leerse, por eso, menos como una estrategia coherente que como un gesto de reafirmación. Está dirigido a audiencias domésticas, a aliados nerviosos y a adversarios que se quiere mantener bajo amenaza. Pero los gestos no sustituyen a la capacidad de producir efectos duraderos. Y en el estrecho de Ormuz, la eficacia no depende del volumen del anuncio sino de la posibilidad real de convertir presión en obediencia sin provocar un desorden mayor. Eso es precisamente lo que Washington no puede hacer. Puede interrumpir, encarecer, intimidar y ensayar formas parciales de coerción. No puede cerrar el estrecho de Ormuz de manera estable sin desorganizar el sistema del que forma parte y del que, en última instancia, también depende. La amenaza existe, sí, pero su eficacia queda atrapada en la misma red que pretende romper.
La lección no es nueva, aunque siga resultando incómoda para los arquitectos de la política exterior estadounidense. Irán no ha desaparecido bajo el peso de las sanciones ni se ha deshecho por la acumulación de amenazas. Se ha adaptado. Ha aprendido a operar dentro de las grietas del orden que lo presiona y ha convertido la geografía del estrecho en un activo político. El problema para Washington no es técnico sino conceptual: sigue imaginando que una combinación de coerción y demostración de fuerza puede reemplazar una negociación real con un actor que, quiera o no quiera, tiene capacidad de imponer costes al conjunto del sistema. Y en ese sentido el bloqueo fracasa antes incluso de completarse, porque parte de una premisa que el Golfo Pérsico ya ha desmentido demasiadas veces: que el control marítimo equivale a control político.
En ese punto, la cuestión deja de ser estrictamente iraní y pasa a ser estructural. La administración estadounidense no está enfrentándose sólo a un rival regional, sino a las contradicciones del orden que ella misma contribuyó a construir: un sistema de comercio global que depende de pasos estrechos, de registros opacos, de intermediarios financieros, de mercados energéticos extremadamente sensibles y de una infraestructura logística cuya eficiencia se sostiene precisamente en su vulnerabilidad. Lo que Irán hace es aprovechar esa vulnerabilidad. Lo que Estados Unidos intenta hacer es disciplinarla sin destruirla. Y ahí reside la imposibilidad. No puede mantener intacto el circuito mundial del comercio y, al mismo tiempo, convertir Ormuz en un espacio controlado de forma unilateral. No puede garantizar el flujo y bloquearlo. No puede afirmar la universalidad del sistema y usarlo como arma contra uno de sus propios nodos.
Por eso el debate no debería girar en torno a si Washington dispone de suficientes destructores, satélites o capacidades de vigilancia. Lo decisivo no es eso. Lo decisivo es que Irán ha logrado situarse en una posición desde la cual cualquier intento de estrangulamiento lo obliga a la vez a una respuesta que extiende el problema al sistema entero. Esa es una forma de poder incómoda para los comentaristas que aún piensan en términos de superioridad lineal, pero es la forma de poder que importa en el Golfo Pérsico. La geografía, cuando está bien aprovechada, convierte la vulnerabilidad en influencia; la dependencia, cuando se vuelve mutua, limita el alcance de las amenazas; y la capacidad de aguantar más que el adversario, en una crisis sostenida, acaba importando tanto como la fuerza inicial.
El fracaso del bloqueo, cuando finalmente sea reconocido como tal, probablemente será presentado en Washington como una “recalibración”, un “ajuste táctico” o una “fase distinta de presión”. Ese vocabulario de la administración del fracaso es ya parte del paisaje político estadounidense. Pero la realidad será más simple y más dura: Estados Unidos habrá descubierto, una vez más, que no puede imponer por la fuerza un cierre selectivo en uno de los corredores energéticos más sensibles del planeta sin desencadenar efectos que no controla. Irán, en cambio, habrá demostrado algo que lleva años demostrando: que el poder no reside sólo en la capacidad de atacar, sino en la capacidad de hacer costoso el ataque ajeno. En el estrecho de Ormuz, ese principio sigue siendo decisivo. Y mientras siga siéndolo, el bloqueo seguirá siendo un espejismo.
Resumen ejecutivo de la entrevista:
1. Idea central de la entrevista
El experto sostiene que la guerra entre Estados Unidos/Israel e Irán ha entrado en su fase más peligrosa, porque las decisiones que se tomen ahora pueden llevar a dos escenarios extremos: escalada mayor o guerra prolongada. El conflicto ya superó la fase inicial de bombardeos y está entrando en una etapa estratégica donde los riesgos globales aumentan.
2. La campaña aérea no garantiza la derrota de Irán
El analista explica que los ataques aéreos occidentales pueden destruir infraestructura visible, pero no necesariamente eliminan los activos estratégicos iraníes:
3. Irán tiene ventajas estructurales en una guerra larga
El experto señala que el cálculo estratégico de Irán es distinto al de Estados Unidos o Israel:
4. La escalada podría obligar a Estados Unidos a elegir entre dos malas opciones
Según el experto, Washington enfrenta un dilema estratégico:
5. Riesgo de expansión regional
La entrevista advierte que el conflicto puede extenderse a otros actores y espacios estratégicos:
6. Impacto global
La guerra tiene consecuencias internacionales importantes:
Conclusión del experto
La entrevista concluye que la fase actual es la más peligrosa porque el conflicto ha llegado a un punto de decisión estratégica:
1. Idea central de la entrevista
El experto sostiene que la guerra entre Estados Unidos/Israel e Irán ha entrado en su fase más peligrosa, porque las decisiones que se tomen ahora pueden llevar a dos escenarios extremos: escalada mayor o guerra prolongada. El conflicto ya superó la fase inicial de bombardeos y está entrando en una etapa estratégica donde los riesgos globales aumentan.
2. La campaña aérea no garantiza la derrota de Irán
El analista explica que los ataques aéreos occidentales pueden destruir infraestructura visible, pero no necesariamente eliminan los activos estratégicos iraníes:
- Uranio enriquecido.
- Instalaciones nucleares profundamente enterradas.
- Almacenes de misiles y drones ocultos.
3. Irán tiene ventajas estructurales en una guerra larga
El experto señala que el cálculo estratégico de Irán es distinto al de Estados Unidos o Israel:
- Occidente busca una victoria rápida.
- Irán solo necesita resistir para considerar que ganó.
- su profundidad territorial,
- redes regionales de aliados,
- guerra asimétrica (misiles, drones, milicias).
4. La escalada podría obligar a Estados Unidos a elegir entre dos malas opciones
Según el experto, Washington enfrenta un dilema estratégico:
- Aceptar que Irán sobreviva y gane influencia regional, o
- Escalar hacia una guerra terrestre mucho más costosa y prolongada.
5. Riesgo de expansión regional
La entrevista advierte que el conflicto puede extenderse a otros actores y espacios estratégicos:
- Golfo Pérsico
- Estrecho de Ormuz
- aliados regionales de Irán (milicias y Estados asociados)
6. Impacto global
La guerra tiene consecuencias internacionales importantes:
- presión sobre el mercado energético,
- aumento del precio del petróleo,
- inestabilidad económica global.
Conclusión del experto
La entrevista concluye que la fase actual es la más peligrosa porque el conflicto ha llegado a un punto de decisión estratégica:
- o se logra contener la escalada,
- o el conflicto puede transformarse en una guerra larga, regional y de consecuencias globales imprevisibles.
El fracaso del modelo de “guerra rápida”
El experto sugiere que el enfoque inicial de Estados Unidos e Israel parece seguir el modelo de campaña aérea de precisión utilizado en conflictos recientes:
1. Irán busca transformar el conflicto en una guerra de desgaste
El análisis indica que la estrategia iraní no sería derrotar militarmente a Estados Unidos, sino prolongar el conflicto hasta que el costo político para Occidente sea insostenible.
Elementos clave de esa estrategia:
2. La verdadera amenaza es la escalada regional
El entrevistado sugiere que el conflicto podría ampliarse más allá de un enfrentamiento directo.
Los principales puntos de expansión serían:
3. El riesgo de cálculo erróneo
Uno de los aspectos más delicados señalados es el riesgo de error estratégico.
En conflictos de alta tensión pueden ocurrir:
4. La guerra también es económica
El experto sugiere que el conflicto tiene un componente global:
Impactos probables:
5. El dilema final de Estados Unidos
La entrevista apunta a una decisión estratégica difícil para Washington:
Opción 1: limitar la guerra
Conclusión estratégica
La tesis principal del experto es que el conflicto ha entrado en una fase crítica porque las decisiones que se tomen ahora determinarán si la guerra se contiene o se expande.
La combinación de:
El experto sugiere que el enfoque inicial de Estados Unidos e Israel parece seguir el modelo de campaña aérea de precisión utilizado en conflictos recientes:
- Serbia (1999)
- Libia (2011)
- Irak (2003)
- tiene gran profundidad territorial,
- su infraestructura militar está dispersa y fortificada,
- posee capacidad industrial y tecnológica propia.
1. Irán busca transformar el conflicto en una guerra de desgaste
El análisis indica que la estrategia iraní no sería derrotar militarmente a Estados Unidos, sino prolongar el conflicto hasta que el costo político para Occidente sea insostenible.
Elementos clave de esa estrategia:
- uso intensivo de misiles balísticos y drones
- ataques indirectos a través de aliados regionales
- presión sobre rutas energéticas estratégicas
2. La verdadera amenaza es la escalada regional
El entrevistado sugiere que el conflicto podría ampliarse más allá de un enfrentamiento directo.
Los principales puntos de expansión serían:
- Estrecho de Ormuz (tráfico petrolero mundial)
- Irak y Siria (presencia de fuerzas estadounidenses)
- Líbano (participación de milicias aliadas de Irán)
- Golfo Pérsico
3. El riesgo de cálculo erróneo
Uno de los aspectos más delicados señalados es el riesgo de error estratégico.
En conflictos de alta tensión pueden ocurrir:
- ataques mal interpretados,
- represalias automáticas,
- presión política interna para escalar.
4. La guerra también es económica
El experto sugiere que el conflicto tiene un componente global:
Impactos probables:
- aumento del precio del petróleo
- disrupciones en rutas marítimas
- presión inflacionaria mundial
- impacto en mercados financieros
5. El dilema final de Estados Unidos
La entrevista apunta a una decisión estratégica difícil para Washington:
Opción 1: limitar la guerra
- aceptar que Irán conserve parte de su capacidad estratégica
- evitar una escalada mayor.
- ampliar ataques militares
- correr el riesgo de una guerra regional prolongada.
Conclusión estratégica
La tesis principal del experto es que el conflicto ha entrado en una fase crítica porque las decisiones que se tomen ahora determinarán si la guerra se contiene o se expande.
La combinación de:
- capacidad militar iraní,
- vulnerabilidad energética global,
- presencia de múltiples actores regionales,
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El embajador iraní ante la ONU, Amir-Saeid Iravani, ha pedido a los países que, según él, apoyaron el esfuerzo bélico de EEUU e Israel, incluidos Bahréin, Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania, que paguen una indemnización.
Argumentó que violaron el derecho internacional y deben "hacer una compensación completa por los daños causados a la República Islámica de Irán", incluidas las pérdidas tanto materiales como morales. Teherán estima daños de US$ 270.000 millones por ataques de EEUU e Israel
La portavoz del gobierno iraní, Fatemeh Mohajerani, afirmó este lunes a Sputnik que los daños causados por los ataques de EEUU e Israel a Irán alcanzan los US$ 270.000 millones (alrededor de R$ 1,3 billones), según estimaciones preliminares. Según Mohajerani, las cifras más precisas serán determinadas por el bloque económico del gobierno, cuyo equipo está realizando una evaluación en varias etapas. El primer paso consiste en la evaluación de los daños a los edificios, mientras que el segundo involucra los daños asociados con la pérdida de ingresos presupuestarios y el cierre de instalaciones industriales, agregó la portavoz. Mohajerani señaló que la cuestión de las reparaciones de Estados Unidos a Irán es uno de los temas que están siendo abordados por el equipo de negociación iraní. Presidente de Finlandia: El dominio de Irán sobre el estrecho de Ormuz se ha convertido en un arma nuclear real.
Irán tiene la ventaja en una guerra contra Israel y Estados Unidos debido a su control sobre el estrecho de Ormuz. Y actualmente tiene muchas palancas de presión a su disposición. El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, afirma que Irán ha participado en "terrorismo económico contra el mundo entero".
Trump sobre Giorgia Meloni:
Por Viviana Mazza, corresponsal en Nueva York 14 de abril de 2026 El presidente estadounidense, en conversación telefónica con Corriere della Sera sobre la primera ministra: «No quiere ayudarnos a deshacernos del arma nuclear». Sobre Orbán: «No permitió que la gente viniera a arruinar su país como lo ha hecho Italia». ¿A los italianos «les gusta el hecho de que su presidenta (del Consejo, es decir, la primera ministra) no nos esté dando ninguna ayuda para conseguir el petróleo?», pregunta Donald Trump en una llamada telefónica con Corriere della Sera. «¿A la gente le gusta? No puedo imaginarlo. Estoy sorprendido por ella. Pensaba que tenía coraje, me equivoqué». Incluso antes de darnos tiempo para hacer una pregunta, es el presidente de Estados Unidos quien nos la hace a nosotros, en una conversación exclusiva, preguntándonos sobre la primera ministra Giorgia Meloni. ¿Ha hablado con ella de esto? «No. Simplemente dice que Italia no quiere involucrarse. Aunque Italia obtiene su petróleo de allí, aunque Estados Unidos es muy importante para Italia. No cree que Italia deba involucrarse. Cree que Estados Unidos debería hacer el trabajo por ella». Sobre el Papa, Giorgia Meloni dijo que lo que usted dijo es inaceptable. «La inaceptable es ella, porque no le importa si Irán tiene un arma nuclear y haría volar a Italia en dos minutos si tuviera la posibilidad». ¿Pero han hablado de estas cosas? «No…» ¿Ni siquiera una vez en este último mes? «No, no hemos hablado desde hace mucho tiempo». ¿Por qué? «Porque no quiere ayudarnos con la OTAN, no quiere ayudarnos a deshacernos del arma nuclear. Es muy diferente de lo que pensaba». En una entrevista exclusiva de seis minutos con Corriere, Donald Trump critica duramente a la primera ministra italiana. «Ya no es la misma persona, y Italia no será el mismo país; la inmigración está matando a Italia y a toda Europa». Trump también repite que Europa está «destruyéndose a sí misma desde dentro» con sus políticas de inmigración y energía. «Pagan los costos de energía más altos del mundo y ni siquiera están dispuestos a luchar por el estrecho de Ormuz, de donde la reciben. Dependen de Donald Trump para mantenerlo abierto». Cuando le preguntamos si ha pedido a los italianos y a los europeos el uso de dragaminas, el presidente estadounidense afirma: «He pedido que envíen todo lo que quieran, pero no quieren, porque la OTAN es un tigre de papel». Sobre el Papa León y su llamado a la paz, Trump afirma que el Papa no entiende que Irán representa una amenaza nuclear. «No entiende y no debería hablar de guerra, porque no tiene idea de lo que está pasando. No entiende que en Irán mataron a 42 mil manifestantes el mes pasado». Cuando le preguntamos si lamenta la derrota de Viktor Orbán, responde: «Era amigo mío. No era mi elección, pero era mi amigo, un buen hombre. Hizo un buen trabajo con la inmigración. No permitió que la gente viniera a arruinar su país como lo ha hecho Italia». El embajador israelí en el Líbano, Yossi Gal, dijo:
"Tuvimos excelentes conversaciones. Discutimos las fronteras comunes con el Líbano, donde la gente solo cruzará en ropa formal y trajes de baño. No queremos a Francia en las negociaciones porque no es imparcial". Estamos trabajando con el Líbano tanto a nivel de seguridad como civil y continuaremos las conversaciones. No permitiremos que Hezbolá continúe lanzando cohetes. Es tan simple como eso. Desde Turquía el presidente Erdogan:
«Si Israel no deja de jugar con fuego y de crear obstáculos para la paz en la región, nos aseguraremos de que reciba una buena lección. Cualquier ataque contra Líbano e Irán ahora se considerará un ataque contra Turquía». El movimiento Amal rechaza cualquier negociación directa con "Israel" y reafirma que el Comité del Mecanismo es la única vía para frenar la agresión.
http://es.mdn.tv/948Z "El nuevo Tercer Reich": Diputado polaco exhibe una bandera de Israel con una esvástica
Konrad Berkowicz mostró durante una sesión del Parlamento polaco una bandera de Israel con una esvástica nazi, mientras condenaba las acciones del Estado hebreo, al que calificó como "el nuevo Tercer Reich". El vuelo invisible - ¡Cómo Pakistán aseguró la seguridad de la delegación iraní de alto perfil!
Los jets iraníes ingresaron a Pakistán con el transpondedor apagado en una operación de alta seguridad ejecutada por la Fuerza Aérea de Pakistán • La aeronave de la delegación iraní despegó del Aeropuerto de Gorgan (cerca del mar Caspio) y siguió una ruta altamente segura hacia Pakistán. • El transpondedor de la aeronave fue deliberadamente apagado, haciéndola invisible para los sistemas de seguimiento de vuelos comerciales y limitando los datos identificables incluso en el radar primario. • Esto significó que el jet aparecía solo como un punto en movimiento, sin identidad ni detalles de vuelo —un protocolo de aviación de alta seguridad poco común. • En un movimiento astuto, un Airbus A321 comercial paquistaní voló en paralelo con su transpondedor ENCENDIDO, actuando efectivamente como una señal señuelo. • Mientras tanto, el Airbus A300 iraní real continuó volando en silencio, evitando los sistemas de seguimiento público —una táctica conocida como “engaño de movilidad aérea”. • La aeronave paquistaní fue rastreada globalmente bajo el indicativo de llamada, mientras que el jet iraní real aterrizó de manera segura en la Base Aérea Nur Khan. • Más allá de esto, la Fuerza Aérea de Pakistán desplegó una seguridad aérea en capas, incluyendo: Aeronaves de vigilancia AWACS Cobertura de jets de combate Monitoreo desde la región del Golfo a través de Afganistán hasta Islamabad • Esto representa una de las operaciones de protección aérea en tiempos de paz más complejas, destacando la sensibilidad de las conversaciones en curso en Islamabad. • Tales medidas de engaño y protección multicapa son extremadamente raras, subrayando el entorno de alto riesgo que rodea la visita. Azeem Sabzvari @Azeem_Sabzvari Informes internacionales han revelado los entresijos de una tormenta que marcó la visita de la delegación emiratí encabezada por Khaled bin Mohammed bin Zayed a #Pekín.
Fuentes confirman que la Cancillería china dirigió una "reprensión" sin precedentes a la delegación, describiendo las demandas emiratíes como un "traspaso de las líneas rojas". El presidente chino, en un mensaje de tono extremadamente severo dirigido al príncipe heredero de #AbuDabi: "Transmite a tu padre y a tu gobierno: ustedes son amigos, pero su amistad no les otorga el derecho de trazar el mapa de las alianzas del dragón." Abu Dabi exigió: Ruptura de las relaciones con Irán y desmantelamiento de la alianza chino-iraní. Sin embargo, la respuesta fue contundente, y una reprimenda: "Nosotros establecemos nuestros aliados... La amistad con los Emiratos Árabes Unidos tiene límites, y no incluye la injerencia en nuestras relaciones con Irán" Yusuf AlHoori @yusufAlhoori La revista Farhikhtegan publicó una discusión de 42 minutos sobre las Negociaciones de Islamabad desde una perspectiva iraní, con la participación de Mohamad Amin Imanjani, uno de los miembros de los medios de la delegación iraní.
Hubo bastantes puntos interesantes que ilustraban la perspectiva iraní sobre las conversaciones. Aquí algunos de los principales: - Los iraníes creían que la delegación estadounidense carecía en gran medida de la experiencia técnica para comprender en profundidad los temas. Además, no tenían la autoridad para tomar decisiones importantes (señala que el propio Vance dijo que hizo múltiples llamadas a Trump). - En contraste, la delegación iraní estaba altamente especializada. Incluía a dos jefes anteriores de los equipos negociadores de Irán (Araghchi y Bagheri Kani) junto con el jefe de una de las tres ramas y estaban listos para tomar decisiones. - Creían que la delegación estadounidense, liderada por el Vicepresidente, estaba allí principalmente para evaluar el estado del pensamiento iraní después de semanas de guerra. Hicieron intencionalmente demandas maximalistas para ver cómo reaccionarían los iraníes. - A pesar del daño muy real que Irán sufrió por la guerra, el lado iraní creía que tenía una mano más fuerte que en rondas anteriores de negociaciones. Mientras que después de la Guerra de 12 Días, la principal fuente de influencia de Irán era el uranio enriquecido al 60%, ahora tiene el Estrecho de Ormuz además de eso. Los negociadores iraníes buscaban mantener esas ganancias. - Irán vio esta reunión como una oportunidad rara para un encuentro de alto nivel con Estados Unidos (el jefe del Parlamento de Irán reuniéndose con el VP de EE.UU.) para que ambos sistemas (IR y USA) obtuvieran una comprensión clara el uno del otro. - Afirma que hubo reuniones trilaterales con Irán, EE.UU. y los paquistaníes en la misma sala y en la misma mesa. Nadie estaba yendo y viniendo entre habitaciones como en las rondas anteriores. - Esta oportunidad de diálogo directo a un nivel tan alto fue bastante valiosa para que cada lado obtuviera una comprensión precisa del otro. Enfatizó nuevamente que Irán había llegado a la conclusión de rondas anteriores de que ni Witkoff ni Kushner tenían el conocimiento técnico, la experiencia o la capacidad para comunicar adecuadamente los temas principales a los tomadores de decisiones de alto nivel de EE.UU. [En este punto, un periodista diferente llamado Mohammad Sadegh Alizadeh también se une a la discusión. Él no estuvo presente en Islamabad] - EE.UU. ni pudo aceptar las condiciones de Irán, ni quería volver a una guerra total como antes. Por lo tanto, un bloqueo naval es su intento de un tercer camino que aún mantiene la presión sobre Irán sin los dolores de un conflicto total. Irán ha concluido de esto que EE.UU. prefiere fuertemente no volver a las condiciones de guerra anteriores. - La lógica de Trump es que si Irán va a intentar estrangular la economía mundial, entonces él estrangulará la economía iraní. - Dado que más del 80% de las exportaciones de petróleo de Irán van a China, esto creará una crisis adicional entre China y EE.UU. (además de los aranceles y otros temas en juego). Irán está observando de cerca para ver si el viaje de Trump a China se retrasa nuevamente; si es así, creen que eso es una señal de una brecha más amplia entre ellos. - Irán cree que hay un riesgo de que un bloqueo empuje a China a cambiar su postura y buscar más activamente presionar a Irán para que termine su bloqueo del Estrecho de Ormuz. Esto es un peligro, porque China tiene algo de influencia sobre Irán. Además, hasta ahora China ha sido amigable con Irán en este conflicto e Irán usó su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Eso podría cambiar. - Se señaló que una delegación de los Emiratos Árabes Unidos fue a China hoy y Irán cree que esto es un intento de empujar a China en esa dirección. - Si no se llega a un acuerdo y hay un conflicto más largo, entonces en la próxima ronda de conversaciones es posible que, además de la nueva carta del Estrecho de Ormuz, Irán también tenga la carta de Bab el Mandeb. También nota que en tiempos normales podría ser posible compensar una pérdida de petróleo iraní en el mercado, pero si el Estrecho permanece cerrado, esa pérdida es mucho más profunda. Y si Bab el Mandeb se cierra, ese impacto se amplifica aún más. El enlace a la discusión completa (en persa) está en el primer comentario. Alireza Talakoubnejad @websterkaroon Cuanto más detalles emergen, más claro se vuelve lo que el embajador de Irán en Pakistán, Reza Amiri-Moghadam, quiso decir cuando afirmó: “Islamabad no es un evento, sino un proceso”.
- Esto no comenzó el fin de semana pasado. Se remonta a la fase de guerra, cuando los resultados orientados a Washington, muy por debajo de las expectativas, activaron una vía diplomática regional que involucró a Egipto, Turquía, Arabia Saudita y Pakistán. - Tras algunas CBM iniciales, esto llevó a la reunión del “cuarteto” del 29 de marzo en Islamabad. Egipto jugó un papel clave al atraer a Riad al formato en un momento en que los activos estadounidenses en el Reino estaban bajo presión iraní. No hubo avances allí, pero ese no era el objetivo. El proceso había comenzado. - A partir de ese momento, la vía se amplió. Pakistán parece haber incorporado a China al circuito: el viaje de Dar a Pekín el 31 de marzo, un día después de la reunión, es un indicador fuerte y probablemente refleja una solicitud iraní. - En los días siguientes, los contactos continuaron en múltiples niveles, con el jefe del Ejército, Munir, desempeñando un papel particularmente activo. Esa secuencia llevó directamente al alto el fuego del 8 de abril y luego a las conversaciones de alto nivel del fin de semana pasado. - Un punto clave: este proceso fue desencadenado por Estados Unidos en un momento en que la guerra se estaba volviendo insostenible. Todos los actores regionales mencionados fueron atraídos a él. Esperar resultados en 24 horas siempre fue irrealista, pero el objetivo era probar posiciones, aclarar líneas rojas y comenzar a reducir brechas. - En cuanto al fondo, Teherán quizás estaba dispuesto a mostrar algo de flexibilidad en el expediente nuclear, pero mucho menos en lo que ahora ve como su verdadero disuasivo estratégico: el Estrecho de Ormuz. - El regreso de Ghalibaf a Teherán probablemente no fue solo un informe rutinario: se trataba de probar cuánto espacio hay realmente dentro del sistema, especialmente con los Guardias Revolucionarios, después de lo que surgió en Islamabad. Al mismo tiempo, el “bloqueo naval” de Trump parece un intento de elevar el costo de la resistencia iraní antes de la próxima ronda. - Al mismo tiempo, Islamabad parecía navegar el eje Teherán-Riad con notable habilidad, a pesar de su pacto de defensa formal con Arabia Saudita. En lugar de ser arrastrado a una alineación binaria, Pakistán ha aprovechado sus lazos con ambos lados para posicionarse como un intermediario creíble: manteniendo una tranquilidad estratégica hacia Riad mientras preserva suficiente confianza con Teherán para albergar y facilitar el diálogo. En este sentido, su rol en el proceso no fue neutral, sino cuidadosamente equilibrado. - Las declaraciones de Moghaddam suenan como una señal precisa: la vía de Islamabad sigue activa, aún evolucionando con los mismos actores regionales y muy diseñada para continuar más allá de la primera ronda de conversaciones. Babak Vahdad @BabakVahdad Mosaico de 1500 años de los tres Magos visitando al Jesús recién nacido, vestidos con atuendo persa antiguo auténtico.
La palabra «Magi» en sí deriva de los sacerdotes zoroástricos de Irán. Ravenna, Italia Cyrus II of Persia @ShahanshahCyrus El coraje del embajador de Pakistán, quien declaró, en su mensaje a Israel sobre su posición en la Asamblea General de las Naciones Unidas, lo siguiente: "Israel es una potencia ocupante y un estado de ladrones que finge ser víctima, viola las resoluciones de la ONU y comete terrorismo de estado en Gaza e incluso en los territorios palestinos."
Estados Unidos se prepara para una segunda ronda de guerra contra Irán
¿Se preparan los Estados Unidos para una segunda ronda contra Irán? La plataforma china MizarVision mostró nuevas imágenes de la disposición de los buques de países occidentales que se están alineando en una posición conjunta para continuar los ataques contra Irán. El portaaviones francés “Charles de Gaulle” y el estadounidense USS Gerald R. Ford (CVN-78) se encuentran actualmente en el Mediterráneo Oriental. Al mismo tiempo, otro portaaviones estadounidense --USS Abraham Lincoln (CVN-72)— junto con sus buques de apoyo está extendiendo esta red más hacia el este, en dirección a Irán, y pronto también se espera la llegada del portaaviones USS George H. W. Bush. Esta configuración ya no parece un simple patrullaje de buques individuales. Más bien se asemeja a una defensa multicapa cuidadosamente planificada antes de un ataque principal. Incluye aviación, logística conjunta y la capacidad de controlar permanentemente una enorme área —desde Israel y el mar Rojo hasta el golfo Pérsico—. Por lo tanto, la hipótesis de que las negociaciones solo eran necesarias para que Estados Unidos aumentara su agrupación de ataque parece estar confirmándose. https://t.me/c/1924286585/59552 - fuente Al mismo tiempo, desde ambas partes llegan informes sobre otra ronda de negociaciones que podría celebrarse esta semana. Si allí tampoco se logra ningún acuerdo, el enfrentamiento continuará. Irán también se está preparando para ese escenario. |
Petrolero chino cruza el Estrecho de Ormuz pese a bloqueo
El petrolero de propiedad china “Rich Starry” logró atravesar el Estrecho de Ormuz este martes, a pesar de las restricciones impuestas en la zona, según Reuters. Hillary Clinton:
Es impactante que Trump dijera que nadie le dijo que Irán podría cerrar el Estrecho de Ormuz. En todos los juegos de guerra en los que participé, esa fue la primera cosa que asumimos que Irán haría. Ahora estamos en una situación en la que somos débiles, en la que básicamente hemos perdido la influencia y la iniciativa que teníamos. Hillary Clinton, en una conversación telefónica, afirma que sigue siendo una "firme defensora de Israel" al tiempo que expresa su firme oposición a Netanyahu, diciendo que se ha mantenido en el poder demasiado tiempo y ha socavado la seguridad a largo plazo de Israel.
El primer vuelo de un dron equipado con sistema óptico por parte de Hezbolá hacia objetivos sionistas.
Canal 11 de la televisión hebrea: Hezbolá de Líbano ha hecho volar por primera vez un dron equipado con un sistema óptico difícil de detectar. El diputado libanés Hussein Hajj Hassan: 81 civiles martirizados y 71 heridos en el barrio de Al-Sallam en Beirut
"En este barrio, 81 ciudadanos hombres y mujeres fueron martirizados, y otros 71 resultaron heridos." "El Ministro de Asuntos Exteriores, Youssef Raji, quien declaró que hemos separado el camino de Líbano de Irán. Felicidades ! Líbano ha comenzado su camino junto con el camino de Israel. Entonces, ¿vas a hacer la paz? ¿Quieres la paz con Israel y la hostilidad con Irán? ¿Qué tipo de lógica es esta?" Cerca de 100 personas detenidas en una protesta en Nueva York contra la venta de armas a Israel
La policía de Nueva York ha detenido a aproximadamente 90 manifestantes en Manhattan después de que interrumpieran el tráfico para protestar contra la guerra en Irán y la venta de armas de Estados Unidos a Israel. Netanyahu:
Europa debe actuar y no debe permanecer al margen del conflicto. Europa ha olvidado muchas cosas desde el Holocausto. Israel es quien protege a Europa hoy. En el sur del Líbano, el asentamiento de Jiyam ha sido completamente destruido
Las fuerzas militares israelíes llevaron a cabo ataques masivos y explotaron deliberadamente viviendas, infraestructuras y otros edificios. Según las fuentes, bajo el pretexto de luchar contra los túneles de Hezbolá, el ejército israelí está destruyendo la infraestructura civil para hacer imposible el regreso de los residentes y anexionarse de facto las zonas fronterizas. Se informa que no había ningún objetivo militar en Jiyam. Las conversaciones entre Israel y Líbano en Washington ya han comenzado.
El embajador israelí en EEUU, Yechiel Leiter, representa a Israel; la embajadora libanesa en EEUU, Nada Hamadeh, representa a Líbano; y el secretario de Estado, Marco Rubio, dirige la parte estadounidense. Declaración conjunta israelí-libanesa-estadounidense: Funcionarios anunciaron progresos en las conversaciones de Washington, delineando los pasos iniciales hacia el lanzamiento de negociaciones directas entre Líbano e Israel, con la mediación de EEUU:
“Se llevaron a cabo discusiones productivas sobre los pasos para lanzar negociaciones directas. Hay apoyo de EEUU para los planes del gobierno libanés de monopolizar las armas, y Washington espera que las conversaciones conduzcan a un acuerdo de paz integral. Cualquier acuerdo de alto el fuego entre Líbano e Israel estará bajo el patrocinio de EEUU y no a través de ninguna vía separada. Las negociaciones podrían conducir a la reconstrucción y recuperación económica de Líbano. Israel apoya el desarme y desmantelamiento de la infraestructura de grupos armados como Hezbollah en Líbano, y se compromete a trabajar con el gobierno libanés en el desarme de Hezbollah de una manera que garantice la seguridad de ambos países. Líbano afirma los principios de su unidad territorial y su plena soberanía sobre su territorio.” Diálogo EEUU–Irán podría encubrir operación terrestre, alerta Rusia
Rusia advierte que EEUU e "Israel" podrían usar el diálogo con Irán para encubrir preparativos militares, pese al reciente acuerdo de alto al fuego por dos semanas. http://es.mdn.tv/948U Portada de revista italiana desata la ira de Israel
La fotografía de portada de la revista L'Espresso desató una disputa, luego de que el embajador israelí en Roma acusara al medio de "distorsión de la realidad", a pesar de que la imagen representa un hecho real. "No hay ningún tipo de bloqueo en el estrecho de Ormuz"
https://sn-esp.site/Jt2n Desde Bandar Abbás, Irán, el periodista colaborador de RT Mojtaba Biglari asegura que el estrecho de Ormuz está "completamente seguro" y sin bloqueo naval. Afirma que buques de países aliados circulan sin problemas, mientras que naciones hostiles a Irán no tienen permitido el paso. También ironizó sobre Donald Trump y un "mundo paralelo" en el que ellos sí pueden transitar a través del estrecho. ¿Por qué la derrota de Estados Unidos es inevitable?
La historia no perdona, todas las señales de derrota de los países y los grandes imperios están presentes en ella. Existen 10 señales que confirman la derrota inevitable de Estados Unidos. Primero: un liderazgo corrupto, estúpido e imprudente; Trump y su familia gobiernan el país sin transparencia ni democracia, y actúa de manera imprudente en la mayoría de sus comportamientos sin usar la razón ni depender de asesores. Esto impulsa un cambio en la opinión pública estadounidense e internacional contra esta guerra, viéndola como corrupta que sirve más a los dueños de intereses y a los extremistas. Segundo: Estados Unidos está gobernado por una persona de humor voluble, nervioso y con problemas mentales, y este tipo de líderes no miran más allá de sus pies y no tienen planificación para el futuro. Tercero: Trump es débil ante el sionismo cristiano en su país, y Netanyahu el extremista y la derecha religiosa en Israel lo controlan; esto lo ha metido en una guerra con #Irán de la que no se levantará, y en el peor de los casos, el imperio que conocemos desaparecerá y se convertirá en un país normal sin colmillos. Cuarto: Estados Unidos cayó en la trampa de Vietnam cuando pensó que solo la fuerza podía decidir la guerra, y así se enreda con Irán cuando la diplomacia desapareció y ya no puede controlar los sentimientos de sus responsables ni contenerlos para usar un discurso racional y predictivo. Vietnam era más débil, pero por el rechazo de Estados Unidos a la diplomacia, los vietnamitas tuvieron el incentivo y enredaron a Estados Unidos en una guerra de desgaste larga; el resultado fue una retirada estadounidense completa en 1973, la caída de Saigón en 1975 y la economía estadounidense se vio afectada por la inflación y las deudas, y la guerra contribuyó a crisis económicas internas. Quinto: La incapacidad de Estados Unidos para decidir impulsa (a China y Rusia) a intervenir gradualmente. El mismo ambiente de la Guerra de Independencia estadounidense (1775-1783) contra Gran Bretaña, cuando los ingleses fueron incapaces de decidir la guerra contra los revolucionarios estadounidenses, lo que llevó a la intervención (de Francia y España) para apoyar a los revolucionarios, y al final la revolución tuvo éxito expulsando la ocupación inglesa, a pesar de que Gran Bretaña en ese momento era el imperio más fuerte del mundo. El mismo ambiente de la guerra de Vietnam también, cuando Estados Unidos fue incapaz de decidir, lo que llevó a la intervención (de China y la Unión Soviética) y los vietnamitas tuvieron éxito expulsando la ocupación estadounidense. Sexto: La economía de Estados Unidos es frágil por su dependencia del (petrodólar) y las inversiones en inteligencia artificial que vienen del Golfo, mientras que Trump actualmente sacrifica su relación con el Golfo en favor de Israel, y contribuye a la destrucción de los países árabes con decisiones absurdas y violaciones imprudentes (la última es la militarización de #EstrechodeOrmuz).. Todas las administraciones estadounidenses anteriores rechazaron la guerra contra Irán por esta razón: que la guerra destruirá la principal fuente de ingresos de los Estados Unidos, y impedirá que las riquezas árabes abastezcan el tesoro estadounidense o corrijan sus errores.. Séptimo: El pueblo estadounidense es el más consumidor del mundo y no aceptará una guerra estancada o difícil que reduzca su bienestar y aumente su sufrimiento.. Estallarán más protestas contra Trump y el pueblo estadounidense presionará para terminar la guerra en cualquier condición. Octavo: Irán sabe que igualar a Estados Unidos militarmente siempre es inútil debido a la diferencia de fuerza, pero tiene dos armas que le permiten resistir e imponer su voluntad: 1- El Estrecho de Ormuz y la arteria de la economía mundial. 2- La geografía y la posesión de factores de supervivencia y cadenas de suministro y abastecimiento más fáciles y más que Estados Unidos, que viene de muy lejos, a más de 10 mil km. Noveno: El mundo está enojado y se rebela contra esta guerra que encendió Netanyahu con su mala reputación y sus crímenes anteriores en Gaza; esto ha formado una opinión pública entre las élites políticas, académicas y militares que presiona al tomador de decisiones en la Casa Blanca. Se puede entender la ira constante y creciente de Trump por esta razón; hay presiones integrales sobre él para terminar la guerra descrita a nivel mundial como absurda y catastrófica. Décimo: Irán es un país autosuficiente desde hace 47 años, y produce su comida y su armamento por sí mismo; la guerra contra este tipo de países es muy difícil, y un ejemplo de ello es: 1- Rusia, autosuficiente, derrotó a dos imperios de los más fuertes de la historia (Francia en el siglo 19) y (Alemania en el siglo 20). 2- Afganistán, autosuficiente, también derrotó a dos imperios de los más fuertes de la historia (la Unión Soviética y Estados Unidos). 3- Finlandia, autosuficiente, derrotó a la Unión Soviética en la Guerra de Invierno 1939-1940. 4- China, autosuficiente, derrotó a Japón en la Segunda Guerra Sino-Japonesa 1937-1945. 5- Vietnam, a pesar de su pobreza, pero expandió la producción de arroz y se volvió autosuficiente en comida y fabricó su armamento local y venció a los Estados Unidos en una guerra que duró 20 años desde 1955-1975. La lección: No luches contra quien tiene su comida y su armamento, y tú eres incapaz de decidir o de impedir que grandes potencias intervengan; tampoco luches en una tierra muy lejana, ni enciendas una guerra que traiga sobre ti la ira del mundo; y cualquier guerra que encienda un país en crisis económica no tiene resultado más que la derrota. سامح عسكر @sameh_asker Adivina quién está estacionado en el mar Arábigo septentrional, aproximadamente a 500 millas náuticas al este del estrecho de Ormuz:
El buque fragata con misiles Tipo 054A chino Daqing. Eso es solo el comienzo. La Armada del EPL puede enviar muchos más si el CENTCOM comienza a tener ideas raras. Pepe Escobar @RealPepeEscobar ICMYI: El primer ministro chino #LiQiang ha firmado un decreto del Consejo de Estado para publicar un nuevo conjunto de reglas sobre contrarrestar las medidas de jurisdicción extraterritorial ilícita de estados extranjeros.
Según las reglas, dichas medidas de jurisdicción extraterritorial se refieren a acciones tomadas por un país extranjero que violan el derecho internacional y las normas básicas que rigen las relaciones internacionales, y que perjudican la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo de China, o los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos y organizaciones chinas. Las reglas establecen que el gobierno chino tiene la autoridad para tomar contramedidas en respuesta a dichas acciones y para ejercer jurisdicción extraterritorial sobre conductas relevantes si existe un nexo suficiente. Texto completo: Liu Pengyu 刘鹏宇 @SpoxCHNinUS ¿Está la guerra de Irán reconstruyendo accidentalmente el Imperio Otomano? Los otomanos no dominaron el mundo solo mediante conquistas. Dominaron controlando las rutas comerciales terrestres de Eurasia y grandes extensiones del Mediterráneo.
La guerra de Irán podría estar posicionando a Turquía para reconstruir esa misma combinación. Durante décadas, el Estrecho de Ormuz transportó casi el 20% del suministro global de petróleo y GNL. La guerra de Irán ha creado una apertura para rutas alternativas —y Turquía se encuentra en la intersección de varias plausibles: Gas turcomano a través del Transcaspio hacia la red TANAP —a través de Turquía hacia Europa, evitando por completo el Golfo. El oleoducto Irak-Turquía extendido hasta Basora —hasta 1,5 millones de barriles diarios a mercados mediterráneos, fuera del alcance iraní. Gas de Qatar a través de Arabia Saudita, Jordania, Siria y Turquía —directamente a terminales europeas de GNL, completamente por tierra. Durante 400 años, el Imperio Otomano se ubicó en la encrucijada de Oriente y Occidente no porque conquistara todo, sino porque todo lo valioso pasaba a través de él. Si se construyen estas tres rutas, una porción significativa de la energía que se mueve del Golfo a Europa pasaría por territorio turco. Los otomanos entendían esta fórmula: controla las rutas, controla el comercio. Y la respaldaban con una armada que, en su apogeo, dominaba el Mediterráneo. Turquía está reconstruyendo ahora esa misma combinación. 41 buques de guerra están en construcción simultánea, y 120 naves con 15.000 efectivos completaron recientemente los ejercicios Blue Homeland-2026 en tres mares. Esta flota en crecimiento permite a Turquía proyectar poder en todo el Mediterráneo oriental —una región ya abarrotada de intereses energéticos competidores. ¿Por qué importa eso? El Mediterráneo oriental se está convirtiendo en un centro de gas por derecho propio. Grandes descubrimientos (Leviatán, Tamar, Afrodita, Zohr) han convertido a Israel, Egipto y Chipre en proveedores potenciales para Europa. Esos países están desarrollando terminales de GNL offshore y gasoductos submarinos. El 98% del comercio exterior israelí depende de la navegación mediterránea —incluyendo su capacidad para exportar gas. Turquía ahora contesta activamente este mar. Al posicionarse como un corredor energético y una potencia naval en el Mediterráneo oriental, Ankara podría, a largo plazo, influir en quién envía qué, dónde y bajo qué términos. "Los hutíes solo están esperando el momento adecuado para anunciar: 'Sí, eso es, vamos a bloquearlo todo.' Desde Ormuz hasta Suez, pasando por Bab el-Mandeb y de regreso a Ormuz: es un triángulo perfecto.
Algunos yemeníes lo están llamando el bloqueo del Triángulo Al-Aqsa." Pepe Escobar advierte de un inminente bloqueo multiestrecho a través del Mar Rojo y el Golfo Pérsico. La Marina de EEUU se enfrenta a "la ronda dos" con Ansarullah si Yemen cierra el triángulo. "¿Quién demonios en el Consejo de Seguridad Nacional tiene los redaños para hacer una presentación visual de 20 segundos al presidente demostrando que esto es completamente suicida?" DD Geopolitics @DD_Geopolitics 'Israel nos está pidiendo que nos rindamos' — Naim Qassem de Hezbolá sobre las conversaciones Líbano-Israel
'Quien quiera rendirse puede hacerlo por su cuenta' 'Pero nosotros lucharemos hasta el último aliento' 'EL LÍBANO NO SE RENDIRÁ' El líder de los Demócratas Liberales de Gran Bretaña acaba de decirlo oficialmente. «Donald Trump no es un líder del mundo libre. Es un gánster peligroso y corrupto.» También está pidiendo a Keir Starmer que cancele la visita de Estado del Rey a Washington antes de que sea demasiado tarde.
Washington puede buscar la escalada en su propio reloj, pero Teherán está moldeando una confrontación que cree capaz de soportar y que se expande hacia afuera.
Yair Lapid, político opositor israelí, describió la decisión del gobierno italiano de suspender el acuerdo de cooperación en seguridad con este régimen como un "nuevo fracaso vergonzoso" para Benjamín Netanyahu, el primer ministro.
En publicaciones que compartió en la red social "X", escribió: "Esta decisión refleja el fracaso absoluto del gobierno y de Gadi Sa'ar, el ministro de Relaciones Exteriores, en la gestión de las relaciones internacionales". |