Guerra civil colombiana 2026
28 de junio de 2026
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Colombia | El nuevo presidente colombiano: "el pueblo judío es el pueblo de Dios. ¡Viva Israel!"
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24 de junio de 2026
23 de junio de 2026
22 de junio de 2026
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Trump se atribuye el triunfo de De la Espriella en Colombia
"Lo apoyé. Estaba en el décimo lugar. Lo apoyé y ganó las elecciones", sostuvo el mandatario en una interacción con la prensa. MÁS DETALLES: https://sn-esp.site/JxTr |
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15 de junio de 2026
El 10 de Junio del presente año respondí una entrevista para el periodista Luis Ferré Sadurní del medio internacional The New York Times, sobre la situación en el #Catatumbo y la confrontación con la banda del F33.
Luego nos enteramos que en ese medio habían pubilcado un reportaje sobre el Catatumbo en donde le hacen publicidad y buscan limpiar la cara a la Banda. Nada dijeron sobre mis respuestas en la entrevista y la visión del #ELN sobre este conflicto.
No sorprende que un medio gringo proteja y promocione a una banda de mercenarios que cumplen su papel en los planes de la CIA y EEUU en Colombia.
Les invito a que lean la entrevista completa y conozcan la versión del #ELN. Solo con la verdad y escuchando a los diferentes actores, nos acercaremos a la Paz
https://medium.com/@antoniogarcte/entrevista-el-comandante-antonio-garcía-para-luis-ferré-sadurní-del-the-new-york-times-ed25367d7201
Luego nos enteramos que en ese medio habían pubilcado un reportaje sobre el Catatumbo en donde le hacen publicidad y buscan limpiar la cara a la Banda. Nada dijeron sobre mis respuestas en la entrevista y la visión del #ELN sobre este conflicto.
No sorprende que un medio gringo proteja y promocione a una banda de mercenarios que cumplen su papel en los planes de la CIA y EEUU en Colombia.
Les invito a que lean la entrevista completa y conozcan la versión del #ELN. Solo con la verdad y escuchando a los diferentes actores, nos acercaremos a la Paz
https://medium.com/@antoniogarcte/entrevista-el-comandante-antonio-garcía-para-luis-ferré-sadurní-del-the-new-york-times-ed25367d7201
9 de junio de 2026
Lo inquietante de Abelardo de la Espriella no es él. Son los millones de personas dispuestas a hacerlo presidente a pesar de su vulgaridad, violencia y proximidad con el crimen. ¿Qué dice sobre nosotros su posible triunfo electoral?
"De la Espriella no es un fenómeno local ni espontáneo. Es un producto con manual de instrucciones: se reunió con Santiago Abascal, líder de Vox, en Madrid; se adhirió al Foro de Madrid —la red que agrupa a Milei, Kast, Meloni y Le Pen—; convocó en el Movistar Arena a figuras de la internacional ultraconservadora. Hay marca, hay doctrina, hay red de distribución. Lo que parece rebeldía es, en realidad, una franquicia global que vende la misma ilusión con distintos acentos nacionales"...
COLOMBIA YA RECIBIÓ LA FRANQUICIA
Por: Alberto Castrillón Mora
En su libro Epidemia ultra, el analista político Franco Delle Donne sitúa el origen del fenómeno en una fecha precisa: 21 de abril de 2002. Ese día, Jean Marie Le Pen pasó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas. No ganó. Pero el virus había empezado a caminar en serio. Lo que entonces pareció una anomalía resultó ser el comienzo de una epidemia que hoy tiene nombre en cada país: Orbán en Hungría, Bolsonaro en Brasil, Meloni en Italia, Milei en Argentina, Bukele en El Salvador, Trump en Estados Unidos. Y desde el pasado domingo, De la Espriella en Colombia.
Colombia no era inmune. Simplemente todavía no había recibido la franquicia. Ahora la recibió.
Porque De la Espriella no es un fenómeno local ni espontáneo. Es un producto con manual de instrucciones: se reunió con Santiago Abascal, líder de Vox, en Madrid; se adhirió al Foro de Madrid —la red que agrupa a Milei, Kast, Meloni y Le Pen—; convocó en el Movistar Arena a figuras de la internacional ultraconservadora. Hay marca, hay doctrina, hay red de distribución. Lo que parece rebeldía es, en realidad, una franquicia global que vende la misma ilusión con distintos acentos nacionales.
Esto no es una opinión política. Es un objeto de estudio que ha ocupado durante años a algunos de los intelectuales más rigurosos y menos sospechosos de radicalismo del mundo académico occidental. Martha Nussbaum, en La monarquía del miedo, analiza cómo el miedo y la ira — emociones primitivas, fácilmente manipulables— se han convertido en el combustible de estos movimientos. Francis Fukuyama, quien en 1989 celebró el triunfo de la democracia liberal, lleva casi dos décadas documentando su deterioro: el retorno del clientelismo, la captura del Estado por élites económicas, la decadencia institucional. Michael Sandel, en El descontento democrático, muestra cómo el vaciamiento moral de la política —reducida a gestión tecnocrática-- creó el vacío que el populismo autoritario vino a llenar. Mark Lilla diagnostica que cuando la izquierda abandonó a la clase trabajadora y se convirtió en el partido de las élites educadas, cedió el terreno de la rebeldía a la derecha. El resultado es la gran paradoja de nuestro tiempo: los más pobres votan por los más ricos porque los más ricos hablan el lenguaje de la rebelión. De la Espriella, con sus mocasines Louis Vuitton y su avión privado, se presenta como el candidato de “los nunca”. El espectáculo reemplaza a la política. La emoción desplaza al argumento.
Anne Applebaum, conservadora de trayectoria impecable y Premio Pulitzer, llega a conclusiones igualmente inquietantes desde una orilla ideológica distinta. En Autocracia S.A. argumenta que los regímenes autoritarios contemporáneos no son movimientos ideológicos en el sentido clásico: son redes transnacionales de interés que comparten tecnologías de control, flujos de dinero y narrativas de legitimación mutua. No es una Internacional del fascismo: es una empresa global. La reunión de De la Espriella con Abascal en Madrid, su adhesión al Foro de Madrid, la presencia de Agustín Laje en el Movistar Arena no son gestos simbólicos: son la incorporación formal a esa red. Colombia no eligió un candidato. Suscribió un contrato.
Timothy Snyder, historiador del totalitarismo europeo y autor de Sobre la tiranía, ofrece las herramientas conceptuales más precisas para entender el momento. Snyder advierte sobre lo que llama la obediencia anticipada: la tendencia de las instituciones, los medios y los individuos a adaptarse por adelantado a lo que creen que querrá el nuevo poder, sin que nadie se lo pida. Esa adaptación silenciosa —los medios que suavizan la crítica, los políticos que ya se alinean, los académicos que prefieren el silencio prudente— es la que convierte una amenaza en una realidad. Los autócratas no conquistan las instituciones: las instituciones se entregan. Snyder también distingue entre la política de la inevitabilidad —la ilusión liberal de que la democracia avanza sola hacia adelante— y la política de la eternidad: el mito del pasado glorioso, el pueblo homogéneo y amenazado, el enemigo interno que lo explica todo. Cuando la primera promesa se rompe —y el liberalismo la rompió— el espacio es ocupado automáticamente por la segunda. De la Espriella opera exactamente en ese registro: no ofrece un programa, ofrece un mito. Y su advertencia más célebre merece repetirse en cada aula universitaria: como dice Snayder, la posverdad es el prefascismo. Quien controla el lenguaje, controla la realidad. Quien controla la realidad no necesita suprimir las elecciones: le basta con vaciarlas de contenido.
Ese es exactamente el patrón que Levitsky y Ziblatt documentaron en Cómo mueren las democracias: estos líderes no llegan con tanques sino con urnas, y desde adentro colonizan las instituciones que los trajeron al poder. No destruyen la democracia de un golpe: la erosionan gradualmente. Cooptan las cortes, capturan la fiscalía, asfixian a la prensa independiente. De la Espriella tiene abiertas demandas contra más de veinte periodistas. Convierte la polarización en estrategia, no en consecuencia. La forma sobrevive: el contenido muere.
Pero como toda franquicia exitosa, esta responde a una necesidad real. El liberalismo hizo promesas que no cumplió —lo advirtió Bobbio hace cuarenta años. Prometió igualdad y entregó desigualdad creciente. Prometió deliberación y produjo captura corporativa del Estado. Prometió ciudadanos activos y cosechó apatía y clientelismo. En ese vacío secular y acumulado crecen los De la Espriella del mundo. No son la enfermedad: son la fiebre que indica que el cuerpo ya estaba enfermo. El neoliberalismo agravó todo eso: la deriva desde el liberalismo político hacia el fundamentalismo de mercado destruyó los lazos de solidaridad que hacen posible la vida democrática.
Colombia tiene además su propio antecedente. En 2009, el presidente Uribe proclamó, frente al entonces príncipe Felipe de Borbón, que “el estado de opinión es la fase superior del estado de derecho”—la voluntad popular directa por encima de la norma escrita, de los jueces, de los contrapesos institucionales. Las cortes lo detuvieron entonces. Pero el virus quedó en el ambiente. De la Espriella es su variante más evolucionada: ya no necesita teorizar el principio, le basta con practicarlo. Los drones, la pólvora, el show en tarima son el estado de opinión hecho espectáculo. Y detrás del espectáculo, el mismo proyecto: un hombre, una voluntad, un pueblo homogéneo y mítico que lo respalda. Un candidato que declaró que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”, que defendió al testaferro de Maduro, que amenaza a quienes lo cuestionan, que importó su programa de Buenos Aires y Madrid, no representa una alternativa al sistema que falló. Representa su versión más cínica: el mismo poder concentrado, pero sin la hipocresía de fingir que le importa el bien común.
El populismo de derechas acierta en el diagnóstico —las élites fallaron, el sistema está roto— y pudre la cura. Pretende curar la enfermedad matando al paciente. Bukele no resolvió la desigualdad estructural de El Salvador: concentró el poder y dejó al país más vulnerable. Milei prometió destruir el Estado que fallaba y está destruyendo también el Estado que protegía a los más débiles. Orbán llevaba quince años gobernando y Hungría es más desigual y menos libre que cuando llegó. En todos los casos, el diagnóstico era parcialmente correcto. La receta fue un veneno.
Este texto no es un llamado partidista. No le dice a nadie por quién votar. Le dice a la comunidad universitaria algo distinto y más urgente: que el fenómeno De la Espriella no es una curiosidad electoral sino un objeto de estudio con una bibliografía formidable, con casos comparados documentados, con patrones reconocibles y con consecuencias verificables. Ignorarlo, o reducirlo a una disputa entre izquierda y derecha, sería exactamente el primer paso de esa obediencia anticipada que Snyder describe: adaptarse silenciosamente a lo que viene, sin haberlo decidido conscientemente.
La universidad no es el guardián de la democracia —esa arrogancia ya le costó cara a la izquierda ilustrada. Pero sí es uno de los pocos espacios donde todavía se puede preguntar en voz alta: ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la justicia? ¿Qué le debemos a los demás? ¿Qué significa gobernar para el bien común? Aristóteles lo dijo antes que todos: el propósito de la política es la vida buena, no el espectáculo. Esa pregunta es la pregunta académica por excelencia. Y es precisamente la pregunta que el show de los drones y la pólvora está diseñado para que no nos hagamos.
Colombia merece algo mejor. Y quienes pensamos en las universidades tenemos la obligación —no el privilegio— de pensarlo en voz alta, antes de que el silencio se vuelva costumbre.
En su libro Epidemia ultra, el analista político Franco Delle Donne sitúa el origen del fenómeno en una fecha precisa: 21 de abril de 2002. Ese día, Jean Marie Le Pen pasó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas. No ganó. Pero el virus había empezado a caminar en serio. Lo que entonces pareció una anomalía resultó ser el comienzo de una epidemia que hoy tiene nombre en cada país: Orbán en Hungría, Bolsonaro en Brasil, Meloni en Italia, Milei en Argentina, Bukele en El Salvador, Trump en Estados Unidos. Y desde el pasado domingo, De la Espriella en Colombia.
Colombia no era inmune. Simplemente todavía no había recibido la franquicia. Ahora la recibió.
Porque De la Espriella no es un fenómeno local ni espontáneo. Es un producto con manual de instrucciones: se reunió con Santiago Abascal, líder de Vox, en Madrid; se adhirió al Foro de Madrid —la red que agrupa a Milei, Kast, Meloni y Le Pen—; convocó en el Movistar Arena a figuras de la internacional ultraconservadora. Hay marca, hay doctrina, hay red de distribución. Lo que parece rebeldía es, en realidad, una franquicia global que vende la misma ilusión con distintos acentos nacionales.
Esto no es una opinión política. Es un objeto de estudio que ha ocupado durante años a algunos de los intelectuales más rigurosos y menos sospechosos de radicalismo del mundo académico occidental. Martha Nussbaum, en La monarquía del miedo, analiza cómo el miedo y la ira — emociones primitivas, fácilmente manipulables— se han convertido en el combustible de estos movimientos. Francis Fukuyama, quien en 1989 celebró el triunfo de la democracia liberal, lleva casi dos décadas documentando su deterioro: el retorno del clientelismo, la captura del Estado por élites económicas, la decadencia institucional. Michael Sandel, en El descontento democrático, muestra cómo el vaciamiento moral de la política —reducida a gestión tecnocrática-- creó el vacío que el populismo autoritario vino a llenar. Mark Lilla diagnostica que cuando la izquierda abandonó a la clase trabajadora y se convirtió en el partido de las élites educadas, cedió el terreno de la rebeldía a la derecha. El resultado es la gran paradoja de nuestro tiempo: los más pobres votan por los más ricos porque los más ricos hablan el lenguaje de la rebelión. De la Espriella, con sus mocasines Louis Vuitton y su avión privado, se presenta como el candidato de “los nunca”. El espectáculo reemplaza a la política. La emoción desplaza al argumento.
Anne Applebaum, conservadora de trayectoria impecable y Premio Pulitzer, llega a conclusiones igualmente inquietantes desde una orilla ideológica distinta. En Autocracia S.A. argumenta que los regímenes autoritarios contemporáneos no son movimientos ideológicos en el sentido clásico: son redes transnacionales de interés que comparten tecnologías de control, flujos de dinero y narrativas de legitimación mutua. No es una Internacional del fascismo: es una empresa global. La reunión de De la Espriella con Abascal en Madrid, su adhesión al Foro de Madrid, la presencia de Agustín Laje en el Movistar Arena no son gestos simbólicos: son la incorporación formal a esa red. Colombia no eligió un candidato. Suscribió un contrato.
Timothy Snyder, historiador del totalitarismo europeo y autor de Sobre la tiranía, ofrece las herramientas conceptuales más precisas para entender el momento. Snyder advierte sobre lo que llama la obediencia anticipada: la tendencia de las instituciones, los medios y los individuos a adaptarse por adelantado a lo que creen que querrá el nuevo poder, sin que nadie se lo pida. Esa adaptación silenciosa —los medios que suavizan la crítica, los políticos que ya se alinean, los académicos que prefieren el silencio prudente— es la que convierte una amenaza en una realidad. Los autócratas no conquistan las instituciones: las instituciones se entregan. Snyder también distingue entre la política de la inevitabilidad —la ilusión liberal de que la democracia avanza sola hacia adelante— y la política de la eternidad: el mito del pasado glorioso, el pueblo homogéneo y amenazado, el enemigo interno que lo explica todo. Cuando la primera promesa se rompe —y el liberalismo la rompió— el espacio es ocupado automáticamente por la segunda. De la Espriella opera exactamente en ese registro: no ofrece un programa, ofrece un mito. Y su advertencia más célebre merece repetirse en cada aula universitaria: como dice Snayder, la posverdad es el prefascismo. Quien controla el lenguaje, controla la realidad. Quien controla la realidad no necesita suprimir las elecciones: le basta con vaciarlas de contenido.
Ese es exactamente el patrón que Levitsky y Ziblatt documentaron en Cómo mueren las democracias: estos líderes no llegan con tanques sino con urnas, y desde adentro colonizan las instituciones que los trajeron al poder. No destruyen la democracia de un golpe: la erosionan gradualmente. Cooptan las cortes, capturan la fiscalía, asfixian a la prensa independiente. De la Espriella tiene abiertas demandas contra más de veinte periodistas. Convierte la polarización en estrategia, no en consecuencia. La forma sobrevive: el contenido muere.
Pero como toda franquicia exitosa, esta responde a una necesidad real. El liberalismo hizo promesas que no cumplió —lo advirtió Bobbio hace cuarenta años. Prometió igualdad y entregó desigualdad creciente. Prometió deliberación y produjo captura corporativa del Estado. Prometió ciudadanos activos y cosechó apatía y clientelismo. En ese vacío secular y acumulado crecen los De la Espriella del mundo. No son la enfermedad: son la fiebre que indica que el cuerpo ya estaba enfermo. El neoliberalismo agravó todo eso: la deriva desde el liberalismo político hacia el fundamentalismo de mercado destruyó los lazos de solidaridad que hacen posible la vida democrática.
Colombia tiene además su propio antecedente. En 2009, el presidente Uribe proclamó, frente al entonces príncipe Felipe de Borbón, que “el estado de opinión es la fase superior del estado de derecho”—la voluntad popular directa por encima de la norma escrita, de los jueces, de los contrapesos institucionales. Las cortes lo detuvieron entonces. Pero el virus quedó en el ambiente. De la Espriella es su variante más evolucionada: ya no necesita teorizar el principio, le basta con practicarlo. Los drones, la pólvora, el show en tarima son el estado de opinión hecho espectáculo. Y detrás del espectáculo, el mismo proyecto: un hombre, una voluntad, un pueblo homogéneo y mítico que lo respalda. Un candidato que declaró que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”, que defendió al testaferro de Maduro, que amenaza a quienes lo cuestionan, que importó su programa de Buenos Aires y Madrid, no representa una alternativa al sistema que falló. Representa su versión más cínica: el mismo poder concentrado, pero sin la hipocresía de fingir que le importa el bien común.
El populismo de derechas acierta en el diagnóstico —las élites fallaron, el sistema está roto— y pudre la cura. Pretende curar la enfermedad matando al paciente. Bukele no resolvió la desigualdad estructural de El Salvador: concentró el poder y dejó al país más vulnerable. Milei prometió destruir el Estado que fallaba y está destruyendo también el Estado que protegía a los más débiles. Orbán llevaba quince años gobernando y Hungría es más desigual y menos libre que cuando llegó. En todos los casos, el diagnóstico era parcialmente correcto. La receta fue un veneno.
Este texto no es un llamado partidista. No le dice a nadie por quién votar. Le dice a la comunidad universitaria algo distinto y más urgente: que el fenómeno De la Espriella no es una curiosidad electoral sino un objeto de estudio con una bibliografía formidable, con casos comparados documentados, con patrones reconocibles y con consecuencias verificables. Ignorarlo, o reducirlo a una disputa entre izquierda y derecha, sería exactamente el primer paso de esa obediencia anticipada que Snyder describe: adaptarse silenciosamente a lo que viene, sin haberlo decidido conscientemente.
La universidad no es el guardián de la democracia —esa arrogancia ya le costó cara a la izquierda ilustrada. Pero sí es uno de los pocos espacios donde todavía se puede preguntar en voz alta: ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la justicia? ¿Qué le debemos a los demás? ¿Qué significa gobernar para el bien común? Aristóteles lo dijo antes que todos: el propósito de la política es la vida buena, no el espectáculo. Esa pregunta es la pregunta académica por excelencia. Y es precisamente la pregunta que el show de los drones y la pólvora está diseñado para que no nos hagamos.
Colombia merece algo mejor. Y quienes pensamos en las universidades tenemos la obligación —no el privilegio— de pensarlo en voz alta, antes de que el silencio se vuelva costumbre.
3 de junio de 2026
8 de mayo de 2026
2 de mayo de 2026
Soportado en informaciones que suministra la Fiscalía, la Revista Semana publicó un insólito artículo el 26 de abril donde señala sin rodeos: "Sicarios contratados en Medellín apoyaron a disidencias de alias Calarcá en guerra contra el #ELN en el Catatumbo: detalles espeluznantes".
Una información que habíamos venido publicando de manera reiterada, pero la matriz mediática difundida desde el gobierno de Petro y el Ministerio de Defensa ha estado encubriendo las acciones criminales de la Banda del 33.
Ahora, se entiende a la perfección que desde antes el gobierno de Petro tenía un plan conjunto con la Banda del 33 para realizar operaciones militares contra el ELN en el Catatumbo y además serían parte del plan de operaciones contra Venezuela.
La operación de defensa del ELN iniciada el 16 de enero de 2025, al día siguiente de los asesinatos de "Miguel Ángel López Rojas, su esposa Zulay Durán Pacheco y su hijo de nueve meses, frente a su otro hijo menor de edad", realizados por la Banda del 33 como lo comenta Semana, desestabilizó el plan conjunto del Gobierno de Petro y los Militares con la Banda.
Desde que se iniciaron las operaciones militares del ELN con esta Banda, ha estado apoyada por los militares y el gobierno aprovechando el montaje de un falso proceso de paz.
Queda claro que para los movimientos de sicarios desde otras partes del país reciben el apoyo del gobierno y los militares con el pretexto del "proceso de paz".
Ahora, llama poderosamente la atención, que Petro y los militares viajaron a Caracas para buscar apoyo con el fin de adelantar operaciones militares contra el ELN en el Catatumbo, cuando antes desde ahí se estaba planeando atacar Venezuela en alianza con la Banda del 33.
Qué ironías tiene la vida.
Una información que habíamos venido publicando de manera reiterada, pero la matriz mediática difundida desde el gobierno de Petro y el Ministerio de Defensa ha estado encubriendo las acciones criminales de la Banda del 33.
Ahora, se entiende a la perfección que desde antes el gobierno de Petro tenía un plan conjunto con la Banda del 33 para realizar operaciones militares contra el ELN en el Catatumbo y además serían parte del plan de operaciones contra Venezuela.
La operación de defensa del ELN iniciada el 16 de enero de 2025, al día siguiente de los asesinatos de "Miguel Ángel López Rojas, su esposa Zulay Durán Pacheco y su hijo de nueve meses, frente a su otro hijo menor de edad", realizados por la Banda del 33 como lo comenta Semana, desestabilizó el plan conjunto del Gobierno de Petro y los Militares con la Banda.
Desde que se iniciaron las operaciones militares del ELN con esta Banda, ha estado apoyada por los militares y el gobierno aprovechando el montaje de un falso proceso de paz.
Queda claro que para los movimientos de sicarios desde otras partes del país reciben el apoyo del gobierno y los militares con el pretexto del "proceso de paz".
Ahora, llama poderosamente la atención, que Petro y los militares viajaron a Caracas para buscar apoyo con el fin de adelantar operaciones militares contra el ELN en el Catatumbo, cuando antes desde ahí se estaba planeando atacar Venezuela en alianza con la Banda del 33.
Qué ironías tiene la vida.
Esta coordinación operacional entre Fuerzas Militares del Estado y Bandas paramilitares ha sido más abierta en el gobierno de Gustavo Petro, un gobierno que se dice "progresista", inaugurando entonces la categoría de "progresismo contrainsurgente".
Así, entonces, esa violencia que parece ser paramilitar, para-estatal, no es un accidente, sino una condición de existencia del capitalismo, donde no hay acumulación sin despojo, no hay despojo sin guerra, y no hay guerra sin un Estado que la administre, la legalice y la normalice.
Les invito a leer mi columna de opinión de esta semana: DE LA GUERRA PROXY A LA GUERRA DIRECTA
https://medium.com/@antoniogarcte/de-la-guerra-proxy-a-la-guerra-directa-9c5cdcb76d86
Luego de más de medio siglo de guerra en Colombia se hace importante analizar el curso actual de ella y, sobre todo, poder caracterizarla, observar el comportamiento de las fuerzas que actúan y los objetivos que se persiguen.
Los analistas militares señalan que mientras las guerras del Norte (Ucrania, Israel) se dan en la disputa 'geopolítica', las del Sur se dan en el campo de la 'seguridad'. Esta diferencia o asimetría nominal no es inocente: es parte del dispositivo imperial.
La ruptura del orden internacional siempre ha sido uno de los objetivos de los imperios en su propósito de extender sus dominios y prolongar su existencia, así lo hicieron en su tiempo Napoleón y Hitler.
Es en ese punto donde la guerra limitada le da paso a la guerra absoluta, donde solo se contempla la aniquilación del contrario. Se pierden los objetivos políticos y por tanto la posibilidad de poner fin a la confrontación sobre la base de un acuerdo que aproxime dichos objetivos.
DE LA GUERRA PROXY A LA GUERRA DIRECTA
https://medium.com/@antoniogarcte/de-la-guerra-proxy-a-la-guerra-directa-9c5cdcb76d86
Así, entonces, esa violencia que parece ser paramilitar, para-estatal, no es un accidente, sino una condición de existencia del capitalismo, donde no hay acumulación sin despojo, no hay despojo sin guerra, y no hay guerra sin un Estado que la administre, la legalice y la normalice.
Les invito a leer mi columna de opinión de esta semana: DE LA GUERRA PROXY A LA GUERRA DIRECTA
https://medium.com/@antoniogarcte/de-la-guerra-proxy-a-la-guerra-directa-9c5cdcb76d86
Luego de más de medio siglo de guerra en Colombia se hace importante analizar el curso actual de ella y, sobre todo, poder caracterizarla, observar el comportamiento de las fuerzas que actúan y los objetivos que se persiguen.
Los analistas militares señalan que mientras las guerras del Norte (Ucrania, Israel) se dan en la disputa 'geopolítica', las del Sur se dan en el campo de la 'seguridad'. Esta diferencia o asimetría nominal no es inocente: es parte del dispositivo imperial.
La ruptura del orden internacional siempre ha sido uno de los objetivos de los imperios en su propósito de extender sus dominios y prolongar su existencia, así lo hicieron en su tiempo Napoleón y Hitler.
Es en ese punto donde la guerra limitada le da paso a la guerra absoluta, donde solo se contempla la aniquilación del contrario. Se pierden los objetivos políticos y por tanto la posibilidad de poner fin a la confrontación sobre la base de un acuerdo que aproxime dichos objetivos.
DE LA GUERRA PROXY A LA GUERRA DIRECTA
https://medium.com/@antoniogarcte/de-la-guerra-proxy-a-la-guerra-directa-9c5cdcb76d86
27 de abril de 2026
Esta semana las operaciones militares en el Catatumbo fueron abiertamente coordinadas entre el Ejército gubernamental y la Banda del 33. El Ejército bombardeando indiscriminadamente al #ELN y la población y la Banda metiéndole bombas con los drones a las casas de la gente humilde.
Para eso sirve el proceso de "La paz total".
CXomandante Antonio García
Para eso sirve el proceso de "La paz total".
CXomandante Antonio García
10 de abril de 2026
3 de febrero de 2026
26 de enero de 2026
Encontrado el cuerpo del fundador del ELN, Camilo Torres.
Noticia importante desde Colombia. El grupo guerrillero activo ELN (Ejército de Liberación Nacional) informó que, tras décadas de búsqueda, se ha logrado encontrar el cuerpo de su fundador: el sacerdote-guerrillero Camilo Torres Restrepo, quien murió el 15 de febrero de 1966 en un combate con las tropas gubernamentales.
Representantes del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia confirmaron que están trabajando en la identificación de los posibles restos de Camilo Torres, pero aún no hay una conclusión definitiva.
La vida y muerte de Camilo Torres es uno de los miles de ejemplos del verdadero amor al prójimo de los auténticos cristianos de América Latina. Es muy lamentable y no es en absoluto casual que hoy la historia de Colombia sea mucho más conocida a través de la biografía de Pablo Escobar que a través del destino de Camilo Torres.
Camilo procedía de una familia aristocrática, recibió una excelente educación y rápidamente se convirtió no solo en uno de los jóvenes líderes más populares de la Iglesia Católica del país, sino también en uno de los políticos más prometedores y queridos por el pueblo de Colombia. Se le auguraba una carrera brillante, pero él tomó otra decisión. Exigió públicamente a la Iglesia que cumpliera con su principal deber cristiano: ponerse del lado de la defensa del pueblo humillado y explotado. Camilo Torres es uno de los creadores de la "Teología de la Liberación", que fusiona las ideas del cristianismo y el marxismo, y sostiene que la salvación cristiana es inalcanzable sin la liberación económica, política, social e ideológica como un signo significativo de la dignidad humana.
"No nos enzarcemos en disputas sobre si el alma es mortal o inmortal, sino pensemos mejor en que el hambre es mortal, y erradiquémosla, para luego tener la capacidad y la oportunidad de hablar sobre la mortalidad o inmortalidad del alma", dijo en uno de sus discursos públicos.
A pesar de que toda su vida se opuso a la violencia, al final, presionado por las élites colombianas, Camilo fue expulsado de la vida política legal, excomulgado por la Iglesia Católica y su último refugio fue una guerrilla.
Camilo murió a los 37 años, en su primer y único combate. Se cuenta que los militares abrieron fuego contra él cuando intentaba ayudar a un soldado herido. Por parte del ejército, el combate estaba dirigido por su antiguo amigo de la infancia, Álvaro Valencia Tovar. Poco antes de su muerte, Camilo dijo: "El deber de todo cristiano es ser revolucionario, y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución".
"Allí donde cayó Camilo
se alzó una cruz,
pero no de madera,
sino de luz...
Lo crucificaron con balas,
lo llamaron bandido,
como a Jesús..."
Así cantó sobre él el cantautor chileno Víctor Jara, asesinado por los militares de su país en un estadio en septiembre de 1973, tras el golpe fascista.
Faltan poco más de dos semanas para el 60º aniversario de la muerte de Camilo Torres. Ya se comenta que podría ser enterrado en el campus de la Universidad Nacional, cerca de la facultad de Sociología que él fundó.
https://t.me/olegyasynsky/2249 - enlace
Corría el año 2026. Habían cambiado las generaciones. Sesenta años después de la muerte de Torres, el ELN sigue actuando como guerrilla en las selvas de Colombia, siendo uno de los grupos guerrilleros más antiguos del mundo.
Representantes del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia confirmaron que están trabajando en la identificación de los posibles restos de Camilo Torres, pero aún no hay una conclusión definitiva.
La vida y muerte de Camilo Torres es uno de los miles de ejemplos del verdadero amor al prójimo de los auténticos cristianos de América Latina. Es muy lamentable y no es en absoluto casual que hoy la historia de Colombia sea mucho más conocida a través de la biografía de Pablo Escobar que a través del destino de Camilo Torres.
Camilo procedía de una familia aristocrática, recibió una excelente educación y rápidamente se convirtió no solo en uno de los jóvenes líderes más populares de la Iglesia Católica del país, sino también en uno de los políticos más prometedores y queridos por el pueblo de Colombia. Se le auguraba una carrera brillante, pero él tomó otra decisión. Exigió públicamente a la Iglesia que cumpliera con su principal deber cristiano: ponerse del lado de la defensa del pueblo humillado y explotado. Camilo Torres es uno de los creadores de la "Teología de la Liberación", que fusiona las ideas del cristianismo y el marxismo, y sostiene que la salvación cristiana es inalcanzable sin la liberación económica, política, social e ideológica como un signo significativo de la dignidad humana.
"No nos enzarcemos en disputas sobre si el alma es mortal o inmortal, sino pensemos mejor en que el hambre es mortal, y erradiquémosla, para luego tener la capacidad y la oportunidad de hablar sobre la mortalidad o inmortalidad del alma", dijo en uno de sus discursos públicos.
A pesar de que toda su vida se opuso a la violencia, al final, presionado por las élites colombianas, Camilo fue expulsado de la vida política legal, excomulgado por la Iglesia Católica y su último refugio fue una guerrilla.
Camilo murió a los 37 años, en su primer y único combate. Se cuenta que los militares abrieron fuego contra él cuando intentaba ayudar a un soldado herido. Por parte del ejército, el combate estaba dirigido por su antiguo amigo de la infancia, Álvaro Valencia Tovar. Poco antes de su muerte, Camilo dijo: "El deber de todo cristiano es ser revolucionario, y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución".
"Allí donde cayó Camilo
se alzó una cruz,
pero no de madera,
sino de luz...
Lo crucificaron con balas,
lo llamaron bandido,
como a Jesús..."
Así cantó sobre él el cantautor chileno Víctor Jara, asesinado por los militares de su país en un estadio en septiembre de 1973, tras el golpe fascista.
Faltan poco más de dos semanas para el 60º aniversario de la muerte de Camilo Torres. Ya se comenta que podría ser enterrado en el campus de la Universidad Nacional, cerca de la facultad de Sociología que él fundó.
https://t.me/olegyasynsky/2249 - enlace
Corría el año 2026. Habían cambiado las generaciones. Sesenta años después de la muerte de Torres, el ELN sigue actuando como guerrilla en las selvas de Colombia, siendo uno de los grupos guerrilleros más antiguos del mundo.
24 de enero de 2026
Algunos opinantes han salido a decir que el #ELN está "trasnochado" con la propuesta de Acuerdo Nacional, cuando debería ser todo lo contrario, pues lo que de verdad debe ser considerado "trasnochado" es el conflicto social, político y armado que lleva más de 7 décadas sin lograr ser superado.
Les invito a leer mi columna de opinión de esta semana: "TRASNOCHADOS"
https://telegra.ph/TRASNOCHADOS-01-19
Les invito a leer mi columna de opinión de esta semana: "TRASNOCHADOS"
https://telegra.ph/TRASNOCHADOS-01-19
Einstein diría que la estupidez radica en esperar resultados positivos haciendo lo mismo que anteriormente condujo al fracaso.
Toda lógica y estrategia del Estado y gobiernos ha estado centrada en buscar la paz por la vía de la rendición, claudicación, pacificación; que les ha funcionado para eso, pero no para cerrar definitivamente dicho conflicto de raíces sociales, políticas y económicas.
Recuerdo cuando se desmovilizó el M-19 y una parte del EPL (1990), se presentó dicho fenómeno como el "fin de la lucha armada en Colombia", y los opinantes decían que lo que quedaba eran bandas, igual que ahora.
En esos años (1993) me encontré con Antonio Navarro en La Habana, en el contexto del Foro de Sao Pablo, en uno de sus arranques de molestia me dijo "ustedes no aguantan ni un año más en la guerrilla".
Esa euforia pacificadora terminaría pronto y el conflicto armado seguiría su camino, pues la "guerra integral" de Cesar Gaviria no logró terminar con las guerrillas, tampoco Pastrana con su Plan Colombia y pasaría Uribe.
Santos lograría un Premio Nobel haciendo la guerra, algo que ahora está de moda y volvería a aplicar la misma receta para desmovilizar y desarmar a las Farc.
Se dijo en ese entonces (2016), hace ya 10 años, que no es ni semana ni un mes, es una década, que al ELN no le quedaba otra opción que seguir el mismo camino, se actuó con torpeza bloqueando el proceso con el ELN, haciéndolo lento hasta que el acuerdo con las Farc estuviese listo y así obligar a que se aceptara. "El ELN se quedó del tren" dijeron los opinantes.
Hoy estamos en ese mismo punto, pero 36 años más de lucha armada que el M-19 y 10 años más que las Farc. Pero esencialmente el país sigue con su crisis estructural: pobreza, corrupción, persecución política, paramilitarismo y ausencia de un diseño económico que de salida a las angustias de la gente.
Toda lógica y estrategia del Estado y gobiernos ha estado centrada en buscar la paz por la vía de la rendición, claudicación, pacificación; que les ha funcionado para eso, pero no para cerrar definitivamente dicho conflicto de raíces sociales, políticas y económicas.
Recuerdo cuando se desmovilizó el M-19 y una parte del EPL (1990), se presentó dicho fenómeno como el "fin de la lucha armada en Colombia", y los opinantes decían que lo que quedaba eran bandas, igual que ahora.
En esos años (1993) me encontré con Antonio Navarro en La Habana, en el contexto del Foro de Sao Pablo, en uno de sus arranques de molestia me dijo "ustedes no aguantan ni un año más en la guerrilla".
Esa euforia pacificadora terminaría pronto y el conflicto armado seguiría su camino, pues la "guerra integral" de Cesar Gaviria no logró terminar con las guerrillas, tampoco Pastrana con su Plan Colombia y pasaría Uribe.
Santos lograría un Premio Nobel haciendo la guerra, algo que ahora está de moda y volvería a aplicar la misma receta para desmovilizar y desarmar a las Farc.
Se dijo en ese entonces (2016), hace ya 10 años, que no es ni semana ni un mes, es una década, que al ELN no le quedaba otra opción que seguir el mismo camino, se actuó con torpeza bloqueando el proceso con el ELN, haciéndolo lento hasta que el acuerdo con las Farc estuviese listo y así obligar a que se aceptara. "El ELN se quedó del tren" dijeron los opinantes.
Hoy estamos en ese mismo punto, pero 36 años más de lucha armada que el M-19 y 10 años más que las Farc. Pero esencialmente el país sigue con su crisis estructural: pobreza, corrupción, persecución política, paramilitarismo y ausencia de un diseño económico que de salida a las angustias de la gente.
El Ejército de Liberación Nacional #ELN conoce que el cuerpo del Comandante en Jefe Camilo Torres Restrepo ha sido encontrado y verificada su autenticidad.
Este acontecimiento de tal dimensión histórica no debe ser utilizado para sacar provecho político alguno.
Este acontecimiento de tal dimensión histórica no debe ser utilizado para sacar provecho político alguno.
“El cuerpo del sacerdote Camilo Torres Restrepo será respetado y depositado con honores como el fundador de la facultad de sociología de la Universidad Nacional y como fundador de la teología de la liberación en el mundo”, afirmó el presidente de Colombia, Gustavo Petro, en una publicación en X la noche de este viernes.
“Sacerdote y revolucionario”, cerró el mandatario su publicación, al final de una jornada en que el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF) y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) han dado detalles sobre avances en la investigación para localizar e identificar los restos del sacerdote, sociólogo, investigador, líder político y guerrillero colombiano, muerto en combate y desaparecido el 15 de febrero de 1966.
“Sacerdote y revolucionario”, cerró el mandatario su publicación, al final de una jornada en que el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF) y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) han dado detalles sobre avances en la investigación para localizar e identificar los restos del sacerdote, sociólogo, investigador, líder político y guerrillero colombiano, muerto en combate y desaparecido el 15 de febrero de 1966.
17 de enero de 2026
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Crisis humanitaria en el Catatumbo: continuas violaciones de DD.HH. por peleas armadas
Los enfrentamientos desatados en enero de 2025 entre las disidencias de las FARC y el ELN han generado el desplazamiento de al menos 90.000 personas. También se cobraron la vida de más de 160 civiles. La disputa limita incluso el acceso a insumos básicos y servicios como salud y educación. Todos los detalles en el Noticiero de RT: https://sn-esp.site/JgMU |
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15 de enero de 2026
Cuando un gobernante pretende dirigir un país con mentiras el futuro se torna incierto, por cuanto sus políticas son públicas y la opinión resulta engañada.
En este asunto, entre #Petro y #Trump se disputan el primer puesto, y la sinceridad de ambos quedó interrogada. Pareciera entonces que desde el "poder" se pudiese decir cualquier cosa sin importar las consecuencias, pero a la vuelta de la esquina, cuando se aparecen los demonios, se cambia el tono de la voz y se esconde hasta el megáfono.
Les comparto mis ideas de lo que viene pasando en Colombia
https://telegra.ph/ES-UN-ASUNTO-POL%C3%8DTICO-01-15
¿Qué ha hecho o dicho el #ELN para merecer el odio visceral de #Petro? Lisa y llanamente ser crítico, decirle sus errores tanto conceptuales como prácticos
Le hemos expresado al país que existe una organización revolucionaria auténtica que sigue luchando por cambios profundos que beneficien a las mayorías, que no somos iluminados y buscamos que esas políticas se construyan en diálogo directo con la gente, en escenarios democráticos.
De entrada le dijimos que era equivocada su política de "paz total", a tal punto que hoy puede verse su fracaso; pues resultó siendo una sombrilla para narcos y paramilitares, con los que ha construido alianzas tanto desde las Fuerzas Militares como en las mesas territoriales y las Zonas de Ubicación Temporal (ZUT), escampaderos desde donde se planean las operaciones militares contra el ELN.
El #ELN no tiene que ver con el narcotráfico, existe un registro histórico, también en todos los territorios hay comunidades que conocen lo que hacemos, se precisa ser ciego para negarse a investigar para dar opiniones acertadas.
El filo revolucionario del #ELN está en decir la verdad y ser consecuente con lo que predica, pero jamás hemos tenido cultivos, tampoco laboratorios, menos pistas o rutas, y ausencia total en cualquier práctica de comercialización, ni en las zonas internas, ni el país ni en el exterior.
Esto lo sabe la DEA, la CIA, el FBI, y se han “devanado los sesos” enviando agentes a misiones para que nos involucren, pero han sido develados sus planes.
En el ELN está penalizado involucrarse en cualquier eslabón de la cadena del narcotráfico y la Dirección Nacional vigila estrictamente su complimiento.
No somos bobos y cuidamos con celo nuestra legitimidad, sabemos lo que aconteció con las ex Farc.
Cuando discutamos con seriedad el tema del #narcotráfico en el país, podremos saber todas las verdades, allá nos esperan a todos y sin máscaras en la cara; allá aparecerán las razones del porqué Colombia se convirtió en la fábrica de la cocaína y del fracaso de todas las políticas y autoridades para su control y superación.
Los empresarios, políticos, paramilitares, gobiernos y el Estado se han beneficiado del delito.
Quienes deberían controlar: Gobierno y Estado se han hecho los de la vista gorda a lo largo de la historia, ellos deben velar por todo lo que sale y entre del país, eso se llama soberanía, pero no, lo permiten y autorizan, o no lo pueden controlar, no hay otra manera, no nos digamos mentiras.
https://telegra.ph/ES-UN-ASUNTO-POL%C3%8DTICO-01-15
En este asunto, entre #Petro y #Trump se disputan el primer puesto, y la sinceridad de ambos quedó interrogada. Pareciera entonces que desde el "poder" se pudiese decir cualquier cosa sin importar las consecuencias, pero a la vuelta de la esquina, cuando se aparecen los demonios, se cambia el tono de la voz y se esconde hasta el megáfono.
Les comparto mis ideas de lo que viene pasando en Colombia
https://telegra.ph/ES-UN-ASUNTO-POL%C3%8DTICO-01-15
¿Qué ha hecho o dicho el #ELN para merecer el odio visceral de #Petro? Lisa y llanamente ser crítico, decirle sus errores tanto conceptuales como prácticos
Le hemos expresado al país que existe una organización revolucionaria auténtica que sigue luchando por cambios profundos que beneficien a las mayorías, que no somos iluminados y buscamos que esas políticas se construyan en diálogo directo con la gente, en escenarios democráticos.
De entrada le dijimos que era equivocada su política de "paz total", a tal punto que hoy puede verse su fracaso; pues resultó siendo una sombrilla para narcos y paramilitares, con los que ha construido alianzas tanto desde las Fuerzas Militares como en las mesas territoriales y las Zonas de Ubicación Temporal (ZUT), escampaderos desde donde se planean las operaciones militares contra el ELN.
El #ELN no tiene que ver con el narcotráfico, existe un registro histórico, también en todos los territorios hay comunidades que conocen lo que hacemos, se precisa ser ciego para negarse a investigar para dar opiniones acertadas.
El filo revolucionario del #ELN está en decir la verdad y ser consecuente con lo que predica, pero jamás hemos tenido cultivos, tampoco laboratorios, menos pistas o rutas, y ausencia total en cualquier práctica de comercialización, ni en las zonas internas, ni el país ni en el exterior.
Esto lo sabe la DEA, la CIA, el FBI, y se han “devanado los sesos” enviando agentes a misiones para que nos involucren, pero han sido develados sus planes.
En el ELN está penalizado involucrarse en cualquier eslabón de la cadena del narcotráfico y la Dirección Nacional vigila estrictamente su complimiento.
No somos bobos y cuidamos con celo nuestra legitimidad, sabemos lo que aconteció con las ex Farc.
Cuando discutamos con seriedad el tema del #narcotráfico en el país, podremos saber todas las verdades, allá nos esperan a todos y sin máscaras en la cara; allá aparecerán las razones del porqué Colombia se convirtió en la fábrica de la cocaína y del fracaso de todas las políticas y autoridades para su control y superación.
Los empresarios, políticos, paramilitares, gobiernos y el Estado se han beneficiado del delito.
Quienes deberían controlar: Gobierno y Estado se han hecho los de la vista gorda a lo largo de la historia, ellos deben velar por todo lo que sale y entre del país, eso se llama soberanía, pero no, lo permiten y autorizan, o no lo pueden controlar, no hay otra manera, no nos digamos mentiras.
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