8 de abril de 2026
Irán exige alto al fuego en Líbano para asistir a cita en Islamabad
El diario estadounidense The Wall Street Journal informó el miércoles que Irán comunicó a los mediadores que la reunión en Islamabad dependería de la implementación de un alto el fuego en Líbano.
Al Mayadeen
Irán condiciona su asistencia a la reunión en Islamabad, capital de Pakistán, a un alto al fuego en Líbano, informó el diario estadonidense The Wall Street Journal.
Según las autoridades paquistaníes, delegaciones iraníes y estadounidenses tenían previsto llegar a Islamabad el viernes para participar en la primera ronda de conversaciones orientadas a alcanzar una solución definitiva para la guerra.
De acuerdo con el medio, Teherán también advirtió reconsiderar la posibilidad de no reabrir el estrecho de Ormuz de continuar con los ataques si persiste la agresión israelí contra Líbano e Irán.
Irán no estará indiferente ante ataques contra Líbano
El país no se mantendrá indiferente ante ningún ataque contra Líbano ni frente a agresiones contra Irán, y cualquier agresor será respondido con firmeza, señaló un funcionario a Al Mayadeen.
Por otro lado, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, abordó las denuncias sobre violaciones al alto el fuego en Líbano e Irán por parte de las fuerzas israelíes durante una llamada telefónica con el jefe del ejército pakistaní, general Asim Munir.
Además, el representante ante las Naciones Unidas en Ginebra, Ali Bahreini, enfatizó la importancia de que "Israel" cumpla con el alto al fuego en Líbano y advirtio de graves consecuencias.
Posible cierre de tráfico en Ormuz por agresión a Líbano
También el portavoz del Comité de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, Ebrahim Rezaei, instó a la interrupción inmediata del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz como medida en respuesta a la agresión contra Líbano.
Por su lado, la Guardia Revolucionaria advirtió a Estados Unidos e "Israel" de responder de manera contundene si no cesan las agresiones contra Líbano.
En el comunicado número 56 de la operación Promesa Veraz 4, el cuerpo castrense afirmó: "Apenas transcurridas unas horas desde el acuerdo de alto el fuego, la entidad sionista perpetró una brutal masacre en Beirut".
Moosawi: Cualquier agresión contra Hizbullah es una agresión contra Irán
Por su parte, el comandante de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, general de brigada Majid Mousawi, subrayó que "cualquier agresión contra el glorioso Hizbullah es una agresión contra Irán".
El frente de combate se prepara en estos momentos para propinar un golpe demoledor en respuesta a los crímenes de la brutal entidad, señaló.
Los pronunciamientos tuvieron lugar tras una serie de ataques a gran escala por parte de Israel en varias zonas del Líbano, incluida Beirut, el valle de la Bekaa, el sur del país y el Monte Líbano.
Según las autoridades paquistaníes, delegaciones iraníes y estadounidenses tenían previsto llegar a Islamabad el viernes para participar en la primera ronda de conversaciones orientadas a alcanzar una solución definitiva para la guerra.
De acuerdo con el medio, Teherán también advirtió reconsiderar la posibilidad de no reabrir el estrecho de Ormuz de continuar con los ataques si persiste la agresión israelí contra Líbano e Irán.
Irán no estará indiferente ante ataques contra Líbano
El país no se mantendrá indiferente ante ningún ataque contra Líbano ni frente a agresiones contra Irán, y cualquier agresor será respondido con firmeza, señaló un funcionario a Al Mayadeen.
Por otro lado, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, abordó las denuncias sobre violaciones al alto el fuego en Líbano e Irán por parte de las fuerzas israelíes durante una llamada telefónica con el jefe del ejército pakistaní, general Asim Munir.
Además, el representante ante las Naciones Unidas en Ginebra, Ali Bahreini, enfatizó la importancia de que "Israel" cumpla con el alto al fuego en Líbano y advirtio de graves consecuencias.
Posible cierre de tráfico en Ormuz por agresión a Líbano
También el portavoz del Comité de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, Ebrahim Rezaei, instó a la interrupción inmediata del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz como medida en respuesta a la agresión contra Líbano.
Por su lado, la Guardia Revolucionaria advirtió a Estados Unidos e "Israel" de responder de manera contundene si no cesan las agresiones contra Líbano.
En el comunicado número 56 de la operación Promesa Veraz 4, el cuerpo castrense afirmó: "Apenas transcurridas unas horas desde el acuerdo de alto el fuego, la entidad sionista perpetró una brutal masacre en Beirut".
Moosawi: Cualquier agresión contra Hizbullah es una agresión contra Irán
Por su parte, el comandante de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, general de brigada Majid Mousawi, subrayó que "cualquier agresión contra el glorioso Hizbullah es una agresión contra Irán".
El frente de combate se prepara en estos momentos para propinar un golpe demoledor en respuesta a los crímenes de la brutal entidad, señaló.
Los pronunciamientos tuvieron lugar tras una serie de ataques a gran escala por parte de Israel en varias zonas del Líbano, incluida Beirut, el valle de la Bekaa, el sur del país y el Monte Líbano.
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Ataque sionista contra la ciudad de Srifa, en el sur del Líbano.
La televisión estatal iraní anunció que los ataques contra EAU y Kuwait, son en respuesta a la flagrante violación del alto el fuego en el ataque a Jiziyah Siri y Lavan (confirmando el ataque a la refinería iraní), así como los ataques de Israel contra el sur del Líbano.
Un alto responsable de Hezbollah ha declarado:
“Israel está decepcionado por no haber logrado los objetivos de la agresión y quiere derrocar el acuerdo. Estamos dando una oportunidad a los países que han llegado a un acuerdo para obligar a Israel a cumplirlo. La resistencia no aceptará que las agresiones israelíes continúen como antes de esta batalla, y estamos esperando los resultados de los contactos que se están llevando a cabo y actuaremos en consecuencia” Periódico israelí Maariv.
Crisis política en Israel tras el alto al fuego con Irán
El reciente cese de hostilidades entre Israel e Irán ha desencadenado una tormenta política en Tel Aviv. La oposición, liderada por Yair Lapid, califica el acuerdo como un "desastre sin precedentes", denunciando que el Gobierno de Benjamín Netanyahu fue marginado de las negociaciones clave, dejando la seguridad nacional en manos de potencias externas. Puntos críticos del conflicto interno: A pesar del éxito operativo de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), se critica que Netanyahu no logró traducir la superioridad militar en logros diplomáticos concretos. Los objetivos de desmantelar el programa nuclear iraní y expulsar a sus milicias de las fronteras siguen sin cumplirse. Lapid acusa a la administración actual de "arrogancia y negligencia", señalando que Israel perdió su silla en la mesa donde se decidió su propio futuro. El daño a la planificación estratégica se estima en años de retroceso. La frustración se ha extendido hacia la esfera internacional. Destaca el mordaz comentario de Tzvi Kahana (Seguridad Nacional), quien criticó duramente a Donald Trump, sugiriendo que el apoyo estadounidense fue insuficiente o errático al final del proceso. Mientras el ejército cumplió su misión y la sociedad civil resistió el embate del conflicto, el liderazgo político enfrenta acusaciones de haber aceptado una "pausa táctica" que solo beneficia a Irán. La tregua es percibida por los críticos no como una victoria, sino como una concesión que permite a Teherán reconstruir sus capacidades tras meses de desgaste, dejando a Israel en una posición de vulnerabilidad diplomática a largo plazo. Gabi Ashkenazi, político israelí y oficial militar retirado de alto rango:
Irán disparó la última bala, después de 41 días de combates, continuaron firmes y conservaron su poder de fuego. Esta guerra tiene un solo ganador, que es Irán, el estrecho de Ormuz ahora se ha convertido en un cajero automático (fuente interminable de ingresos) para Teherán. Las imágenes muestran el enorme ataque aéreo israelí que golpeó el cementerio de Shmustar en el Líbano durante una ceremonia de funeral, matando a múltiples personas e hiriendo a aún más.
Jefe del Comité de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní:
‘Después de la agresión israelí contra el Líbano, todos los planes para abrir el Estrecho de Ormuz deben cesar inmediatamente hasta que haya garantías de que el Líbano está incluido en el alto el fuego. Los hermanos de Hezbolá han luchado junto a nosotros, han dado mártires por la causa y han sido nuestros queridos aliados y han sufrido suficiente opresión y dificultades. O bien hay un alto el fuego en todos los frentes, o no hay alto el fuego en ningún lugar en absoluto. Al principio de la guerra, el presidente Trump estaba abierto a que las fuerzas kurdas se unieran a una ofensiva terrestre contra Irán, calificando la idea de "maravillosa", pero rápidamente cambió de opinión días después, diciendo que había "descartado esa posibilidad", informa Reuters.
Este cambio, junto con señales contradictorias de Washington e Israel, contribuyó al colapso de cualquier plan para la participación kurda. En el terreno, el IRGC de Irán llevó a cabo una campaña sostenida de amenazas, ataques con drones y misiles contra las fuerzas kurdas en Irak y las regiones kurdas dentro de Irán, disuadiéndolas efectivamente de entrar en el conflicto. Irán y sus aliados lanzaron al menos 388 misiles y drones contra la región kurda de Irak, mientras que ataques conjuntos entre EEUU e Israel golpearon 140 veces en las partes dominadas por los kurdos del noroeste de Irán. Las autoridades kurdas iraquíes también se negaron a ser arrastradas a la guerra, temiendo represalias e inestabilidad. A pesar de las esperanzas iniciales entre los combatientes kurdos iraníes exiliados de que la guerra podría abrir un camino para desafiar a Teherán, en cambio se vieron obligados a pasar a modo de supervivencia: esquivar ataques, perder combatientes y bases, y enfrentar una creciente represión iraní. Además, sin un levantamiento interno en Irán, una invasión era demasiado arriesgada. Sin un claro respaldo de EEUU o Israel y sin un levantamiento interno en marcha, los grupos kurdos finalmente se mantuvieron al margen de la guerra, incluso cuando siguen oponiéndose al gobierno iraní. Irán exige un dólar por cada barril de petróleo que pase por el estrecho de Ormuz, incluso durante la tregua, informa el "Financial Times".
Teherán ha solicitado que el peaje se pague en criptomonedas. Se permite el paso sin obstáculos a los petroleros vacíos, añade el periódico británico. Mientras tanto, Irán ha suspendido el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz tras los ataques israelíes en Líbano, informa la agencia “Fars”. El estrecho de Ormuz ha sido cerrado nuevamente, como respuesta a uno de los bombardeos más grandes en ciudades libanesas, reporta la televisión estatal iraní. “O Trump no puede controlar a Netanyahu, o el ejército estadounidense ha dado carta blanca al régimen sionista.” "Los libaneses han sacrificado sus vidas y recursos por nosotros y no debemos dejarlos solos ni un momento. Tregua en todos los frentes, o ninguna." Barak Ravid de Axios informa que la Casa Blanca le dijo que Líbano NO es parte del acuerdo de alto el fuego.
El comandante de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria Islámica, el general de brigada Seyyed Majid Mousavi, declaró:
Un ataque contra Hezbolá equivale a un ataque contra Irán. El líder de la oposición israelí, Yair Lapid, arremete contra Netanyahu:
En unas horas, o un día, o dos, cuando salga de su búnker, intentará venderos que la campaña en Irán fue un éxito. Eso será una completa mentira. Lo que ha ocurrido aquí es un desastre diplomático a una escala que no recuerdo. No recuerdo una invasión política así. Netanyahu nos llevó a un colapso estratégico. Esta fue una combinación tóxica de arrogancia, irresponsabilidad, falta de planificación y negligencia en el frente interno. Vendió mentiras a los estadounidenses que dañaron la confianza entre nuestros dos países — un "éxito militar" que se convirtió en un desastre político. Yair Lapid:
Netanyahu alcanzó el peor resultado posible. El régimen iraní no fue derrotado. La amenaza nuclear no fue eliminada. Los misiles balísticos y los cohetes de Hezbolá siguen apuntando a todos los hogares de Israel. El Estado de Israel entró en esta guerra con un raro consenso nacional. El público la apoyó de principio a fin. Después de seis semanas de bajas y ciudadanos corriendo a los refugios, quedó claro que Netanyahu no puede ganar una sola campaña. El Primer Ministro engañó a los ciudadanos de Israel y engañó a sus socios. Lo vendió al público en una serie de conferencias de prensa teatrales, un plan estratégico que no existía. Israel no tuvo influencia en el acuerdo firmado anoche entre los Estados Unidos e Irán. Te dirán que lo influenciamos detrás de escena. Estas son mentiras vacías. Yair Lapid:
El programa nuclear todavía representa una amenaza, el programa de misiles balísticos no fue eliminado, y hemos reemplazado a un Khamenei de 86 años con un Khamenei de 56 años. El régimen en Irán es una organización terrorista que mantiene a todo un país como rehén. Israel debería haber construido desde el primer día una coalición militar de Asia Occidental contra él, incluyendo a Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y otros estados. Esta guerra debería haber terminado con una conferencia regional que presentara una visión alternativa al terror iraní y promoviera el plan del presidente Trump para Gaza. Eso no ocurrió. Es hora de admitir la verdad: Netanyahu ha perdido la cabeza. Demasiados años en el poder, Netanyahu nos empujó de desastre en desastre. Esta vez empujó a los Estados Unidos a una guerra sin ninguna visión política de cómo ponerle fin. Declaración del portavoz del Parlamento iraní, Mohammed Bagher-Ghalibaf, sobre las violaciones del alto el fuego entre EEUU e Irán:
Él afirma que se ha violado la base muy viable sobre la que negociar, y que un alto el fuego y las negociaciones ahora son irrazonables. Mohammad Bagher Ghalibaf:
Hasta ahora, se han violado 3 cláusulas de la Propuesta de 10 Puntos: 1: Incumplimiento de la primera cláusula de la Propuesta de 10 Puntos relativa al alto el fuego en Líbano, un compromiso al que el Primer Ministro Shehbaz Sharif también se ha referido explícitamente y ha declarado como "un alto el fuego inmediato en todas partes, incluyendo Líbano y otras regiones, con efecto inmediato"; 2: La entrada de un dron intruso en el espacio aéreo iraní, que fue destruido en la ciudad de Lar, en la provincia de Fars, en clara violación de la cláusula que prohíbe cualquier violación adicional del espacio aéreo iraní; 3: La negación del derecho de Irán al enriquecimiento, que se incluyó en la sexta cláusula del marco. Akram al-Kaabi, Secretario General de Harakat al-Nujaba iraquí:
"Dado que el enemigo es traicionero y viola el acuerdo con Irán, la Resistencia Islámica en Irak volverá a disciplinarlo y hacer que se arrepienta" Primera posición oficial de Pakistan después de que Trump incumpliera sus compromisos:
El embajador de Pakistán en los Estados Unidos confirma que Líbano está incluido en el acuerdo de alto el fuego y refuta a Trump y a Netanyahu La Casa Blanca dice que el presidente Trump rechazó el plan de 10 puntos de Irán y lo arrojó a la basura.
Irix News @IrixNews El periódico "The New York Times" acaba de publicar la narración más condenatoria de Trump desde el inicio de la guerra.
Es una bomba. Jonathan Swan y Maggie Haberman, corresponsales de la Casa Blanca, revelan cómo Trump tomó la decisión de entrar en guerra contra Irán. Lo que describen es exactamente lo que analizo en mi libro "Marioneta de la Casa Blanca". Y aquí están los hechos: Netanyahu vendió un sueño. El 11 de febrero, dentro de la Sala de Situación, el primer ministro israelí presentó un escenario en cuatro fases: asesinato del Líder Supremo, destrucción del ejército iraní, encendido de una revolución popular, instalación de un nuevo régimen. Incluso mostró un video compuesto que presentaba a los "futuros líderes de Irán". La respuesta de Trump: "Sounds good to me" (suena bien para mí). Con una sola frase, había sellado el destino de la región. Al día siguiente, la CIA dijo que era una tontería. Las partes 3 y 4 de la presentación de Netanyahu, es decir, la revolución popular y el cambio de régimen, fueron descritas como "una farsa" por el propio Ratcliffe. Y Rubio tradujo: "En otras palabras, es una tontería". El general Caine añadió: "Este es el procedimiento estándar de los israelíes. Exageran sus promesas, y sus planes no siempre están bien desarrollados". Trump escuchó. Y aun así dijo que sí. Vance lo vio todo. Era el único vicepresidente en la sala que se opuso directamente, advirtiendo que la guerra podría "destruir la coalición política de Trump", que el Estrecho de Ormuz era el verdadero punto débil, y que nadie podía predecir la venganza iraní cuando la supervivencia del régimen estuviera en juego. Dijo: "Sabes que creo que esta es una mala idea. Pero si quieres seguir adelante, te apoyaré". Esto no es valentía política. Es servilismo. Susie Wiles miró. La jefa de personal, que tenía preocupaciones, vio que "no era su lugar" hablar en una decisión militar frente a los demás. "Animó a los asesores a compartir sus opiniones". Pero ella guardó silencio. El general Caine nunca dijo "no". Presentó los riesgos: disminución de las reservas de municiones, el Estrecho de Ormuz, ausencia de un camino claro hacia la victoria. Luego dijo: "Si ordenas la operación, el ejército la ejecutará". En cuanto a Trump, solo "escuchaba lo que quería oír". Y Trump firmó a bordo del Air Force One, 22 minutos antes del plazo final que su propio general había establecido: "La operación 'Fury Epic' está autorizada. Sin vuelta atrás. Buena suerte". Así es como se entra en una guerra en el siglo XXI. No con un debate acalorado. Ni con un voto del Congreso. Ni con una estrategia de salida. Sino con una presentación de diapositivas de Netanyahu, una frase de "suena bien para mí", y una nota enviada desde un avión. En mi libro "Marioneta de la Casa Blanca", escribo que los verdaderos tomadores de decisiones son aquellos que preparan las presentaciones que Trump ve. Netanyahu lo entendió mejor que nadie. Preparó una presentación visual de una hora dentro de la Sala de Situación, con una imagen del Mossad de fondo, videos de "líderes futuros", y la promesa de una victoria rápida y limpia. Y Trump dijo: sí. Mientras Vance, Rubio, Wiles y Caine observaban. Este es el enlace al artículo del New York Times: http://nytimes.com/2026/04/07/us/… Aquí les presento una estadística aproximada de lo que lograron los muyahidines en Líbano en menos de cuarenta días:
- **Primero: Cosecha de blindados y vehículos, el cementerio de la tecnología ** Durante los enfrentamientos terrestres intensos en los ejes (al-Qantara, al-Tayyiba y Aynatha), la Resistencia registró la destrucción y el daño de números récord de vehículos: **Tanques Merkava:** Se destruyeron e incendiaron más de 100 tanques Merkava (los modelos más modernos 4 y 4 Barak) utilizando misiles guiados específicos, de los cuales 18 tanques fueron destruidos solo en las batallas del "eje al-Tayyiba" en pocos días. **Bulldozers militares:** Destrucción de más de 45 bulldozers militares del modelo blindado "D9", que son la herramienta principal del enemigo en intentos de abrir caminos o demoler casas fronterizas. **Otros vehículos:** Daño y destrucción de decenas de transportes de tropas blindados y vehículos "Namer", además de derribar drones de vigilancia y ataque avanzados. **Segundo: Pérdidas de personal y parálisis del despliegue ** El enemigo admitió la ferocidad de la lucha, mientras que la Resistencia documentó casos de huida masiva de los sitios de enfrentamiento: **Muertos y heridos:** Las estadísticas de campo indican la caída de más de 165 combatientes de soldados y oficiales de la ocupación, e hirieron a más de 1300 soldados con heridas de diversa gravedad. **Fracaso del despliegue:** Las divisiones militares israelíes (incluidas la división 98 y la división 36) fueron incapaces de establecer cualquier punto de apoyo permanente dentro de los pueblos libaneses. Cada intento de desplegarse en "casas" o "colinas" se enfrentó a golpes precisos que llevaron a la retirada de la fuerza bajo cobertura de humo y helicópteros densos para evacuar a los heridos. **Tercero: El frente de misiles (parálisis del interior y los asentamientos) ** La Resistencia mantuvo un ritmo de fuego ascendente, lo que convirtió el norte de Palestina ocupada en una "zona de operaciones" inhabitable: **Densidad de fuego:** Ejecución de un promedio de 40 a 44 operaciones militares diarias, que incluyeron ráfagas de misiles y drones de embestida. **Alcance y profundidad:** Los misiles específicos llegaron a bases estratégicas a 120 kilómetros de la frontera, como la base "Tel HaShomer" y la base de defensa aérea "Ein Shemer" (75 km). **Asentamientos abandonados:** Parálisis total en más de 100 colonias, con desplazamiento forzado de más de 300 mil colonos que no tienen ningún horizonte de retorno bajo la continuación de las ráfagas que apuntan diariamente a "Kiryat Shmona", "Safed" y "Nahariya". **Cuarto: Ataque al núcleo de mando y de inteligencia ** La Resistencia logró asestar golpes demoledores al sistema de "mando y control" del enemigo: **Cegar al enemigo:** Destrucción del 90% de los equipos técnicos y de vigilancia a lo largo de la frontera, lo que privó al ejército israelí de la capacidad de vigilancia efectiva de los movimientos de los combatientes. **Golpe a los cuarteles:** Ataque al cuartel de mando de la "Región Norte" y bases de radar y aéreas vitales como Meron, lo que causó gran confusión en la gestión de las operaciones aéreas y terrestres del enemigo. **Conclusión de campo:** Los números hablan de un fracaso sionista integral, ya que el enemigo que comenzó su operación bajo el título "Retorno de los Colonos" terminó con la pérdida de brigadas de élite y la ampliación del círculo de desplazamiento, dejando los pueblos del sur de Líbano como "tierra prohibida" donde se estrellan todas las ilusiones de control terrestre. سن الشامي - Mohsen al shami @apt14582 Sobre la cuestión del valor de negociar con Estados Unidos.
El presidente del Parlamento de Irán informó que Estados Unidos violó 3 de las 10 condiciones marco para las negociaciones incluso antes de que estas comenzaran. La propuesta de 10 puntos de la República Islámica de Irán constituye una “base de trabajo para las negociaciones” y el documento principal para las discusiones. Sin embargo, hasta el momento tres puntos de esta propuesta han sido violados:
En tal situación, un alto el fuego bilateral o negociaciones resultan injustificados. (c) el presidente del Parlamento de Irán, Mohammad Bagher Ghalibaf |
En clara violación del alto el fuego, el portavoz de las Fuerzas de Ocupación Israelíes en árabe publica un aviso de evacuación para los residentes de la ciudad de Tiro en el Líbano.
EEUU e Israel violan el acuerdo de alto el fuego de dos semanas: medios iraníes
La refinería de petróleo de Lavan en la isla de Lavan, ubicada en el Golfo Pérsico frente a la costa sur de Irán, ha sido atacada por las fuerzas estadounidenses e israelíes. Violento bombardeo israelí en la capital libanesa Beirut.
El ejército israelí anuncia que ha llevado a cabo el ataque más intenso en Líbano desde el inicio de la operación, atacando más de 100 objetivos en 10 minutos en todo Líbano: Dahye, la capital Beirut, Bekaa, el sur y Hermel.
Irán dice que si Israel no detiene los ataques contra Líbano, romperán el alto el fuego para atacar a Israel.
Francia, Egipto, Pakistán e Irán han confirmado que Líbano estaba incluido. Los ataques aéreos israelíes de hoy contra el Líbano han dejado 112 muertos y 837 heridos, según el balance preliminar del Ministerio de Salud del Líbano.
Fuente militar iraní:
"Ningún petrolero o barco perteneciente a los enemigos pasará por el Estrecho de Ormuz antes de que 'Israel' se comprometa con un alto el fuego en Líbano" El ejército israelí ha lanzado una nueva operación en Líbano llamada "Oscuridad Eterna", que comenzó con una oleada de ataques contra 100 supuestos "objetivos de mando y control de Hezbolá" en Beirut, Bekaa y el sur de Líbano en un lapso de diez minutos.
Aproximadamente 160 municiones fueron utilizadas por 50 aviones de combate israelíes. Las FDI dijeron que la operación tiene como objetivo asestar un golpe que afectará significativamente el funcionamiento de Hezbolá. El Jefe de Estado Mayor de las FDI, Zamir, prometió: “Continuaremos atacando a Hezbolá sin pausa.” Los medios de comunicación israelíes informan de un intento fallido de asesinato israelí contra el secretario general de Hezbolá, el jeque Naim Qassim.
Relaciones Públicas del CGRI:
'Hace unos minutos, un avión no tripulado avanzado Hermes-900 en el cielo de Lar, provincia de Fars, fue interceptado y destruido por el fuego de los nuevos sistemas de defensa aeroespacial del CGRI bajo el control de la red integrada de defensa aérea del país. La entrada de cualquier aeronave enemiga estadounidense-sionista en el espacio aéreo del país, incluso sin llevar a cabo operaciones militares, se considera una violación del alto el fuego y recibirá una respuesta. Una fuente también le dice a Tasnim que Irán está preparando una respuesta de represalia a los ataques israelíes en el Líbano de hoy, y que si las violaciones del alto el fuego "persisten", Irán cancelará el acuerdo de 2 semanas y no asistirá a las conversaciones planeadas en Islamabad.
Irán se retirará del acuerdo de alto el fuego si Israel continúa violando el alto el fuego al continuar sus ataques contra el Líbano, según la Agencia de Noticias Tasnim, citando a una fuente. El cese de la guerra en todos los frentes, incluso contra la heroica Resistencia Islámica del Líbano, fue aceptado por los EEUU en el plan de alto el fuego de dos semanas, pero el régimen sionista ha llevado a cabo ataques brutales contra el Líbano desde esta mañana, en clara violación del alto el fuego. El ejército de Irán prepara posibles respuestas a las violaciones del alto el fuego israelí en el Líbano, según la Agencia de Noticias Tasnim, citando a una fuente. Si EEUU no puede controlar a su perro vicioso en la región, Irán le ayudará excepcionalmente en este asunto! Y eso, por la fuerza. Israel lanzó ayer ataques aéreos contra el ferrocarril China-Irán, siendo este el primer ataque directo a intereses clave en la iniciativa china "La Franja y la Ruta". El ferrocarril fue inaugurado el 3 de junio de 2025 y fue construido con financiamiento chino (40 mil millones de yuanes).
TEHERÁN BAJO ATAQUE Y LA TREGUA SE DESMORONA
Fuentes iraníes reportan ataques aéreos sobre Teherán y Karaj, mientras las defensas aéreas permanecieron activas durante más de 20 minutos en la zona de la capital. Mehr News confirmó la activación de las defensas en Teherán y aseguró que Estados Unidos habría comenzado a violar el alto el fuego atacando directamente la capital iraní. En paralelo, el comandante de la Fuerza Aeroespacial del CGRI, Majid Mousavi, declaró que Irán prepara una “dura respuesta” por los crímenes de la entidad sionista en Líbano. Según estos reportes, el supuesto alto el fuego de dos semanas habría colapsado en apenas 12 horas, reforzando la percepción de que la tregua solo buscaba bajar la presión energética y calmar a los mercados sin una intención real de paz. NETANYAHU: ISRAEL DICE QUE IRÁN ESTÁ MÁS DÉBIL QUE NUNCA Y QUE LA CAMPAÑA SIGUE ABIERTA
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aseguró que Israel ha logrado avances que hasta hace poco eran “inimaginables” y afirmó que Irán está más débil que nunca, mientras Israel estaría ahora en una posición de mayor fortaleza. Durante su discurso, Netanyahu señaló que los combatientes israelíes siguen en la primera línea, mientras la población permanece en la retaguardia, y dejó claro que la operación aún no ha terminado. También afirmó que Israel todavía tiene más objetivos por alcanzar y sostuvo que esos objetivos se lograrán ya sea mediante negociaciones o renovando la lucha, dejando una advertencia directa al afirmar que mantienen el “dedo en el gatillo”. Sobre el alto el fuego, Netanyahu declaró que la decisión estadounidense no tomó por sorpresa a Israel, y subrayó que las negociaciones son solo una etapa más dentro de la campaña para alcanzar sus metas. En uno de los puntos más duros de su mensaje, aseguró que Israel destruyó la industria de misiles iraní y que Teherán estaría disparando únicamente lo que le queda, sin capacidad actual para producir más misiles. Ataque al oleoducto Este-Oeste (Arabia Saudita)
Se confirma un ataque contra el oleoducto clave "Este-Oeste", infraestructura que conecta el Golfo Pérsico con el Mar Rojo. Este oleoducto es el recurso principal de Arabia Saudita para exportar petróleo sin depender del paso por el Estrecho de Ormuz, actualmente bajo tensión. Teherán atribuye el ataque a una respuesta tras bombardeos previos de EEUU e Israel contra refinerías en el sur de Irán, ocurridos poco después de un anuncio de alto el fuego. Se evalúan daños en las estaciones de bombeo. El evento es relevante principalmente para el mercado energético por ser la vía alternativa de salida del crudo saudí hacia Yanbu. La Guardia Revolucionaria de Irán ha reivindicado la autoría, enmarcando el hecho como una represalia directa. Una de las mayores navieras del mundo, Maersk, no reanudará sus operaciones marítimas a través del Estrecho de Ormuz, a pesar de la tregua anunciada por Trump.
La compañía explicó que no cree en las declaraciones sobre la seguridad de la ruta y que seguirá adoptando un enfoque prudente. Maersk es un gigante danés de la logística con una cuota del 14,6 % del total de envíos de contenedores a nivel mundial. Portavoz de las FDI, Effie Defrin:
La región al sur del río Litani ha sido desconectada de Líbano, y estamos trabajando para eliminar a Hezbolá de esta zona. Pero esto no se hace sin un gran coste. Las defensas aéreas iraníes derribaron otro dron israelí en Shushtar, provincia de Khuzestan, el segundo dron derribado hoy.
JD Vance: “Si Irán quiere dejar que esta negociación se desmorone por Líbano, que no tiene nada que ver con ellos, esa es su elección. Creemos que eso sería estúpido, pero es su elección”.
El alto funcionario iraní Ibrahim Azizi:
"Una vez más, has demostrado que no entiendes el concepto de un alto el fuego y que solo el fuego es lo que te hace entrar en razón, así que debes esperar a que eso ocurra". La razón de ese "boots on the ground" que, de haberse ejecutado habría terminado en otro "Eagle Claw", es eliminar la posibilidad de una retaliación por parte de Irán a un bombardeo nuclear planificado por Trump & Co.
A lo que aspira Israel:
Soldados israelíes abandonan artillería pesada en pánico
- Hezbolá se apodera de armas avanzadas Ahora, los combatientes de Hezbolá se han apoderado de grandes cantidades de artillería pesada israelí abandonada, mientras los soldados sionistas huyen de sus posiciones en estado de pánico en el frente norte. Los medios militares de Hezbolá han confirmado que la Resistencia ahora controla equipo sionista avanzado. El Canal 12 informó que el régimen israelí ha perdido una capacidad de fuego decisiva. Este es otro golpe humillante que prueba el impulso invencible del Eje de la Resistencia. Fuentes: Medios militares de Hezbolá, Al Mayadeen, Canal 12 israelí, Reuters El pueblo iraní exige a Irán que continúe bombardeando a Israel "Señor Majid el héroe (comandante de las fuerzas aéreas de la Guardia Revolucionaria), ¡acude en ayuda de Líbano!
Manifestación de las verdades y revelación de los secretos General Ken: Quisiera agradecer a nuestros socios del Golfo que lucharon a nuestro lado: Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Qatar, Kuwait y Jordania, todos los cuales se unieron a nosotros para defender a nuestro pueblo y nuestros valores.
Hezbolá anuncia la reanudación de las operaciones militares contra Israel
En el nombre de Alá, el más misericordioso, el más benévolo: En defensa del Líbano y su pueblo, y en respuesta a la violación del acuerdo de alto el fuego por parte del enemigo, después de que la Resistencia se adhiriera al alto el fuego mientras el enemigo no lo hizo: Los combatientes de la Resistencia Islámica en el Líbano atacaron el asentamiento de Manara con cohetes a las 02:30 del jueves, 09-04-2026. Nuestras respuestas continuarán hasta que cese la agresión israelí-estadounidense contra nuestro país y nuestro pueblo.’ España exige a la UE suspensión de acuerdo de Asociación con "Israel"
Ante el ataque masivo del régimen sionista contra Líbano, Sánchez ha exigido a la Unión Europea (UE) la suspensión del acuerdo de asociación con "Israel". En su participación del 4 de abril, en el programa del juez Andrew Napolitano, el que es presentado regularmente como exagente de la CIA, comentó que la destitución del general Randy George como jefe Estado Mayor del Ejército no se debió a su papel en las operaciones de la guerra vigente en Medio Oriente, sino a la afiliación partidista de George que, a todas luces, es del bando opositor de Trump.
El impulso de India por anclarse en Asia Occidental a través del corredor IMEC se está desmoronando bajo la guerra regional y la presión estadounidense, exponiendo la fragilidad de su autonomía estratégica. Mientras se retira de Irán y guarda silencio en foros clave, la credibilidad de la India como potencia independiente del Sur Global está en entredicho.
Irán ve ilógico negociar tras violar marco acordado
El presidente del Parlamento iraní denunció que Estados Unidos e "Israel" violaron tres puntos clave del marco de negociación antes de su inicio, incluyendo el alto al fuego en Líbano, el espacio aéreo iraní y el derecho al enriquecimiento, lo que considera invalida cualquier proceso de diálogo. http://es.mdn.tv/938o Ben Caspit, experto israelí en asuntos geopolíticos y militares. Maariv, 8 de abril de 2026:
“En resumen: Hamás controla Gaza y se fortalece bajo el amparo de Qatar y Turquía. Hezbolá sufrió duros golpes, pero sobrevivió y nos hostigó agresivamente hasta el último momento. El régimen iraní resistió un ataque masivo de dos superpotencias durante semanas y sobrevivió. No solo sobrevivió, sino que actualmente controla todo el uranio enriquecido, una buena cantidad de misiles balísticos y sus lanzadores, junto con el Estrecho de Ormuz. Esto no ha terminado. Aún podría dar un giro inesperado. Todavía no sabemos cómo acabará ni qué pasará con el uranio, los misiles y los grupos armados interpuestos. Lo que sí sabemos es que hemos aprendido las limitaciones del poder, no solo del nuestro, sino incluso del poder estadounidense. Hemos aprendido que las cosas complejas requieren planificación”. El principal imperativo sigue vigente —y concierne a todo el planeta—: cómo encontrar una cura para ese cáncer en Asia Occidental.
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Cómo Trump llevó a EEUU a la guerra con Irán
The New York Times
En una serie de reuniones, el presidente Trump sopesó sus instintos frente a las profundas preocupaciones de su vicepresidente y una evaluación pesimista de los servicios de inteligencia. Esta es la historia sobre cómo se tomó la decisión.
Por Jonathan Swan y Maggie Haberman
Jonathan Swan y Maggie Haberman son corresponsales en la Casa Blanca para el Times, y son los coautores del próximo libro Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump. Este artículo se basa en la investigación realizada para ese libro.
Jonathan Swan y Maggie Haberman son corresponsales en la Casa Blanca para el Times, y son los coautores del próximo libro Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump. Este artículo se basa en la investigación realizada para ese libro.
El todoterreno negro en el que viajaba el primer ministro Benjamín Netanyahu llegó a la Casa Blanca poco antes de las 11:00 a. m. del 11 de febrero. El dirigente israelí, que llevaba meses presionando a Estados Unidos para que accediera a realizar un ataque de gran envergadura contra Irán, fue conducido al interior sin apenas ceremonias, fuera de la vista de los periodistas, preparado para uno de los momentos más cruciales de su larga carrera.
Funcionarios estadounidenses e israelíes primero se reunieron en la Sala del Gabinete, adyacente al Despacho Oval. Luego Netanyahu se dirigió escaleras abajo para el acto principal: una presentación altamente clasificada sobre Irán para el presidente Donald Trump y su equipo en la Sala de Situación de la Casa Blanca, que rara vez se utilizaba para reuniones en persona con dirigentes extranjeros.
Trump se sentó, pero no en su posición habitual a la cabeza de la mesa de conferencias de caoba de la sala. En su lugar, se sentó a un lado, frente a las grandes pantallas instaladas a lo largo de la pared. Netanyahu se sentó al otro lado, justo enfrente del mandatario.
En la pantalla situada detrás del primer ministro aparecía David Barnea, director del Mossad, la agencia de inteligencia exterior israelí, así como oficiales del ejército israelí. Dispuestos visualmente detrás de Netanyahu, creaban la imagen de un líder en tiempo de guerra rodeado por su equipo.
Funcionarios estadounidenses e israelíes primero se reunieron en la Sala del Gabinete, adyacente al Despacho Oval. Luego Netanyahu se dirigió escaleras abajo para el acto principal: una presentación altamente clasificada sobre Irán para el presidente Donald Trump y su equipo en la Sala de Situación de la Casa Blanca, que rara vez se utilizaba para reuniones en persona con dirigentes extranjeros.
Trump se sentó, pero no en su posición habitual a la cabeza de la mesa de conferencias de caoba de la sala. En su lugar, se sentó a un lado, frente a las grandes pantallas instaladas a lo largo de la pared. Netanyahu se sentó al otro lado, justo enfrente del mandatario.
En la pantalla situada detrás del primer ministro aparecía David Barnea, director del Mossad, la agencia de inteligencia exterior israelí, así como oficiales del ejército israelí. Dispuestos visualmente detrás de Netanyahu, creaban la imagen de un líder en tiempo de guerra rodeado por su equipo.
David Barnea, director del Mosad, el servicio de inteligencia exterior de Israel, Netanyahu y varios altos mandos del ejército israelí participaron en la reunión de alto nivel con el Trump en la Sala de Situación de la Casa Blanca.Credit...Amir Cohen/Reuters; Eric Lee para The New York Times
Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, se sentó en el extremo opuesto de la mesa. El secretario de Estado, Marco Rubio, quien también ejercía de asesor de seguridad nacional, estaba en su asiento habitual. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el general Dan Caine, jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor, que solían sentarse juntos en este tipo de reuniones, estaban a un lado; junto a ellos estaba John Ratcliffe, director de la CIA. Jared Kushner, yerno del presidente, y Steve Witkoff, enviado especial de Trump, quien había estado negociando con los iraníes, completaban el grupo principal.
La reunión había sido deliberadamente reducida para evitar filtraciones. Otros altos secretarios del gabinete no tenían ni idea de lo que estaba ocurriendo. También estaba ausente el vicepresidente. JD Vance se encontraba en Azerbaiyán y la reunión se había programado con tan poca antelación que no pudo regresar a tiempo.
La presentación que Netanyahu haría en la hora siguiente sería fundamental para llevar a Estados Unidos e Israel hacia un conflicto armado de gran envergadura en medio de una de las regiones más volátiles del mundo. Y desencadenaría una serie de discusiones dentro de la Casa Blanca en los días y semanas siguientes, cuyos detalles no se han divulgado anteriormente, en las que Trump analizó sus opciones y los riesgos antes de dar el visto bueno a unirse a Israel para atacar a Irán.
Este relato de cómo Trump llevó a Estados Unidos a la guerra se ha extraído de la investigación para un libro de próxima publicación llamado Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump. Revela cómo las deliberaciones dentro del gobierno pusieron de manifiesto los instintos del presidente, las fracturas de su círculo íntimo y su manera de dirigir la Casa Blanca. Se basa en extensas entrevistas realizadas bajo condición de anonimato para relatar debates internos y temas delicados.
La investigación subraya hasta qué punto el pensamiento belicista de Trump se alineó con el de Netanyahu durante muchos meses, más de lo que reconocían incluso algunos de los principales asesores del presidente. Su estrecha asociación ha sido una característica duradera a lo largo de dos gobiernos, y esa dinámica —por tensa que haya sido a veces— ha generado intensas críticas y sospechas tanto en la izquierda como en la derecha de la política estadounidense.
Y muestra cómo, al final, incluso los miembros más escépticos del gabinete de guerra de Trump —con la clara excepción de Vance, la figura dentro de la Casa Blanca que más se oponía a una guerra a gran escala— se plegaron a los instintos del mandatario, incluida su gran confianza en que la guerra sería rápida y decisiva. La Casa Blanca declinó hacer comentarios.
En la Sala de Situaciones del 11 de febrero, Netanyahu hizo una propuesta dura, sugiriendo que Irán estaba maduro para un cambio de régimen y expresando la creencia de que una misión conjunta estadounidense-israelí podría acabar finalmente con la República Islámica.
En un momento dado, los israelíes reprodujeron para Trump un breve video que incluía un montaje de posibles nuevos dirigentes que podrían hacerse cargo del país si cayera el gobierno de línea dura. Entre ellos figuraba Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último sha de Irán, ahora un disidente radicado en Washington que había intentado posicionarse como un líder laico que podría guiar a Irán hacia un gobierno posteocrático.
Netanyahu y su equipo esbozaron unas condiciones que, según ellos, apuntaban a una victoria casi segura: el programa de misiles balísticos de Irán podría ser destruido en pocas semanas. El régimen quedaría tan debilitado que no podría asfixiar el estrecho de Ormuz, y la probabilidad de que Irán asestara golpes contra intereses estadounidenses en países vecinos se consideró mínima.
Además, la inteligencia del Mosad indicaba que volverían a empezar las protestas callejeras dentro de Irán y —con el ímpetu de la agencia de espionaje israelí ayudando a fomentar disturbios y rebeliones— una intensa campaña de bombardeos podría fomentar las condiciones para que la oposición iraní derrocara al régimen. Los israelíes también plantearon la posibilidad de que los combatientes kurdos iraníes cruzaran la frontera desde Irak para abrir un frente terrestre en el noroeste, lo que estiraría aún más las fuerzas del régimen y aceleraría su colapso.
Netanyahu hizo su presentación con un tono monótono y seguro. Parece que eso le gustó a la persona más importante de la sala, el presidente estadounidense.
Suena bien, le dijo Trump al primer ministro. Para Netanyahu, esto significaba una probable luz verde para una operación conjunta estadounidense-israelí.
Netanyahu no fue el único que salió de la reunión con la impresión de que Trump casi había tomado una decisión. Los asesores del mandatario pudieron comprobar que había quedado profundamente impresionado por la promesa de lo que podían hacer los servicios militares y de inteligencia de Netanyahu, al igual que cuando ambos hablaron antes de la guerra de 12 días contra Irán en junio.
Antes, en su visita a la Casa Blanca el 11 de febrero, Netanyahu había intentado centrar la atención de los estadounidenses reunidos en la Sala del Gabinete en la amenaza existencial que representaba el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, de 86 años.
Cuando otras personas que estaban en la sala le preguntaron al primer ministro sobre los posibles riesgos de la operación, Netanyahu los reconoció, pero hizo una observación central: en su opinión, los riesgos de la inacción eran mayores que los riesgos de la acción. Argumentó que el precio de la acción solo aumentaría si retrasaban el ataque y le daban más tiempo a Irán para acelerar su producción de misiles y crear un escudo de inmunidad en torno a su programa nuclear.
Todos los presentes comprendieron que Irán tenía capacidad para aumentar sus arsenales de misiles y aviones no tripulados a un costo mucho menor y mucho más rápidamente de lo que Estados Unidos podría construir y suministrar los interceptores, mucho más caros, para proteger los intereses estadounidenses y de sus aliados en la región.
Las presentaciones de Netanyahu —y la respuesta positiva de Trump a las mismas— crearon una tarea urgente para la comunidad de inteligencia estadounidense. Durante la noche, los analistas trabajaron para evaluar la viabilidad de lo que el equipo israelí había dicho al presidente.
Los consejos militares
Los resultados del análisis de los servicios de inteligencia estadounidenses se compartieron al día siguiente, 12 de febrero, en otra reunión solo para funcionarios estadounidenses en la Sala de Situación. Antes de que llegara Trump, dos altos funcionarios de inteligencia informaron al círculo íntimo del presidente.
Los funcionarios de inteligencia tenían profundos conocimientos de las capacidades militares estadounidenses y conocían al dedillo el sistema iraní y sus actores. Habían desglosado la presentación de Netanyahu en cuatro partes. La primera era la decapitación: matar al ayatolá. La segunda era paralizar la capacidad de Irán para proyectar poder y amenazar a sus vecinos. La tercera era un levantamiento popular dentro de Irán. Y la cuarta era el cambio de régimen, con la instalación de un líder laico para gobernar el país.
Los funcionarios estadounidenses consideraron que los dos primeros objetivos eran alcanzables con la inteligencia y el poder militar estadounidenses. Consideraron que las partes tercera y cuarta del discurso de Netanyahu, que incluían la posibilidad de que los kurdos organizaran una invasión terrestre de Irán, estaban alejadas de la realidad.
Cuando Trump se incorporó a la reunión, Ratcliffe lo informó sobre la evaluación. El director de la CIA utilizó una palabra para describir los escenarios de cambio de régimen del primer ministro israelí: “ridículos”.
La reunión había sido deliberadamente reducida para evitar filtraciones. Otros altos secretarios del gabinete no tenían ni idea de lo que estaba ocurriendo. También estaba ausente el vicepresidente. JD Vance se encontraba en Azerbaiyán y la reunión se había programado con tan poca antelación que no pudo regresar a tiempo.
La presentación que Netanyahu haría en la hora siguiente sería fundamental para llevar a Estados Unidos e Israel hacia un conflicto armado de gran envergadura en medio de una de las regiones más volátiles del mundo. Y desencadenaría una serie de discusiones dentro de la Casa Blanca en los días y semanas siguientes, cuyos detalles no se han divulgado anteriormente, en las que Trump analizó sus opciones y los riesgos antes de dar el visto bueno a unirse a Israel para atacar a Irán.
Este relato de cómo Trump llevó a Estados Unidos a la guerra se ha extraído de la investigación para un libro de próxima publicación llamado Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump. Revela cómo las deliberaciones dentro del gobierno pusieron de manifiesto los instintos del presidente, las fracturas de su círculo íntimo y su manera de dirigir la Casa Blanca. Se basa en extensas entrevistas realizadas bajo condición de anonimato para relatar debates internos y temas delicados.
La investigación subraya hasta qué punto el pensamiento belicista de Trump se alineó con el de Netanyahu durante muchos meses, más de lo que reconocían incluso algunos de los principales asesores del presidente. Su estrecha asociación ha sido una característica duradera a lo largo de dos gobiernos, y esa dinámica —por tensa que haya sido a veces— ha generado intensas críticas y sospechas tanto en la izquierda como en la derecha de la política estadounidense.
Y muestra cómo, al final, incluso los miembros más escépticos del gabinete de guerra de Trump —con la clara excepción de Vance, la figura dentro de la Casa Blanca que más se oponía a una guerra a gran escala— se plegaron a los instintos del mandatario, incluida su gran confianza en que la guerra sería rápida y decisiva. La Casa Blanca declinó hacer comentarios.
En la Sala de Situaciones del 11 de febrero, Netanyahu hizo una propuesta dura, sugiriendo que Irán estaba maduro para un cambio de régimen y expresando la creencia de que una misión conjunta estadounidense-israelí podría acabar finalmente con la República Islámica.
En un momento dado, los israelíes reprodujeron para Trump un breve video que incluía un montaje de posibles nuevos dirigentes que podrían hacerse cargo del país si cayera el gobierno de línea dura. Entre ellos figuraba Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último sha de Irán, ahora un disidente radicado en Washington que había intentado posicionarse como un líder laico que podría guiar a Irán hacia un gobierno posteocrático.
Netanyahu y su equipo esbozaron unas condiciones que, según ellos, apuntaban a una victoria casi segura: el programa de misiles balísticos de Irán podría ser destruido en pocas semanas. El régimen quedaría tan debilitado que no podría asfixiar el estrecho de Ormuz, y la probabilidad de que Irán asestara golpes contra intereses estadounidenses en países vecinos se consideró mínima.
Además, la inteligencia del Mosad indicaba que volverían a empezar las protestas callejeras dentro de Irán y —con el ímpetu de la agencia de espionaje israelí ayudando a fomentar disturbios y rebeliones— una intensa campaña de bombardeos podría fomentar las condiciones para que la oposición iraní derrocara al régimen. Los israelíes también plantearon la posibilidad de que los combatientes kurdos iraníes cruzaran la frontera desde Irak para abrir un frente terrestre en el noroeste, lo que estiraría aún más las fuerzas del régimen y aceleraría su colapso.
Netanyahu hizo su presentación con un tono monótono y seguro. Parece que eso le gustó a la persona más importante de la sala, el presidente estadounidense.
Suena bien, le dijo Trump al primer ministro. Para Netanyahu, esto significaba una probable luz verde para una operación conjunta estadounidense-israelí.
Netanyahu no fue el único que salió de la reunión con la impresión de que Trump casi había tomado una decisión. Los asesores del mandatario pudieron comprobar que había quedado profundamente impresionado por la promesa de lo que podían hacer los servicios militares y de inteligencia de Netanyahu, al igual que cuando ambos hablaron antes de la guerra de 12 días contra Irán en junio.
Antes, en su visita a la Casa Blanca el 11 de febrero, Netanyahu había intentado centrar la atención de los estadounidenses reunidos en la Sala del Gabinete en la amenaza existencial que representaba el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, de 86 años.
Cuando otras personas que estaban en la sala le preguntaron al primer ministro sobre los posibles riesgos de la operación, Netanyahu los reconoció, pero hizo una observación central: en su opinión, los riesgos de la inacción eran mayores que los riesgos de la acción. Argumentó que el precio de la acción solo aumentaría si retrasaban el ataque y le daban más tiempo a Irán para acelerar su producción de misiles y crear un escudo de inmunidad en torno a su programa nuclear.
Todos los presentes comprendieron que Irán tenía capacidad para aumentar sus arsenales de misiles y aviones no tripulados a un costo mucho menor y mucho más rápidamente de lo que Estados Unidos podría construir y suministrar los interceptores, mucho más caros, para proteger los intereses estadounidenses y de sus aliados en la región.
Las presentaciones de Netanyahu —y la respuesta positiva de Trump a las mismas— crearon una tarea urgente para la comunidad de inteligencia estadounidense. Durante la noche, los analistas trabajaron para evaluar la viabilidad de lo que el equipo israelí había dicho al presidente.
Los consejos militares
Los resultados del análisis de los servicios de inteligencia estadounidenses se compartieron al día siguiente, 12 de febrero, en otra reunión solo para funcionarios estadounidenses en la Sala de Situación. Antes de que llegara Trump, dos altos funcionarios de inteligencia informaron al círculo íntimo del presidente.
Los funcionarios de inteligencia tenían profundos conocimientos de las capacidades militares estadounidenses y conocían al dedillo el sistema iraní y sus actores. Habían desglosado la presentación de Netanyahu en cuatro partes. La primera era la decapitación: matar al ayatolá. La segunda era paralizar la capacidad de Irán para proyectar poder y amenazar a sus vecinos. La tercera era un levantamiento popular dentro de Irán. Y la cuarta era el cambio de régimen, con la instalación de un líder laico para gobernar el país.
Los funcionarios estadounidenses consideraron que los dos primeros objetivos eran alcanzables con la inteligencia y el poder militar estadounidenses. Consideraron que las partes tercera y cuarta del discurso de Netanyahu, que incluían la posibilidad de que los kurdos organizaran una invasión terrestre de Irán, estaban alejadas de la realidad.
Cuando Trump se incorporó a la reunión, Ratcliffe lo informó sobre la evaluación. El director de la CIA utilizó una palabra para describir los escenarios de cambio de régimen del primer ministro israelí: “ridículos”.
John Ratcliffe, director de la CIA, advirtió contra la posibilidad de considerar el cambio de régimen como un objetivo alcanzable en una reunión de la Sala de Situación al día siguiente.Credit...Doug Mills/The New York Times
En ese momento, Rubio intervino. “En otras palabras, es una patraña”, dijo.
Ratcliffe añadió que, dada la imprevisibilidad de los acontecimientos en cualquier conflicto, podría producirse un cambio de régimen, pero no debería considerarse como un objetivo alcanzable.
Otros intervinieron, entre ellos Vance, recién llegado de Azerbaiyán, quien también expresó un fuerte escepticismo ante la perspectiva de un cambio de régimen.
El presidente se dirigió entonces al general Caine y le preguntó: “General, ¿qué opina?”.
“Señor, según mi experiencia, este es el procedimiento operativo habitual de los israelíes. Exageran y sus planes no siempre están bien desarrollados. Saben que nos necesitan y por eso exageran”, respondió el líder militar.
Trump analizó rápidamente la valoración. El cambio de régimen, dijo, sería “problema de ellos”. No estaba claro si se refería a los israelíes o al pueblo iraní. Pero lo esencial era que su decisión sobre si ir a la guerra contra Irán no dependería de si las partes 3 y 4 de la presentación de Netanyahu eran realizables.
Trump parecía seguir muy interesado en cumplir la primera y segunda parte: matar al ayatolá y a los principales dirigentes de Irán y desmantelar el ejército iraní.
El general Caine —el hombre al que a Trump le gustaba referirse como “Razin’ Caine”— había impresionado al presidente años antes al decirle que el Estado Islámico podía ser derrotado mucho más rápidamente de lo que otros habían previsto. Trump recompensó esa confianza ascendiendo al general, quien había sido piloto de combate de las Fuerzas Aéreas, convirtiéndolo en su máximo asesor militar. Caine no es un político leal, y le preocupaba seriamente una guerra con Irán. Pero fue muy cauto en la forma de presentar sus puntos de vista al presidente.
Mientras el pequeño equipo de asesores que estaban al tanto de los planes deliberaba durante los días siguientes, Caine compartió con Trump y con otros la alarmante valoración militar de que una gran campaña contra Irán agotaría drásticamente las reservas de armamento estadounidense, incluidos los interceptores de misiles, cuyo suministro se había agotado tras años de apoyo a Ucrania e Israel. Caine no veía un camino claro para reponer rápidamente estos arsenales.
También señaló la enorme dificultad de asegurar el estrecho de Ormuz y los riesgos de que Irán lo bloqueara. Trump había descartado esa posibilidad suponiendo que el régimen capitularía antes de llegar a eso. El mandatario parecía pensar que sería una guerra muy rápida, impresión que se había visto reforzada por la tibia respuesta al bombardeo estadounidense de las instalaciones nucleares iraníes en junio.
El papel de Caine en el período previo a la guerra captó una tensión clásica entre el consejo militar y la toma de decisiones presidencial. Tan persistente fue en no adoptar una postura —repitiendo que no era su papel decirle al presidente lo que tenía que hacer, sino presentar opciones junto con los riesgos potenciales y las posibles consecuencias de segundo y tercer orden— que a algunos de los que le escuchaban podía parecerles que estaba argumentando simultáneamente todos los lados del tema.
Preguntaba constantemente: “¿Y luego qué?”. Pero, a menudo, Trump parecía escuchar solo lo que quería.
Ratcliffe añadió que, dada la imprevisibilidad de los acontecimientos en cualquier conflicto, podría producirse un cambio de régimen, pero no debería considerarse como un objetivo alcanzable.
Otros intervinieron, entre ellos Vance, recién llegado de Azerbaiyán, quien también expresó un fuerte escepticismo ante la perspectiva de un cambio de régimen.
El presidente se dirigió entonces al general Caine y le preguntó: “General, ¿qué opina?”.
“Señor, según mi experiencia, este es el procedimiento operativo habitual de los israelíes. Exageran y sus planes no siempre están bien desarrollados. Saben que nos necesitan y por eso exageran”, respondió el líder militar.
Trump analizó rápidamente la valoración. El cambio de régimen, dijo, sería “problema de ellos”. No estaba claro si se refería a los israelíes o al pueblo iraní. Pero lo esencial era que su decisión sobre si ir a la guerra contra Irán no dependería de si las partes 3 y 4 de la presentación de Netanyahu eran realizables.
Trump parecía seguir muy interesado en cumplir la primera y segunda parte: matar al ayatolá y a los principales dirigentes de Irán y desmantelar el ejército iraní.
El general Caine —el hombre al que a Trump le gustaba referirse como “Razin’ Caine”— había impresionado al presidente años antes al decirle que el Estado Islámico podía ser derrotado mucho más rápidamente de lo que otros habían previsto. Trump recompensó esa confianza ascendiendo al general, quien había sido piloto de combate de las Fuerzas Aéreas, convirtiéndolo en su máximo asesor militar. Caine no es un político leal, y le preocupaba seriamente una guerra con Irán. Pero fue muy cauto en la forma de presentar sus puntos de vista al presidente.
Mientras el pequeño equipo de asesores que estaban al tanto de los planes deliberaba durante los días siguientes, Caine compartió con Trump y con otros la alarmante valoración militar de que una gran campaña contra Irán agotaría drásticamente las reservas de armamento estadounidense, incluidos los interceptores de misiles, cuyo suministro se había agotado tras años de apoyo a Ucrania e Israel. Caine no veía un camino claro para reponer rápidamente estos arsenales.
También señaló la enorme dificultad de asegurar el estrecho de Ormuz y los riesgos de que Irán lo bloqueara. Trump había descartado esa posibilidad suponiendo que el régimen capitularía antes de llegar a eso. El mandatario parecía pensar que sería una guerra muy rápida, impresión que se había visto reforzada por la tibia respuesta al bombardeo estadounidense de las instalaciones nucleares iraníes en junio.
El papel de Caine en el período previo a la guerra captó una tensión clásica entre el consejo militar y la toma de decisiones presidencial. Tan persistente fue en no adoptar una postura —repitiendo que no era su papel decirle al presidente lo que tenía que hacer, sino presentar opciones junto con los riesgos potenciales y las posibles consecuencias de segundo y tercer orden— que a algunos de los que le escuchaban podía parecerles que estaba argumentando simultáneamente todos los lados del tema.
Preguntaba constantemente: “¿Y luego qué?”. Pero, a menudo, Trump parecía escuchar solo lo que quería.
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, saliendo de una rueda de prensa en el Pentágono la semana pasada.Credit...Eric Lee para The New York Times
Caine difería en casi todos los aspectos de su anterior jefe, el general Mark A. Milley, quien había discutido a gritos con Trump durante su primer gobierno y quien consideraba que su función era impedir que el presidente tomara medidas peligrosas o imprudentes.
Una persona familiarizada con sus interacciones señaló que Trump tenía la costumbre de confundir los consejos tácticos de Caine con el asesoramiento estratégico. En la práctica, eso significaba que el general podía advertir en un momento sobre las dificultades de un aspecto de la operación y, en el siguiente, señalar que Estados Unidos disponía de un suministro prácticamente ilimitado de bombas de precisión baratas y que podría atacar Irán durante semanas una vez lograda la superioridad aérea.
Para el general, se trataba de observaciones separadas. Pero Trump parecía pensar que lo más probable era que la segunda anulara a la primera.
En ningún momento de las deliberaciones, Caine le dijo directamente que la guerra contra Irán era una idea terrible, aunque algunos de sus colegas creían que eso era exactamente lo que pensaba.
Trump, el halcón
Aunque muchos de los asesores del presidente desconfiaban de Netanyahu, la opinión del primer ministro sobre la situación estaba mucho más cerca de la de Trump de lo que a los antintervencionistas del equipo de Trump o del movimiento más amplio “Estados Unidos primero” les gustaba admitir. Durante muchos años esto había sido así.
De todos los retos de política exterior a los que Trump se había enfrentado a lo largo de dos presidencias, Irán destacaba por encima de los demás. Lo consideraba un adversario singularmente peligroso y estaba dispuesto a asumir grandes riesgos para obstaculizar la capacidad del régimen de librar una guerra o de adquirir un arma nuclear. Además, el planteamiento de Netanyahu había encajado con el deseo de Trump de desmantelar la teocracia iraní, que había tomado el poder en 1979, cuando Trump tenía 32 años. Desde entonces, había sido una espina clavada en el costado de Estados Unidos.
Ahora, podría convertirse en el primer presidente en lograr un cambio de régimen en Irán desde que la cúpula clerical tomó el poder hace 47 años. Normalmente no se mencionaba, pero siempre estaba en segundo plano, la motivación añadida de que Irán había tramado matar a Trump como venganza por el asesinato, en enero de 2020, del general Qasem Soleimani, a quien Estados Unidos consideraba una fuerza impulsora de la campaña iraní de terrorismo internacional.
Una persona familiarizada con sus interacciones señaló que Trump tenía la costumbre de confundir los consejos tácticos de Caine con el asesoramiento estratégico. En la práctica, eso significaba que el general podía advertir en un momento sobre las dificultades de un aspecto de la operación y, en el siguiente, señalar que Estados Unidos disponía de un suministro prácticamente ilimitado de bombas de precisión baratas y que podría atacar Irán durante semanas una vez lograda la superioridad aérea.
Para el general, se trataba de observaciones separadas. Pero Trump parecía pensar que lo más probable era que la segunda anulara a la primera.
En ningún momento de las deliberaciones, Caine le dijo directamente que la guerra contra Irán era una idea terrible, aunque algunos de sus colegas creían que eso era exactamente lo que pensaba.
Trump, el halcón
Aunque muchos de los asesores del presidente desconfiaban de Netanyahu, la opinión del primer ministro sobre la situación estaba mucho más cerca de la de Trump de lo que a los antintervencionistas del equipo de Trump o del movimiento más amplio “Estados Unidos primero” les gustaba admitir. Durante muchos años esto había sido así.
De todos los retos de política exterior a los que Trump se había enfrentado a lo largo de dos presidencias, Irán destacaba por encima de los demás. Lo consideraba un adversario singularmente peligroso y estaba dispuesto a asumir grandes riesgos para obstaculizar la capacidad del régimen de librar una guerra o de adquirir un arma nuclear. Además, el planteamiento de Netanyahu había encajado con el deseo de Trump de desmantelar la teocracia iraní, que había tomado el poder en 1979, cuando Trump tenía 32 años. Desde entonces, había sido una espina clavada en el costado de Estados Unidos.
Ahora, podría convertirse en el primer presidente en lograr un cambio de régimen en Irán desde que la cúpula clerical tomó el poder hace 47 años. Normalmente no se mencionaba, pero siempre estaba en segundo plano, la motivación añadida de que Irán había tramado matar a Trump como venganza por el asesinato, en enero de 2020, del general Qasem Soleimani, a quien Estados Unidos consideraba una fuerza impulsora de la campaña iraní de terrorismo internacional.
Una valla publicitaria en Teherán que mostraba a militares iraníes con aviones estadounidenses capturados y un mensaje sobre el estrecho de Ormuz.Credit...Arash Khamooshi para The New York Times
Cuando regresó a la presidencia para un segundo mandato, la confianza de Trump en la capacidad del ejército estadounidense había aumentado. Se sintió especialmente envalentonado por la espectacular incursión de un comando para capturar al líder venezolano Nicolás Maduro en su complejo el 3 de enero. No se perdieron vidas estadounidenses en la operación, una prueba más para el presidente de la incomparable destreza de las fuerzas estadounidenses.
Dentro del gabinete, Hegseth era el mayor partidario de una campaña militar contra Irán.
Rubio indicó a sus colegas que era mucho más ambivalente. No creía que los iraníes aceptaran un acuerdo negociado, pero su preferencia era continuar una campaña de máxima presión en lugar de iniciar una guerra a gran escala. Sin embargo, Rubio no intentó disuadir a Trump de la operación y, una vez iniciada la guerra, presentó la justificación gubernamental con plena convicción.
A Wiles le preocupaba lo que podría suponer un nuevo conflicto en el extranjero, pero no solía opinar con dureza sobre temas militares en las reuniones más importantes; más bien, animaba a los asesores a compartir sus opiniones y preocupaciones con el presidente en esos entornos. Wiles ejercía influencia en muchos otros asuntos, pero en la sala con Trump y los generales, se mantenía al margen. Sus allegados dijeron que no consideraba que su papel fuera compartir con el mandatario sus preocupaciones sobre una decisión militar delante de los demás. Y creía que la experiencia de asesores como los generales Caine, Ratcliffe y Rubio era más importante para el presidente.
Dentro del gabinete, Hegseth era el mayor partidario de una campaña militar contra Irán.
Rubio indicó a sus colegas que era mucho más ambivalente. No creía que los iraníes aceptaran un acuerdo negociado, pero su preferencia era continuar una campaña de máxima presión en lugar de iniciar una guerra a gran escala. Sin embargo, Rubio no intentó disuadir a Trump de la operación y, una vez iniciada la guerra, presentó la justificación gubernamental con plena convicción.
A Wiles le preocupaba lo que podría suponer un nuevo conflicto en el extranjero, pero no solía opinar con dureza sobre temas militares en las reuniones más importantes; más bien, animaba a los asesores a compartir sus opiniones y preocupaciones con el presidente en esos entornos. Wiles ejercía influencia en muchos otros asuntos, pero en la sala con Trump y los generales, se mantenía al margen. Sus allegados dijeron que no consideraba que su papel fuera compartir con el mandatario sus preocupaciones sobre una decisión militar delante de los demás. Y creía que la experiencia de asesores como los generales Caine, Ratcliffe y Rubio era más importante para el presidente.
Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, en la Sala Este el mes pasado. Sus allegados dijeron que no consideraba que fuera su papel compartir con el presidente sus preocupaciones sobre una decisión militar delante de los demás.Credit...Doug Mills/The New York Times
Sin embargo, Wiles les dijo a sus colegas que le preocupaba que Estados Unidos se viera arrastrado a otra guerra en Medio Oriente. Un ataque a Irán conllevaba la posibilidad de disparar los precios de la gasolina meses antes de las elecciones intermedias que podrían ayudar a decidir si los dos últimos años del segundo mandato de Trump serían años de logros o de citaciones por parte de los demócratas de la Cámara de Representantes. Pero, al final, Wiles estuvo de acuerdo con la operación.
Vance, el escéptico
Nadie en el círculo íntimo de Trump estaba más preocupado por la perspectiva de una guerra con Irán, ni hizo más por intentar detenerla, que el vicepresidente.
Vance había construido su carrera política oponiéndose precisamente al tipo de aventurerismo militar que ahora se estaba analizando seriamente. Había descrito una guerra con Irán como “una enorme distracción de recursos” y “masivamente cara”.
Sin embargo, no era un pacifista en todos los aspectos. En enero, cuando Trump le advirtió públicamente a Irán que dejara de matar manifestantes y prometió que la ayuda estaba en camino, Vance había animado en privado al presidente a hacer cumplir su línea roja. Pero lo que el vicepresidente impulsó fue un ataque punitivo limitado, algo más parecido al modelo del ataque con misiles de Trump contra Siria en 2017 por el uso de armas químicas contra civiles.
El vicepresidente pensaba que una guerra de cambio de régimen con Irán sería un desastre. Prefería que no hubiera ningún ataque. Pero, sabiendo que era probable que Trump interviniera de algún modo, intentó orientarse hacia una acción más limitada. Más tarde, cuando parecía seguro que el presidente estaba decidido a emprender una campaña a gran escala, Vance argumentó que debía hacerlo con una fuerza abrumadora, con la esperanza de alcanzar rápidamente sus objetivos.
Vance, el escéptico
Nadie en el círculo íntimo de Trump estaba más preocupado por la perspectiva de una guerra con Irán, ni hizo más por intentar detenerla, que el vicepresidente.
Vance había construido su carrera política oponiéndose precisamente al tipo de aventurerismo militar que ahora se estaba analizando seriamente. Había descrito una guerra con Irán como “una enorme distracción de recursos” y “masivamente cara”.
Sin embargo, no era un pacifista en todos los aspectos. En enero, cuando Trump le advirtió públicamente a Irán que dejara de matar manifestantes y prometió que la ayuda estaba en camino, Vance había animado en privado al presidente a hacer cumplir su línea roja. Pero lo que el vicepresidente impulsó fue un ataque punitivo limitado, algo más parecido al modelo del ataque con misiles de Trump contra Siria en 2017 por el uso de armas químicas contra civiles.
El vicepresidente pensaba que una guerra de cambio de régimen con Irán sería un desastre. Prefería que no hubiera ningún ataque. Pero, sabiendo que era probable que Trump interviniera de algún modo, intentó orientarse hacia una acción más limitada. Más tarde, cuando parecía seguro que el presidente estaba decidido a emprender una campaña a gran escala, Vance argumentó que debía hacerlo con una fuerza abrumadora, con la esperanza de alcanzar rápidamente sus objetivos.
El vicepresidente JD Vance, la figura dentro de la Casa Blanca que más se oponía a una guerra a gran escala, la describió como “una enorme distracción de recursos” y “masivamente cara” .Credit...Doug Mills/The New York Times
Ante sus colegas, Vance le advirtió a Trump que una guerra contra Irán podría provocar el caos regional y un número incalculable de bajas. También podría romper la coalición política de Trump y sería vista como una traición por muchos votantes que creyeron en la promesa de no tener nuevas guerras.
Vance también planteó otras preocupaciones. Como vicepresidente, era consciente del alcance del problema de municiones de Estados Unidos. Una guerra contra un régimen con una enorme voluntad de supervivencia podría dejar a Estados Unidos en una posición mucho peor para librar conflictos durante algunos años.
El vicepresidente dijo a sus colaboradores que ninguna perspicacia militar podía calibrar realmente lo que haría Irán en represalia cuando estaba en juego la supervivencia del régimen. Una guerra podría tomar fácilmente direcciones imprevisibles. Además, pensaba que habían pocas posibilidades de construir un Irán pacífico después del enfrentamiento.
Más allá de todo esto estaba el mayor riesgo de todos: Irán tenía ventaja en lo que se refería al estrecho de Ormuz. Si esa estrecha vía fluvial que transporta grandes cantidades de petróleo y gas natural quedaba bloqueada, las consecuencias internas en Estados Unidos serían graves, empezando por el aumento de los precios de la gasolina.
Tucker Carlson, el comentarista que había surgido como otro destacado escéptico de la intervención, había acudido al Despacho Oval varias veces durante el año anterior para advertirle a Trump que una guerra con Irán destruiría su presidencia. Un par de semanas antes de que empezara la guerra, Trump, que conocía a Carlson desde hacía años, intentó tranquilizarle por teléfono. “Sé que estás preocupado, pero todo va a salir bien”, dijo el presidente. Carlson le preguntó cómo sabía que saldría bien. “Porque siempre es así”, respondió Trump.
En los últimos días de febrero, los estadounidenses y los israelíes discutieron un nuevo dato de inteligencia que aceleraría significativamente su cronograma. El ayatolá se reuniría en la superficie con otros altos cargos del régimen, a plena luz del día y totalmente expuesto a un ataque aéreo. Era una oportunidad fugaz para atacar el corazón de la cúpula iraní, el tipo de objetivo que era posible que no volviera a presentarse.
Trump le dio a Irán otra oportunidad de llegar a un acuerdo que bloqueara su camino hacia las armas nucleares. La diplomacia también le dio a Estados Unidos tiempo extra para trasladar activos militares a Medio Oriente.
El presidente había tomado efectivamente una decisión semanas antes, dijeron varios de sus asesores. Pero aún no había decidido exactamente cuándo. Ahora, Netanyahu lo instaba a actuar con rapidez.
Esa misma semana, Kushner y Witkoff llamaron desde Ginebra tras las últimas conversaciones con funcionarios iraníes. Durante tres rondas de negociaciones en Omán y Suiza, ambos habían puesto a prueba la voluntad de Irán de llegar a un acuerdo. En un momento dado, le ofrecieron a los iraníes combustible nuclear gratuito durante toda la vida de su programa, una manera de probar si la insistencia de Teherán en el enriquecimiento realmente tenía por objeto la energía civil o preservar la capacidad de construir una bomba.
Los iraníes rechazaron la oferta, calificándola como un atentado contra su dignidad.
Kushner y Witkoff le expusieron el panorama al presidente. Probablemente podrían negociar algo, pero llevaría meses, dijeron. Si Trump preguntaba si podían mirarle a los ojos y decirle que podían resolver el problema, iba a costar mucho llegar a ese punto, le dijo Kushner, porque los iraníes estaban jugando.
‘Creo que tenemos que hacerlo’
El jueves 26 de febrero, hacia las 5:00 p. m., se inició una última reunión en la Sala de Situación. A estas alturas, las posiciones de todos los presentes estaban claras. Todo se había discutido en reuniones anteriores; todos conocían la postura de los demás. El debate duraría aproximadamente una hora y media.
Trump estaba en su lugar habitual, en la cabecera de la mesa. A su derecha se sentaba el vicepresidente; junto a Vance estaba Wiles, luego Ratcliffe, después el abogado de la Casa Blanca, David Warrington, y luego Steven Cheung, el director de comunicaciones de la Casa Blanca. Frente a Cheung estaba Karoline Leavitt, la secretaria de prensa de la Casa Blanca; a su derecha estaba el general Caine, y luego Hegseth y Rubio.
El grupo de planificación de la guerra se había mantenido tan restringido que los dos funcionarios clave que tendrían que gestionar la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado mundial del petróleo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el secretario de Energía, Chris Wright, estaban excluidos, al igual que Tulsi Gabbard, la directora de inteligencia nacional.
El presidente inició la reunión preguntando: “Bien, ¿qué tenemos?”.
Vance también planteó otras preocupaciones. Como vicepresidente, era consciente del alcance del problema de municiones de Estados Unidos. Una guerra contra un régimen con una enorme voluntad de supervivencia podría dejar a Estados Unidos en una posición mucho peor para librar conflictos durante algunos años.
El vicepresidente dijo a sus colaboradores que ninguna perspicacia militar podía calibrar realmente lo que haría Irán en represalia cuando estaba en juego la supervivencia del régimen. Una guerra podría tomar fácilmente direcciones imprevisibles. Además, pensaba que habían pocas posibilidades de construir un Irán pacífico después del enfrentamiento.
Más allá de todo esto estaba el mayor riesgo de todos: Irán tenía ventaja en lo que se refería al estrecho de Ormuz. Si esa estrecha vía fluvial que transporta grandes cantidades de petróleo y gas natural quedaba bloqueada, las consecuencias internas en Estados Unidos serían graves, empezando por el aumento de los precios de la gasolina.
Tucker Carlson, el comentarista que había surgido como otro destacado escéptico de la intervención, había acudido al Despacho Oval varias veces durante el año anterior para advertirle a Trump que una guerra con Irán destruiría su presidencia. Un par de semanas antes de que empezara la guerra, Trump, que conocía a Carlson desde hacía años, intentó tranquilizarle por teléfono. “Sé que estás preocupado, pero todo va a salir bien”, dijo el presidente. Carlson le preguntó cómo sabía que saldría bien. “Porque siempre es así”, respondió Trump.
En los últimos días de febrero, los estadounidenses y los israelíes discutieron un nuevo dato de inteligencia que aceleraría significativamente su cronograma. El ayatolá se reuniría en la superficie con otros altos cargos del régimen, a plena luz del día y totalmente expuesto a un ataque aéreo. Era una oportunidad fugaz para atacar el corazón de la cúpula iraní, el tipo de objetivo que era posible que no volviera a presentarse.
Trump le dio a Irán otra oportunidad de llegar a un acuerdo que bloqueara su camino hacia las armas nucleares. La diplomacia también le dio a Estados Unidos tiempo extra para trasladar activos militares a Medio Oriente.
El presidente había tomado efectivamente una decisión semanas antes, dijeron varios de sus asesores. Pero aún no había decidido exactamente cuándo. Ahora, Netanyahu lo instaba a actuar con rapidez.
Esa misma semana, Kushner y Witkoff llamaron desde Ginebra tras las últimas conversaciones con funcionarios iraníes. Durante tres rondas de negociaciones en Omán y Suiza, ambos habían puesto a prueba la voluntad de Irán de llegar a un acuerdo. En un momento dado, le ofrecieron a los iraníes combustible nuclear gratuito durante toda la vida de su programa, una manera de probar si la insistencia de Teherán en el enriquecimiento realmente tenía por objeto la energía civil o preservar la capacidad de construir una bomba.
Los iraníes rechazaron la oferta, calificándola como un atentado contra su dignidad.
Kushner y Witkoff le expusieron el panorama al presidente. Probablemente podrían negociar algo, pero llevaría meses, dijeron. Si Trump preguntaba si podían mirarle a los ojos y decirle que podían resolver el problema, iba a costar mucho llegar a ese punto, le dijo Kushner, porque los iraníes estaban jugando.
‘Creo que tenemos que hacerlo’
El jueves 26 de febrero, hacia las 5:00 p. m., se inició una última reunión en la Sala de Situación. A estas alturas, las posiciones de todos los presentes estaban claras. Todo se había discutido en reuniones anteriores; todos conocían la postura de los demás. El debate duraría aproximadamente una hora y media.
Trump estaba en su lugar habitual, en la cabecera de la mesa. A su derecha se sentaba el vicepresidente; junto a Vance estaba Wiles, luego Ratcliffe, después el abogado de la Casa Blanca, David Warrington, y luego Steven Cheung, el director de comunicaciones de la Casa Blanca. Frente a Cheung estaba Karoline Leavitt, la secretaria de prensa de la Casa Blanca; a su derecha estaba el general Caine, y luego Hegseth y Rubio.
El grupo de planificación de la guerra se había mantenido tan restringido que los dos funcionarios clave que tendrían que gestionar la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado mundial del petróleo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el secretario de Energía, Chris Wright, estaban excluidos, al igual que Tulsi Gabbard, la directora de inteligencia nacional.
El presidente inició la reunión preguntando: “Bien, ¿qué tenemos?”.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue el principal defensor de una campaña militar contra Irán dentro del gabinete. El secretario de Estado, Marco Rubio, dejó entrever a sus colegas que su postura era mucho más ambivalente.Credit...Fotografías por Eric Lee para The New York Times
Hegseth y Caine repasaron la secuencia de los atentados. Entonces, Trump dijo que quería escuchar las opiniones de todos.
Vance, cuyo desacuerdo con toda la premisa estaba bien establecido, se dirigió al presidente: “Sabes que creo que es una mala idea, pero si quieres hacerlo, te apoyaré”.
Wiles le dijo a Trump que si consideraba que debía proceder por la seguridad nacional de Estados Unidos, que siguiera adelante.
Ratcliffe no ofreció ninguna opinión sobre si proceder o no, pero habló de la nueva y asombrosa información de inteligencia que los dirigentes iraníes estaban a punto de reunir en el complejo del ayatolá en Teherán. El director de la CIA le dijo al presidente que el cambio de régimen era posible dependiendo de cómo se definiera el término. “Si solo nos referimos a matar al líder supremo, probablemente podamos hacerlo”, dijo.
Cuando se le preguntó, Warrington, el asesor jurídico de la Casa Blanca, dijo que era una opción legalmente admisible desde el punto de vista de la forma en que el plan había sido concebido por los funcionarios estadounidenses y presentado al presidente. No ofreció una opinión personal, pero cuando el mandatario lo presionó para que diera una, dijo que, como veterano de la Infantería de Marina, había conocido a un militar estadounidense asesinado por Irán años antes. Esta cuestión seguía siendo profundamente personal. Le dijo al presidente que si Israel tenía la intención de proceder, a pesar de todo, Estados Unidos también debía hacerlo.
Cheung expuso las probables consecuencias para las relaciones públicas: Trump se había postulado a las elecciones en contra de más guerras. La gente no había votado a favor de conflictos en el extranjero. Además, los planes iban en contra de todo lo que el gobierno había dicho tras la campaña de bombardeos contra Irán en junio. ¿Cómo explicarían ocho meses de insistencia en que las instalaciones nucleares iraníes habían sido totalmente destruidas? Cheung no dio ni un sí ni un no, pero dijo que cualquier decisión que tomara Trump sería la correcta.
Leavitt le dijo al presidente que era su decisión y que el equipo de prensa la gestionaría lo mejor que pudiera.
Hegseth adoptó una postura más estrecha: en algún momento tendrían que ocuparse de los iraníes, así que más les valía hacerlo ahora. Ofreció valoraciones técnicas: podrían ejecutar la campaña en un tiempo determinado con un nivel determinado de fuerzas.
El general Caine se mostró sobrio, exponiendo los riesgos y lo que la campaña supondría para el agotamiento de las municiones. No ofreció ninguna opinión; su postura era que si Trump ordenaba la operación, los militares la ejecutarían. Ambos altos mandos militares del presidente anticiparon cómo se desarrollaría la campaña y la capacidad de Estados Unidos para degradar las capacidades militares de Irán.
Cuando le llegó el turno de hablar, Rubio ofreció más claridad, diciéndole al presidente: si nuestro objetivo es un cambio de régimen o un levantamiento, no deberíamos hacerlo. Pero si el objetivo es destruir el programa de misiles de Irán, ese es un objetivo que podemos lograr.
Todos se apoyaron en los instintos del presidente. Lo habían visto tomar decisiones audaces, asumir riesgos insondables y, de algún modo, salir airoso. Ahora nadie se lo impediría.
“Creo que tenemos que hacerlo”, le dijo el presidente a la sala. Dijo que tenían que asegurarse que Irán no pudiera tener un arma nuclear y que no pudiera disparar misiles contra Israel o contra toda la región.
Caine le dijo a Trump que disponía de tiempo; no tenía que dar el visto bueno hasta las 4:00 p. m. del día siguiente.
A bordo del Air Force One, la tarde siguiente, 22 minutos antes del plazo fijado por el general Caine, Trump envió la siguiente orden: “Se aprueba la Operación Furia Épica. No se aborta. Buena suerte”.
Jonathan Swan es corresponsal del Times en la Casa Blanca y cubre el gobierno de Donald Trump. Puedes contactarlo de manera segura en Signal: @jonathan.941
Maggie Haberman es corresponsal en la Casa Blanca para el Times y reporta sobre el presidente Donald Trump.
Vance, cuyo desacuerdo con toda la premisa estaba bien establecido, se dirigió al presidente: “Sabes que creo que es una mala idea, pero si quieres hacerlo, te apoyaré”.
Wiles le dijo a Trump que si consideraba que debía proceder por la seguridad nacional de Estados Unidos, que siguiera adelante.
Ratcliffe no ofreció ninguna opinión sobre si proceder o no, pero habló de la nueva y asombrosa información de inteligencia que los dirigentes iraníes estaban a punto de reunir en el complejo del ayatolá en Teherán. El director de la CIA le dijo al presidente que el cambio de régimen era posible dependiendo de cómo se definiera el término. “Si solo nos referimos a matar al líder supremo, probablemente podamos hacerlo”, dijo.
Cuando se le preguntó, Warrington, el asesor jurídico de la Casa Blanca, dijo que era una opción legalmente admisible desde el punto de vista de la forma en que el plan había sido concebido por los funcionarios estadounidenses y presentado al presidente. No ofreció una opinión personal, pero cuando el mandatario lo presionó para que diera una, dijo que, como veterano de la Infantería de Marina, había conocido a un militar estadounidense asesinado por Irán años antes. Esta cuestión seguía siendo profundamente personal. Le dijo al presidente que si Israel tenía la intención de proceder, a pesar de todo, Estados Unidos también debía hacerlo.
Cheung expuso las probables consecuencias para las relaciones públicas: Trump se había postulado a las elecciones en contra de más guerras. La gente no había votado a favor de conflictos en el extranjero. Además, los planes iban en contra de todo lo que el gobierno había dicho tras la campaña de bombardeos contra Irán en junio. ¿Cómo explicarían ocho meses de insistencia en que las instalaciones nucleares iraníes habían sido totalmente destruidas? Cheung no dio ni un sí ni un no, pero dijo que cualquier decisión que tomara Trump sería la correcta.
Leavitt le dijo al presidente que era su decisión y que el equipo de prensa la gestionaría lo mejor que pudiera.
Hegseth adoptó una postura más estrecha: en algún momento tendrían que ocuparse de los iraníes, así que más les valía hacerlo ahora. Ofreció valoraciones técnicas: podrían ejecutar la campaña en un tiempo determinado con un nivel determinado de fuerzas.
El general Caine se mostró sobrio, exponiendo los riesgos y lo que la campaña supondría para el agotamiento de las municiones. No ofreció ninguna opinión; su postura era que si Trump ordenaba la operación, los militares la ejecutarían. Ambos altos mandos militares del presidente anticiparon cómo se desarrollaría la campaña y la capacidad de Estados Unidos para degradar las capacidades militares de Irán.
Cuando le llegó el turno de hablar, Rubio ofreció más claridad, diciéndole al presidente: si nuestro objetivo es un cambio de régimen o un levantamiento, no deberíamos hacerlo. Pero si el objetivo es destruir el programa de misiles de Irán, ese es un objetivo que podemos lograr.
Todos se apoyaron en los instintos del presidente. Lo habían visto tomar decisiones audaces, asumir riesgos insondables y, de algún modo, salir airoso. Ahora nadie se lo impediría.
“Creo que tenemos que hacerlo”, le dijo el presidente a la sala. Dijo que tenían que asegurarse que Irán no pudiera tener un arma nuclear y que no pudiera disparar misiles contra Israel o contra toda la región.
Caine le dijo a Trump que disponía de tiempo; no tenía que dar el visto bueno hasta las 4:00 p. m. del día siguiente.
A bordo del Air Force One, la tarde siguiente, 22 minutos antes del plazo fijado por el general Caine, Trump envió la siguiente orden: “Se aprueba la Operación Furia Épica. No se aborta. Buena suerte”.
Jonathan Swan es corresponsal del Times en la Casa Blanca y cubre el gobierno de Donald Trump. Puedes contactarlo de manera segura en Signal: @jonathan.941
Maggie Haberman es corresponsal en la Casa Blanca para el Times y reporta sobre el presidente Donald Trump.