2 de febrero de 2026
Irán, China y Rusia firman un acuerdo estratégico trilateral
MPR 21
El 29 del pasado mes de enero tuvo lugar un acontecimiento importante: Irán, China y Rusia firmaron oficialmente un pacto estratégico integral, lo que marca un punto de inflexión decisivo en las relaciones internacionales del siglo XXI. Si bien el texto completo del acuerdo lo publican gradualmente los tres gobiernos, los medios públicos de Teherán, Pekín y Moscú han confirmado la firma y lo han descrito como la piedra angular de un nuevo orden internacional.
El pacto se produce en medio de décadas de creciente cooperación entre estos tres países. Irán y Rusia firmaron previamente un acuerdo de Asociación Estratégica Integral de 20 años, diseñado para profundizar sus lazos económicos, políticos y de defensa y mitigar el impacto de las sanciones occidentales. El tratado se firmó en enero del año pasado y, por otro lado, Irán y China están vinculados por un acuerdo de cooperación de 25 años, firmado inicialmente en 2021, destinado a desarrollar el comercio, la infraestructura y la integración energética.
Lo que hace que el nuevo acuerdo sea tan notable es que reúne explícitamente a las tres potencias en un marco coordinado, alineándolas en temas que abarcan desde la soberanía nuclear y la cooperación económica hasta la coordinación militar y la estrategia diplomática.
El gobierno de Teherán ha descrito el pacto como un compromiso conjunto con el respeto mutuo, la independencia soberana y un sistema internacional basado en normas que rechace la coerción unilateral», haciéndose eco de declaraciones similares de Pekín y Moscú.
El acuerdo no constituye —al menos según los textos iniciales públicados— un tratado formal de defensa mutua comparable al artículo 5 de la OTAN, que obligaría a un país a proporcionar apoyo militar a los demás. Los acuerdos previos entre Irán y Rusia se han abstenido sistemáticamente de establecer una garantía de defensa vinculante. Sin embargo, el acuerdo parece unir a tres grandes potencias dentro de una coalición política más amplia, definida por una oposición compartida al dominio militar y la coerción económica occidentales.
El acuerdo se basa esencialmente en una postura común contra el restablecimiento de las sanciones impuestas a Irán en relación con su programa nuclear, de conformidad con el Plan de Acción Integral Conjunto de 2015. Teherán, Pekín y Moscú ya han emitido declaraciones conjuntas rechazando los intentos europeos de activar el restablecimiento automático de las sanciones y han declarado cerrada la revisión del acuerdo nuclear por parte del Consejo de Seguridad de la ONU.
Por lo tanto, el nuevo acuerdo trilateral se centra tanto en la diplomacia y la retórica estratégica como en mecanismos concretos de defensa o económicos.
La correlación de fuerzas está cambiando en Oriente Medio
Trump ha reiterado sus amenazas de intervención militar contra Irán si no se negocia un acuerdo sobre su programa nuclear, llegando incluso a desplegar un grupo naval estadounidense en Oriente Medio. El nuevo pacto sirve de baluarte para Teherán y sus socios contra la presión militar unilateral estadounidense. Al presentar un frente unido, los tres gobiernos pretenden obligar a Washington a negociar desde una posición restrictiva en lugar de dominante.
En Oriente Medio el equilibrio de poder está cambiando. Irán, aislado durante mucho tiempo por las políticas occidentales, ahora se beneficia de la protección de dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Esa situación fortalece la posición regional de Teherán en zonas como Irak, Siria y el Golfo Pérsico, y complica las estrategias de disuasión convencionales implementadas por Estados Unidos y sus aliados del Golfo.
Para Europa, el acuerdo socava las pretensiones de Bruselas de mantener una influencia independiente en la diplomacia de Oriente Medio. Las potencias europeas han intentado repetidamente reactivar ciertos elementos del Plan de Acción Integral Conjunto, amenazando a Teherán con sanciones, pero la coordinación entre Irán, China y Rusia ha frustrado esos esfuerzos, revelando las limitaciones diplomáticas de Europa en un mundo menos comprometido con el consenso occidental.
Escapar de un sistema financiero centrado en el dólar
Desde una perspectiva económica, el acuerdo demuestra una mayor integración entre tres de las mayores economías no occidentales del mundo. Rusia y China ya han colaborado en la protección de inversiones y acuerdos comerciales bilaterales diseñados para eludir los sistemas financieros occidentales, como Swift, que se utilizan como instrumentos para imponer sanciones. Un pacto trilateral podría acelerar la creación de mecanismos financieros y rutas comerciales alternativas, reduciendo así la influencia económica occidental.
Irán, rico en recursos energéticos, se beneficia de un mayor acceso a los mercados y a las inversiones, en particular gracias a la Nueva Ruta de la Seda y a la búsqueda por parte de Rusia de alternativas a los mercados europeos, que se ven obstaculizados por las sanciones. En conjunto, estos avances sugieren una intensificación del comercio y una menor vulnerabilidad al sistema financiero centrado en el dólar estadounidense.
La dinámica militar y estratégica
Aunque no constituye una alianza formal, el pacto fortalece la cooperación militar entre los tres países. China y Rusia realizan regularmente ejercicios navales conjuntos en el Océano Índico y el Golfo Pérsico, ejercicios en los que también participa Irán, lo que demuestra su interoperabilidad e intereses de seguridad compartidos.
Estratégicamente, el acuerdo debería fomentar una planificación de defensa y un intercambio de inteligencia más coordinados, incluso si no se trata de un tratado vinculante que exija una intervención militar.
Para Estados Unidos y sus socios de la OTAN, los riesgos aumentan en muchas regiones: cualquier escalada con Irán podría desencadenar respuestas estratégicas más amplias que involucren a Pekín y Moscú, lo que incrementaría el riesgo de conflicto y reduciría la eficacia de las amenazas unilaterales.
A largo plazo, el acuerdo acelera la reestructuración multipolar de las relaciones internacionales. Durante décadas, Estados Unidos y sus aliados han dominado la arquitectura del mundo, desde los canales comerciales hasta los acuerdos de seguridad. Una alineación estructurada entre Irán, China y Rusia representa un eje alternativo que desafía la hegemonía occidental no a través de la competencia ideológica, sino mediante equilibrios de fuerza prácticos.
Queda por ver si el pacto evoluciona hacia un acuerdo de defensa más integral o se mantendrá como un marco diplomático y estratégico. Lo innegable es que el centro de gravedad se está desplazando, no hacia una simple dicotomía “el este contra el oeste”, sino hacia un orden mundial multipolar más complejo donde la influencia diplomática, la resistencia económica y las demostraciones de fuerza militar convergen de formas sin precedentes e impredecibles.
—https://www.middleeastmonitor.com/20260129-iran-china-and-russia-sign-trilateral-strategic-pact/
El pacto se produce en medio de décadas de creciente cooperación entre estos tres países. Irán y Rusia firmaron previamente un acuerdo de Asociación Estratégica Integral de 20 años, diseñado para profundizar sus lazos económicos, políticos y de defensa y mitigar el impacto de las sanciones occidentales. El tratado se firmó en enero del año pasado y, por otro lado, Irán y China están vinculados por un acuerdo de cooperación de 25 años, firmado inicialmente en 2021, destinado a desarrollar el comercio, la infraestructura y la integración energética.
Lo que hace que el nuevo acuerdo sea tan notable es que reúne explícitamente a las tres potencias en un marco coordinado, alineándolas en temas que abarcan desde la soberanía nuclear y la cooperación económica hasta la coordinación militar y la estrategia diplomática.
El gobierno de Teherán ha descrito el pacto como un compromiso conjunto con el respeto mutuo, la independencia soberana y un sistema internacional basado en normas que rechace la coerción unilateral», haciéndose eco de declaraciones similares de Pekín y Moscú.
El acuerdo no constituye —al menos según los textos iniciales públicados— un tratado formal de defensa mutua comparable al artículo 5 de la OTAN, que obligaría a un país a proporcionar apoyo militar a los demás. Los acuerdos previos entre Irán y Rusia se han abstenido sistemáticamente de establecer una garantía de defensa vinculante. Sin embargo, el acuerdo parece unir a tres grandes potencias dentro de una coalición política más amplia, definida por una oposición compartida al dominio militar y la coerción económica occidentales.
El acuerdo se basa esencialmente en una postura común contra el restablecimiento de las sanciones impuestas a Irán en relación con su programa nuclear, de conformidad con el Plan de Acción Integral Conjunto de 2015. Teherán, Pekín y Moscú ya han emitido declaraciones conjuntas rechazando los intentos europeos de activar el restablecimiento automático de las sanciones y han declarado cerrada la revisión del acuerdo nuclear por parte del Consejo de Seguridad de la ONU.
Por lo tanto, el nuevo acuerdo trilateral se centra tanto en la diplomacia y la retórica estratégica como en mecanismos concretos de defensa o económicos.
La correlación de fuerzas está cambiando en Oriente Medio
Trump ha reiterado sus amenazas de intervención militar contra Irán si no se negocia un acuerdo sobre su programa nuclear, llegando incluso a desplegar un grupo naval estadounidense en Oriente Medio. El nuevo pacto sirve de baluarte para Teherán y sus socios contra la presión militar unilateral estadounidense. Al presentar un frente unido, los tres gobiernos pretenden obligar a Washington a negociar desde una posición restrictiva en lugar de dominante.
En Oriente Medio el equilibrio de poder está cambiando. Irán, aislado durante mucho tiempo por las políticas occidentales, ahora se beneficia de la protección de dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Esa situación fortalece la posición regional de Teherán en zonas como Irak, Siria y el Golfo Pérsico, y complica las estrategias de disuasión convencionales implementadas por Estados Unidos y sus aliados del Golfo.
Para Europa, el acuerdo socava las pretensiones de Bruselas de mantener una influencia independiente en la diplomacia de Oriente Medio. Las potencias europeas han intentado repetidamente reactivar ciertos elementos del Plan de Acción Integral Conjunto, amenazando a Teherán con sanciones, pero la coordinación entre Irán, China y Rusia ha frustrado esos esfuerzos, revelando las limitaciones diplomáticas de Europa en un mundo menos comprometido con el consenso occidental.
Escapar de un sistema financiero centrado en el dólar
Desde una perspectiva económica, el acuerdo demuestra una mayor integración entre tres de las mayores economías no occidentales del mundo. Rusia y China ya han colaborado en la protección de inversiones y acuerdos comerciales bilaterales diseñados para eludir los sistemas financieros occidentales, como Swift, que se utilizan como instrumentos para imponer sanciones. Un pacto trilateral podría acelerar la creación de mecanismos financieros y rutas comerciales alternativas, reduciendo así la influencia económica occidental.
Irán, rico en recursos energéticos, se beneficia de un mayor acceso a los mercados y a las inversiones, en particular gracias a la Nueva Ruta de la Seda y a la búsqueda por parte de Rusia de alternativas a los mercados europeos, que se ven obstaculizados por las sanciones. En conjunto, estos avances sugieren una intensificación del comercio y una menor vulnerabilidad al sistema financiero centrado en el dólar estadounidense.
La dinámica militar y estratégica
Aunque no constituye una alianza formal, el pacto fortalece la cooperación militar entre los tres países. China y Rusia realizan regularmente ejercicios navales conjuntos en el Océano Índico y el Golfo Pérsico, ejercicios en los que también participa Irán, lo que demuestra su interoperabilidad e intereses de seguridad compartidos.
Estratégicamente, el acuerdo debería fomentar una planificación de defensa y un intercambio de inteligencia más coordinados, incluso si no se trata de un tratado vinculante que exija una intervención militar.
Para Estados Unidos y sus socios de la OTAN, los riesgos aumentan en muchas regiones: cualquier escalada con Irán podría desencadenar respuestas estratégicas más amplias que involucren a Pekín y Moscú, lo que incrementaría el riesgo de conflicto y reduciría la eficacia de las amenazas unilaterales.
A largo plazo, el acuerdo acelera la reestructuración multipolar de las relaciones internacionales. Durante décadas, Estados Unidos y sus aliados han dominado la arquitectura del mundo, desde los canales comerciales hasta los acuerdos de seguridad. Una alineación estructurada entre Irán, China y Rusia representa un eje alternativo que desafía la hegemonía occidental no a través de la competencia ideológica, sino mediante equilibrios de fuerza prácticos.
Queda por ver si el pacto evoluciona hacia un acuerdo de defensa más integral o se mantendrá como un marco diplomático y estratégico. Lo innegable es que el centro de gravedad se está desplazando, no hacia una simple dicotomía “el este contra el oeste”, sino hacia un orden mundial multipolar más complejo donde la influencia diplomática, la resistencia económica y las demostraciones de fuerza militar convergen de formas sin precedentes e impredecibles.
—https://www.middleeastmonitor.com/20260129-iran-china-and-russia-sign-trilateral-strategic-pact/
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El director ejecutivo de Nvidia ($NVDA), Jensen Huang, afirma que China es líder en ciencia y tecnología.
"Nueve de las 10 mejores escuelas de ciencias e ingeniería del mundo se encuentran ahora en China". |
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Tim Anderson sostiene que el declive de Estados Unidos es real, pero desigual: Washington sigue ejerciendo un poder desmesurado a través de las finanzas, la propaganda y el militarismo, y favorece cada vez más las guerras proxy/híbridas a medida que se erosiona su dominio. Afirma que la resistencia requiere una estrategia multipolar coordinada, alianzas defensivas, alternativas financieras vinculadas al BRICS y medios de comunicación independientes.
3 de febrero de 2026
Rusia podría verse arrojada a un gran dilema estratégico sobre si confiar en China para reemplazar su mercado petrolero indio perdido, con el riesgo de volverse demasiado dependiente de ella, o aceptar duros compromisos con los EEUU sobre Ucrania para un alivio gradual de las sanciones que gradualmente devolvería su petróleo al mercado global.
5 de febrero de 2026
China advirtió a Panamá que pagaría un “alto precio” tras la anulación judicial del contrato de la empresa hongkonesa CK Hutchison para operar dos puertos del Canal de Panamá . Pekín calificó el fallo como “absurdo y vergonzoso” y prometió defender a sus empresas .
El presidente panameño José Raúl Mulino rechazó la advertencia y respaldó la independencia del Poder Judicial, afirmando que Panamá es un Estado de Derecho .
La decisión del tribunal anuló contratos vigentes desde los años 90 por supuestas violaciones constitucionales e interés público, afectando una venta de US$ 23.000 millones a un consorcio liderado por BlackRock y MSC .
El fallo fue visto como una victoria para Estados Unidos en el marco de la creciente rivalidad con China por el control de rutas comerciales estratégicas
El presidente panameño José Raúl Mulino rechazó la advertencia y respaldó la independencia del Poder Judicial, afirmando que Panamá es un Estado de Derecho .
La decisión del tribunal anuló contratos vigentes desde los años 90 por supuestas violaciones constitucionales e interés público, afectando una venta de US$ 23.000 millones a un consorcio liderado por BlackRock y MSC .
El fallo fue visto como una victoria para Estados Unidos en el marco de la creciente rivalidad con China por el control de rutas comerciales estratégicas
Estados Unidos puede estar decepcionado, pero las importaciones de petróleo de la India siempre han estado impulsadas por las condiciones del mercado, y ni el petróleo estadounidense ni el venezolano es probable que reemplacen al petróleo ruso en gran escala en el corto plazo.
La voluntad del dragón
China va a por todas. No tiene otra opción, como os decía: o se rinde, como quieren los pro-occidentales del "konsomol", y de ahí la purga contra los generales, entre otros, o va a la guerra. Y, por supuesto, va a la guerra. Pero hoy la guerra son algo más que tiros y bombas. El anuncio hecho público por la revista teórica del Partido Comunista, "Qiushi" ("Teoría"), sobre la decisión de convertir al renminbi (yuan) en la moneda de reserva global para el comercio internacional ha puesto los pelos tiesos a todo Occidente.
Es el fin del dominio del dólar que se deriva, sobre todo, de la transformación de las relaciones de producción y el comercio internacionales. Luego se puede hablar de otras cosas, como la reestructuración completa de los intercambios monetarios internacionales dentro de un marco multipolar. El hecho de que China mantenga convenios con 28 países para comerciar en sus propias monedas sin usar ninguna moneda occidental, el que los BRICS certifiquen que su comercio intra BRICS supera los 500.000 millones de dólares (el 65% de esa cantidad no es en moneda occidental) y la creación y fortalecimiento de centros financieros alternativos a Wall Street o la City de Londres, como son Shanghái o Hong Kong, indica que no hay vuelta atrás.
Pero hay más: China es un país formalmente socialista (ya podéis poneros a elucubrar otra vez si mucho, poco o nada) y es un país de estas características quien altera profundamente la naturaleza de la transformación geopolítica que estamos viviendo.
Durante mucho tiempo en esta página he venido abordando este hecho, la desdolarización. Ayer, en una conferencia en la que participé, hice una comparación entre la situación pre-Stalingrado que había hace 80 años, donde se asistía a unas amplias alianzas no ideológicas entre diferentes sectores -desde la burguesía nacional a los partidos comunistas- pero con el objetivo común de la derrota del fascismo, que entonces tenía que ser obligatoriamente militar, con la que se está dando ahora, también una especie de pre-Stalingrado, con unas amplias alianzas tácticas (los BRICS) que con todos sus conflictos y contradicciones también tienen un objetivo común que es la derrota de la hegemonía occidental y hoy esta es obligatoriamente económica.
El estado desastroso de las cuentas nacionales de EEUU, que minan la verdadera competitividad del sistema productivo estadounidense (y por eso la presión con los aranceles), al tiempo que dificultan la capacidad para atraer la inversión, debilita profusamente al dólar. De ahí que haya comenzado el año en su nivel más bajo en 50 años, con el 46% del total de las reservas monetarias del mundo.
Es el fin del dominio del dólar que se deriva, sobre todo, de la transformación de las relaciones de producción y el comercio internacionales. Luego se puede hablar de otras cosas, como la reestructuración completa de los intercambios monetarios internacionales dentro de un marco multipolar. El hecho de que China mantenga convenios con 28 países para comerciar en sus propias monedas sin usar ninguna moneda occidental, el que los BRICS certifiquen que su comercio intra BRICS supera los 500.000 millones de dólares (el 65% de esa cantidad no es en moneda occidental) y la creación y fortalecimiento de centros financieros alternativos a Wall Street o la City de Londres, como son Shanghái o Hong Kong, indica que no hay vuelta atrás.
Pero hay más: China es un país formalmente socialista (ya podéis poneros a elucubrar otra vez si mucho, poco o nada) y es un país de estas características quien altera profundamente la naturaleza de la transformación geopolítica que estamos viviendo.
Durante mucho tiempo en esta página he venido abordando este hecho, la desdolarización. Ayer, en una conferencia en la que participé, hice una comparación entre la situación pre-Stalingrado que había hace 80 años, donde se asistía a unas amplias alianzas no ideológicas entre diferentes sectores -desde la burguesía nacional a los partidos comunistas- pero con el objetivo común de la derrota del fascismo, que entonces tenía que ser obligatoriamente militar, con la que se está dando ahora, también una especie de pre-Stalingrado, con unas amplias alianzas tácticas (los BRICS) que con todos sus conflictos y contradicciones también tienen un objetivo común que es la derrota de la hegemonía occidental y hoy esta es obligatoriamente económica.
El estado desastroso de las cuentas nacionales de EEUU, que minan la verdadera competitividad del sistema productivo estadounidense (y por eso la presión con los aranceles), al tiempo que dificultan la capacidad para atraer la inversión, debilita profusamente al dólar. De ahí que haya comenzado el año en su nivel más bajo en 50 años, con el 46% del total de las reservas monetarias del mundo.
Es un proceso que viene desarrollándose desde 2008, la crisis capitalista de la que no se ha salido todavía, y que se ha acentuado tras el puñetazo encima de la mesa que dio Rusia en el año 2022 con su decisión de dar una lección a los neonazis del país 404, antes conocido como Ucrania, y sus amiguitos otanistas occidentales, principalmente europeos. De esa crisis se salió parcialmente gracias a China, esa China a la que ahora se sataniza por todos lados. Porque en China habían recalado toda una pléyade de empresas occidentales, en su gran mayoría de EEUU, que buscaban mano de obra barata. Seguían el canon clásico del capitalismo: la búsqueda del máximo beneficio.
Se suponía que con la desaparición de la Unión Soviética se había acabado el enemigo ideológico y económico, que el triunfo del "libre mercado" era incuestionable y que el sistema liberal y supuestamente democrático iban a gobernar el mundo por los siglos de los siglos. Ya lo dijo con arrogancia Fukuyama: el fin de la historia. Y en todo ello iba a estar, y todo ello iba a ser gestionado por, una única potencia: EEUU.
Que ya el déficit de EEUU fuese exorbitante era lo de menos. No habría quien se pusiese a su nivel, ni quien le pidiese cuentas, ni pagos, ni nada de nada. Es como la fábula de la liebre y la tortuga. Y la tortuga ha ganado la carrera. De hecho, dos tortugas: Rusia, que a pesar de no tener la fuerza demográfica ni industrial necesaria para superar o igualar a EEUU sí ha recuperado su lugar y su fuerza en términos militares y estratégicos; y China, por supuesto, que no solo tiene un enorme peso demográfico sino industrial (por lo tanto, económico) y cada vez más militar.
Y en medio de todo ello, y mientras esta carrera se producía, el zombi conocido como Unión Europea se beneficiaba de la energía barata proveniente de Rusia, lo que le permitía competir, por poco que fuese, con EEUU. Pero todo eso se acabó. Se acabó cuando se inició el conflicto en el país 404 y EEUU cortó, u obligó a cortar, como prefiráis, esa sonda de oxígeno industrial que le llegaba a Europa desde Rusia. La prepotencia occidental ante ello fue de tal calibre que al imponerse las sanciones se dijo que se pretendía "provocar el derrumbamiento de la economía rusa". Ha sido al revés. Y, además, ha logrado un aspecto que la prepotencia occidental ni siquiera llegó a sospechar: la alianza entre Rusia y China.
Occidente está muerto. EEUU está actuando como el peor jugador de ajedrez, el que ante la vista de la partida hace un movimiento zugzwang, mueve porque está obligado a mover mientras no abandone, sabiendo que su situación empeora con cada movimiento. Da igual que sea en Venezuela, en Groenlandia, en Cuba o en Irán. Nada puede parar la derrota a medio plazo.
No es una cuestión solo de EEUU, es de todo Occidente aunque EEUU sea el referente principal. Este es el momento que está aprovechando China. ¿Quieres guerra? Pues la vas a tener. Y la vas a tener donde más te duele: en la economía, en el dólar. Aunque los BRICS no han logrado generar una moneda capaz de reemplazar al dólar en el comercio internacional, sí se han dado pasos para ir erosionando su poder. Eso ya se ha logrado. Ahora hay que dar el paso definitivo, y eso solo lo puede dar China porque no basta con lo anterior, sino que hay que ofrecer al mundo, al Sur Global sobre todo, una alternativa. Esa alternativa es el anuncio hecho por Xi Jinping y publicado en la revista teórica del PCCh: China tiene la fuerza económica para ofrecer una alternativa al dólar, y por ello anuncia que trabaja para que el renminbi se convierta en la moneda de reserva global. Por el momento, en una de ellas.
La revista "Qiushi" es de teoría, crítica y práctica marxista. Que en ella aparezca desarrollado que China deba tener "una moneda poderosa que pueda utilizarse ampliamente en el comercio internacional, la inversión y los mercados de divisas, y alcanzar la categoría de moneda de reserva" es algo más que sensacional: es el desafío público a la hegemonía de EEUU no sólo en las esferas monetaria y financiera, sino también en la política y geoestratégica.
Xi propuso esto en 2024, que se haga público ahora no solo se hace en el marco del XV Plan Quinquenal, sino cuando la situación geopolítica lo requiere. Desde 2024 hasta ahora China ha ido preparando el escenario (acumulación de oro, bolsa de oro de Shanghái, renminbi digital, precio en yuanes para el gas natural licuado y el níquel, entre otras), dando un fuerte impulso a su Banco Central y a las instituciones mencionadas al principio de este escrito.
Se da a conocer, además, en unos momentos de una gran incertidumbre en los mercados globales, con el dólar bajo presión debido a la creciente burbuja financiera, la imprevisibilidad e irregularidad de las acciones de Trump que están llevando no solo a muchos operadores financieros, sino incluso los bancos centrales (Alemania está reclamando su oro depositado en EEUU) a reducir su tenencia de dólares (de ahí el descenso como moneda de reserva global).
No hay un plazo para lograr que la moneda china sea la de reserva mundial. Primero, el objetivo es que se sitúe firmemente en la tercera moneda de reserva (ahora es la quinta) en unos 5-10 años y luego dar el salto definitivo. A China no le interesa por ahora que el dólar pierda su hegemonía. Recuerda lo que dijo Napoleón, lo de no interrumpir a un enemigo cuando comete errores. China, un país, un pueblo milenario, con una historia milenaria, tiene otra concepción del tiempo que Occidente. Por eso desde hace tiempo se marcó la fecha de 2035 para lograr lo que llama "la modernización socialista". Hay que cimentar bien el camino, no andar a saltos ni a la ligera.
Por el momento, a lo que asistimos tras este anuncio es a la voluntad del dragón sobre la conversión del renminbi en una moneda "competitiva", para usar una palabra capitalista, y, sobre todo, de uso común en la zona de influencia china, es decir, en Asia. Con una moneda y un sistema de pago diferente al occidental se limita sustancialmente la influencia y la presión de EEUU en un sistema financiero que se está fragmentando, al igual que el mercado global.
Aún hay trabajo por hacer, pero el camino ya está trazado y la voluntad del dragón es firme.
El Lince
Se suponía que con la desaparición de la Unión Soviética se había acabado el enemigo ideológico y económico, que el triunfo del "libre mercado" era incuestionable y que el sistema liberal y supuestamente democrático iban a gobernar el mundo por los siglos de los siglos. Ya lo dijo con arrogancia Fukuyama: el fin de la historia. Y en todo ello iba a estar, y todo ello iba a ser gestionado por, una única potencia: EEUU.
Que ya el déficit de EEUU fuese exorbitante era lo de menos. No habría quien se pusiese a su nivel, ni quien le pidiese cuentas, ni pagos, ni nada de nada. Es como la fábula de la liebre y la tortuga. Y la tortuga ha ganado la carrera. De hecho, dos tortugas: Rusia, que a pesar de no tener la fuerza demográfica ni industrial necesaria para superar o igualar a EEUU sí ha recuperado su lugar y su fuerza en términos militares y estratégicos; y China, por supuesto, que no solo tiene un enorme peso demográfico sino industrial (por lo tanto, económico) y cada vez más militar.
Y en medio de todo ello, y mientras esta carrera se producía, el zombi conocido como Unión Europea se beneficiaba de la energía barata proveniente de Rusia, lo que le permitía competir, por poco que fuese, con EEUU. Pero todo eso se acabó. Se acabó cuando se inició el conflicto en el país 404 y EEUU cortó, u obligó a cortar, como prefiráis, esa sonda de oxígeno industrial que le llegaba a Europa desde Rusia. La prepotencia occidental ante ello fue de tal calibre que al imponerse las sanciones se dijo que se pretendía "provocar el derrumbamiento de la economía rusa". Ha sido al revés. Y, además, ha logrado un aspecto que la prepotencia occidental ni siquiera llegó a sospechar: la alianza entre Rusia y China.
Occidente está muerto. EEUU está actuando como el peor jugador de ajedrez, el que ante la vista de la partida hace un movimiento zugzwang, mueve porque está obligado a mover mientras no abandone, sabiendo que su situación empeora con cada movimiento. Da igual que sea en Venezuela, en Groenlandia, en Cuba o en Irán. Nada puede parar la derrota a medio plazo.
No es una cuestión solo de EEUU, es de todo Occidente aunque EEUU sea el referente principal. Este es el momento que está aprovechando China. ¿Quieres guerra? Pues la vas a tener. Y la vas a tener donde más te duele: en la economía, en el dólar. Aunque los BRICS no han logrado generar una moneda capaz de reemplazar al dólar en el comercio internacional, sí se han dado pasos para ir erosionando su poder. Eso ya se ha logrado. Ahora hay que dar el paso definitivo, y eso solo lo puede dar China porque no basta con lo anterior, sino que hay que ofrecer al mundo, al Sur Global sobre todo, una alternativa. Esa alternativa es el anuncio hecho por Xi Jinping y publicado en la revista teórica del PCCh: China tiene la fuerza económica para ofrecer una alternativa al dólar, y por ello anuncia que trabaja para que el renminbi se convierta en la moneda de reserva global. Por el momento, en una de ellas.
La revista "Qiushi" es de teoría, crítica y práctica marxista. Que en ella aparezca desarrollado que China deba tener "una moneda poderosa que pueda utilizarse ampliamente en el comercio internacional, la inversión y los mercados de divisas, y alcanzar la categoría de moneda de reserva" es algo más que sensacional: es el desafío público a la hegemonía de EEUU no sólo en las esferas monetaria y financiera, sino también en la política y geoestratégica.
Xi propuso esto en 2024, que se haga público ahora no solo se hace en el marco del XV Plan Quinquenal, sino cuando la situación geopolítica lo requiere. Desde 2024 hasta ahora China ha ido preparando el escenario (acumulación de oro, bolsa de oro de Shanghái, renminbi digital, precio en yuanes para el gas natural licuado y el níquel, entre otras), dando un fuerte impulso a su Banco Central y a las instituciones mencionadas al principio de este escrito.
Se da a conocer, además, en unos momentos de una gran incertidumbre en los mercados globales, con el dólar bajo presión debido a la creciente burbuja financiera, la imprevisibilidad e irregularidad de las acciones de Trump que están llevando no solo a muchos operadores financieros, sino incluso los bancos centrales (Alemania está reclamando su oro depositado en EEUU) a reducir su tenencia de dólares (de ahí el descenso como moneda de reserva global).
No hay un plazo para lograr que la moneda china sea la de reserva mundial. Primero, el objetivo es que se sitúe firmemente en la tercera moneda de reserva (ahora es la quinta) en unos 5-10 años y luego dar el salto definitivo. A China no le interesa por ahora que el dólar pierda su hegemonía. Recuerda lo que dijo Napoleón, lo de no interrumpir a un enemigo cuando comete errores. China, un país, un pueblo milenario, con una historia milenaria, tiene otra concepción del tiempo que Occidente. Por eso desde hace tiempo se marcó la fecha de 2035 para lograr lo que llama "la modernización socialista". Hay que cimentar bien el camino, no andar a saltos ni a la ligera.
Por el momento, a lo que asistimos tras este anuncio es a la voluntad del dragón sobre la conversión del renminbi en una moneda "competitiva", para usar una palabra capitalista, y, sobre todo, de uso común en la zona de influencia china, es decir, en Asia. Con una moneda y un sistema de pago diferente al occidental se limita sustancialmente la influencia y la presión de EEUU en un sistema financiero que se está fragmentando, al igual que el mercado global.
Aún hay trabajo por hacer, pero el camino ya está trazado y la voluntad del dragón es firme.
El Lince
6 de febrero de 2026
El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel ha realineado el Cuerno de África, uniendo a India, Israel, los Emiratos Árabes Unidos y Etiopía para asegurar rutas del Mar Rojo y contrarrestar rivales.