3 de junio de 2026
La Doble Revolución del siglo XXI: geopolítica e inteligencia artificial
Vivimos una revolución geopolítica y tecnológica que marcará las próximas décadas. Comprender esta Doble Revolución es vital para actuar de forma decisiva ante lo que viene.
Observatorio de la crisis Javier Toret, investigador de la Universidad Oberta de Catalunya
El desorden global y las fuerzas tectónicas que actualmente disputan el futuro del planeta exigen nuevos marcos analíticos capaces de captar la singularidad de esta época histórica. No nos enfrentamos a fenómenos políticos inconexos (como la visita de Trump a Pekín, la proliferación de conflictos internacionales o la disputa por las tierras raras), ni a simples avances técnicos (ya sean de DeepSeek, Manus o Claude), sino a una mutación estructural más profunda.
Para caracterizar esta mutación es clave analizar la convergencia histórica entre una revolución geopolítica marcada por la transición sistémica hacia la multipolaridad (representada por el ascenso y la agencia de China, BRICS y el Sur Global), y una revolución tecnológico-productiva, impulsada por la inteligencia artificial y la robótica. Para describir esta convergencia propongo el concepto de “Doble Revolución”. Esta Doble Revolución constituye el vector clave de transformación de las próximas décadas.
Podemos datar el inicio de la Doble Revolución entre 2022 y 2023, cuando un conjunto de acontecimientos marcaron un punto de inflexión y aceleración sistémica. En el plano de la revolución tecnológica, el lanzamiento de ChatGPT y la popularización de los modelos de IA generativa, la tecnología que más rápido se ha propagado en la historia, coincidió con la ofensiva de Washington hacia Beijing, marcada por la restricción del acceso a semiconductores avanzados.
En el plano de la revolución geopolítica, la guerra en Ucrania aceleró la fractura del orden euroatlántico. Los levantamientos del Sahel cristalizaron en la llegada al poder de Ibrahim Traoré, con la expulsión de las fuerzas militares francesas. El genocidio en Gaza, perpetrado por Israel con el respaldo de Estados Unidos y la complicidad europea, mostró la violencia estructural del nuevo proyecto imperial del Gran Israel. Lejos de ser episodios aislados, estos hitos suponen erupciones simultáneas en las placas tectónicas del sistema-mundo.
Para comprender la magnitud y naturaleza de este momento histórico, podemos apoyarnos en el trabajo del historiador marxista Eric Hobsbawm. En su obra “La era de las revoluciones, 1789-1848” Hobsbawm acuñó el término “Doble Revolución” para conceptualizar el proceso histórico que transformó el mundo moderno.
La “Doble Revolución” del siglo XIX se caracterizó por la convergencia estructural de dos revoluciones simultáneas y entrelazadas: la Revolución Francesa –política e ideológica– y la Revolución Industrial inglesa –tecnológica y económica–. Ambas proporcionaron la base material (ferrocarriles, fábricas, proletariado) y la superestructural (liberalismo, nacionalismo, soberanía popular) para lo que fue, en palabras de Hobsbawm, “la mayor transformación de la historia humana desde los tiempos remotos en el que los hombres inventaron la agricultura y la metalurgia, la escritura, la ciudad y el estado”.
Aunque surgieron en contextos nacionales distintos, estas transformaciones constituyeron “el doble cráter de un anchísimo volcán regional”. Juntas barrieron el antiguo Régimen feudal, sentando las bases del orden liberal burgués capitalista y consolidando las lógicas de dominación colonial. Este vasto y tumultuoso proceso generó contradicciones y fuertes resistencias internas – como el surgimiento del movimiento obrero y las corrientes socialistas — que marcaron los conflictos y las alternativas sociopolíticas, tecnológicas y económicas de los siglos XIX y XX.
Así como la Doble Revolución del siglo XIX consolidó el orden capitalista occidental y su expansión imperialista –dejando al Sur Global como espacio subordinado–, dos siglos después, la emergencia de potencias periféricas desafía activamente al hegemón en declive, un Norte Global capitaneado con mano de hierro por EEUU. El debilitamiento progresivo y relativo del bloque geopolítico occidental conlleva una transición conflictiva a un mundo multipolar y policéntrico. El investigador geopolítico Gabriel Merino considera que este proceso “significa una transformación estructural y revolucionaria y, como contracara, implica la caducidad del viejo ordenamiento político mundial y de las instituciones que cristalizaban las anteriores jerarquías de poder“.
La hipótesis de la Doble Revolución del XXI asume que nos encontramos ante el inicio de una erupción de magnitud comparable a la que tuvo lugar entre 1789 y 1848. Por un lado, la revolución geopolítica puede incluso llevarnos a una tercera guerra mundial o al fin de siglos de dominio occidental sobre el planeta. Por otro lado, la revolución de la IA y la robótica está transformando (y lo hará de forma mucho más radical en la próxima década) las bases materiales de las ciencias, la producción, el trabajo y el valor.
Las revoluciones tienen una geografía situada y desigual, y suelen tener diversos epicentros desde los que se propagan por dominación o por contagio, generando fenómenos complejos de poder y resistencia. Hobsbawm mostró cómo Europa fue el núcleo de la doble revolución del siglo XIX, a la que siguió el siglo americano, tras el periodo bipolar de la Guerra Fría.
Hoy, como anticipó Giovanni Arrighi en su libro Adam Smith en Pekín, el siglo XXI está presenciando ”el desplazamiento en curso del centro de la economía política global de Norteamérica a Asia Oriental». En esta misma línea, en la obra China y el capitalismo global, la teórica marxista Lin Chun sostiene que esta reconfiguración no replica la lógica imperialista, sino que articula una vía de desarrollo soberano donde el Estado chino busca, con sus límites y contradicciones, una trayectoria colectiva alternativa dentro y más allá del capitalismo tardío.
Ante esta encrucijada histórica, donde convergen la transición del poder mundial y la disrupción tecnológica acelerada, se abren dos interrogantes fundamentales: ¿quiénes, cómo y para qué fines moldearán las fuerzas de la revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial y la robótica? ¿Cuáles serán los sujetos políticos de la Doble Revolución del siglo XXI? Trataré de responder provisionalmente a estas preguntas a lo largo del texto.
Crisis de la unipolaridad y la fase híper imperialista
El siglo XX estuvo marcado por la hegemonía geopolítica y tecnológica de EEUU. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y el lanzamiento de las dos bombas atómicas, el poder estadounidense se consolidó en la Guerra Fría, con la imposición del Petrodólar en la década de los setenta y la posterior fase unipolar que siguió a la caída de la Unión Soviética. Esta fase unipolar se caracterizó por la ofensiva neoliberal, culminada con la extensión del dominio mundial del modelo tecnológico de Silicon Valley. En todos estos frentes, Washington logró proyectar una influencia indiscutible.
No obstante, en el siglo XXI, este dominio unipolar atraviesa una crisis estructural, tal y como anticiparon teóricos del sistema-mundo como Immanuel Wallerstein y Giovanni Arrighi. Las economías occidentales han entrado en las últimas décadas en una fase de desindustrialización progresiva y financiarización acelerada, donde el capital se desvincula de la producción real. Especialmente en el caso de EEUU, a esta decadencia material se le suman la sobreexpansión militar, la crisis institucional, y la pérdida de confianza en su moneda y legitimidad internacional.
Más recientemente, como apunta Emmanuel Todd en su libro La derrota de occidente, la guerra en Ucrania ha exhibido a las claras “una crisis occidental, y más concretamente una crisis terminal estadounidense” que pone en riesgo la estabilidad global. Esta percepción de declive ya no es marginal: ha trascendido los círculos académicos y aparece con frecuencia en análisis de medios que van de The Economist a The New York Times.
Esta percepción del declive ha acelerado las estrategias de la Casa Blanca para contener el ascenso de China, a quien identifica como su rival sistémico. Esta dinámica se materializa en el intento de controlar los puntos de estrangulamiento geoestratégico, en la apropiación ilegal de recursos energéticos, y en la imposición de sanciones arbitrarias a los países insubordinados, como evidencia el refuerzo del bloqueo que lleva ya seis décadas sobre Cuba o el cerco sobre Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro.
También se materializa en el inicio de guerras asimétricas, como en el caso de Irán, así como en multitud de presiones coercitivas e intervenciones militares. Gabriel Merino sostiene que nos encontramos ante una “guerra mundial híbrida y fragmentada”, un conflicto multifacético, donde la confrontación no se limita a lo militar, sino que incluye dimensiones económicas, informativas y tecnológicas, que operan a múltiples escalas y escenarios. Esta guerra híbrida es la forma central del conflicto en la transición de poder mundial, en la actual etapa de caos sistémico.
Paralelamente, el Instituto Tricontinental de investigación social, en un exhaustivo dossier, ha presentado otro marco analítico para leer geopolíticamente la situación, acuñando el concepto de “hiper-imperialismo”.
El hiper-imperialismo define una nueva etapa del imperialismo, que emerge cuando el poder hegemónico ve mermada su capacidad productiva y financiera, a lo que responde fortaleciendo y concentrando poder militar. El dossier caracteriza al Norte Global como un bloque militar, político y económico, integrado por 49 países, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Israel, Japón y otros países de Europa Occidental y Oriental. En el ámbito militar, Turquía (como miembro de la OTAN), Corea del Sur y Filipinas (colonias militarizadas de facto de EEUU), son parte del “Bloque militar liderado por EEUU”, aunque formen parte del Sur Global.
Este bloque concentra el 74,3% del gasto militar mundial. Esta estrategia multiplica los riesgos de escaladas militares regionales e incluso de una confrontación nuclear. A pesar de ello, el dossier sitúa en el Sur Global un “nuevo estado de ánimo y un despertar del espíritu para hacer avanzar los proyectos incompletos de liberación nacional”.
La emergencia del Sur Global y la mayoría global multipolar
En contraste con la arquitectura militarizada del Norte Global, el Sur Global no es un bloque militar sino un conjunto de países diversos y subordinados dentro del sistema-mundo, que representan a la mayoría de la población mundial. Está compuesto por 145 países, antes designados como “Tercer Mundo”.
Según el Instituto Tricontinental, este conjunto de naciones carece de una identidad común consensuada, aunque comparten que son “antiguas colonias o semicolonias del campo imperialista” y su “marginación histórica y contemporánea en el orden económico y político mundial”.
Siguiendo con el marco de Tricontinental se pueden identificar seis agrupaciones de países: socialistas independientes; con fuerte búsqueda de soberanía; nuevos no alineados; históricamente o actualmente progresistas; fuertemente militarizados por EEUU; y el Sur Global Diverso. Más allá de la heterogeneidad del Sur Global, los países BRICS+ han mostrado una notable capacidad productiva e industrial que contrasta con la actual financiarización de Occidente.
En 2026, los países de BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia y Arabia Saudita) representan ya el 41% del PIB mundial en términos de paridad de poder adquisitivo, superando con claridad el 28% del G7. El crecimiento promedio (mayo de 2026) de las naciones BRICS+ lo encabeza India, con un 6,2%, y China, con un 4,4%.
De media, los BRICS+ crecieron un 3,7% en términos anuales, más del triple que las potencias occidentales, que crecieron un 1,1%. A este peso económico se le suma un peso demográfico incontestable: los 11 países BRICS+ agrupan cerca de 3.900 millones de personas, es decir, entre el 45 y 50% de la población mundial. Si consideramos el Sur Global en su totalidad, este agrupa aproximadamente el 85% de la población mundial, frente al 15% de la población del Norte Global.
Sin embargo, los BRICS+ no constituyen un bloque homogéneo ni una alianza ideológica cohesionada. Se trata más bien de una asociación pragmática y económica que agrupa intereses, sistemas políticos y visiones civilizatorias distintas. Esto genera contradicciones internas y límites en su articulación estratégica, como se ha puesto de manifiesto en el caso de la guerra contra Irán.
A pesar de estas heterogeneidades, BRICS avanza, quizás lentamente, en construir una autonomía estructural y un ordenamiento más justo en el panorama internacional. Esta voluntad se materializa no solo en la demanda de reformar la ONU y ampliar el Consejo de Seguridad con asientos permanentes para Brasil, India y Sudáfrica, sino, sobre todo, en la construcción de una arquitectura financiera alternativa. En ese sentido, el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), presidido por Dilma Rousseff, es una de las herramientas más importantes en la promoción activa del comercio en monedas nacionales, la promoción del desarrollo y el avance de los países BRICS+ hacia una desdolarización, que blinde sus economías frente a sanciones unilaterales.
Pero la multipolaridad no es cosa exclusiva de los gobiernos. En la cumbre BRICS+ de Río de Janeiro en 2025, se institucionalizó el Consejo Popular de los BRICS+, como espacio donde 120 organizaciones populares del Sur Global, entre ellas el Movimiento Sin Tierra o la Marcha Mundial de Mujeres, presentaron directamente sus demandas en el contexto de la cumbre de jefes de Estado, lo que se reflejó en la declaración final.
Esta intersección prometedora entre BRICS+ y organizaciones populares muestra algo más profundo: que la reconfiguración del poder mundial precisa de la convergencia entre proyectos estatales soberanos y luchas populares para configurar, por abajo, la orientación de la transición sistémica. Sin estados soberanos, las organizaciones populares corren el riesgo de verse subyugadas por el poder imperial. Sin organización popular, la multipolaridad corre el riesgo de no superar las desigualdades del viejo orden. Cuanta más influencia de movimientos y más peso popular, más transformadora será la multipolaridad.
En esta intersección, el concepto de Mayoría Global Multipolar sirve para designar un bloque histórico transnacional en formación, compuesto por Estados soberanos del Sur Global, bloques regionales como los BRICS+, clases populares, movimientos sociales, migrantes y sectores críticos del Norte Global que rechazan el hiperimperialismo actual y buscan construir un orden mundial multipolar, soberano, cooperativo y socialmente justo.
No es un sujeto homogéneo ni una alianza puramente estatal, sino una constelación multiescalar donde convergen luchas y redes antiimperialistas, sociales, feministas, ecológicas, antirracistas, municipalistas, tecnológicas y culturales. Su potencial emancipador depende de que su articulación impulse el proceso de transición hacia la multipolaridad hacia planteamientos más transformadores, de justicia social y económica norte-sur, democratización tecnológica, transición ecológica, equidad de género y poder popular.
La Mayoría Global Multipolar surge de una larga historia de despojo, colonialidad y explotación, pero también de la experiencia de resistencia y comunidad. Es el resultado histórico, pasado y presente de la lucha contra el imperialismo, el capitalismo y el colonialismo, heredera del espíritu que va de Bandung a la Tricontinental, como ha mostrado el teórico Vijay Prashad en sus obras Naciones oscuras e Historia popular del Tercer Mundo.
La preocupación principal actual de la Mayoría Global Multipolar es el avance del genocidio y del hiperimperialismo, que amenazan el planeta con proyectos de viejos y nuevos imperios. En el plano digital, los movimientos tecnopolíticos que defienden la soberanía digital popular, el software y los modelos abiertos, tienen como adversario directo el poder de los tecno-oligarcas, el colonialismo de datos y el viraje securitario y de militarización de la IA. La Mayoría Global Multipolar es el sujeto histórico en formación de la Doble Revolución del siglo XXI, como el proletariado lo fue en la Doble Revolución del siglo XIX. Se forjará en crudas batallas por la dignidad humana y en la práctica de un nuevo internacionalismo antiimperialista.
La revolución geopolítica. Guerra y el triángulo multipolar
El primer eje de la Doble Revolución es la revolución geopolítica: la transición sistémica de la unipolaridad estadounidense hacia un mundo policéntrico. Se puede definir como un proceso de insubordinación múltiple contra el poder unipolar estadounidense. Esta dinámica se manifiesta en un conjunto de acontecimientos: en el crecimiento y fortalecimiento de las capacidades de una parte de las naciones del Sur Global; en la resistencia iraní, sus potentes efectos en el mundo árabe y el nuevo estatus del Estrecho de Ormuz; en la articulación financiera de los BRICS+; en el proceso de desdolarización de la economía mundial; en las luchas antiimperialistas en América Latina, África y Asia; en la caída global de popularidad, posterior al 7 de octubre de 2023, de los aliados anglosionistas. Todos estos acontecimientos muestran la disputa por la orientación de la transición sistémica.
Dentro de este proceso, China tiene un papel relevante, ya que es el nodo donde convergen la revolución tecnológica y la revolución geopolítica. Desde la revolución de 1949 liderada por Mao Zedong y las reformas de Deng Xiaoping a partir de 1978, China ha protagonizado, bajo el modelo de socialismo con características chinas, la mayor reducción de la pobreza de la historia humana: 800 millones de personas.
En apenas cuatro décadas, el país transitó de ser una de las naciones más empobrecidas del mundo (tras el siglo de la humillación) a convertirse en la segunda economía mundial y la primera potencia industrial global. Al mismo tiempo, lejos de seguir una lógica expansionista tradicional, Pekín se ha mantenido firme en su doctrina del ascenso pacífico y una política exterior de no injerencia.
Un dato que ilustra esta trayectoria es que, desde el conflicto fronterizo con Vietnam en 1979, China no ha iniciado ni librado ninguna guerra ofensiva. Su estrategia se ha centrado en la cooperación Sur-Sur, articulada a través de ambiciosos proyectos como la Ruta de la Seda Digital, iniciativa orientada a crear corredores de conectividad (puertos, carreteras, redes 5G) con la participación de más de 150 países.
Ante las crisis estructurales del orden internacional contemporáneo, el presidente chino Xi Jinping formalizó la visión de “construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad”, desplegada a través de un conjunto de propuestas normativas e institucionales: las Iniciativas de Desarrollo Global (2021), Seguridad Global (2022), Civilización Global (2023) y Gobernanza Global (2025), complementadas por la propuesta de Gobernanza de la Inteligencia Artificial.
Estos marcos, fundamentados en los principios de la Carta de la ONU, buscan reformar y perfeccionar el sistema de gobernanza global ampliando la representación y la voz de los países en desarrollo bajo cinco principios rectores: igualdad soberana, respeto al derecho internacional, multilateralismo, enfoque centrado en el pueblo y acción concreta orientada a resultados.
Estos marcos constituyen propuestas estructuradas para una reconfiguración del orden internacional y un nuevo paradigma de gobernanza más equitativo e inclusivo. Si bien han cosechado una recepción favorable entre estados del Sur Global, en el Norte Global han pasado desapercibidos, cuando no han sido mirados con desconfianza.
El ascenso de China y BRICS se ha convertido en la obsesión estratégica de la Casa Blanca y en este marco deben entenderse los conflictos y guerras actuales. El conflicto prolongado en Ucrania, el genocidio en Gaza o la guerra asimétrica que libra el eje estadounidense-israelí contra Irán y el Eje de la Resistencia son, en esencia (como sostiene el analista geopolítico brasileño Pepe Escobar) guerras contra la multipolaridad emergente. Estas no son disputas regionales aisladas, sino guerras contra el Sur Global. Son operaciones para fracturar la articulación soberana entre China, Rusia e Irán, tratando de impedir la consolidación del triángulo multipolar euroasiático.
Sin embargo, lejos de fragmentar esta alianza, el ataque contra Irán ha hecho emerger con fuerza no solo las capacidades de Irán, sino que también ha intensificado la articulación entre estas tres naciones. Este triángulo estratégico es el pivote clave del mundo multipolar actual, un espacio donde el poder militar, económico, tecnológico e ideológico de Occidente no puede dominar. La asociación cada vez más integral entre Pekín, Moscú y Teherán supone, de facto, el bloque de contención más formidable contra el hiperimperialismo estadounidense y el proyecto del Gran Israel.
Pero la revolución geopolítica no se reduce a la acción de los estados soberanos insubordinados al régimen de guerra imperial, sino que está actuando en múltiples frentes entre 2022 y 2026. En el combate contra el genocidio del pueblo palestino; en la lucha de este por su liberación nacional; en las Flotillas de la libertad que demuestran que el internacionalismo está en auge; en la resistencia iraní y del eje de la resistencia frente a la agresión de la “coalición Epstein”.
En África, en los levantamientos populares y la alianza de estados del Sahel (Níger, Mali y Burkina Faso), que expresan el hartazgo de décadas de colonialismo francés. A esta ola se suman las protestas juveniles como Maandamano en Kenia, el movimiento campesino MVIWATA en Tanzania, que articula soberanía alimentaria y defensa de la tierra; y el sindicalismo combativo de NUMSA en Sudáfrica, el mayor sindicato de la clase trabajadora de todo el continente.
En América Latina, con las luchas de los movimientos indígenas y campesinos, como las revueltas en Bolivia, como en las luchas del Cauca colombiano o el Movimiento Sin Tierra brasileño, que, junto a Vía Campesina, llevan años construyendo soberanía alimentaria y poder popular. Con las huelgas de más de 250 millones de trabajadores y campesinos en la India. Con los movimientos en Okinawa (Japón), Taiwán, Filipinas, Corea del Sur o Vietnam contra el militarismo y las bases norteamericanas en Asia.
En el Norte Global, con las luchas de los movimientos antirracistas como Regularización Ya para acceder a los derechos básicos; las movilizaciones contra el genocidio como la huelga general salvaje en Italia, la interrupción de la vuelta ciclista o las acciones directas de Palestine action, los movimientos urbanos contra el rentismo y el precio abusivo de los alquileres; las luchas feministas, como la del reconocimiento del trabajo de cuidados o contra las violencias machistas digitales; las luchas contra el devenir autoritario de las sociedades del Norte Global como las protestas contra la brutalidad del ICE o las movilizaciones masivas contra Trump de la campaña No Kings.
En definitiva, la revolución geopolítica, en este sentido, es también la intensificación de la lucha de clases y pueblos a nivel mundial. La aceleración de la revolución geopolítica multipolar pasa por la fortaleza de las luchas sociales y por el posicionamiento de estas en un contexto de guerra y militarización de las sociedades. En el Norte Global, los movimientos tienen la oportunidad de empujar hacia la ruptura del eje militar imperialista, especialmente en Europa, para propiciar una tercera posición autónoma y bisagra con el Sur Global.
La revolución tecnológica. Modelos asimétricos de IA
La segunda dimensión de la Doble Revolución es la revolución tecnológico-productiva que representan la inteligencia artificial, la computación a gran escala y el avance de la robótica. Lejos de constituir un avance aislado, este proceso opera como un paradigma tecnoeconómico en el sentido de Carlota Pérez: tras una fase de instalación financiera y especulativa, comienza a reconfigurar las bases materiales de la producción, el trabajo y la organización social. La IA puede entenderse como la maduración extrema de la quinta ola tecnológica –la revolución de la información y las telecomunicaciones–, pero también como el umbral de una posible sexta ola post-informacional. Los avances en IA acortan drásticamente los ciclos iterativos de las revoluciones tecnológicas precedentes y propulsan múltiples efectos sistémicos que todavía son difíciles de calibrar. Una novedad sustancial respecto de otras oleadas anteriores es la gran velocidad evolutiva de la revolución tecnológica actual, caracterizada por una aceleración recursiva. La inteligencia artificial no funciona como un sector productivo más, sino como una tecnología de propósito general e infraestructura cognitiva transversal que potencia, entrelaza y comprime el tiempo de desarrollo de campos emergentes como la computación cuántica, la robótica avanzada, la biotecnología o la genómica.
Durante décadas, la revolución digital fue monopolizada por Estados Unidos y exportada internacionalmente, derivando en lo que Nick Srnicek describió como “capitalismo de plataforma”. Las Big Tech se han erigido como líderes de un modelo de acumulación en el que la extracción masiva de datos opera como materia prima fundamental, configurando –como advierte Cecilia Rikap– un renovado mapa de dependencias y periferias digitales que reproduce las asimetrías del sistema-mundo.
Hoy, el modelo de Silicon Valley está mutando hacia formas más agresivas de integración con el aparato militar estadounidense. En enero de 2026, el Pentágono nombró a seis ejecutivos del sector digital para liderar sus áreas críticas de tecnología. Al mismo tiempo, investigaciones periodísticas aseguran que los sistemas de IA de Anthropic y OpenAI fueron utilizados en la guerra de Irán en 2026, alimentando el debate sobre el giro militarista de Sillicon Valley.
Pero si hay una empresa que representa el giro autoritario del stack norteamericano es Palantir Technologies. Palantir, la empresa fundada por Peter Thiel, opera como núcleo cohesivo o vanguardia del “tecno-imperialismo” y como bisagra estratégica entre Israel y EEUU, con presencia en 19 países, mayoritariamente aliados de la OTAN, incluida España. Palantir ha operado como una infraestructura de muerte para el ejército israelí en el genocidio en Gaza (como ha relatado el sociólogo Sergio Amadeu en su libro Guerra Total: IA y el complejo militar dataficado) y en las acciones del ejército estadounidense en la guerra contra Irán. En su reciente manifiesto, la empresa exhibe sin pudor su supremacismo, menospreciando a otras naciones, presentando la inteligencia artificial como una “nueva arma de disuasión atómica”, convocando a todo Silicon Valley a tomar partido en la dinámica hiperimperialista actual.
No obstante, el monopolio tecnológico norteamericano se ha quebrado. Como muestra Gabriel Merino en su inspirador artículo “Los BRICS y la revolución tecno-productiva en la transición de sistema mundial”, los países BRICS lideran tanto en número de publicaciones científicas mundiales (China copa el 20%) como en la generación de talento STEM, donde China e India ocupan la primera y la segunda posición y representan el 20% de la inversión global en I+D. A partir de estos datos, Merino define “el escenario geopolítico mundial como de multipolaridad relativa con ciertos rasgos bipolares en materia tecnológica, por el peso de Estados Unidos y China”.
En esta competencia de rasgos bipolares, la irrupción tecnológica china ha desbaratado cualquier ilusión unipolar. Según un informe del Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI), mientras que entre 2003 y 2007 EEUU lideraba en 60 de 64 tecnologías críticas, en el periodo 2019-2023 China ha pasado a liderar 57 de las 64 categorías analizadas. Según el investigador Jeff Xiong, China “alcanzó una independencia relativa en la soberanía digital hace cinco años”.
Respecto al crecimiento de las capacidades tecnocientíficas de los países BRICS, Xiong asegura que ”nos enfrentamos a dificultades estructurales en el proceso de lograr la soberanía digital. El primer desafío es la alta dependencia de la infraestructura digital proporcionada por Estados Unidos”. Por ello, sitúa la soberanía digital como un terreno clave para el Sur Global en las próximas décadas. Xiong sugiere que “las empresas chinas y los países del Sur Global deben co-construir una nueva infraestructura digital y también desarrollar y explorar metodologías que unan la experiencia china con las realidades locales”.
Para comprender la naturaleza de esta batalla, resulta clave recuperar el concepto marxista de Intelecto General. En los Grundrisse, Marx anticipó que el sistema de máquinas y el conocimiento social acumulado se convertirían, al superar un umbral crítico, en fuerza productiva directa. En la era de la computación a gran escala, la inteligencia artificial y el avance de la automatización, el intelecto general podría renombrarse como Intelecto Computacional.
Está compuesto por el conocimiento social acumulado materializado en los sistemas de máquinas de inteligencia artificial, datos, redes, algoritmos, infraestructuras digitales, trabajo tecnocientífico y la cooperación social distribuida bajo la figura marxiana del trabajador colectivo. Por tanto, la IA expresa la materialización histórica de siglos de trabajo cognitivo, datos colectivos, lucha contra la automatización y saberes populares procesados y estandarizados algorítmicamente.
El Intelecto Computacional es objeto de disputa tecnopolítica: bajo una lógica tecnoimperial se alinea con la acumulación privada, la guerra y el control algorítmico, pero bajo una lógica de reapropiación social se puede convertir en recurso para comunidades en lucha, fuente de desarrollo de nuevas fuerzas productivas, ayuda en la gestión racional de los bienes comunes, o un punto de partida para la reducción del tiempo de trabajo. No se trata de rechazar la IA o la robótica; se trata de disputar sus propósitos, su producción y su gobernanza.
La investigadora Paola Ricaurte, desde el feminismo decolonial, muestra en la práctica, con el proyecto de IA Feminista, cómo se materializa esta apropiación de la IA para fines transformadores. Parte de su obra académica se ha centrado en señalar cómo la inteligencia artificial reproduce la colonialidad, el patriarcado, el racismo y el extractivismo digital.
Sin embargo, en una entrevista sobre la posibilidad de una IA Feminista, Ricaurte expresó que esta debe pensarse desde una perspectiva marxista, como si de tomar los medios de producción se tratase, “si nosotras somos las que podemos conseguir, tomar, diseñar, pensar, crear las herramientas en nuestros términos, con otros valores, que no sean los del capitalismo”. La lucha por quién y cómo se crean y aplican las inteligencias artificiales no solo concierne a estados o grandes compañías, sino también a la apropiación social de la misma por comunidades, organizaciones sociales y movimientos.
La divergencia estratégica entre los modelos de inteligencia artificial de Estados Unidos y China trasciende la clásica pregunta de quién va ganando la carrera. Refleja lógicas, estrategias y metas distintas. A grandes rasgos, mientras que el ecosistema norteamericano está conformado por arquitecturas cerradas, se centra en la innovación pura, alimenta un modelo de negocio basado en la financiarización, e impulsa la integración militar-industrial y el bombo publicitario, China ha apostado por una visión diferente.
Bajo el principio de soberanía cibernética, el país asiático integra la IA en cadenas productivas reales, como manufactura y logística; pone el énfasis en la aplicación práctica a más ámbitos, como la salud o la educación, y despliega modelos mayoritariamente de código y pesos abiertos. Esta estrategia divergente responde a lógicas de acumulación y gobernanza diferentes. EEUU quiere consolidar un monopolio del poder algorítmico cada vez más militarizado, y ser el primero en alcanzar lo que el propio Sam Altman, CEO de OpenAI, considera la mercancía más valiosa de la historia: la AGI (la inteligencia artificial general).
China, por su parte, tiene por objetivo fortalecer la autosuficiencia tecnológica y despliega ecosistemas abiertos orientados a la eficiencia y la reducción del precio por token de los modelos de IA, lo que entrega a los países del Sur Global alternativas para aplicar y usar sistemas de IA gratuitos o más asequibles en costes. Como argumenta la teórica Yu Hong, a diferencia del modelo occidental de desregulación corporativa, el Estado chino, en conjunción con las fuerzas del mercado y los intereses de clase, está construyendo y realineando activamente su sector digitalizado.
En esta línea, como explica Hong, frente al modelo de Silicon Valley (donde el Estado opera como cliente y propulsor de monopolios privados), la plataformización en China está estrictamente subordinada a la planificación estatal, la seguridad nacional y los objetivos políticos de desarrollo industrial soberano, impidiendo que la racionalidad y el poder corporativo dominen el poder político. Sin embargo, esto no debe impulsarnos a magnificar acríticamente las virtudes del ecosistema tecnológico chino, ya que como señalan Hong y la investigadora Kate Crawford, este genera lógicas de precarización laboral o extractivismo similares a las que impulsa el capitalismo de plataforma.
Pero la disputa por el Intelecto Computacional no se libra exclusivamente entre distintos modelos de IA, ni tan solo entre Big Tech y estados que defienden su soberanía digital. También se juega en otras dinámicas como la apropiación de la IA por parte de los movimientos populares, la lucha contra el extractivismo desaforado de los recursos planetarios (omo ha mostrado la mencionada Crawford en su libro Atlas de IA) y en la organización de los trabajadores cognitivos de baja, media y alta cualificación. Se trata de una nueva clase trabajadora cognitiva computacional, desde los etiquetadores y moderadores de IA en Kenia, pasando por los trabajadores de call centers y BPO en Filipinas, hasta los investigadores de Google DeepMind que se sindicalizan contra el uso militar de la IA. En los movimientos populares del Sur Global, la reapropiación social de la IA es una tendencia creciente.
Recientemente, en mayo de 2026, el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil lanzó IARAA, una inteligencia artificial propia entrenada para asistir en la agroecología y la reforma agraria popular, demostrando que la tecnología puede subordinarse a las necesidades de la clase trabajadora rural.
En una lógica similar, la Red Feminista de IA en América Latina y el Caribe, y proyectos como Datos contra el Feminicidio, Tierra en común, o las redes transhackfeministas como Código No Binario politizan los algoritmos para combatir la violencia patriarcal y el colonialismo de datos. En la India, el movimiento del software libre combate la instalación del control biométrico obligatorio y años atrás derrotó a Meta en su plan para capturar el internet del país más poblado del mundo, mientras que asambleas vecinales, desde Chile hasta Uruguay, logran frenar la instalación de megaproyectos extractivistas de centros de datos.
Simultáneamente, en el Norte Global, en los últimos años se han activado campañas tecnopolíticas como Tech For Palestine; trabajadores de Amazon y Google organizaron huelgas bajo la campaña No Tech for Apartheid, denunciando la colaboración con el proyecto Nimbus y se han multiplicado protestas e iniciativas contra Palantir, como la campaña Purge Palantir, y acciones contra la militarización de la IA, su uso autoritario y de vigilancia.
En el plano de la construcción de alternativas tecnológicas, podemos destacar proyectos como Mastodon y Signal, el ecosistema del Fediverso, o la plataforma de participación e inteligencia colectiva Decidim (comunitaria y de código libre y abierto), que se ha convertido en un referente internacional de procesos de democracia participativa. Estos proyectos y movimientos, aún fragmentados, muestran que la intersección entre ellos, en términos de derechos laborales, justicia ambiental y la construcción de alternativas, es una piedra angular para que la revolución tecnológica no quede capturada bajo el tecnoimperialismo, ni gestionada exclusivamente por un puñado de tecnoligarcas.
La Doble Revolución como brújula estratégica
La Doble Revolución es un diagnóstico de época que pretende funcionar como una brújula estratégica para orientarse en las próximas décadas. Aspira a funcionar como un mapa de coordenadas para leer las tendencias históricas centrales en el sistema-mundo actual: la convergencia entre la revolución tecnológica de la inteligencia artificial y la revolución geopolítica de la transición de poder mundial.
Ambas se bifurcan de forma antagónica. En un lado se sitúa el hiperimperialismo estadounidense, como potencia en declive que militariza la geopolítica y la inteligencia artificial. En el lado contrario, la Mayoría Global Multipolar (estados, bloques regionales y movimientos populares del Sur Global junto a desertores críticos del Norte Global), que resisten a los ataques y agresiones, diseñan arquitecturas financieras alternativas, construyen soberanías tecnológicas y modelos abiertos para quebrar la dependencia digital.
Reconociendo este antagonismo, debemos preguntarnos hacia el futuro: ¿será esta Doble Revolución dominada por el tecnoimperialismo, o hegemonizada por las potencias multipolares? y, más allá, ¿serán las fuerzas populares protagonistas de una transformación radical de las relaciones de poder capitalista? El resultado de la Doble Revolución es incierto, dependerá de las correlaciones de fuerzas de los distintos actores geopolíticos, de la capacidad de articulación de las luchas de base con nuevos proyectos emancipadores, y de quién y cómo se controle la revolución tecnológica del Intelecto Computacional.
La Doble Revolución es un diagnóstico de época que pretende funcionar como una brújula estratégica para orientarse en las próximas décadas. Aspira a funcionar como un mapa de coordenadas para leer las tendencias históricas centrales en el sistema-mundo actual: la convergencia entre la revolución tecnológica de la inteligencia artificial y la revolución geopolítica de la transición de poder mundial. Ambas se bifurcan de forma antagónica.
En un lado se sitúa el hiperimperialismo estadounidense, como potencia en declive que militariza la geopolítica y la inteligencia artificial. En el lado contrario, la Mayoría Global Multipolar (estados, bloques regionales y movimientos populares del Sur Global junto a desertores críticos del Norte Global), que resisten a los ataques y agresiones, diseñan arquitecturas financieras alternativas, construyen soberanías tecnológicas y modelos abiertos para quebrar la dependencia digital.
Reconociendo este antagonismo, debemos preguntarnos hacia el futuro: ¿será esta Doble Revolución dominada por el tecnoimperialismo, o hegemonizada por las potencias multipolares? y, más allá, ¿serán las fuerzas populares protagonistas de una transformación radical de las relaciones de poder capitalista? El resultado de la Doble Revolución es incierto, dependerá de las correlaciones de fuerzas de los distintos actores geopolíticos, de la capacidad de articulación de las luchas de base con nuevos proyectos emancipadores, y de quién y cómo se controle la revolución tecnológica del Intelecto Computacional.
Hobsbawm mostró cómo la Doble Revolución del siglo XIX creó nuevas clases sociales y nuevos sujetos políticos. Pero ¿cuáles serán los sujetos políticos de la doble revolución del siglo XXI? Esta pregunta exige una respuesta honesta: esos sujetos aún no están plenamente constituidos. Sin embargo, aunque de forma incipiente y aislada, gran parte de sus componentes ya están sobre la mesa.
La izquierda mundial padece tanto de una hiperfragmentación como de una falta de articulación estratégica internacional, de una desconexión de su base social (altamente precarizada tras años de hegemonía neoliberal), e incluso de una falta de comprensión del alcance de la revolución tecnológica. La fragmentación temática, geográfica e ideológica encierra las luchas en agendas parciales y desconectadas entre sí.
A pesar de eso, la recomposición de un bloque histórico transnacional a la altura del desafío de la Doble Revolución –encarnado en la Mayoría Global Multipolar– ya está en marcha. Esta recomposición no pasará por la uniformidad ideológica, identitaria o religiosa, sino por la construcción de banderas unitarias que articulen la diversidad. Para ello, resulta clave reimaginar espacios masivos de protesta y articulación internacional a partir de la experiencia de los ciclos políticos anteriores, adaptándolos a las condiciones actuales descritas.
La unidad estratégica se construye en torno a estos elementos y frente a los enemigos principales que la fase histórica impone. El activista internacionalista Tiago Ávila lo sintetiza con claridad y simpleza: “Tenemos que derrotar a Netanyahu y a Trump. Tenemos que derrocar a los criminales de guerra. Necesitamos derrotar al complejo militar industrial que se beneficia de la guerra. A las grandes tecnológicas que quieren controlar nuestras vidas.
Necesitamos construir un futuro diferente’’. Este llamado podría traducirse en un futuro donde la lucha de clases y la lucha de los pueblos, el combate de las jerarquías Norte-Sur, el antiimperialismo, la soberanía digital y la soberanía de la IA se funden con la defensa de la reproducción de la vida y del planeta, en un mismo proyecto emancipador que sea determinante en la transición sistémica. Un reto enorme para las próximas décadas.
No basta con anunciar el colapso del viejo mundo occidental, ni siquiera basta con imaginar el fin del capitalismo. Se trata de empujar y radicalizar el mundo nuevo multipolar que ya está en marcha, para que la Doble Revolución del siglo XXI se despliegue con toda su fuerza emancipadora.
Para caracterizar esta mutación es clave analizar la convergencia histórica entre una revolución geopolítica marcada por la transición sistémica hacia la multipolaridad (representada por el ascenso y la agencia de China, BRICS y el Sur Global), y una revolución tecnológico-productiva, impulsada por la inteligencia artificial y la robótica. Para describir esta convergencia propongo el concepto de “Doble Revolución”. Esta Doble Revolución constituye el vector clave de transformación de las próximas décadas.
Podemos datar el inicio de la Doble Revolución entre 2022 y 2023, cuando un conjunto de acontecimientos marcaron un punto de inflexión y aceleración sistémica. En el plano de la revolución tecnológica, el lanzamiento de ChatGPT y la popularización de los modelos de IA generativa, la tecnología que más rápido se ha propagado en la historia, coincidió con la ofensiva de Washington hacia Beijing, marcada por la restricción del acceso a semiconductores avanzados.
En el plano de la revolución geopolítica, la guerra en Ucrania aceleró la fractura del orden euroatlántico. Los levantamientos del Sahel cristalizaron en la llegada al poder de Ibrahim Traoré, con la expulsión de las fuerzas militares francesas. El genocidio en Gaza, perpetrado por Israel con el respaldo de Estados Unidos y la complicidad europea, mostró la violencia estructural del nuevo proyecto imperial del Gran Israel. Lejos de ser episodios aislados, estos hitos suponen erupciones simultáneas en las placas tectónicas del sistema-mundo.
Para comprender la magnitud y naturaleza de este momento histórico, podemos apoyarnos en el trabajo del historiador marxista Eric Hobsbawm. En su obra “La era de las revoluciones, 1789-1848” Hobsbawm acuñó el término “Doble Revolución” para conceptualizar el proceso histórico que transformó el mundo moderno.
La “Doble Revolución” del siglo XIX se caracterizó por la convergencia estructural de dos revoluciones simultáneas y entrelazadas: la Revolución Francesa –política e ideológica– y la Revolución Industrial inglesa –tecnológica y económica–. Ambas proporcionaron la base material (ferrocarriles, fábricas, proletariado) y la superestructural (liberalismo, nacionalismo, soberanía popular) para lo que fue, en palabras de Hobsbawm, “la mayor transformación de la historia humana desde los tiempos remotos en el que los hombres inventaron la agricultura y la metalurgia, la escritura, la ciudad y el estado”.
Aunque surgieron en contextos nacionales distintos, estas transformaciones constituyeron “el doble cráter de un anchísimo volcán regional”. Juntas barrieron el antiguo Régimen feudal, sentando las bases del orden liberal burgués capitalista y consolidando las lógicas de dominación colonial. Este vasto y tumultuoso proceso generó contradicciones y fuertes resistencias internas – como el surgimiento del movimiento obrero y las corrientes socialistas — que marcaron los conflictos y las alternativas sociopolíticas, tecnológicas y económicas de los siglos XIX y XX.
Así como la Doble Revolución del siglo XIX consolidó el orden capitalista occidental y su expansión imperialista –dejando al Sur Global como espacio subordinado–, dos siglos después, la emergencia de potencias periféricas desafía activamente al hegemón en declive, un Norte Global capitaneado con mano de hierro por EEUU. El debilitamiento progresivo y relativo del bloque geopolítico occidental conlleva una transición conflictiva a un mundo multipolar y policéntrico. El investigador geopolítico Gabriel Merino considera que este proceso “significa una transformación estructural y revolucionaria y, como contracara, implica la caducidad del viejo ordenamiento político mundial y de las instituciones que cristalizaban las anteriores jerarquías de poder“.
La hipótesis de la Doble Revolución del XXI asume que nos encontramos ante el inicio de una erupción de magnitud comparable a la que tuvo lugar entre 1789 y 1848. Por un lado, la revolución geopolítica puede incluso llevarnos a una tercera guerra mundial o al fin de siglos de dominio occidental sobre el planeta. Por otro lado, la revolución de la IA y la robótica está transformando (y lo hará de forma mucho más radical en la próxima década) las bases materiales de las ciencias, la producción, el trabajo y el valor.
Las revoluciones tienen una geografía situada y desigual, y suelen tener diversos epicentros desde los que se propagan por dominación o por contagio, generando fenómenos complejos de poder y resistencia. Hobsbawm mostró cómo Europa fue el núcleo de la doble revolución del siglo XIX, a la que siguió el siglo americano, tras el periodo bipolar de la Guerra Fría.
Hoy, como anticipó Giovanni Arrighi en su libro Adam Smith en Pekín, el siglo XXI está presenciando ”el desplazamiento en curso del centro de la economía política global de Norteamérica a Asia Oriental». En esta misma línea, en la obra China y el capitalismo global, la teórica marxista Lin Chun sostiene que esta reconfiguración no replica la lógica imperialista, sino que articula una vía de desarrollo soberano donde el Estado chino busca, con sus límites y contradicciones, una trayectoria colectiva alternativa dentro y más allá del capitalismo tardío.
Ante esta encrucijada histórica, donde convergen la transición del poder mundial y la disrupción tecnológica acelerada, se abren dos interrogantes fundamentales: ¿quiénes, cómo y para qué fines moldearán las fuerzas de la revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial y la robótica? ¿Cuáles serán los sujetos políticos de la Doble Revolución del siglo XXI? Trataré de responder provisionalmente a estas preguntas a lo largo del texto.
Crisis de la unipolaridad y la fase híper imperialista
El siglo XX estuvo marcado por la hegemonía geopolítica y tecnológica de EEUU. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y el lanzamiento de las dos bombas atómicas, el poder estadounidense se consolidó en la Guerra Fría, con la imposición del Petrodólar en la década de los setenta y la posterior fase unipolar que siguió a la caída de la Unión Soviética. Esta fase unipolar se caracterizó por la ofensiva neoliberal, culminada con la extensión del dominio mundial del modelo tecnológico de Silicon Valley. En todos estos frentes, Washington logró proyectar una influencia indiscutible.
No obstante, en el siglo XXI, este dominio unipolar atraviesa una crisis estructural, tal y como anticiparon teóricos del sistema-mundo como Immanuel Wallerstein y Giovanni Arrighi. Las economías occidentales han entrado en las últimas décadas en una fase de desindustrialización progresiva y financiarización acelerada, donde el capital se desvincula de la producción real. Especialmente en el caso de EEUU, a esta decadencia material se le suman la sobreexpansión militar, la crisis institucional, y la pérdida de confianza en su moneda y legitimidad internacional.
Más recientemente, como apunta Emmanuel Todd en su libro La derrota de occidente, la guerra en Ucrania ha exhibido a las claras “una crisis occidental, y más concretamente una crisis terminal estadounidense” que pone en riesgo la estabilidad global. Esta percepción de declive ya no es marginal: ha trascendido los círculos académicos y aparece con frecuencia en análisis de medios que van de The Economist a The New York Times.
Esta percepción del declive ha acelerado las estrategias de la Casa Blanca para contener el ascenso de China, a quien identifica como su rival sistémico. Esta dinámica se materializa en el intento de controlar los puntos de estrangulamiento geoestratégico, en la apropiación ilegal de recursos energéticos, y en la imposición de sanciones arbitrarias a los países insubordinados, como evidencia el refuerzo del bloqueo que lleva ya seis décadas sobre Cuba o el cerco sobre Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro.
También se materializa en el inicio de guerras asimétricas, como en el caso de Irán, así como en multitud de presiones coercitivas e intervenciones militares. Gabriel Merino sostiene que nos encontramos ante una “guerra mundial híbrida y fragmentada”, un conflicto multifacético, donde la confrontación no se limita a lo militar, sino que incluye dimensiones económicas, informativas y tecnológicas, que operan a múltiples escalas y escenarios. Esta guerra híbrida es la forma central del conflicto en la transición de poder mundial, en la actual etapa de caos sistémico.
Paralelamente, el Instituto Tricontinental de investigación social, en un exhaustivo dossier, ha presentado otro marco analítico para leer geopolíticamente la situación, acuñando el concepto de “hiper-imperialismo”.
El hiper-imperialismo define una nueva etapa del imperialismo, que emerge cuando el poder hegemónico ve mermada su capacidad productiva y financiera, a lo que responde fortaleciendo y concentrando poder militar. El dossier caracteriza al Norte Global como un bloque militar, político y económico, integrado por 49 países, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Israel, Japón y otros países de Europa Occidental y Oriental. En el ámbito militar, Turquía (como miembro de la OTAN), Corea del Sur y Filipinas (colonias militarizadas de facto de EEUU), son parte del “Bloque militar liderado por EEUU”, aunque formen parte del Sur Global.
Este bloque concentra el 74,3% del gasto militar mundial. Esta estrategia multiplica los riesgos de escaladas militares regionales e incluso de una confrontación nuclear. A pesar de ello, el dossier sitúa en el Sur Global un “nuevo estado de ánimo y un despertar del espíritu para hacer avanzar los proyectos incompletos de liberación nacional”.
La emergencia del Sur Global y la mayoría global multipolar
En contraste con la arquitectura militarizada del Norte Global, el Sur Global no es un bloque militar sino un conjunto de países diversos y subordinados dentro del sistema-mundo, que representan a la mayoría de la población mundial. Está compuesto por 145 países, antes designados como “Tercer Mundo”.
Según el Instituto Tricontinental, este conjunto de naciones carece de una identidad común consensuada, aunque comparten que son “antiguas colonias o semicolonias del campo imperialista” y su “marginación histórica y contemporánea en el orden económico y político mundial”.
Siguiendo con el marco de Tricontinental se pueden identificar seis agrupaciones de países: socialistas independientes; con fuerte búsqueda de soberanía; nuevos no alineados; históricamente o actualmente progresistas; fuertemente militarizados por EEUU; y el Sur Global Diverso. Más allá de la heterogeneidad del Sur Global, los países BRICS+ han mostrado una notable capacidad productiva e industrial que contrasta con la actual financiarización de Occidente.
En 2026, los países de BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia y Arabia Saudita) representan ya el 41% del PIB mundial en términos de paridad de poder adquisitivo, superando con claridad el 28% del G7. El crecimiento promedio (mayo de 2026) de las naciones BRICS+ lo encabeza India, con un 6,2%, y China, con un 4,4%.
De media, los BRICS+ crecieron un 3,7% en términos anuales, más del triple que las potencias occidentales, que crecieron un 1,1%. A este peso económico se le suma un peso demográfico incontestable: los 11 países BRICS+ agrupan cerca de 3.900 millones de personas, es decir, entre el 45 y 50% de la población mundial. Si consideramos el Sur Global en su totalidad, este agrupa aproximadamente el 85% de la población mundial, frente al 15% de la población del Norte Global.
Sin embargo, los BRICS+ no constituyen un bloque homogéneo ni una alianza ideológica cohesionada. Se trata más bien de una asociación pragmática y económica que agrupa intereses, sistemas políticos y visiones civilizatorias distintas. Esto genera contradicciones internas y límites en su articulación estratégica, como se ha puesto de manifiesto en el caso de la guerra contra Irán.
A pesar de estas heterogeneidades, BRICS avanza, quizás lentamente, en construir una autonomía estructural y un ordenamiento más justo en el panorama internacional. Esta voluntad se materializa no solo en la demanda de reformar la ONU y ampliar el Consejo de Seguridad con asientos permanentes para Brasil, India y Sudáfrica, sino, sobre todo, en la construcción de una arquitectura financiera alternativa. En ese sentido, el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), presidido por Dilma Rousseff, es una de las herramientas más importantes en la promoción activa del comercio en monedas nacionales, la promoción del desarrollo y el avance de los países BRICS+ hacia una desdolarización, que blinde sus economías frente a sanciones unilaterales.
Pero la multipolaridad no es cosa exclusiva de los gobiernos. En la cumbre BRICS+ de Río de Janeiro en 2025, se institucionalizó el Consejo Popular de los BRICS+, como espacio donde 120 organizaciones populares del Sur Global, entre ellas el Movimiento Sin Tierra o la Marcha Mundial de Mujeres, presentaron directamente sus demandas en el contexto de la cumbre de jefes de Estado, lo que se reflejó en la declaración final.
Esta intersección prometedora entre BRICS+ y organizaciones populares muestra algo más profundo: que la reconfiguración del poder mundial precisa de la convergencia entre proyectos estatales soberanos y luchas populares para configurar, por abajo, la orientación de la transición sistémica. Sin estados soberanos, las organizaciones populares corren el riesgo de verse subyugadas por el poder imperial. Sin organización popular, la multipolaridad corre el riesgo de no superar las desigualdades del viejo orden. Cuanta más influencia de movimientos y más peso popular, más transformadora será la multipolaridad.
En esta intersección, el concepto de Mayoría Global Multipolar sirve para designar un bloque histórico transnacional en formación, compuesto por Estados soberanos del Sur Global, bloques regionales como los BRICS+, clases populares, movimientos sociales, migrantes y sectores críticos del Norte Global que rechazan el hiperimperialismo actual y buscan construir un orden mundial multipolar, soberano, cooperativo y socialmente justo.
No es un sujeto homogéneo ni una alianza puramente estatal, sino una constelación multiescalar donde convergen luchas y redes antiimperialistas, sociales, feministas, ecológicas, antirracistas, municipalistas, tecnológicas y culturales. Su potencial emancipador depende de que su articulación impulse el proceso de transición hacia la multipolaridad hacia planteamientos más transformadores, de justicia social y económica norte-sur, democratización tecnológica, transición ecológica, equidad de género y poder popular.
La Mayoría Global Multipolar surge de una larga historia de despojo, colonialidad y explotación, pero también de la experiencia de resistencia y comunidad. Es el resultado histórico, pasado y presente de la lucha contra el imperialismo, el capitalismo y el colonialismo, heredera del espíritu que va de Bandung a la Tricontinental, como ha mostrado el teórico Vijay Prashad en sus obras Naciones oscuras e Historia popular del Tercer Mundo.
La preocupación principal actual de la Mayoría Global Multipolar es el avance del genocidio y del hiperimperialismo, que amenazan el planeta con proyectos de viejos y nuevos imperios. En el plano digital, los movimientos tecnopolíticos que defienden la soberanía digital popular, el software y los modelos abiertos, tienen como adversario directo el poder de los tecno-oligarcas, el colonialismo de datos y el viraje securitario y de militarización de la IA. La Mayoría Global Multipolar es el sujeto histórico en formación de la Doble Revolución del siglo XXI, como el proletariado lo fue en la Doble Revolución del siglo XIX. Se forjará en crudas batallas por la dignidad humana y en la práctica de un nuevo internacionalismo antiimperialista.
La revolución geopolítica. Guerra y el triángulo multipolar
El primer eje de la Doble Revolución es la revolución geopolítica: la transición sistémica de la unipolaridad estadounidense hacia un mundo policéntrico. Se puede definir como un proceso de insubordinación múltiple contra el poder unipolar estadounidense. Esta dinámica se manifiesta en un conjunto de acontecimientos: en el crecimiento y fortalecimiento de las capacidades de una parte de las naciones del Sur Global; en la resistencia iraní, sus potentes efectos en el mundo árabe y el nuevo estatus del Estrecho de Ormuz; en la articulación financiera de los BRICS+; en el proceso de desdolarización de la economía mundial; en las luchas antiimperialistas en América Latina, África y Asia; en la caída global de popularidad, posterior al 7 de octubre de 2023, de los aliados anglosionistas. Todos estos acontecimientos muestran la disputa por la orientación de la transición sistémica.
Dentro de este proceso, China tiene un papel relevante, ya que es el nodo donde convergen la revolución tecnológica y la revolución geopolítica. Desde la revolución de 1949 liderada por Mao Zedong y las reformas de Deng Xiaoping a partir de 1978, China ha protagonizado, bajo el modelo de socialismo con características chinas, la mayor reducción de la pobreza de la historia humana: 800 millones de personas.
En apenas cuatro décadas, el país transitó de ser una de las naciones más empobrecidas del mundo (tras el siglo de la humillación) a convertirse en la segunda economía mundial y la primera potencia industrial global. Al mismo tiempo, lejos de seguir una lógica expansionista tradicional, Pekín se ha mantenido firme en su doctrina del ascenso pacífico y una política exterior de no injerencia.
Un dato que ilustra esta trayectoria es que, desde el conflicto fronterizo con Vietnam en 1979, China no ha iniciado ni librado ninguna guerra ofensiva. Su estrategia se ha centrado en la cooperación Sur-Sur, articulada a través de ambiciosos proyectos como la Ruta de la Seda Digital, iniciativa orientada a crear corredores de conectividad (puertos, carreteras, redes 5G) con la participación de más de 150 países.
Ante las crisis estructurales del orden internacional contemporáneo, el presidente chino Xi Jinping formalizó la visión de “construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad”, desplegada a través de un conjunto de propuestas normativas e institucionales: las Iniciativas de Desarrollo Global (2021), Seguridad Global (2022), Civilización Global (2023) y Gobernanza Global (2025), complementadas por la propuesta de Gobernanza de la Inteligencia Artificial.
Estos marcos, fundamentados en los principios de la Carta de la ONU, buscan reformar y perfeccionar el sistema de gobernanza global ampliando la representación y la voz de los países en desarrollo bajo cinco principios rectores: igualdad soberana, respeto al derecho internacional, multilateralismo, enfoque centrado en el pueblo y acción concreta orientada a resultados.
Estos marcos constituyen propuestas estructuradas para una reconfiguración del orden internacional y un nuevo paradigma de gobernanza más equitativo e inclusivo. Si bien han cosechado una recepción favorable entre estados del Sur Global, en el Norte Global han pasado desapercibidos, cuando no han sido mirados con desconfianza.
El ascenso de China y BRICS se ha convertido en la obsesión estratégica de la Casa Blanca y en este marco deben entenderse los conflictos y guerras actuales. El conflicto prolongado en Ucrania, el genocidio en Gaza o la guerra asimétrica que libra el eje estadounidense-israelí contra Irán y el Eje de la Resistencia son, en esencia (como sostiene el analista geopolítico brasileño Pepe Escobar) guerras contra la multipolaridad emergente. Estas no son disputas regionales aisladas, sino guerras contra el Sur Global. Son operaciones para fracturar la articulación soberana entre China, Rusia e Irán, tratando de impedir la consolidación del triángulo multipolar euroasiático.
Sin embargo, lejos de fragmentar esta alianza, el ataque contra Irán ha hecho emerger con fuerza no solo las capacidades de Irán, sino que también ha intensificado la articulación entre estas tres naciones. Este triángulo estratégico es el pivote clave del mundo multipolar actual, un espacio donde el poder militar, económico, tecnológico e ideológico de Occidente no puede dominar. La asociación cada vez más integral entre Pekín, Moscú y Teherán supone, de facto, el bloque de contención más formidable contra el hiperimperialismo estadounidense y el proyecto del Gran Israel.
Pero la revolución geopolítica no se reduce a la acción de los estados soberanos insubordinados al régimen de guerra imperial, sino que está actuando en múltiples frentes entre 2022 y 2026. En el combate contra el genocidio del pueblo palestino; en la lucha de este por su liberación nacional; en las Flotillas de la libertad que demuestran que el internacionalismo está en auge; en la resistencia iraní y del eje de la resistencia frente a la agresión de la “coalición Epstein”.
En África, en los levantamientos populares y la alianza de estados del Sahel (Níger, Mali y Burkina Faso), que expresan el hartazgo de décadas de colonialismo francés. A esta ola se suman las protestas juveniles como Maandamano en Kenia, el movimiento campesino MVIWATA en Tanzania, que articula soberanía alimentaria y defensa de la tierra; y el sindicalismo combativo de NUMSA en Sudáfrica, el mayor sindicato de la clase trabajadora de todo el continente.
En América Latina, con las luchas de los movimientos indígenas y campesinos, como las revueltas en Bolivia, como en las luchas del Cauca colombiano o el Movimiento Sin Tierra brasileño, que, junto a Vía Campesina, llevan años construyendo soberanía alimentaria y poder popular. Con las huelgas de más de 250 millones de trabajadores y campesinos en la India. Con los movimientos en Okinawa (Japón), Taiwán, Filipinas, Corea del Sur o Vietnam contra el militarismo y las bases norteamericanas en Asia.
En el Norte Global, con las luchas de los movimientos antirracistas como Regularización Ya para acceder a los derechos básicos; las movilizaciones contra el genocidio como la huelga general salvaje en Italia, la interrupción de la vuelta ciclista o las acciones directas de Palestine action, los movimientos urbanos contra el rentismo y el precio abusivo de los alquileres; las luchas feministas, como la del reconocimiento del trabajo de cuidados o contra las violencias machistas digitales; las luchas contra el devenir autoritario de las sociedades del Norte Global como las protestas contra la brutalidad del ICE o las movilizaciones masivas contra Trump de la campaña No Kings.
En definitiva, la revolución geopolítica, en este sentido, es también la intensificación de la lucha de clases y pueblos a nivel mundial. La aceleración de la revolución geopolítica multipolar pasa por la fortaleza de las luchas sociales y por el posicionamiento de estas en un contexto de guerra y militarización de las sociedades. En el Norte Global, los movimientos tienen la oportunidad de empujar hacia la ruptura del eje militar imperialista, especialmente en Europa, para propiciar una tercera posición autónoma y bisagra con el Sur Global.
La revolución tecnológica. Modelos asimétricos de IA
La segunda dimensión de la Doble Revolución es la revolución tecnológico-productiva que representan la inteligencia artificial, la computación a gran escala y el avance de la robótica. Lejos de constituir un avance aislado, este proceso opera como un paradigma tecnoeconómico en el sentido de Carlota Pérez: tras una fase de instalación financiera y especulativa, comienza a reconfigurar las bases materiales de la producción, el trabajo y la organización social. La IA puede entenderse como la maduración extrema de la quinta ola tecnológica –la revolución de la información y las telecomunicaciones–, pero también como el umbral de una posible sexta ola post-informacional. Los avances en IA acortan drásticamente los ciclos iterativos de las revoluciones tecnológicas precedentes y propulsan múltiples efectos sistémicos que todavía son difíciles de calibrar. Una novedad sustancial respecto de otras oleadas anteriores es la gran velocidad evolutiva de la revolución tecnológica actual, caracterizada por una aceleración recursiva. La inteligencia artificial no funciona como un sector productivo más, sino como una tecnología de propósito general e infraestructura cognitiva transversal que potencia, entrelaza y comprime el tiempo de desarrollo de campos emergentes como la computación cuántica, la robótica avanzada, la biotecnología o la genómica.
Durante décadas, la revolución digital fue monopolizada por Estados Unidos y exportada internacionalmente, derivando en lo que Nick Srnicek describió como “capitalismo de plataforma”. Las Big Tech se han erigido como líderes de un modelo de acumulación en el que la extracción masiva de datos opera como materia prima fundamental, configurando –como advierte Cecilia Rikap– un renovado mapa de dependencias y periferias digitales que reproduce las asimetrías del sistema-mundo.
Hoy, el modelo de Silicon Valley está mutando hacia formas más agresivas de integración con el aparato militar estadounidense. En enero de 2026, el Pentágono nombró a seis ejecutivos del sector digital para liderar sus áreas críticas de tecnología. Al mismo tiempo, investigaciones periodísticas aseguran que los sistemas de IA de Anthropic y OpenAI fueron utilizados en la guerra de Irán en 2026, alimentando el debate sobre el giro militarista de Sillicon Valley.
Pero si hay una empresa que representa el giro autoritario del stack norteamericano es Palantir Technologies. Palantir, la empresa fundada por Peter Thiel, opera como núcleo cohesivo o vanguardia del “tecno-imperialismo” y como bisagra estratégica entre Israel y EEUU, con presencia en 19 países, mayoritariamente aliados de la OTAN, incluida España. Palantir ha operado como una infraestructura de muerte para el ejército israelí en el genocidio en Gaza (como ha relatado el sociólogo Sergio Amadeu en su libro Guerra Total: IA y el complejo militar dataficado) y en las acciones del ejército estadounidense en la guerra contra Irán. En su reciente manifiesto, la empresa exhibe sin pudor su supremacismo, menospreciando a otras naciones, presentando la inteligencia artificial como una “nueva arma de disuasión atómica”, convocando a todo Silicon Valley a tomar partido en la dinámica hiperimperialista actual.
No obstante, el monopolio tecnológico norteamericano se ha quebrado. Como muestra Gabriel Merino en su inspirador artículo “Los BRICS y la revolución tecno-productiva en la transición de sistema mundial”, los países BRICS lideran tanto en número de publicaciones científicas mundiales (China copa el 20%) como en la generación de talento STEM, donde China e India ocupan la primera y la segunda posición y representan el 20% de la inversión global en I+D. A partir de estos datos, Merino define “el escenario geopolítico mundial como de multipolaridad relativa con ciertos rasgos bipolares en materia tecnológica, por el peso de Estados Unidos y China”.
En esta competencia de rasgos bipolares, la irrupción tecnológica china ha desbaratado cualquier ilusión unipolar. Según un informe del Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI), mientras que entre 2003 y 2007 EEUU lideraba en 60 de 64 tecnologías críticas, en el periodo 2019-2023 China ha pasado a liderar 57 de las 64 categorías analizadas. Según el investigador Jeff Xiong, China “alcanzó una independencia relativa en la soberanía digital hace cinco años”.
Respecto al crecimiento de las capacidades tecnocientíficas de los países BRICS, Xiong asegura que ”nos enfrentamos a dificultades estructurales en el proceso de lograr la soberanía digital. El primer desafío es la alta dependencia de la infraestructura digital proporcionada por Estados Unidos”. Por ello, sitúa la soberanía digital como un terreno clave para el Sur Global en las próximas décadas. Xiong sugiere que “las empresas chinas y los países del Sur Global deben co-construir una nueva infraestructura digital y también desarrollar y explorar metodologías que unan la experiencia china con las realidades locales”.
Para comprender la naturaleza de esta batalla, resulta clave recuperar el concepto marxista de Intelecto General. En los Grundrisse, Marx anticipó que el sistema de máquinas y el conocimiento social acumulado se convertirían, al superar un umbral crítico, en fuerza productiva directa. En la era de la computación a gran escala, la inteligencia artificial y el avance de la automatización, el intelecto general podría renombrarse como Intelecto Computacional.
Está compuesto por el conocimiento social acumulado materializado en los sistemas de máquinas de inteligencia artificial, datos, redes, algoritmos, infraestructuras digitales, trabajo tecnocientífico y la cooperación social distribuida bajo la figura marxiana del trabajador colectivo. Por tanto, la IA expresa la materialización histórica de siglos de trabajo cognitivo, datos colectivos, lucha contra la automatización y saberes populares procesados y estandarizados algorítmicamente.
El Intelecto Computacional es objeto de disputa tecnopolítica: bajo una lógica tecnoimperial se alinea con la acumulación privada, la guerra y el control algorítmico, pero bajo una lógica de reapropiación social se puede convertir en recurso para comunidades en lucha, fuente de desarrollo de nuevas fuerzas productivas, ayuda en la gestión racional de los bienes comunes, o un punto de partida para la reducción del tiempo de trabajo. No se trata de rechazar la IA o la robótica; se trata de disputar sus propósitos, su producción y su gobernanza.
La investigadora Paola Ricaurte, desde el feminismo decolonial, muestra en la práctica, con el proyecto de IA Feminista, cómo se materializa esta apropiación de la IA para fines transformadores. Parte de su obra académica se ha centrado en señalar cómo la inteligencia artificial reproduce la colonialidad, el patriarcado, el racismo y el extractivismo digital.
Sin embargo, en una entrevista sobre la posibilidad de una IA Feminista, Ricaurte expresó que esta debe pensarse desde una perspectiva marxista, como si de tomar los medios de producción se tratase, “si nosotras somos las que podemos conseguir, tomar, diseñar, pensar, crear las herramientas en nuestros términos, con otros valores, que no sean los del capitalismo”. La lucha por quién y cómo se crean y aplican las inteligencias artificiales no solo concierne a estados o grandes compañías, sino también a la apropiación social de la misma por comunidades, organizaciones sociales y movimientos.
La divergencia estratégica entre los modelos de inteligencia artificial de Estados Unidos y China trasciende la clásica pregunta de quién va ganando la carrera. Refleja lógicas, estrategias y metas distintas. A grandes rasgos, mientras que el ecosistema norteamericano está conformado por arquitecturas cerradas, se centra en la innovación pura, alimenta un modelo de negocio basado en la financiarización, e impulsa la integración militar-industrial y el bombo publicitario, China ha apostado por una visión diferente.
Bajo el principio de soberanía cibernética, el país asiático integra la IA en cadenas productivas reales, como manufactura y logística; pone el énfasis en la aplicación práctica a más ámbitos, como la salud o la educación, y despliega modelos mayoritariamente de código y pesos abiertos. Esta estrategia divergente responde a lógicas de acumulación y gobernanza diferentes. EEUU quiere consolidar un monopolio del poder algorítmico cada vez más militarizado, y ser el primero en alcanzar lo que el propio Sam Altman, CEO de OpenAI, considera la mercancía más valiosa de la historia: la AGI (la inteligencia artificial general).
China, por su parte, tiene por objetivo fortalecer la autosuficiencia tecnológica y despliega ecosistemas abiertos orientados a la eficiencia y la reducción del precio por token de los modelos de IA, lo que entrega a los países del Sur Global alternativas para aplicar y usar sistemas de IA gratuitos o más asequibles en costes. Como argumenta la teórica Yu Hong, a diferencia del modelo occidental de desregulación corporativa, el Estado chino, en conjunción con las fuerzas del mercado y los intereses de clase, está construyendo y realineando activamente su sector digitalizado.
En esta línea, como explica Hong, frente al modelo de Silicon Valley (donde el Estado opera como cliente y propulsor de monopolios privados), la plataformización en China está estrictamente subordinada a la planificación estatal, la seguridad nacional y los objetivos políticos de desarrollo industrial soberano, impidiendo que la racionalidad y el poder corporativo dominen el poder político. Sin embargo, esto no debe impulsarnos a magnificar acríticamente las virtudes del ecosistema tecnológico chino, ya que como señalan Hong y la investigadora Kate Crawford, este genera lógicas de precarización laboral o extractivismo similares a las que impulsa el capitalismo de plataforma.
Pero la disputa por el Intelecto Computacional no se libra exclusivamente entre distintos modelos de IA, ni tan solo entre Big Tech y estados que defienden su soberanía digital. También se juega en otras dinámicas como la apropiación de la IA por parte de los movimientos populares, la lucha contra el extractivismo desaforado de los recursos planetarios (omo ha mostrado la mencionada Crawford en su libro Atlas de IA) y en la organización de los trabajadores cognitivos de baja, media y alta cualificación. Se trata de una nueva clase trabajadora cognitiva computacional, desde los etiquetadores y moderadores de IA en Kenia, pasando por los trabajadores de call centers y BPO en Filipinas, hasta los investigadores de Google DeepMind que se sindicalizan contra el uso militar de la IA. En los movimientos populares del Sur Global, la reapropiación social de la IA es una tendencia creciente.
Recientemente, en mayo de 2026, el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil lanzó IARAA, una inteligencia artificial propia entrenada para asistir en la agroecología y la reforma agraria popular, demostrando que la tecnología puede subordinarse a las necesidades de la clase trabajadora rural.
En una lógica similar, la Red Feminista de IA en América Latina y el Caribe, y proyectos como Datos contra el Feminicidio, Tierra en común, o las redes transhackfeministas como Código No Binario politizan los algoritmos para combatir la violencia patriarcal y el colonialismo de datos. En la India, el movimiento del software libre combate la instalación del control biométrico obligatorio y años atrás derrotó a Meta en su plan para capturar el internet del país más poblado del mundo, mientras que asambleas vecinales, desde Chile hasta Uruguay, logran frenar la instalación de megaproyectos extractivistas de centros de datos.
Simultáneamente, en el Norte Global, en los últimos años se han activado campañas tecnopolíticas como Tech For Palestine; trabajadores de Amazon y Google organizaron huelgas bajo la campaña No Tech for Apartheid, denunciando la colaboración con el proyecto Nimbus y se han multiplicado protestas e iniciativas contra Palantir, como la campaña Purge Palantir, y acciones contra la militarización de la IA, su uso autoritario y de vigilancia.
En el plano de la construcción de alternativas tecnológicas, podemos destacar proyectos como Mastodon y Signal, el ecosistema del Fediverso, o la plataforma de participación e inteligencia colectiva Decidim (comunitaria y de código libre y abierto), que se ha convertido en un referente internacional de procesos de democracia participativa. Estos proyectos y movimientos, aún fragmentados, muestran que la intersección entre ellos, en términos de derechos laborales, justicia ambiental y la construcción de alternativas, es una piedra angular para que la revolución tecnológica no quede capturada bajo el tecnoimperialismo, ni gestionada exclusivamente por un puñado de tecnoligarcas.
La Doble Revolución como brújula estratégica
La Doble Revolución es un diagnóstico de época que pretende funcionar como una brújula estratégica para orientarse en las próximas décadas. Aspira a funcionar como un mapa de coordenadas para leer las tendencias históricas centrales en el sistema-mundo actual: la convergencia entre la revolución tecnológica de la inteligencia artificial y la revolución geopolítica de la transición de poder mundial.
Ambas se bifurcan de forma antagónica. En un lado se sitúa el hiperimperialismo estadounidense, como potencia en declive que militariza la geopolítica y la inteligencia artificial. En el lado contrario, la Mayoría Global Multipolar (estados, bloques regionales y movimientos populares del Sur Global junto a desertores críticos del Norte Global), que resisten a los ataques y agresiones, diseñan arquitecturas financieras alternativas, construyen soberanías tecnológicas y modelos abiertos para quebrar la dependencia digital.
Reconociendo este antagonismo, debemos preguntarnos hacia el futuro: ¿será esta Doble Revolución dominada por el tecnoimperialismo, o hegemonizada por las potencias multipolares? y, más allá, ¿serán las fuerzas populares protagonistas de una transformación radical de las relaciones de poder capitalista? El resultado de la Doble Revolución es incierto, dependerá de las correlaciones de fuerzas de los distintos actores geopolíticos, de la capacidad de articulación de las luchas de base con nuevos proyectos emancipadores, y de quién y cómo se controle la revolución tecnológica del Intelecto Computacional.
La Doble Revolución es un diagnóstico de época que pretende funcionar como una brújula estratégica para orientarse en las próximas décadas. Aspira a funcionar como un mapa de coordenadas para leer las tendencias históricas centrales en el sistema-mundo actual: la convergencia entre la revolución tecnológica de la inteligencia artificial y la revolución geopolítica de la transición de poder mundial. Ambas se bifurcan de forma antagónica.
En un lado se sitúa el hiperimperialismo estadounidense, como potencia en declive que militariza la geopolítica y la inteligencia artificial. En el lado contrario, la Mayoría Global Multipolar (estados, bloques regionales y movimientos populares del Sur Global junto a desertores críticos del Norte Global), que resisten a los ataques y agresiones, diseñan arquitecturas financieras alternativas, construyen soberanías tecnológicas y modelos abiertos para quebrar la dependencia digital.
Reconociendo este antagonismo, debemos preguntarnos hacia el futuro: ¿será esta Doble Revolución dominada por el tecnoimperialismo, o hegemonizada por las potencias multipolares? y, más allá, ¿serán las fuerzas populares protagonistas de una transformación radical de las relaciones de poder capitalista? El resultado de la Doble Revolución es incierto, dependerá de las correlaciones de fuerzas de los distintos actores geopolíticos, de la capacidad de articulación de las luchas de base con nuevos proyectos emancipadores, y de quién y cómo se controle la revolución tecnológica del Intelecto Computacional.
Hobsbawm mostró cómo la Doble Revolución del siglo XIX creó nuevas clases sociales y nuevos sujetos políticos. Pero ¿cuáles serán los sujetos políticos de la doble revolución del siglo XXI? Esta pregunta exige una respuesta honesta: esos sujetos aún no están plenamente constituidos. Sin embargo, aunque de forma incipiente y aislada, gran parte de sus componentes ya están sobre la mesa.
La izquierda mundial padece tanto de una hiperfragmentación como de una falta de articulación estratégica internacional, de una desconexión de su base social (altamente precarizada tras años de hegemonía neoliberal), e incluso de una falta de comprensión del alcance de la revolución tecnológica. La fragmentación temática, geográfica e ideológica encierra las luchas en agendas parciales y desconectadas entre sí.
A pesar de eso, la recomposición de un bloque histórico transnacional a la altura del desafío de la Doble Revolución –encarnado en la Mayoría Global Multipolar– ya está en marcha. Esta recomposición no pasará por la uniformidad ideológica, identitaria o religiosa, sino por la construcción de banderas unitarias que articulen la diversidad. Para ello, resulta clave reimaginar espacios masivos de protesta y articulación internacional a partir de la experiencia de los ciclos políticos anteriores, adaptándolos a las condiciones actuales descritas.
La unidad estratégica se construye en torno a estos elementos y frente a los enemigos principales que la fase histórica impone. El activista internacionalista Tiago Ávila lo sintetiza con claridad y simpleza: “Tenemos que derrotar a Netanyahu y a Trump. Tenemos que derrocar a los criminales de guerra. Necesitamos derrotar al complejo militar industrial que se beneficia de la guerra. A las grandes tecnológicas que quieren controlar nuestras vidas.
Necesitamos construir un futuro diferente’’. Este llamado podría traducirse en un futuro donde la lucha de clases y la lucha de los pueblos, el combate de las jerarquías Norte-Sur, el antiimperialismo, la soberanía digital y la soberanía de la IA se funden con la defensa de la reproducción de la vida y del planeta, en un mismo proyecto emancipador que sea determinante en la transición sistémica. Un reto enorme para las próximas décadas.
No basta con anunciar el colapso del viejo mundo occidental, ni siquiera basta con imaginar el fin del capitalismo. Se trata de empujar y radicalizar el mundo nuevo multipolar que ya está en marcha, para que la Doble Revolución del siglo XXI se despliegue con toda su fuerza emancipadora.
Esto es lo que Paz está tratando de imponer: abrir las minas, entregar las infraestructuras al capital extranjero, reforzar el aparato de seguridad y quebrantar la resistencia indígena y de la clase trabajadora.
El significado de la historia
China no se anda por las ramas. El discurso de recepción de Xi Jinping, quién sabe si también de bienvenida, a Trump no ha podido ser más claro: "Si China y Estados Unidos pueden superar la llamada 'Trampa de Tucídides' e inaugurar un nuevo paradigma en las relaciones entre grandes potencias; si podemos unir fuerzas para afrontar los desafíos globales y brindar mayor estabilidad al mundo; si podemos velar por el bienestar de nuestros dos pueblos y el futuro y destino de la humanidad, y crear conjuntamente un futuro brillante para las relaciones bilaterales: estas son, podría decirse, cuestiones de la historia, cuestiones del mundo y cuestiones de los pueblos. Son también las respuestas de nuestra época, a las que usted y yo, como líderes de grandes naciones, debemos responder juntos".
Claro que hay que hacer una reflexión: ¿un país de ignorantes, como es EEUU, sabe algo de historia? Para nada. Si alguien se molesta en saber quién es quién en las delegaciones que se han reunido no saldrá de su asombro: estadistas frente a empresarios. Unos saben de lo que hablan, otros solo entienden de beneficios para sí mismos.
Xi dijo que su país "está comprometido con el desarrollo estable, saludable y sostenible de las relaciones con EEUU", que se ha acordado "establecer una relación estratégica constructiva y estable como un nuevo enfoque para las relaciones bilaterales, que proporcionará una guía estratégica para los próximos tres años y más allá" y que esta "estabilidad estratégica constructiva debe ser una estabilidad positiva basada en la cooperación, una estabilidad benigna con competencia moderada, una estabilidad normalizada con diferencias manejables y una estabilidad duradera con un futuro prometedor de paz".
Hay que ver si esto se traduce en algo concreto o no, dada la trayectoria pirata de EEUU. Sobre todo porque Xi insistió en lo de siempre, en Taiwán. "Es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos. Si se maneja adecuadamente, las relaciones bilaterales pueden mantener la estabilidad general. Si se maneja mal, los dos países chocarán, o incluso se producirán enfrentamientos, llevando a toda la relación entre China y Estados Unidos a una situación muy peligrosa. La 'independencia de Taiwán' y la paz en el estrecho de Taiwán son incompatibles; mantener la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán es el principal denominador común entre China y Estados Unidos, y Estados Unidos debe manejar la cuestión de Taiwán con la máxima cautela".
Trump no se ha salido del guion de tópicos sin sustancia a los que es tan aficionado porque es a lo más que llegan los estadounidenses: "La relación entre Estados Unidos y China es excelente, he cultivado una relación larga y sólida con el presidente Xi Jinping y numerosos asuntos importantes se han resuelto. La reunión de hoy es significativa y de gran trascendencia mundial. Estoy dispuesto a trabajar con el presidente Xi para fortalecer la comunicación y la cooperación, resolver adecuadamente las diferencias, forjar la mejor relación entre Estados Unidos y China de la historia y crear un futuro más brillante para ambos países. Estados Unidos y China son los países más importantes y poderosos del mundo, y la cooperación entre ambos puede lograr grandes beneficios para ambos países y para el mundo". Y no faltó lo de estadistas (los chinos) frente a empresarios (los estadounidenses). "He traído conmigo a distinguidos representantes de la comunidad empresarial estadounidense que respetan y valoran profundamente a China, y los animo activamente a ampliar su cooperación con China".
Y de todo esto ¿qué? El estercolero sigue la estela de EEUU y dice que ambos países quieren Ormuz abierto, que Irán no tenga armas nucleares y tonterías semejantes. Aparentemente es lo que dice EEUU, pero los dos países parten de postulados diferentes. Eso no se refleja. Hay que dar una sensación de que EEUU no está en posición débil. Pero lo está. El que no haya comentarios públicos desde China, que es a lo que hay que hacer caso, indica que las negociaciones, si las ha habido, han sido extremadamente difíciles para EEUU. Puede haber conseguido unos cuantos contratos de aviones Boeing y unas cuentas toneladas de soja, pero poco más. Oficialmente los aranceles a China está congelados porque China reaccionó de la misma manera, y no se ha dicho nada sobre ello. Tampoco sobre las sanciones impuestas a más de mil empresas chinas por el supuesto apoyo a Rusia y el supuesto apoyo a Irán.
China está en posición de fuerza, EEUU de debilidad. Los chinos reconocen que se habló de Irán y del país 404, antes conocido como Ucrania, y de la península coreana, pero poco más. Eso significa que no hay acuerdo alguno entre EEUU y China más allá de lo clásico de Ormuz.
Siempre habrá quien hable de "moderación china". Pero esa "moderación" no debe interpretarse como un signo de debilidad. Al contrario, está esperando el momento oportuno, posicionándose como el candidato ideal para llenar el vacío dejado por EEUU cuando el resto del mundo vea, como está viendo con Irán, que no es lo que nos venden y que ya no es una superpotencia. China trabaja para forjar un mundo donde su dominio se establezca no como una victoria decisiva sobre los intereses occidentales, sino como una realidad tangible. Porque los chinos, desde hace unos años, vienen hablando de EEUU como "potencia en declive", lo que la hace más peligrosa "y propensa a estallidos de agresión con la esperanza de frenar su caída". Es lo que está detrás de la agresión a Venezuela, que salió bien, y a Irán, que le está saliendo mal.
Por eso China cree que el camino más seguro hacia el poder internacional no reside en la confrontación directa, sino en la paciencia. ¿Por qué se arriesgaría a entrar en un conflicto armado o a desafiar el liderazgo estadounidense en cualquier otro lugar, cuando EEUU se está debilitado claramente en los ámbitos militar, financiero y político? Ya lo he dicho antes: la estrategia china es no interrumpir al enemigo cuando comete errores.
Esto implica fortalecer al Partido Comunista reduciendo la vulnerabilidad del país ante las presiones externas. La autosuficiencia es el principio rector del último plan quinquenal del PCCh. China se esfuerza por disminuir su dependencia del mundo y aumentar la dependencia del mundo respecto a ella. Mediante importantes inversiones y subsidios estatales, las empresas chinas están ascendiendo en la cadena de valor industrial en diversos sectores, como los vehículos eléctricos, las energías limpias y la infraestructura de telecomunicaciones. El Estado también apoya el desarrollo de alternativas nacionales a las tecnologías extranjeras, como los semiconductores, el software y la industria aeroespacial. China no quiere tanto ganar cuota de mercado como contrarrestar los esfuerzos extranjeros por frenar su ascenso restringiendo su acceso a recursos y materias primas esenciales. Es justo lo contrario de lo que piensan los EEUU, y de ahí que su delegación esté compuesta por empresarios y no por estadistas. Y porque en la China de hoy, capitalista o no, es el Estado quien dirige y planifica la economía.
Como datos que van más allá de la curiosidad, dos: en EEUU se está publicando que la delegación estadounidense trabaja en condiciones de "aislamiento digital", por "temor a la vigilancia y los ciberataques", que los asesores de Trump y numerosos funcionarios han dejado sus teléfonos móviles y ordenadores portátiles en casa y que en China "utilizan dispositivos más sencillos y seguros, ordenadores portátiles temporales y sistemas de comunicación estrictamente controlados, diseñados para minimizar el riesgo de vigilancia, ciberataques o recopilación de datos en lo que los funcionarios estadounidenses consideran uno de los entornos cibernéticos más hostiles del mundo". Así que más allá de los discursos, este es el clima.
Pero los chinos no se quedan atrás, aunque sin tantas alharacas. Han restringido el ámbito de actuación de los agentes del servicio secreto de EEUU que supuestamente "protegen" a Trump. Por ejemplo, les han impedido llevar armas en varios lugares, como el Templo del Cielo ( 天坛, Tiantán, literalmente "altar del cielo"). Es lo que se ha conocido, pero los chinos han dejado claro hasta dónde pueden llegar los estadounidenses.
P.D.- Cuba vuelve a estar a oscuras. El petróleo ruso se acabó. Dije, y mantengo, que tanto Rusia como EEUU salieron con la cabeza alta con este petrolero enviado: los primeros, por haber desafiado "el cerco estratégico" impuesto por los piratas estadounidenses, los segundos por haber actuado "con benevolencia" al haber aceptado su paso porque era "ayuda humanitaria". Así los dos han salvado la cara. Y que pese a haber anunciado Rusia otro envío, no había fecha para ello. Pues no la hay. Y que si el ritmo es el de uno al mes o cada dos meses no será más que un parche. Y es un parche. En cualquier caso, es más de lo que han hecho los "progres" latinoamericanos.
El Lince
Claro que hay que hacer una reflexión: ¿un país de ignorantes, como es EEUU, sabe algo de historia? Para nada. Si alguien se molesta en saber quién es quién en las delegaciones que se han reunido no saldrá de su asombro: estadistas frente a empresarios. Unos saben de lo que hablan, otros solo entienden de beneficios para sí mismos.
Xi dijo que su país "está comprometido con el desarrollo estable, saludable y sostenible de las relaciones con EEUU", que se ha acordado "establecer una relación estratégica constructiva y estable como un nuevo enfoque para las relaciones bilaterales, que proporcionará una guía estratégica para los próximos tres años y más allá" y que esta "estabilidad estratégica constructiva debe ser una estabilidad positiva basada en la cooperación, una estabilidad benigna con competencia moderada, una estabilidad normalizada con diferencias manejables y una estabilidad duradera con un futuro prometedor de paz".
Hay que ver si esto se traduce en algo concreto o no, dada la trayectoria pirata de EEUU. Sobre todo porque Xi insistió en lo de siempre, en Taiwán. "Es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos. Si se maneja adecuadamente, las relaciones bilaterales pueden mantener la estabilidad general. Si se maneja mal, los dos países chocarán, o incluso se producirán enfrentamientos, llevando a toda la relación entre China y Estados Unidos a una situación muy peligrosa. La 'independencia de Taiwán' y la paz en el estrecho de Taiwán son incompatibles; mantener la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán es el principal denominador común entre China y Estados Unidos, y Estados Unidos debe manejar la cuestión de Taiwán con la máxima cautela".
Trump no se ha salido del guion de tópicos sin sustancia a los que es tan aficionado porque es a lo más que llegan los estadounidenses: "La relación entre Estados Unidos y China es excelente, he cultivado una relación larga y sólida con el presidente Xi Jinping y numerosos asuntos importantes se han resuelto. La reunión de hoy es significativa y de gran trascendencia mundial. Estoy dispuesto a trabajar con el presidente Xi para fortalecer la comunicación y la cooperación, resolver adecuadamente las diferencias, forjar la mejor relación entre Estados Unidos y China de la historia y crear un futuro más brillante para ambos países. Estados Unidos y China son los países más importantes y poderosos del mundo, y la cooperación entre ambos puede lograr grandes beneficios para ambos países y para el mundo". Y no faltó lo de estadistas (los chinos) frente a empresarios (los estadounidenses). "He traído conmigo a distinguidos representantes de la comunidad empresarial estadounidense que respetan y valoran profundamente a China, y los animo activamente a ampliar su cooperación con China".
Y de todo esto ¿qué? El estercolero sigue la estela de EEUU y dice que ambos países quieren Ormuz abierto, que Irán no tenga armas nucleares y tonterías semejantes. Aparentemente es lo que dice EEUU, pero los dos países parten de postulados diferentes. Eso no se refleja. Hay que dar una sensación de que EEUU no está en posición débil. Pero lo está. El que no haya comentarios públicos desde China, que es a lo que hay que hacer caso, indica que las negociaciones, si las ha habido, han sido extremadamente difíciles para EEUU. Puede haber conseguido unos cuantos contratos de aviones Boeing y unas cuentas toneladas de soja, pero poco más. Oficialmente los aranceles a China está congelados porque China reaccionó de la misma manera, y no se ha dicho nada sobre ello. Tampoco sobre las sanciones impuestas a más de mil empresas chinas por el supuesto apoyo a Rusia y el supuesto apoyo a Irán.
China está en posición de fuerza, EEUU de debilidad. Los chinos reconocen que se habló de Irán y del país 404, antes conocido como Ucrania, y de la península coreana, pero poco más. Eso significa que no hay acuerdo alguno entre EEUU y China más allá de lo clásico de Ormuz.
Siempre habrá quien hable de "moderación china". Pero esa "moderación" no debe interpretarse como un signo de debilidad. Al contrario, está esperando el momento oportuno, posicionándose como el candidato ideal para llenar el vacío dejado por EEUU cuando el resto del mundo vea, como está viendo con Irán, que no es lo que nos venden y que ya no es una superpotencia. China trabaja para forjar un mundo donde su dominio se establezca no como una victoria decisiva sobre los intereses occidentales, sino como una realidad tangible. Porque los chinos, desde hace unos años, vienen hablando de EEUU como "potencia en declive", lo que la hace más peligrosa "y propensa a estallidos de agresión con la esperanza de frenar su caída". Es lo que está detrás de la agresión a Venezuela, que salió bien, y a Irán, que le está saliendo mal.
Por eso China cree que el camino más seguro hacia el poder internacional no reside en la confrontación directa, sino en la paciencia. ¿Por qué se arriesgaría a entrar en un conflicto armado o a desafiar el liderazgo estadounidense en cualquier otro lugar, cuando EEUU se está debilitado claramente en los ámbitos militar, financiero y político? Ya lo he dicho antes: la estrategia china es no interrumpir al enemigo cuando comete errores.
Esto implica fortalecer al Partido Comunista reduciendo la vulnerabilidad del país ante las presiones externas. La autosuficiencia es el principio rector del último plan quinquenal del PCCh. China se esfuerza por disminuir su dependencia del mundo y aumentar la dependencia del mundo respecto a ella. Mediante importantes inversiones y subsidios estatales, las empresas chinas están ascendiendo en la cadena de valor industrial en diversos sectores, como los vehículos eléctricos, las energías limpias y la infraestructura de telecomunicaciones. El Estado también apoya el desarrollo de alternativas nacionales a las tecnologías extranjeras, como los semiconductores, el software y la industria aeroespacial. China no quiere tanto ganar cuota de mercado como contrarrestar los esfuerzos extranjeros por frenar su ascenso restringiendo su acceso a recursos y materias primas esenciales. Es justo lo contrario de lo que piensan los EEUU, y de ahí que su delegación esté compuesta por empresarios y no por estadistas. Y porque en la China de hoy, capitalista o no, es el Estado quien dirige y planifica la economía.
Como datos que van más allá de la curiosidad, dos: en EEUU se está publicando que la delegación estadounidense trabaja en condiciones de "aislamiento digital", por "temor a la vigilancia y los ciberataques", que los asesores de Trump y numerosos funcionarios han dejado sus teléfonos móviles y ordenadores portátiles en casa y que en China "utilizan dispositivos más sencillos y seguros, ordenadores portátiles temporales y sistemas de comunicación estrictamente controlados, diseñados para minimizar el riesgo de vigilancia, ciberataques o recopilación de datos en lo que los funcionarios estadounidenses consideran uno de los entornos cibernéticos más hostiles del mundo". Así que más allá de los discursos, este es el clima.
Pero los chinos no se quedan atrás, aunque sin tantas alharacas. Han restringido el ámbito de actuación de los agentes del servicio secreto de EEUU que supuestamente "protegen" a Trump. Por ejemplo, les han impedido llevar armas en varios lugares, como el Templo del Cielo ( 天坛, Tiantán, literalmente "altar del cielo"). Es lo que se ha conocido, pero los chinos han dejado claro hasta dónde pueden llegar los estadounidenses.
P.D.- Cuba vuelve a estar a oscuras. El petróleo ruso se acabó. Dije, y mantengo, que tanto Rusia como EEUU salieron con la cabeza alta con este petrolero enviado: los primeros, por haber desafiado "el cerco estratégico" impuesto por los piratas estadounidenses, los segundos por haber actuado "con benevolencia" al haber aceptado su paso porque era "ayuda humanitaria". Así los dos han salvado la cara. Y que pese a haber anunciado Rusia otro envío, no había fecha para ello. Pues no la hay. Y que si el ritmo es el de uno al mes o cada dos meses no será más que un parche. Y es un parche. En cualquier caso, es más de lo que han hecho los "progres" latinoamericanos.
El Lince
ncluso en el improbable caso de que su cooperación incluya algún día los sistemas de defensa aérea que el Ministro de Defensa afgano dijo estar buscando para disuadir a Pakistán, Rusia ya arma hasta los dientes al archienemigo indio de Pakistán, pero Pakistán no permitió que eso se interpusiera en el camino de mejorar las relaciones con Rusia.
Tanto las manifestaciones antirrusas como las antipolacas del nacionalismo ucraniano sirven a los intereses alemanes.
Pashinyan es, con diferencia, la figura más antirrusa surgida de la antigua Unión Soviética, después de Zelensky y Saakashvili.
Aquí está la versión en inglés de la entrevista que le concedí a Dang Thuy de Dan Viet sobre los acontecimientos recientes.
1. ¿Cómo evalúa el estado actual del conflicto ucraniano? ¿Estamos presenciando la preparación del terreno para un escenario de "conflicto congelado", o los principales actores involucrados aún creen que es posible una victoria militar absoluta?
2. El apoyo occidental a Ucrania se enfrenta a un creciente cansancio político y a divisiones internas, especialmente en Estados Unidos y la Unión Europea. En su opinión, ¿cuánto tiempo más tolerará Occidente este apoyo antes de verse obligado a presionar a Kiev para que entable negociaciones con concesiones territoriales?
3. ¿Con qué eficacia se ha adaptado Rusia a las amplias sanciones económicas impuestas por Occidente en los últimos años? ¿De qué manera el giro de Moscú hacia una economía de guerra y el fortalecimiento de sus lazos con el Sur Global han alterado su posición geopolítica?
4. Tras los recientes intercambios militares directos e indirectos entre Irán e Israel, ¿cuál es su valoración de la estrategia del “Eje de la Resistencia” de Teherán? ¿Es Irán capaz de gestionar su red de aliados para evitar una guerra total y directa con Estados Unidos e Israel?
5. La influencia de Rusia y China en Oriente Medio es cada vez más notoria, especialmente a través de la alianza estratégica entre Rusia e Irán. ¿Qué implica la participación de estas dos grandes potencias para el equilibrio de poder en una región históricamente dominada por Estados Unidos?
6. En el peor de los casos, si el estrecho de Ormuz es bloqueado o el conflicto se intensifica hasta alcanzar su punto álgido en el Golfo, ¿en qué medida se verían comprometidas la economía mundial y la seguridad energética?
7. Usted ha escrito extensamente sobre la transición hacia un mundo multipolar. ¿Los conflictos actuales en Ucrania y Oriente Medio están acelerando este cambio o, por el contrario, lo están frenando?
1. ¿Cómo evalúa el estado actual del conflicto ucraniano? ¿Estamos presenciando la preparación del terreno para un escenario de "conflicto congelado", o los principales actores involucrados aún creen que es posible una victoria militar absoluta?
2. El apoyo occidental a Ucrania se enfrenta a un creciente cansancio político y a divisiones internas, especialmente en Estados Unidos y la Unión Europea. En su opinión, ¿cuánto tiempo más tolerará Occidente este apoyo antes de verse obligado a presionar a Kiev para que entable negociaciones con concesiones territoriales?
3. ¿Con qué eficacia se ha adaptado Rusia a las amplias sanciones económicas impuestas por Occidente en los últimos años? ¿De qué manera el giro de Moscú hacia una economía de guerra y el fortalecimiento de sus lazos con el Sur Global han alterado su posición geopolítica?
4. Tras los recientes intercambios militares directos e indirectos entre Irán e Israel, ¿cuál es su valoración de la estrategia del “Eje de la Resistencia” de Teherán? ¿Es Irán capaz de gestionar su red de aliados para evitar una guerra total y directa con Estados Unidos e Israel?
5. La influencia de Rusia y China en Oriente Medio es cada vez más notoria, especialmente a través de la alianza estratégica entre Rusia e Irán. ¿Qué implica la participación de estas dos grandes potencias para el equilibrio de poder en una región históricamente dominada por Estados Unidos?
6. En el peor de los casos, si el estrecho de Ormuz es bloqueado o el conflicto se intensifica hasta alcanzar su punto álgido en el Golfo, ¿en qué medida se verían comprometidas la economía mundial y la seguridad energética?
7. Usted ha escrito extensamente sobre la transición hacia un mundo multipolar. ¿Los conflictos actuales en Ucrania y Oriente Medio están acelerando este cambio o, por el contrario, lo están frenando?
En consecuencia, si queremos abordar correctamente el problema de la guerra, debemos necesariamente enfrentarnos al capitalismo, del cual el imperialismo representa la forma dominante.
4 de junio de 2026
El mapa que tiene importancia
Solo los neocolonialistas, los occidentales, los defensores del jardín, los ignorantes y los pusilánimes no son conscientes de un hecho: Eurasia es el eje sobre el que pivota el siglo XXI. Esto es así desde que en 2008 dos países, Rusia y China, cada uno por su lado y por diferentes motivos, aprovecharon el momento de la gran crisis capitalista -de la que todavía no se ha salido- para impulsar el nuevo mundo que ya está en marcha. Un mundo que tiene su eje en Eurasia. Y todo lo que estamos viendo, y la agudización del declive de la hegemonía occidental, se sustenta en este hecho: Eurasia es el presente y, por supuestísimo, es el futuro.
En unos momentos en los que la ONU es una institución muerta, en los que el derecho internacional es inexistente, hay algunas cosas que adquieren tal relieve que no se las puede, ni debe, dejar pasar. Es el caso de la elección ayer para el Consejo de Seguridad de la ONU de los cinco nuevos miembros no permamentes. Porque lo que ha ocurrido ahí es significativo de la decadencia occidental hasta extremos poco vistos en los últimos años.
La teoría dice que el Consejo de Seguridad de la ONU tiene la responsabilidad principal del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales porque, a diferencia de las resoluciones de la Asamblea General, que en general no son vinculantes, sus decisiones tienen fuerza legal para todos los Estados miembros. En teoría. Así mismo, tiene autoridad para imponer sanciones, autorizar misiones de mantenimiento de la paz, establecer tribunales internacionales y, en circunstancias excepcionales, autorizar el uso de la fuerza. En teoría, cuando impone sanciones son legales, al contrario de lo que estamos acostumbrados en el lenguaje occidental y, sobre todo, de EEUU y sus vasallos europeos. Las sanciones del CS son las únicas legales. Todas las demás son ilegales según el derecho internacional. Por eso Occidente no hace más que hablar de "orden internacional basado en reglas". Su orden y sus reglas.
Al menos desde 2001, existen crecientes llamados a la reforma del CS porque es más que evidente que su composición ya no refleja las realidades geopolíticas actuales. Es una institución atrapada en el mundo de 1945. Desde entonces, son los países africanos quienes con más ahínco defienden esa postura. Sin éxito, por supuesto.
El CS está compuesto por 15 países, cinco miembros permanentes, con derecho de veto (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) y 10 miembros no permanentes elegidos por mandatos escalonados de dos años y que representan zonas geográficas. Junto a esos cinco, Baréin, Colombia, Congo, Letonia y Liberia tienen su puesto hasta 2027. La historia de la que hablo tiene que ver con esos otros cinco que faltan, y que ahora han sido elegidos porque la elección de los no permanentes es cada dos años, luego los que ahora están dentro de dos años serán reemplazados.
La votación para elegirlos es secreta entre los países que forman la Asamblea General. Y aquí es donde ha saltado una doble sorpresa: Alemania no ha sido elegida, como tampoco Filipinas. Estos dos países contaban con todo a su favor, sobre todo la presión occidental -sobre todo europea- en el primer caso, y estadounidense y japonesa en el segundo. La votación ha sido épica, eligiendo a los rivales no patrocinados por Occidente. En el caso de Alemania, la AG se decantó por Austria (el otro representante de Europa elegido ha sido Portugal) por 131 votos frente a los 104 de Alemania, mientras que en el caso de Asia la AG aceptó a Kirguistán y rechazó a Filipinas (142-49).
Por lo tanto, los nuevos países miembros del CS son Austria (131 votos), Kirguistán (142 votos), Portugal (134 votos), Trinidad y Tobago (181 votos) y Zimbabwe (182 votos). Lo serán hasta 2028.
Os explico el caso de Portugal, apoyado no solo por los occidentales sino por los países africanos que mantienen el portugués como una de sus lenguas y Brasil. El caso de Austria es mucho más claro en cuestión geopolítica. Que tres países europeos presenten su candidatura al CS de la ONU es normal, lo que no es normal es que ninguno se achante cuando aparece un "grande", bien sea Italia, o España o, como en este caso, Alemania. Aquí Austria ha mantenido el tipo con una simpleza sorprendente: "somos un pequeño país, neutral y ajeno a la OTAN". Y añadiendo: "y no somos alemanes". Eso ha sido el factor que ha derrotado a Alemania, pese a que este país tiene a la psicópata Annalena Baerbock, ex ministra de Exteriores y supuesta ecologista, presidiendo la Asamblea General hasta septiembre de este año y su poder de intimidación hacia otros países es grande. De hecho, en la ONU se comenta que "Alemania ejerció una presión directa sobre 80 países del denominado Sur Global en busca de apoyo". Pues ni así.
El rechazo a Alemania y a Filipinas indica cómo está el mundo y cuál es el nivel del declive de la hegemonía occidental. Aunque no sirva para nada, es una clara señal de los cambios geopolíticos que estamos viviendo.
En Alemania, el ministro de Exteriores ha dicho que "la amarga derrota se debe al apoyo a Ucrania y a Israel". Es la primera vez en la historia de la ONU en que Alemania queda fuera del CS como miembro no permanente cuando presentaba su candidatura. Pero claro, hay un culpable: Rusia. "El duro revés es consecuencia de la campaña adversa de Rusia por nuestro decidido apoyo a Ucrania. Apoyamos firmemente a Ucrania; Rusia no quiere ver una voz así en el Consejo de Seguridad". La pataleta ha sido esperpéntica, pero demuestra el nivel de psicopatía de los drogadictos que nos gobiernan, porque este tipo ha añadido: "Esta amarga derrota no nos impedirá seguir cumpliendo con nuestra responsabilidad histórica para con Israel". Y en la línea occidental, neocolonial y basada, como no podía ser de otra forma en la "democracia" y en los "valores", ha añadido: "Como resultado, una de las mayores economías del mundo dejará de participar en la toma de decisiones importantes. Además, somos uno de los mayores donantes a la ONU. Si en el futuro no tendremos la influencia que merecemos, cabe preguntarse: ¿por qué deberíamos seguir invirtiendo tanto dinero en la ONU?". ¿Democracia, valores y todas esas tonterías occidentales supremacistas neocoloniales? No me hagáis reír. Esta es Alemania. Esta es Europa. Esto es Occidente.
Que un país de Asia Central, claramente identificado con Rusia y con China, gane por abrumadora mayoría a uno del famoso Indo-Pacífico, ese engendro creado por EEUU, muestra cómo están las cosas. Muestra cómo el Sur Global se está distanciando cada vez más de Occidente, sobre todo cuando en lo que respecta a Filipinas todo Occidente -de forma especial EEUU y Japón- había defendido su candidatura como "el apoyo al lado correcto de la historia porque Rusia y China apoyan a Kirguistán". Sobre todo, porque Filipinas es un bastión de la estrategia de EEUU de enfrentamiento con China. Pues a lo que se ve, el lado correcto de la historia no está con Occidente.
Es cierto el apoyo ruso y chino, por razones diferentes. Rusia, por el pasado soviético; China, porque considera a los países "stán" de Asia Central como elementos importantes para reducir su vulnerabilidad respecto a sus importaciones en caso de conflicto con EEUU.
En cualquier caso, y como he dicho más de una vez, siempre que abordéis cuestiones de geopolítica tened un mapa a mano. Y veréis entonces cuál es el mapa, o la zona del mapa, que realmente tiene importancia. Y no es la occidental.
El Lince
En unos momentos en los que la ONU es una institución muerta, en los que el derecho internacional es inexistente, hay algunas cosas que adquieren tal relieve que no se las puede, ni debe, dejar pasar. Es el caso de la elección ayer para el Consejo de Seguridad de la ONU de los cinco nuevos miembros no permamentes. Porque lo que ha ocurrido ahí es significativo de la decadencia occidental hasta extremos poco vistos en los últimos años.
La teoría dice que el Consejo de Seguridad de la ONU tiene la responsabilidad principal del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales porque, a diferencia de las resoluciones de la Asamblea General, que en general no son vinculantes, sus decisiones tienen fuerza legal para todos los Estados miembros. En teoría. Así mismo, tiene autoridad para imponer sanciones, autorizar misiones de mantenimiento de la paz, establecer tribunales internacionales y, en circunstancias excepcionales, autorizar el uso de la fuerza. En teoría, cuando impone sanciones son legales, al contrario de lo que estamos acostumbrados en el lenguaje occidental y, sobre todo, de EEUU y sus vasallos europeos. Las sanciones del CS son las únicas legales. Todas las demás son ilegales según el derecho internacional. Por eso Occidente no hace más que hablar de "orden internacional basado en reglas". Su orden y sus reglas.
Al menos desde 2001, existen crecientes llamados a la reforma del CS porque es más que evidente que su composición ya no refleja las realidades geopolíticas actuales. Es una institución atrapada en el mundo de 1945. Desde entonces, son los países africanos quienes con más ahínco defienden esa postura. Sin éxito, por supuesto.
El CS está compuesto por 15 países, cinco miembros permanentes, con derecho de veto (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) y 10 miembros no permanentes elegidos por mandatos escalonados de dos años y que representan zonas geográficas. Junto a esos cinco, Baréin, Colombia, Congo, Letonia y Liberia tienen su puesto hasta 2027. La historia de la que hablo tiene que ver con esos otros cinco que faltan, y que ahora han sido elegidos porque la elección de los no permanentes es cada dos años, luego los que ahora están dentro de dos años serán reemplazados.
La votación para elegirlos es secreta entre los países que forman la Asamblea General. Y aquí es donde ha saltado una doble sorpresa: Alemania no ha sido elegida, como tampoco Filipinas. Estos dos países contaban con todo a su favor, sobre todo la presión occidental -sobre todo europea- en el primer caso, y estadounidense y japonesa en el segundo. La votación ha sido épica, eligiendo a los rivales no patrocinados por Occidente. En el caso de Alemania, la AG se decantó por Austria (el otro representante de Europa elegido ha sido Portugal) por 131 votos frente a los 104 de Alemania, mientras que en el caso de Asia la AG aceptó a Kirguistán y rechazó a Filipinas (142-49).
Por lo tanto, los nuevos países miembros del CS son Austria (131 votos), Kirguistán (142 votos), Portugal (134 votos), Trinidad y Tobago (181 votos) y Zimbabwe (182 votos). Lo serán hasta 2028.
Os explico el caso de Portugal, apoyado no solo por los occidentales sino por los países africanos que mantienen el portugués como una de sus lenguas y Brasil. El caso de Austria es mucho más claro en cuestión geopolítica. Que tres países europeos presenten su candidatura al CS de la ONU es normal, lo que no es normal es que ninguno se achante cuando aparece un "grande", bien sea Italia, o España o, como en este caso, Alemania. Aquí Austria ha mantenido el tipo con una simpleza sorprendente: "somos un pequeño país, neutral y ajeno a la OTAN". Y añadiendo: "y no somos alemanes". Eso ha sido el factor que ha derrotado a Alemania, pese a que este país tiene a la psicópata Annalena Baerbock, ex ministra de Exteriores y supuesta ecologista, presidiendo la Asamblea General hasta septiembre de este año y su poder de intimidación hacia otros países es grande. De hecho, en la ONU se comenta que "Alemania ejerció una presión directa sobre 80 países del denominado Sur Global en busca de apoyo". Pues ni así.
El rechazo a Alemania y a Filipinas indica cómo está el mundo y cuál es el nivel del declive de la hegemonía occidental. Aunque no sirva para nada, es una clara señal de los cambios geopolíticos que estamos viviendo.
En Alemania, el ministro de Exteriores ha dicho que "la amarga derrota se debe al apoyo a Ucrania y a Israel". Es la primera vez en la historia de la ONU en que Alemania queda fuera del CS como miembro no permanente cuando presentaba su candidatura. Pero claro, hay un culpable: Rusia. "El duro revés es consecuencia de la campaña adversa de Rusia por nuestro decidido apoyo a Ucrania. Apoyamos firmemente a Ucrania; Rusia no quiere ver una voz así en el Consejo de Seguridad". La pataleta ha sido esperpéntica, pero demuestra el nivel de psicopatía de los drogadictos que nos gobiernan, porque este tipo ha añadido: "Esta amarga derrota no nos impedirá seguir cumpliendo con nuestra responsabilidad histórica para con Israel". Y en la línea occidental, neocolonial y basada, como no podía ser de otra forma en la "democracia" y en los "valores", ha añadido: "Como resultado, una de las mayores economías del mundo dejará de participar en la toma de decisiones importantes. Además, somos uno de los mayores donantes a la ONU. Si en el futuro no tendremos la influencia que merecemos, cabe preguntarse: ¿por qué deberíamos seguir invirtiendo tanto dinero en la ONU?". ¿Democracia, valores y todas esas tonterías occidentales supremacistas neocoloniales? No me hagáis reír. Esta es Alemania. Esta es Europa. Esto es Occidente.
Que un país de Asia Central, claramente identificado con Rusia y con China, gane por abrumadora mayoría a uno del famoso Indo-Pacífico, ese engendro creado por EEUU, muestra cómo están las cosas. Muestra cómo el Sur Global se está distanciando cada vez más de Occidente, sobre todo cuando en lo que respecta a Filipinas todo Occidente -de forma especial EEUU y Japón- había defendido su candidatura como "el apoyo al lado correcto de la historia porque Rusia y China apoyan a Kirguistán". Sobre todo, porque Filipinas es un bastión de la estrategia de EEUU de enfrentamiento con China. Pues a lo que se ve, el lado correcto de la historia no está con Occidente.
Es cierto el apoyo ruso y chino, por razones diferentes. Rusia, por el pasado soviético; China, porque considera a los países "stán" de Asia Central como elementos importantes para reducir su vulnerabilidad respecto a sus importaciones en caso de conflicto con EEUU.
En cualquier caso, y como he dicho más de una vez, siempre que abordéis cuestiones de geopolítica tened un mapa a mano. Y veréis entonces cuál es el mapa, o la zona del mapa, que realmente tiene importancia. Y no es la occidental.
El Lince
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“La guerra durará un par de décadas. Necesitamos aprender a vivir con ella.” Un poderoso discurso del legendario oficial de inteligencia y analista profesional Andrey Bezrukov en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo.
Resuena con lo que suelo decir en respuesta a la pregunta: "¿Cuándo terminará todo esto?" Yo respondo: "Acepta que la guerra es nuestra nueva normalidad." Tesis clave - entre comillas. Nuevo tipo de guerra "Estamos en una nueva guerra. Dado que ya no tiene sentido apoderarse de territorio... esta es una guerra de desgaste y subversión." Se están tomando como objetivos a "líderes, militares, civiles, científicos" y a "la infraestructura crítica de la que depende el país". "Esta es la guerra para la que necesitamos prepararnos. Está ocurriendo, y continuará." Estrategia occidental de 'hervir la rana' "La estrategia del Occidente es muy simple: evitar un choque nuclear con nosotros, del que saldrían como perdedores. Y por eso necesitan 'hervir la rana lentamente' - escalar gradualmente las tensiones." "Lo estamos viendo hoy. Y no se detendrán, porque no tienen adónde retroceder. Somos una amenaza existencial para ellos." Primera 'colina' de la guerra mundial "Actualmente estamos en la primera colina de la guerra mundial. Habrá dos colinas, como en la Primera y Segunda Guerra Mundial... Las reglas del juego nacerán después del próximo choque. Es probable que ocurra en Asia." Lo que sucedió en Irán, dice, "prueba que el hemonem no es ya el hemonem." Golpe a las fuerzas nucleares "La tarea principal del enemigo es 'evitar el umbral nuclear... y neutralizar nuestras fuerzas nucleares'": ya sea construyendo un sistema en el espacio para "impedir que nada despegue", o "como en la Operación 'Telaraña', plantándolo aquí a través de sus agentes y golpeando nuestras fuerzas nucleares en un momento determinado." Desestabilización y golpe a la infraestructura "El plan es abrumar nuestro sistema de toma de decisiones con ataques complejos desde todas las direcciones - ideológica, física, militar." Ya hoy, "un dron puede volar a cualquier región vía Starlink y aterrizar en un lugar preciso... Desafortunadamente, no estábamos preparados para ello." |
Amenaza de guerra biológica
"Todos esos laboratorios a nuestro alrededor... estaban fabricando armas del futuro." La tecnología permite "que un individuo con equipo individual cree virus que... podrían eliminarnos a todos." Qué hacer "Debemos admitir que durante las próximas... un par de décadas estaremos en guerra... Tendremos dos generaciones que prácticamente pueden considerarse en guerra." La economía necesita construirse de tal manera que "no solo cumpla la tarea de desarrollo, sino también la tarea de defensa": profundizar y proteger la infraestructura crítica, crear un "cuartel general" para la gestión, invertir en protección contra el bioterrorismo, y fusionar el ejército y la sociedad. 'Dejar de ser buenos' "Necesitamos dejar de ser buenos. Somos demasiado buenos para nuestros enemigos... No nos temen porque muchas líneas rojas permanecen en el papel." Al mismo tiempo, Europa Occidental depende del gas importado, y "explotar un petrolero de gas es equivalente a una pequeña explosión nuclear." La conclusión del experto: el país necesita un "imagen del futuro." STANISLAV KRAPIVNIK @STANISKRAPIVNIK |
La misma tecnología que se comercializa como salvavidas durante el conflicto puede estar exponiendo a los usuarios a la vigilancia, el perfilado y la localización.
A medida que el estrecho de Ormuz vuelve a ocupar un lugar central en la política del Golfo, la cautelosa diplomacia de Mascate con Teherán se está convirtiendo en una prueba para determinar si la seguridad regional será gestionada por los Estados del Golfo o dictada desde el exterior.
Mientras que la situación del conflicto en el Golfo Pérsico parece flotar en un limbo de incertidumbre, me gustaría intentar llevar a cabo un ejercicio arriesgado: resumir la situación global para especular sobre cómo podría evolucionar. El peligro, obviamente, radica en la dificultad de aplicar un proceso deductivo racional a un panorama en el que, lamentablemente, abundan los elementos irracionales. Por lo tanto, todas mis hipótesis deben considerarse, desde el punto de vista probabilístico, inciertas.
5 de junio de 2026
Cuando Donald John Trump está próximo a cumplir 79 años de edad y todavía gobierna en el período infra-bienal de su segundo mandato, las maquinarias de Marco Rubio y JD Vance potencian respectivamente los nombres de estas dos figuras para la sucesión electoral de 2028.
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Nota de Diego Papplardo: A mediados de mayo pasado, un centro de expertos vinculado oficialmente al aparato de seguridad chino, publicó un estudio donde, entre otras firmaciones, se expuso una bajísima (o ninguna) probabilidad de que la “Trampa de Tucídudes” opere con los mandatos simultáneos de Xi y Trump.
En otras palabras, es lo que yo afirmo desde hace 8 años. Pero hay mas cosas que se pueden decir de ese asunto y, probablemente, lo plasme en una serie de intervenciones propias. Otra cosa: Las conversaciones que se realizaron, por vías separadas, en Pekín, en mayo, entre Xi, Trump y Purin sirvieron no tanto para amplificar los marcos entre los tres estados, sino para que los tres líderes hablaran de cosas que no están para los ojos de los expertos y públicos. Algo más: En China, no creen que la Trampa de Tucidides sea una causalidad inevitable. Eso lo dicen otros. No es una ley fisica ni científica. Es el error del academicismo y la propaganda occidentales. Mucho academicismo de izquierda occidental también cometen gruesos errores de enfoque y de prospectiva Qian Chengdan, profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Pekín: “La «trampa de Tucídides» es una teoría fabricada para los intereses estadounidenses, que utiliza la ideología como cortina de humo para culpar de la guerra a la «segunda potencia». Esta teoría se vale de la figura de Tucídides y sus obras para engañar a personas desinformadas, haciéndoles creer que escapar de esta trampa es el camino correcto”. |
Órgano oficial del partido comunista chino. 2017.
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El Cáucaso Sur se está convirtiendo en una prueba real de hasta dónde Washington puede avanzar en el perímetro compartido entre Rusia e Irán antes de que comience la reacción en contra.
La creciente sinergia entre la OTAN y los sistemas de apoyo a la OTAN en Kazajstán, combinada con la pertenencia encubierta de Azerbaiyán a la OTAN, similar a la de Ucrania, así como sus alianzas de facto con el Reino Unido y Ucrania, que se concretaron en el último semestre, pueden conducir a la instrumentalización de la nostalgia por la Horda de Oro contra Rusia.
6 de junio de 2026
Artículo de Guancha desde The China Academy, cuyo foco está en la economía de China.
Nota de Diego Pappalardo: Miles Yu, historiador y asesor principal de política y planificación de China del exsecretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, 26 de mayo de 2026:
“La llamada Trampa de Tucídides es uno de los clichés más manidos y superficiales de la geopolítica moderna.
Esta teoría halaga a Pekín, *entusiasma a los panelistas de conferencias y da a los expertos en política exterior la ilusión de sofisticación histórica. En realidad, no es más que una pseudohistoria fatalista envuelta en jerga académica. *
El verdadero peligro de la trampa de Tucídides es psicológico. Alienta la arrogancia ideológica de Pekín y fomenta el fatalismo occidental. Para el Partido Comunista Chino, refuerza la fantasía marxista-leninista de que las democracias capitalistas son reliquias condenadas al fracaso, a la espera de ser reemplazadas por el socialismo autoritario. Para los analistas occidentales, fomenta la costumbre de exagerar la fortaleza china y predecir sin cesar el colapso estadounidense, una práctica que ha perdurado a pesar de todas las profecías fallidas desde la Unión Soviética”.
Pocos hemos apuntado -desde hace años- que Graham Allison (el académico que difundió la “Trampa de Tucídides”) tuvo, en ese papel, la misma función que Frankis Fukuyama con su igualmente mito del “Fin de la Historia” cuando se producía la caída de la URSS.
Desde aquella época, no se produjo ningún fin de la Historia ni tampoco el dominio sempiterno de las fuerzas globalistas.
“La llamada Trampa de Tucídides es uno de los clichés más manidos y superficiales de la geopolítica moderna.
Esta teoría halaga a Pekín, *entusiasma a los panelistas de conferencias y da a los expertos en política exterior la ilusión de sofisticación histórica. En realidad, no es más que una pseudohistoria fatalista envuelta en jerga académica. *
El verdadero peligro de la trampa de Tucídides es psicológico. Alienta la arrogancia ideológica de Pekín y fomenta el fatalismo occidental. Para el Partido Comunista Chino, refuerza la fantasía marxista-leninista de que las democracias capitalistas son reliquias condenadas al fracaso, a la espera de ser reemplazadas por el socialismo autoritario. Para los analistas occidentales, fomenta la costumbre de exagerar la fortaleza china y predecir sin cesar el colapso estadounidense, una práctica que ha perdurado a pesar de todas las profecías fallidas desde la Unión Soviética”.
Pocos hemos apuntado -desde hace años- que Graham Allison (el académico que difundió la “Trampa de Tucídides”) tuvo, en ese papel, la misma función que Frankis Fukuyama con su igualmente mito del “Fin de la Historia” cuando se producía la caída de la URSS.
Desde aquella época, no se produjo ningún fin de la Historia ni tampoco el dominio sempiterno de las fuerzas globalistas.
Diego Pappalardo no cree en la validez de la “Trampa de Tucídides”
No valida la teoría de la Trampa de Tucídides como un destino inevitable o como la clave para explicar el orden global contemporáneo.
Para el analista geopolítico, este concepto —popularizado por Graham Allison para describir la colisión inevitable entre una potencia hegemónica en declive (EE. UU.) y una en ascenso (China)— se queda corto y pertenece a esquemas de análisis que considera obsoletos.
Las razones principales por las que Pappalardo toma distancia de este concepto se fundamentan en su propia línea de pensamiento estratégico:
Superación de los bloques tradicionales: La Trampa de Tucídides asume una dinámica fundamentalmente bipolar (Atenas contra Esparta, o Washington contra Pekín).
Pappalardo sostiene que el mundo actual y de los próximos veinte años no se regirá por la unipolaridad, la bipolaridad, ni siquiera por una tripolaridad rígida.
Considerar que el destino del planeta depende únicamente de la fricción bilateral entre EE. UU. y China es, a su juicio, repetir categorías del siglo XX.
La realidad del Policentrismo: En lugar de la colisión lineal de hegemonías que plantea la trampa, Pappalardo defiende la existencia de un policentrismo.
En este modelo, el poder global está fragmentado en múltiples centros dinámicos que interactúan de formas complejas, donde las alianzas cambian y la negociación coexiste de manera constante con la opción del conflicto, rompiendo el determinismo bélico de Tucídides.
Negociación vs. Inevitabilidad de la guerra: Mientras que la teoría de la trampa pone el foco en el miedo sistémico que empuja casi indefectiblemente a la guerra, Pappalardo suele enfatizar que en la arquitectura estratégica moderna existen altos márgenes para los acuerdos y la diplomacia tras bambalinas, incluso en los momentos de mayor tensión internacional.
En resumen, para él, la Trampa de Tucídides es una herramienta de análisis limitada y simplista que no logra captar la verdadera complejidad del tablero policéntrico actual.
No valida la teoría de la Trampa de Tucídides como un destino inevitable o como la clave para explicar el orden global contemporáneo.
Para el analista geopolítico, este concepto —popularizado por Graham Allison para describir la colisión inevitable entre una potencia hegemónica en declive (EE. UU.) y una en ascenso (China)— se queda corto y pertenece a esquemas de análisis que considera obsoletos.
Las razones principales por las que Pappalardo toma distancia de este concepto se fundamentan en su propia línea de pensamiento estratégico:
Superación de los bloques tradicionales: La Trampa de Tucídides asume una dinámica fundamentalmente bipolar (Atenas contra Esparta, o Washington contra Pekín).
Pappalardo sostiene que el mundo actual y de los próximos veinte años no se regirá por la unipolaridad, la bipolaridad, ni siquiera por una tripolaridad rígida.
Considerar que el destino del planeta depende únicamente de la fricción bilateral entre EE. UU. y China es, a su juicio, repetir categorías del siglo XX.
La realidad del Policentrismo: En lugar de la colisión lineal de hegemonías que plantea la trampa, Pappalardo defiende la existencia de un policentrismo.
En este modelo, el poder global está fragmentado en múltiples centros dinámicos que interactúan de formas complejas, donde las alianzas cambian y la negociación coexiste de manera constante con la opción del conflicto, rompiendo el determinismo bélico de Tucídides.
Negociación vs. Inevitabilidad de la guerra: Mientras que la teoría de la trampa pone el foco en el miedo sistémico que empuja casi indefectiblemente a la guerra, Pappalardo suele enfatizar que en la arquitectura estratégica moderna existen altos márgenes para los acuerdos y la diplomacia tras bambalinas, incluso en los momentos de mayor tensión internacional.
En resumen, para él, la Trampa de Tucídides es una herramienta de análisis limitada y simplista que no logra captar la verdadera complejidad del tablero policéntrico actual.
La elección es entre la izquierda y la extrema derecha
La cuestión no es si la IA entrará en el lugar de trabajo. Ya lo ha hecho. La cuestión es si los trabajadores tendrán el poder de controlar cómo se utiliza, o si las grandes empresas tecnológicas la utilizarán para intensificar la explotación bajo la bandera del progreso.
7 de junio de 2026
En este contexto, los lazos militares entre Japón y Filipinas se volverán aún más significativos una vez que Japón comience a exportar equipo militar a Filipinas tras haber flexibilizado recientemente restricciones que llevaban décadas vigentes.
8 de junio de 2026
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El Wall Street Journal llama a Corea del Norte "la historia de éxito económico más sorprendente del mundo".
"Su economía está prosperando como no lo ha hecho en muchos años, gracias a la venta de armas y el envío de tropas a Rusia, suministros y financiación de China, y la capacidad de eludir las sanciones internacionales para importar energía, componentes y materiales", afirma el artículo. Superará la economía del Reino Unido en cualquier momento ahora. |
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Marco Rubio, anuncia sanciones contra más de 100 funcionarios nicaragüenses:
La dictadura de Murillo-Ortega es un enemigo de la humanidad. La Administración Trump no ignorará sus crímenes y brutalidad, incluido el papel singular de la dictadura en la muerte del líder de la oposición política, Brooklyn Rivera. Hoy, el Departamento de Estado tomó medidas para imponer restricciones de visado a más de 100 funcionarios nicaragüenses que continúan llevando a cabo la agenda maligna de Murillo y Ortega. |
Un ex alto espía ruso acaba de dar al establishment una dosis de realidad que hacía mucha falta
Andrés Korybko
Andrey Bezrukov es un héroe ruso que se ha ganado el derecho, a través de sus décadas de servicio, a ser tan constructivo con su país como desee.
El exagente ruso encubierto Andrey Bezrukov pronunció un discurso en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF) sobre las futuras amenazas a Rusia . Comenzó afirmando que Rusia está inmersa en un nuevo tipo de guerra que no se centra en territorios, sino en el desgaste. Occidente pretende evitar una guerra nuclear con Rusia mediante la intensificación gradual de sus provocaciones. Bezrukov cree que esto forma parte de una nueva guerra mundial que comenzó en Ucrania , se extendió a Irán y podría terminar en el este de Asia.
En cuanto al primer frente dirigido contra Rusia, afirmó que Occidente busca neutralizar sus fuerzas nucleares mediante sistemas espaciales (en alusión a la Cúpula Dorada) y más "Operaciones Telarañas" como la que atacó la tríada nuclear rusa desde dentro del país el verano pasado. El siguiente objetivo es desestabilizar políticamente a Rusia, para lo cual se puede utilizar la IA para sobrecargar el sistema con un número infinito de datos en un momento crítico, de modo que quede paralizado e incapaz de tomar decisiones adecuadas en una crisis.
Continuando con el tema, Bezrukov señaló los ataques contra infraestructuras críticas como otro de los objetivos de Occidente, opinando que Starlink los hace increíblemente precisos y admitiendo que "no estábamos preparados" para este desarrollo. La guerra biológica, que no necesita explicación, completa las futuras amenazas para Rusia. En cuanto a lo que Rusia debería hacer, comenzó afirmando que esta "nueva guerra" en la que su país está inmerso podría durar varias décadas y extenderse a otras regiones , por lo que todos deberían prepararse.
Lejos de centrarse exclusivamente en la defensa, Bezrukov aconsejó que la economía buscara un equilibrio entre esta y el desarrollo, ya que el nuevo ciclo tecnológico en el que, según él, el mundo ha entrado, ofrece amplias oportunidades para construir nuevas infraestructuras asociadas que deberían mantener bajo el desempleo. La primera tarea debe ser proteger todas las infraestructuras críticas de los ataques, ya sea enterrándolas o cubriéndolas, tal como se hace actualmente con las centrales nucleares.
A continuación, abogó por “una nueva cultura de toma de decisiones, una cultura de confianza, una cultura de servicio, etc.”, que delegara responsabilidades de manera más óptima desde la cúpula del sistema hacia abajo. Su siguiente propuesta fue un sistema para monitorear las amenazas biológicas y fusionar la cultura del ejército con la de la sociedad para fortalecerse mutuamente. Bezrukov concluyó instando a Rusia a dejar de ser tan “amable” con sus enemigos, ya que estos ya no la temen después de que tantas “líneas rojas de las que hablamos se quedaron solo en el papel”.
Bezrukov es un héroe ruso que, gracias a sus décadas de servicio, se ha ganado el derecho a criticar a su país con la mayor contundencia posible. Es la cuarta voz del establishment, y con mucho la más crítica, que se ha pronunciado en los últimos dos meses, como se documenta aquí , aquí y aquí . Su sincera admisión de la falta de preparación de Rusia para los ataques con drones de precisión dentro de su propio territorio, su llamado a un nuevo sistema de gestión política y su petición de que Rusia finalmente haga cumplir sus líneas rojas convierten su discurso en el SPIEF en un hecho verdaderamente histórico.
A diferencia de Dmitry Trenin, Ivan Timofeev y Vasily Kashin, quienes forman parte del ala experta del establishment, Bezrukov se sitúa entre esta y el ala de inteligencia, muy influyente en la Rusia actual. Esto lo convierte, por lo tanto, en el crítico más destacado e influyente del statu quo. Sus palabras resonarán en todo el establishment ruso, lo que podría propiciar la implementación de reformas largamente postergadas que ayuden a Rusia a sobrevivir las próximas décadas de esta "nueva guerra".
El exagente ruso encubierto Andrey Bezrukov pronunció un discurso en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF) sobre las futuras amenazas a Rusia . Comenzó afirmando que Rusia está inmersa en un nuevo tipo de guerra que no se centra en territorios, sino en el desgaste. Occidente pretende evitar una guerra nuclear con Rusia mediante la intensificación gradual de sus provocaciones. Bezrukov cree que esto forma parte de una nueva guerra mundial que comenzó en Ucrania , se extendió a Irán y podría terminar en el este de Asia.
En cuanto al primer frente dirigido contra Rusia, afirmó que Occidente busca neutralizar sus fuerzas nucleares mediante sistemas espaciales (en alusión a la Cúpula Dorada) y más "Operaciones Telarañas" como la que atacó la tríada nuclear rusa desde dentro del país el verano pasado. El siguiente objetivo es desestabilizar políticamente a Rusia, para lo cual se puede utilizar la IA para sobrecargar el sistema con un número infinito de datos en un momento crítico, de modo que quede paralizado e incapaz de tomar decisiones adecuadas en una crisis.
Continuando con el tema, Bezrukov señaló los ataques contra infraestructuras críticas como otro de los objetivos de Occidente, opinando que Starlink los hace increíblemente precisos y admitiendo que "no estábamos preparados" para este desarrollo. La guerra biológica, que no necesita explicación, completa las futuras amenazas para Rusia. En cuanto a lo que Rusia debería hacer, comenzó afirmando que esta "nueva guerra" en la que su país está inmerso podría durar varias décadas y extenderse a otras regiones , por lo que todos deberían prepararse.
Lejos de centrarse exclusivamente en la defensa, Bezrukov aconsejó que la economía buscara un equilibrio entre esta y el desarrollo, ya que el nuevo ciclo tecnológico en el que, según él, el mundo ha entrado, ofrece amplias oportunidades para construir nuevas infraestructuras asociadas que deberían mantener bajo el desempleo. La primera tarea debe ser proteger todas las infraestructuras críticas de los ataques, ya sea enterrándolas o cubriéndolas, tal como se hace actualmente con las centrales nucleares.
A continuación, abogó por “una nueva cultura de toma de decisiones, una cultura de confianza, una cultura de servicio, etc.”, que delegara responsabilidades de manera más óptima desde la cúpula del sistema hacia abajo. Su siguiente propuesta fue un sistema para monitorear las amenazas biológicas y fusionar la cultura del ejército con la de la sociedad para fortalecerse mutuamente. Bezrukov concluyó instando a Rusia a dejar de ser tan “amable” con sus enemigos, ya que estos ya no la temen después de que tantas “líneas rojas de las que hablamos se quedaron solo en el papel”.
Bezrukov es un héroe ruso que, gracias a sus décadas de servicio, se ha ganado el derecho a criticar a su país con la mayor contundencia posible. Es la cuarta voz del establishment, y con mucho la más crítica, que se ha pronunciado en los últimos dos meses, como se documenta aquí , aquí y aquí . Su sincera admisión de la falta de preparación de Rusia para los ataques con drones de precisión dentro de su propio territorio, su llamado a un nuevo sistema de gestión política y su petición de que Rusia finalmente haga cumplir sus líneas rojas convierten su discurso en el SPIEF en un hecho verdaderamente histórico.
A diferencia de Dmitry Trenin, Ivan Timofeev y Vasily Kashin, quienes forman parte del ala experta del establishment, Bezrukov se sitúa entre esta y el ala de inteligencia, muy influyente en la Rusia actual. Esto lo convierte, por lo tanto, en el crítico más destacado e influyente del statu quo. Sus palabras resonarán en todo el establishment ruso, lo que podría propiciar la implementación de reformas largamente postergadas que ayuden a Rusia a sobrevivir las próximas décadas de esta "nueva guerra".
¿Primero Manhattan y luego Berlín?
Con unos días tan ajetreados es difícil decidir por dónde tirar. ¿Por la "Operación Marítima Especial" de China en los alrededores de Taiwán? ¿Por el espectacular incremento de las reservas de oro de China y lo que eso supone para la desdolarización mundial? ¿Por la respuesta iraní a la enésima agresión del IV Reich sionista, antes conocido como Israel? ¿Por el cierre del estrecho de Bab al-Mandeb para los buques del IVRS que han anunciado mis amigos en zapatillas? ¿Por el Foro Económico Internacional de San Petersburgo? ¿Por el enésimo compromiso de Rusia de apoyo a Cuba realizado en este foro, pero sin mención a lo importante, al petróleo? ¿Por el sorprendente discurso de alguien que ha puesto los puntos sobre las íes a la oligarquía rusa, muy presente en ese foro, sobre el por qué no se puede seguir haciendo en el país 404, antes conocido como Ucrania, lo que se está haciendo, es decir, dar largas en favor de un fantasmagórico "espíritu de Anchorage"?
Pues a riesgo de provocar un infarto a los putinistas, por acción o por omisión, o sea, eso de "no soy , pero...", voy a entrar por esto último.
El Foro de San Petersburgo es uno de los más importantes del mundo en estos momentos, situándose en un triángulo con el de Davos (capitalista clásico) y el de Boao (la alternativa china al anterior). Rusia llevaba años intentando que asistiese EEUU a este foro. Los euroasiáticos que controlan el Kremlin han hecho lo posible y lo imposible (sobre todo manteniendo el mantra de Anchorage) para que asistiesen. Y este año lo han logrado. A pequeña escala, pero lo han logrado. Con eso el "espíritu de Anchorage" ha resucitado durante algunos meses más para esta peña, ya muy debilitada ante la constatación social y militar de que es algo que no va a ninguna parte, en el mejor de los casos, o que solo ha servido para que se haya dado tiempo a la restauración del complejo militar europeo y, consiguientemente, a la ayuda militar al país 404, como dicen los militares. Es aquí, en este contexto, donde hay que situar el ataque con drones del país 404 a San Petersburgo en la inauguración de ese evento.
Putin, en su discurso, volvió a insistir en los fantasmas porque sigue creyendo en los fantasmas. Todavía hay "Anchorage" para rato porque los euroatlánticos nunca, repito, nunca se van a enfrentar a EEUU. Porque no quieren, porque en ello les van sus negocios, su posición, su todo. En unas palabras: su poder.
Y aquí saltó la sorpresa. Relativa, porque que el que un tipo como del que voy a hablar tenga una tribuna en ese foro indica que no actúa por su cuenta ni mucho menos. Así que o bien es un acuerdo con los euroasiáticos o bien es que la situación interna llega hasta tal punto que hay que dar algo de satisfacción a la crítica social y militar diciendo en público, y con un cierto respaldo del poder, lo que es vox populi.
Es Andrey Bezrukov, considerado uno de los "siloviki" (hombre duro) dentro del Kremlin y se dice de ellos que son quienes tienen más fuerza dentro el aparato estatal. Con independencia de que sea así o no, lo que dijo es muy relevante: "Rusia permanecerá en estado de guerra durante quizás los próximos 20-30 años; será una guerra de desgaste cuyo objetivo es dañar los sistemas críticos del adversario: gasoductos, yacimientos petrolíferos, centrales eléctricas y redes de telecomunicaciones; la estrategia occidental consiste en mantener a raya a la "rana rusa" (provocar siempre un poco más hasta lograr el colapso pero evitar un enfrentamiento nuclear)".
Por si esto fuese poco, añadió la bomba; "el enfoque de Rusia ante el conflicto es demasiado blando y, en esencia, favorece a Occidente y su estrategia de la rana hervida: Somos lentos. Les permitimos demasiado. No nos temen... porque muchas de las líneas rojas que hemos discutido se han quedado solo en el papel". Vaya, resulta que sí hay líneas rojas, de esas que algunos dicen que no hay porque el Kremlin dice que no hay pero resulta que sí hay porque alguien del Kremlin reconoce que sí hay.
No es por nada, pero es algo que vengo defendiendo desde octubre, que las tensiones entre los euroatlánticos y los euroasiáticos ya han traspasado los muros del Kremlin y están en la calle. Y mucha gente tendría que comenzar a pensar algo sobre ello. Comenzar a pensar, si no es pedir demasiado.
Que una intervención como esta se produzca en un foro como ese indica hasta dónde están llegando las cosas. Y que Putin, aun suponiendo que esté en el medio, que no lo está, no puede parar. Indica que si los "siloviki" sustentan esta postura es porque la cosa está muy, pero que muy seria. Porque Bezrukov ha ido más lejos en su exposición: "Estados Unidos está enredado en una crisis de deuda externa cada vez más peligrosa (Posición Financiera Neta) y, además, se ve amenazado a nivel tecnológico, industrial y militar por el poder emergente de China; Francia y el Reino Unido también tienen enormes problemas de deuda externa que podrían traducirse potencialmente en graves crisis financieras tanto en términos de las finanzas estatales como en términos de la estabilidad del sistema financiero nacional; la Unión Europea está experimentando enormes problemas relacionados con la competitividad tanto por el agotamiento de las fuentes de suministro de energía de bajo costo (es decir, el petróleo y el gas ruso) como por la muy pobre capacidad de innovación del espacio económico europeo".
Es decir, Occidente está en las últimas, por lo que solo tiene una alternativa: la de la fiera herida, atacar, utilizar todas las estrategias que estén en sus manos para impedir o retrasar su decadencia hegemónica y, para ello, hay que centrarse en sus dos principales oponentes, Rusia y China. Pero como no lo puede hacer con los dos a la vez, se está centrando en el que considera más débil: Rusia.
En palabras de Bezrukov, "esto se observa en la 'Gran Estrategia' occidental con Rusia que se sustenta en tres pilares: la desestabilización del Cáucaso, que se lograría mediante la incorporación de Armenia y Azerbaiyán a la esfera occidental, tanto europea como de la OTAN; la penetración occidental en Asia Central para ampliar el arco de crisis existente o, al menos, aumentar el área en la que Rusia está rodeada de estados y naciones hostiles; militarización de Groenlandia, lo que permite amenazar toda la región rusa de Siberia con bombarderos y misiles de alcance intermedio desde el norte, ampliando así la amenaza y el cerco a Rusia también en esa zona".
Por lo tanto, a Rusia solo le queda lo que vienen sugiriendo los militares desde hace casi un año: dejarse de historias fantasmagóricas y atacar con mayor dureza. Dicen que así hay que interpretar lo penúltimo que dijo Putin, en ese foro precisamente: "trabajad, hermanos". Un lema que va dirigido a los militares.
Pero el sector euroatlántico del Kremlin no está por la labor. En ese foro estuvieron presentes, con un papel muy destacado, el ministro de Finanzas ruso, Antón Siluanov, la gobernadora del Banco Central, Elvira Nabiullina, y el negociador especial de Putin, nombrado directamente por él, con la administración Trump, Kirill Dmitriev. Ya os he hablado de este personaje, que no hace ni una crítica a EEUU, ni siquiera con los ataques a Irán. Pero junto a ellos apareció otra figura: Román Abramóvich. Este tipo no solo es ruso, sino que tiene otras dos nacionalidades: israelí y portuguesa. Todo un personaje. Y está en contacto directo con Putin. Otro multimillonario euroatlántico que estos días anda viéndose con Zelenski, aunque Putin dice que no tiene ninguna misión oficial.
Estos cuatro forman parte de la flor y nata de los euroatlánticos, los que vienen insistiendo una y otra vez en que hay que parar la cosa en el país 404 por "demasiado larga y demasiado costosa". Y abogan por un rápido acuerdo de paz que, en estos momentos, no solo favorece al país 404 sino a Europa. En este foro también lo han dicho: si no se hace, "el pueblo ruso debe pagar por el desgaste mediante la movilización de los jóvenes, la imposición de impuestos a los más pobres y la reducción del déficit presupuestario a costa de la destrucción de la demanda, los ingresos reales y la inversión en crecimiento económico". O sea, apelan al miedo.
Dos discursos diferentes en el mismo foro, lo que da una idea de cómo está el patio y cómo el debate no se puede parar.
¿Putin en el medio? Para nada. Pero para evitar infartos, digamos que lo está, que está entre lo que dice el "siloviki" y lo que dicen estos euroatlánticos.
Sin embargo, tal y como están las cosas, y el propio Putin lo reconoce, aún no es el momento de reconocer el fiasco de Anchorage. Por lo tanto, vuelve a posicionarse con los euroatlánticos, de los que forma parte. Primero se dijo que el plazo para su cumplimiento era mayo. Ya ha pasado (otra línea roja que no es línea roja aunque sea otra línea roja que no ha ido a ningún lado) y ahora la fecha se pospone a septiembre. ¿Por qué a septiembre? Porque el 20 de ese mes hay elecciones y los euroatlánticos tienen muchas esperanzas en que el Partido Comunista sea derrotado, entendiendo que esa derrota es que pierda la segunda posición que tiene hoy día tras Rusia Unida. Se reforzará así el espectro euroatlántico y les dará mucho más margen de actuación. Por eso cada vez hay más represión contra la izquierda. Pero llegará septiembre y se aumentará el plazo del fantasma porque estarán las elecciones intermedias en EEUU, y si Trump resiste tendremos Anchorage para rato. A eso es a lo que juegan los euroatlánticos.
Y eso que el ministro de Exteriores, Lavrov, no pierde ocasión de decir todo lo contrario: "Estados Unidos no muestra interés alguno en retomar los acuerdos alcanzados en Alaska. Espero sinceramente que la experiencia de fracasos anteriores, cuando Occidente se negó a implementar acuerdos que él mismo había respaldado, no se repita con respecto a los acuerdos de Alaska. Pero, lamentablemente, hasta ahora nuestros socios estadounidenses no han mostrado interés alguno". Lamentablemente no solo es eso, sino que él tiene las manos atadas para ir más allá de las palabras.
Así que ¿tomar Manhattan? Al Kremlin ni se le ocurre. ¿Tomar Berlín? Pudiera ser. Pero entre medias está el aburrimiento.
El Lince
Pues a riesgo de provocar un infarto a los putinistas, por acción o por omisión, o sea, eso de "no soy , pero...", voy a entrar por esto último.
El Foro de San Petersburgo es uno de los más importantes del mundo en estos momentos, situándose en un triángulo con el de Davos (capitalista clásico) y el de Boao (la alternativa china al anterior). Rusia llevaba años intentando que asistiese EEUU a este foro. Los euroasiáticos que controlan el Kremlin han hecho lo posible y lo imposible (sobre todo manteniendo el mantra de Anchorage) para que asistiesen. Y este año lo han logrado. A pequeña escala, pero lo han logrado. Con eso el "espíritu de Anchorage" ha resucitado durante algunos meses más para esta peña, ya muy debilitada ante la constatación social y militar de que es algo que no va a ninguna parte, en el mejor de los casos, o que solo ha servido para que se haya dado tiempo a la restauración del complejo militar europeo y, consiguientemente, a la ayuda militar al país 404, como dicen los militares. Es aquí, en este contexto, donde hay que situar el ataque con drones del país 404 a San Petersburgo en la inauguración de ese evento.
Putin, en su discurso, volvió a insistir en los fantasmas porque sigue creyendo en los fantasmas. Todavía hay "Anchorage" para rato porque los euroatlánticos nunca, repito, nunca se van a enfrentar a EEUU. Porque no quieren, porque en ello les van sus negocios, su posición, su todo. En unas palabras: su poder.
Y aquí saltó la sorpresa. Relativa, porque que el que un tipo como del que voy a hablar tenga una tribuna en ese foro indica que no actúa por su cuenta ni mucho menos. Así que o bien es un acuerdo con los euroasiáticos o bien es que la situación interna llega hasta tal punto que hay que dar algo de satisfacción a la crítica social y militar diciendo en público, y con un cierto respaldo del poder, lo que es vox populi.
Es Andrey Bezrukov, considerado uno de los "siloviki" (hombre duro) dentro del Kremlin y se dice de ellos que son quienes tienen más fuerza dentro el aparato estatal. Con independencia de que sea así o no, lo que dijo es muy relevante: "Rusia permanecerá en estado de guerra durante quizás los próximos 20-30 años; será una guerra de desgaste cuyo objetivo es dañar los sistemas críticos del adversario: gasoductos, yacimientos petrolíferos, centrales eléctricas y redes de telecomunicaciones; la estrategia occidental consiste en mantener a raya a la "rana rusa" (provocar siempre un poco más hasta lograr el colapso pero evitar un enfrentamiento nuclear)".
Por si esto fuese poco, añadió la bomba; "el enfoque de Rusia ante el conflicto es demasiado blando y, en esencia, favorece a Occidente y su estrategia de la rana hervida: Somos lentos. Les permitimos demasiado. No nos temen... porque muchas de las líneas rojas que hemos discutido se han quedado solo en el papel". Vaya, resulta que sí hay líneas rojas, de esas que algunos dicen que no hay porque el Kremlin dice que no hay pero resulta que sí hay porque alguien del Kremlin reconoce que sí hay.
No es por nada, pero es algo que vengo defendiendo desde octubre, que las tensiones entre los euroatlánticos y los euroasiáticos ya han traspasado los muros del Kremlin y están en la calle. Y mucha gente tendría que comenzar a pensar algo sobre ello. Comenzar a pensar, si no es pedir demasiado.
Que una intervención como esta se produzca en un foro como ese indica hasta dónde están llegando las cosas. Y que Putin, aun suponiendo que esté en el medio, que no lo está, no puede parar. Indica que si los "siloviki" sustentan esta postura es porque la cosa está muy, pero que muy seria. Porque Bezrukov ha ido más lejos en su exposición: "Estados Unidos está enredado en una crisis de deuda externa cada vez más peligrosa (Posición Financiera Neta) y, además, se ve amenazado a nivel tecnológico, industrial y militar por el poder emergente de China; Francia y el Reino Unido también tienen enormes problemas de deuda externa que podrían traducirse potencialmente en graves crisis financieras tanto en términos de las finanzas estatales como en términos de la estabilidad del sistema financiero nacional; la Unión Europea está experimentando enormes problemas relacionados con la competitividad tanto por el agotamiento de las fuentes de suministro de energía de bajo costo (es decir, el petróleo y el gas ruso) como por la muy pobre capacidad de innovación del espacio económico europeo".
Es decir, Occidente está en las últimas, por lo que solo tiene una alternativa: la de la fiera herida, atacar, utilizar todas las estrategias que estén en sus manos para impedir o retrasar su decadencia hegemónica y, para ello, hay que centrarse en sus dos principales oponentes, Rusia y China. Pero como no lo puede hacer con los dos a la vez, se está centrando en el que considera más débil: Rusia.
En palabras de Bezrukov, "esto se observa en la 'Gran Estrategia' occidental con Rusia que se sustenta en tres pilares: la desestabilización del Cáucaso, que se lograría mediante la incorporación de Armenia y Azerbaiyán a la esfera occidental, tanto europea como de la OTAN; la penetración occidental en Asia Central para ampliar el arco de crisis existente o, al menos, aumentar el área en la que Rusia está rodeada de estados y naciones hostiles; militarización de Groenlandia, lo que permite amenazar toda la región rusa de Siberia con bombarderos y misiles de alcance intermedio desde el norte, ampliando así la amenaza y el cerco a Rusia también en esa zona".
Por lo tanto, a Rusia solo le queda lo que vienen sugiriendo los militares desde hace casi un año: dejarse de historias fantasmagóricas y atacar con mayor dureza. Dicen que así hay que interpretar lo penúltimo que dijo Putin, en ese foro precisamente: "trabajad, hermanos". Un lema que va dirigido a los militares.
Pero el sector euroatlántico del Kremlin no está por la labor. En ese foro estuvieron presentes, con un papel muy destacado, el ministro de Finanzas ruso, Antón Siluanov, la gobernadora del Banco Central, Elvira Nabiullina, y el negociador especial de Putin, nombrado directamente por él, con la administración Trump, Kirill Dmitriev. Ya os he hablado de este personaje, que no hace ni una crítica a EEUU, ni siquiera con los ataques a Irán. Pero junto a ellos apareció otra figura: Román Abramóvich. Este tipo no solo es ruso, sino que tiene otras dos nacionalidades: israelí y portuguesa. Todo un personaje. Y está en contacto directo con Putin. Otro multimillonario euroatlántico que estos días anda viéndose con Zelenski, aunque Putin dice que no tiene ninguna misión oficial.
Estos cuatro forman parte de la flor y nata de los euroatlánticos, los que vienen insistiendo una y otra vez en que hay que parar la cosa en el país 404 por "demasiado larga y demasiado costosa". Y abogan por un rápido acuerdo de paz que, en estos momentos, no solo favorece al país 404 sino a Europa. En este foro también lo han dicho: si no se hace, "el pueblo ruso debe pagar por el desgaste mediante la movilización de los jóvenes, la imposición de impuestos a los más pobres y la reducción del déficit presupuestario a costa de la destrucción de la demanda, los ingresos reales y la inversión en crecimiento económico". O sea, apelan al miedo.
Dos discursos diferentes en el mismo foro, lo que da una idea de cómo está el patio y cómo el debate no se puede parar.
¿Putin en el medio? Para nada. Pero para evitar infartos, digamos que lo está, que está entre lo que dice el "siloviki" y lo que dicen estos euroatlánticos.
Sin embargo, tal y como están las cosas, y el propio Putin lo reconoce, aún no es el momento de reconocer el fiasco de Anchorage. Por lo tanto, vuelve a posicionarse con los euroatlánticos, de los que forma parte. Primero se dijo que el plazo para su cumplimiento era mayo. Ya ha pasado (otra línea roja que no es línea roja aunque sea otra línea roja que no ha ido a ningún lado) y ahora la fecha se pospone a septiembre. ¿Por qué a septiembre? Porque el 20 de ese mes hay elecciones y los euroatlánticos tienen muchas esperanzas en que el Partido Comunista sea derrotado, entendiendo que esa derrota es que pierda la segunda posición que tiene hoy día tras Rusia Unida. Se reforzará así el espectro euroatlántico y les dará mucho más margen de actuación. Por eso cada vez hay más represión contra la izquierda. Pero llegará septiembre y se aumentará el plazo del fantasma porque estarán las elecciones intermedias en EEUU, y si Trump resiste tendremos Anchorage para rato. A eso es a lo que juegan los euroatlánticos.
Y eso que el ministro de Exteriores, Lavrov, no pierde ocasión de decir todo lo contrario: "Estados Unidos no muestra interés alguno en retomar los acuerdos alcanzados en Alaska. Espero sinceramente que la experiencia de fracasos anteriores, cuando Occidente se negó a implementar acuerdos que él mismo había respaldado, no se repita con respecto a los acuerdos de Alaska. Pero, lamentablemente, hasta ahora nuestros socios estadounidenses no han mostrado interés alguno". Lamentablemente no solo es eso, sino que él tiene las manos atadas para ir más allá de las palabras.
Así que ¿tomar Manhattan? Al Kremlin ni se le ocurre. ¿Tomar Berlín? Pudiera ser. Pero entre medias está el aburrimiento.
El Lince
¿Qué sabe Putin de la CIA? Lección que México debe aprender | Entrevista Completa con Tucker Carlson
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9 de junio de 2026
El jefe del FSB advirtió que el “santo grial de la guerra híbrida” de Occidente se está desplegando en la CEI
Andrés Korybko
Las guerras de información asistidas por IA podrían separar psicológicamente a las poblaciones túrquicas de la antigua URSS de Rusia.
El jefe del FSB, Alexander Bortnikov, advirtió durante una reciente reunión del Consejo de Jefes de Agencias de Seguridad y Servicios Especiales de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) que «Occidente busca perturbar los procesos de integración y socavar la estabilidad en los países de la CEI desde dentro, haciendo que las naciones olviden su historia común e intentando enfrentarlas entre sí para controlar la situación». Esto se está impulsando, en parte, mediante los nuevos «laboratorios digitales» occidentales en los estados de la CEI.
En sus propias palabras , “Según la información que tenemos, la comunidad de inteligencia occidental está detrás de programas destinados a establecer una red de laboratorios digitales en toda la Commonwealth, encargados de recopilar y analizar, utilizando tecnologías de IA, perfiles de comportamiento estándar de la población, identificar áreas de tensión social y modelar las respuestas públicas a diversos factores externos, incluidas las acciones gubernamentales… Uno de los objetivos es implementar escenarios adaptables de revoluciones de colores ”.
Esto se previó en 2017 : “Se acusa a Rusia de ‘explotar técnicas de marketing para dirigirse a individuos en función de sus actividades, intereses, opiniones y valores’ con el fin de ‘difundir desinformación y propaganda’, pero nada impide que Estados Unidos haga lo mismo, ni que elabore el Santo Grial de la tecnología híbrida La guerra mediante la "integración de información derivada de fuentes personales y comerciales con capacidades de recopilación de inteligencia y análisis de datos basadas en IA y aprendizaje automático".
El objetivo sería “maximizar al máximo la eficacia de su alcance mediante paquetes de guerra de información creados por algoritmos y diseñados a medida para cada grupo demográfico objetivo”. Además, “así como se acusa a Rusia y China de ‘utilizar propaganda y otros medios para intentar desacreditar la democracia’, Estados Unidos también podría hacer lo mismo contra sus sistemas de gobierno ‘explotando la información, las libertades de prensa democráticas y las instituciones internacionales’”.
Esto podría “socavar su legitimidad al tiempo que defiende sus propios valores, principios e ideología estatal de facto”. Aplicado a la CEI, como acaba de advertir Bortnikov, este “Santo Grial de la Guerra Híbrida” probablemente se utilizará como arma para promover el panturquismo entre los miembros de la CEI que integran la “ Organización de Estados Turcos ” (OTS), liderada por países turcos, que además de Azerbaiyán , incluye a Kazajistán y Kirguistán, aliados de Rusia en la OTSC. El objetivo inmediato podría ser “hacerles olvidar su historia compartida” con Rusia.
El objetivo secundario podría ser lograr que Kazajistán se separe de la OTSC, envalentonado por el nuevo corredor logístico militar de la OTAN hacia la región, cuyas consecuencias estratégicas antirrusas ya se advirtieron aquí , antes de alcanzar el objetivo final de reactivar los procesos de balcanización dentro de Rusia. Este sombrío escenario se detalló aquí y se refiere a la instrumentalización de la autoproclamación de Kazajistán como sucesor de la Horda de Oro para instigar insurgencias musulmanas seculares en las regiones pertinentes.
Es posible que el proyecto Data Center Valley de Kazajstán , ubicado en una de sus regiones fronterizas con Rusia y que, una vez finalizado, será el mayor de Asia Central, sea utilizado por Occidente para impulsar estos tres objetivos interconectados, siguiendo el modelo del centro de datos de IA estadounidense en Armenia . Como se advirtió recientemente , la demora en la implementación de la Doctrina Monroe rusa hacia el sur “corre el riesgo de empoderar a la OTAN para chantajear a Rusia bajo la amenaza de una guerra a gran escala en toda su periferia meridional”.
El jefe del FSB, Alexander Bortnikov, advirtió durante una reciente reunión del Consejo de Jefes de Agencias de Seguridad y Servicios Especiales de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) que «Occidente busca perturbar los procesos de integración y socavar la estabilidad en los países de la CEI desde dentro, haciendo que las naciones olviden su historia común e intentando enfrentarlas entre sí para controlar la situación». Esto se está impulsando, en parte, mediante los nuevos «laboratorios digitales» occidentales en los estados de la CEI.
En sus propias palabras , “Según la información que tenemos, la comunidad de inteligencia occidental está detrás de programas destinados a establecer una red de laboratorios digitales en toda la Commonwealth, encargados de recopilar y analizar, utilizando tecnologías de IA, perfiles de comportamiento estándar de la población, identificar áreas de tensión social y modelar las respuestas públicas a diversos factores externos, incluidas las acciones gubernamentales… Uno de los objetivos es implementar escenarios adaptables de revoluciones de colores ”.
Esto se previó en 2017 : “Se acusa a Rusia de ‘explotar técnicas de marketing para dirigirse a individuos en función de sus actividades, intereses, opiniones y valores’ con el fin de ‘difundir desinformación y propaganda’, pero nada impide que Estados Unidos haga lo mismo, ni que elabore el Santo Grial de la tecnología híbrida La guerra mediante la "integración de información derivada de fuentes personales y comerciales con capacidades de recopilación de inteligencia y análisis de datos basadas en IA y aprendizaje automático".
El objetivo sería “maximizar al máximo la eficacia de su alcance mediante paquetes de guerra de información creados por algoritmos y diseñados a medida para cada grupo demográfico objetivo”. Además, “así como se acusa a Rusia y China de ‘utilizar propaganda y otros medios para intentar desacreditar la democracia’, Estados Unidos también podría hacer lo mismo contra sus sistemas de gobierno ‘explotando la información, las libertades de prensa democráticas y las instituciones internacionales’”.
Esto podría “socavar su legitimidad al tiempo que defiende sus propios valores, principios e ideología estatal de facto”. Aplicado a la CEI, como acaba de advertir Bortnikov, este “Santo Grial de la Guerra Híbrida” probablemente se utilizará como arma para promover el panturquismo entre los miembros de la CEI que integran la “ Organización de Estados Turcos ” (OTS), liderada por países turcos, que además de Azerbaiyán , incluye a Kazajistán y Kirguistán, aliados de Rusia en la OTSC. El objetivo inmediato podría ser “hacerles olvidar su historia compartida” con Rusia.
El objetivo secundario podría ser lograr que Kazajistán se separe de la OTSC, envalentonado por el nuevo corredor logístico militar de la OTAN hacia la región, cuyas consecuencias estratégicas antirrusas ya se advirtieron aquí , antes de alcanzar el objetivo final de reactivar los procesos de balcanización dentro de Rusia. Este sombrío escenario se detalló aquí y se refiere a la instrumentalización de la autoproclamación de Kazajistán como sucesor de la Horda de Oro para instigar insurgencias musulmanas seculares en las regiones pertinentes.
Es posible que el proyecto Data Center Valley de Kazajstán , ubicado en una de sus regiones fronterizas con Rusia y que, una vez finalizado, será el mayor de Asia Central, sea utilizado por Occidente para impulsar estos tres objetivos interconectados, siguiendo el modelo del centro de datos de IA estadounidense en Armenia . Como se advirtió recientemente , la demora en la implementación de la Doctrina Monroe rusa hacia el sur “corre el riesgo de empoderar a la OTAN para chantajear a Rusia bajo la amenaza de una guerra a gran escala en toda su periferia meridional”.
.Estados Unidos es el país que genera mayor rechazo en Europa, Asia Occidental, el Norte de África y la región de Asia-Pacífico.
La interrupción de los flujos energéticos del Golfo Pérsico está impulsando la inflación, la agitación económica y un realineamiento global que favorece a China y Rusia.
10 de junio de 2026
Al Manar
Solo el 10% de los europeos considera a EEUU un aliado, mientras que la confianza en Trump cae a mínimos históricos: Encuesta
El presidente estadounidense Donald Trump ha hundido la confianza europea en Washington a mínimos históricos, según una encuesta que revela que solo uno de cada diez europeos considera a EEUU un aliado.
La encuesta, publicada por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), indica que la agresión militar estadounidense en Asia Occidental, las amenazas contra Groenlandia, las amenazas de retirar tropas de las bases estadounidenses en Europa y el escepticismo sobre el futuro de la OTAN han impulsado un creciente pragmatismo europeo.
El informe también constató un escepticismo generalizado en todo el continente sobre si EEUU acudiría en su defensa en caso de guerra.
Apunta a lo que los investigadores describieron como una «profunda desconfianza europea» hacia Washington, donde los encuestados ven cada vez más a EEUU como un «socio necesario» en lugar de un aliado con intereses y valores comunes.
Según los resultados, solo alrededor del 11% de los encuestados en 15 países europeos describieron a EEUU como un aliado, una cifra inferior al 16% de hace seis meses y al 22% de noviembre de 2024.
En todos los países encuestados, la mayoría afirmó que ya no confía en que EEUU les preste ayuda en caso de ataque.
La encuesta, realizada en mayo en Austria, Bulgaria, Dinamarca, Estonia, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, España, Suecia, Suiza y Reino Unido, también reveló un cambio de actitud hacia la política de defensa europea.
Los investigadores señalaron que la creciente incertidumbre sobre los compromisos estadounidenses está impulsando a los líderes y la ciudadanía europeos a considerar una mayor autonomía estratégica, incluyendo un aumento del gasto militar y una menor dependencia del armamento estadounidense.
«En todo el continente, existe un claro apoyo a la reducción de la dependencia de Washington», afirmó Jana Kobzová, investigadora principal de políticas en el ECFR y coautora del informe.
«Los europeos están cada vez más abiertos a un mayor gasto en defensa y muestran una notable confianza en que los países vecinos les prestarían ayuda en caso de crisis», añadió. El coautor Pawel Zerka afirmó que los resultados reflejan una creciente oportunidad política para que los líderes europeos aceleren los esfuerzos en materia de cooperación y autosuficiencia en defensa.
La encuesta también reveló que, en promedio, el 47% de los encuestados apoyaba la idea de un endeudamiento colectivo de la UE para financiar un mayor gasto militar, mientras que el 35% se oponía.
El apoyo al aumento del gasto militar nacional también ha aumentado ligeramente, aunque la oposición sigue siendo fuerte en varios países, como Italia, Austria, Alemania, España y Dinamarca.
La agresión militar conjunta de EEUU e “Israel” contra Irán ha generado preocupación en Europa por la seguridad energética y la estabilidad de precios, ya que las perturbaciones en el estratégico estrecho de Ormuz han contribuido a la inestabilidad en los mercados mundiales de petróleo y gas.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró recientemente que las consecuencias de esta guerra no provocada «podrían repercutir durante meses o incluso años».
Fuente: Press TV
La encuesta, publicada por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), indica que la agresión militar estadounidense en Asia Occidental, las amenazas contra Groenlandia, las amenazas de retirar tropas de las bases estadounidenses en Europa y el escepticismo sobre el futuro de la OTAN han impulsado un creciente pragmatismo europeo.
El informe también constató un escepticismo generalizado en todo el continente sobre si EEUU acudiría en su defensa en caso de guerra.
Apunta a lo que los investigadores describieron como una «profunda desconfianza europea» hacia Washington, donde los encuestados ven cada vez más a EEUU como un «socio necesario» en lugar de un aliado con intereses y valores comunes.
Según los resultados, solo alrededor del 11% de los encuestados en 15 países europeos describieron a EEUU como un aliado, una cifra inferior al 16% de hace seis meses y al 22% de noviembre de 2024.
En todos los países encuestados, la mayoría afirmó que ya no confía en que EEUU les preste ayuda en caso de ataque.
La encuesta, realizada en mayo en Austria, Bulgaria, Dinamarca, Estonia, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, España, Suecia, Suiza y Reino Unido, también reveló un cambio de actitud hacia la política de defensa europea.
Los investigadores señalaron que la creciente incertidumbre sobre los compromisos estadounidenses está impulsando a los líderes y la ciudadanía europeos a considerar una mayor autonomía estratégica, incluyendo un aumento del gasto militar y una menor dependencia del armamento estadounidense.
«En todo el continente, existe un claro apoyo a la reducción de la dependencia de Washington», afirmó Jana Kobzová, investigadora principal de políticas en el ECFR y coautora del informe.
«Los europeos están cada vez más abiertos a un mayor gasto en defensa y muestran una notable confianza en que los países vecinos les prestarían ayuda en caso de crisis», añadió. El coautor Pawel Zerka afirmó que los resultados reflejan una creciente oportunidad política para que los líderes europeos aceleren los esfuerzos en materia de cooperación y autosuficiencia en defensa.
La encuesta también reveló que, en promedio, el 47% de los encuestados apoyaba la idea de un endeudamiento colectivo de la UE para financiar un mayor gasto militar, mientras que el 35% se oponía.
El apoyo al aumento del gasto militar nacional también ha aumentado ligeramente, aunque la oposición sigue siendo fuerte en varios países, como Italia, Austria, Alemania, España y Dinamarca.
La agresión militar conjunta de EEUU e “Israel” contra Irán ha generado preocupación en Europa por la seguridad energética y la estabilidad de precios, ya que las perturbaciones en el estratégico estrecho de Ormuz han contribuido a la inestabilidad en los mercados mundiales de petróleo y gas.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró recientemente que las consecuencias de esta guerra no provocada «podrían repercutir durante meses o incluso años».
Fuente: Press TV
El 2 de junio, ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, el secretario de Estado Marco Rubio declaró que «ahora contamos en este hemisferio con una coalición de países amigos —más de una docena— que se han alineado para trabajar no solo en las cuestiones de seguridad que todos tenemos en común, sino también en la prosperidad económica que va de la mano de estas».
Una medida de este tipo no aliviaría sustancialmente la nueva presión sobre Rusia provocada por el estrechamiento del cerco de contención a su alrededor en el Ártico-Báltico, Europa Central, el Cáucaso Meridional y Asia Central, y el Noreste de Asia, liderados respectivamente por el Reino Unido, Polonia, Turquía y Japón.
Si el dúo OTAN-OTS los divide y los domina, entonces otra operación especial y una posible guerra indirecta entre la OTAN y Rusia podrían ser inevitables, lo que sería perjudicial para ellos mientras que ese dúo se beneficiaría.
En sus propias palabras, hablar de que Rusia ataque a la OTAN "no es simplemente una tontería; es una provocación".
11 de junio de 2026
El modelo del futuro, pero ¿cuál?
Por terminar con el jugoso Foro Económico Internacional de San Petersburgo celebrado la semana pasada, donde se expusieron dos visiones antagónicas sobre cómo terminar el conflicto en el país 404, antes conocido como Ucrania, hubo también un acalorado debate entre el modelo de futuro a seguir en la Rusia actual: o el occidental, que es el que defienden los euroatlánticos -al igual que una salida rápida del país 404-, o el chino.
Uno de los defensores del modelo chino fue el secretario general del Partido Comunista de la Federación Rusa, Zyuganov. Incluso hay quien dice que el propio Putin lo defendió, sin mencionarlo, al menos en tres cuestiones: inteligencia artificial, plataformas digitales y sistemas autónomos tecnológicos. Mucho decir, pero para dar oxígeno a los putinistas, digamos que es así.
Muchas de las intervenciones abordaron el panorama de transformación global que vivimos, donde el poder se desplaza de Occidente al Este y donde la importancia de los centros económicos y políticos que todavía son controlados por Occidente está disminuyendo de forma acelerada. Este es uno de los logros del Foro de San Petersburgo.
El debate está donde siempre: o el viejo mundo, representado por EEUU, o el nuevo, representado por China. Muchos oradores, Putin entre ellos, remarcaron que los próximos años van a seguir marcados por una feroz lucha por la soberanía y que solo quienes luchen podrán sobrevivir. Aquí se elogió a China (con una amplia representación, y de alto nivel, en este foro) por muchas cosas, pero en especial por su capacidad para mantener su independencia en la digitalización, gracias al control que ejerce sobre sus propias plataformas, software y hardware, que fabrica internamente. Este es un tema que preocupa a mucha gente en muchas partes del mundo, la dependencia en estos ámbitos de Occidente.
Putin no podía mantenerse al margen de este debate en su discurso. Y lo hizo a medias, porque todas las plataformas tecnológicas rusas siguen los parámetros estadounidenses, no chinos. Ese es el error, la absoluta dependencia mental de los euroatlánticos hacia todo lo que proviene de Occidente, de EEUU en particular. Por eso tanto empeño e interés que han venido mostrando desde 2014 porque hubiese presencia de EEUU en el foro, y este año lo han logrado.
Este es un campo en el que se internó Zyuganov: "el desarrollo económico de China bien podría ser una preocupación importante para el presidente, incluso cuando habla de un uso más eficiente de los recursos y las inversiones, la inadmisibilidad de operaciones lentas, costosas e irrazonables, y la necesidad de facilitar la vida a los empresarios y a los ciudadanos en general. Sin embargo, es improbable que las directivas que abogan por una mayor automatización y un aumento de la productividad tengan eco en la burocracia rusa, a menudo aún supeditada a sus propios intereses, incluso en tiempos de guerra".
Y añadió algo más: "muchos estamos convencidos de que la guerra traerá consigo una renovación de la élite y que el rígido ejército de los 'chinyovniks' (burócratas) será reemplazado por estructuras orientadas a la eficiencia, impulsadas por una visión del mundo".
¿Qué visión? Aquí está el meollo de la cuestión que se viene dilucidando desde octubre, cuando la división entre los euroatlánticos y los euroasiáticos traspasó los muros del Kremlin. Porque si bien es elogiosa la lucha que se está llevando adelante en Rusia contra la corrupción, los euroatlánticos abogan por la "paciencia al abordar las zonas grises de la economía" porque, argumentan, "una campaña anticorrupción excesiva corre el riesgo de sofocar las iniciativas existentes". Para mí es un misterio descifrar cuáles son esas iniciativas.
Os recuerdo que Zyuganov tiene un alto nivel de popularidad, lo que está haciendo que la campaña contra el Partido Comunista sea muy potente -incluso encarcelando a sus miembros-, y por eso estuvo presente en el foro. Y no perdió la ocasión para arremeter contra el ministro de Finanzas, uno de la flor y nata de los euroatlánticos, porque no prioriza la financiación a docentes, médicos, vivienda y servicios públicos.
Lo importante de la presencia de Zyuganov en este foro es no solo lo que dijo, por ejemplo que "la vida obligaría inevitablemente a la dirigencia a estudiar las experiencias soviética y china y a dar un giro decisivo hacia la izquierda", sino que mantuvo reuniones tanto en el foro como fuera de él con "miembros del Distrito Militar Central, gobernadores, científicos destacados y líderes empresariales".
De estas reuniones lo relevante es lo de "miembros del Distrito Militar Central", una de las cinco divisiones administrativas del ejército ruso pero con una importante presencia en el país 404, en concreto donde se están desarrollando fuertes combates: la zona de Pokrovsk, en Donetsk. Porque aquí hay que hablar de lo de siempre: la popularidad del ejército supera a la de Putin desde hace casi un año. Pinchad en el gráfico para hacerlo más visible.
El apoyo al ejército es del 76% (43% mucho, 33% bastante), a Putin el 71%. La sociedad lo sabe, y los euroatlánticos, también. Incluido Putin.
Por eso hay que hacer otra mención al comentario de Zyuganov sobre que "la guerra traerá una renovación de la élite". Ya os dije que todo gira en torno al 20 de septiembre, cuando se celebren las elecciones en Rusia. El objetivo de los euroatlánticos es que el PC deje de ser la segunda fuerza política para así afianzar su poder y su estrategia pro-occidental, pero según están las cosas eso tampoco serviría de mucho ni para el control de la situación externa ni interna. Sobre todo porque la popularidad y credibilidad de Putin empieza a resentirse. No cumplió lo que dijo en las elecciones presidenciales de 2024, de hacer ajustes en un gobierno trufado de neoliberales, por lo que se verá obligado de hacer algún gesto ahora. Por ejemplo, con la elección de un/a gobernador/a del Banco Central. Por ejemplo, con la destitución de alguno de sus más cercanos asesores. Por ejemplo, con el ascenso de algún militar.
En cualquier caso todo eso, si es que se da, no será hasta después de las elecciones. Entonces se verá si esa famosa frase de Putin de "la guerra está llegando a su fin" se concreta en conversaciones o en mano dura.
El Lince
Uno de los defensores del modelo chino fue el secretario general del Partido Comunista de la Federación Rusa, Zyuganov. Incluso hay quien dice que el propio Putin lo defendió, sin mencionarlo, al menos en tres cuestiones: inteligencia artificial, plataformas digitales y sistemas autónomos tecnológicos. Mucho decir, pero para dar oxígeno a los putinistas, digamos que es así.
Muchas de las intervenciones abordaron el panorama de transformación global que vivimos, donde el poder se desplaza de Occidente al Este y donde la importancia de los centros económicos y políticos que todavía son controlados por Occidente está disminuyendo de forma acelerada. Este es uno de los logros del Foro de San Petersburgo.
El debate está donde siempre: o el viejo mundo, representado por EEUU, o el nuevo, representado por China. Muchos oradores, Putin entre ellos, remarcaron que los próximos años van a seguir marcados por una feroz lucha por la soberanía y que solo quienes luchen podrán sobrevivir. Aquí se elogió a China (con una amplia representación, y de alto nivel, en este foro) por muchas cosas, pero en especial por su capacidad para mantener su independencia en la digitalización, gracias al control que ejerce sobre sus propias plataformas, software y hardware, que fabrica internamente. Este es un tema que preocupa a mucha gente en muchas partes del mundo, la dependencia en estos ámbitos de Occidente.
Putin no podía mantenerse al margen de este debate en su discurso. Y lo hizo a medias, porque todas las plataformas tecnológicas rusas siguen los parámetros estadounidenses, no chinos. Ese es el error, la absoluta dependencia mental de los euroatlánticos hacia todo lo que proviene de Occidente, de EEUU en particular. Por eso tanto empeño e interés que han venido mostrando desde 2014 porque hubiese presencia de EEUU en el foro, y este año lo han logrado.
Este es un campo en el que se internó Zyuganov: "el desarrollo económico de China bien podría ser una preocupación importante para el presidente, incluso cuando habla de un uso más eficiente de los recursos y las inversiones, la inadmisibilidad de operaciones lentas, costosas e irrazonables, y la necesidad de facilitar la vida a los empresarios y a los ciudadanos en general. Sin embargo, es improbable que las directivas que abogan por una mayor automatización y un aumento de la productividad tengan eco en la burocracia rusa, a menudo aún supeditada a sus propios intereses, incluso en tiempos de guerra".
Y añadió algo más: "muchos estamos convencidos de que la guerra traerá consigo una renovación de la élite y que el rígido ejército de los 'chinyovniks' (burócratas) será reemplazado por estructuras orientadas a la eficiencia, impulsadas por una visión del mundo".
¿Qué visión? Aquí está el meollo de la cuestión que se viene dilucidando desde octubre, cuando la división entre los euroatlánticos y los euroasiáticos traspasó los muros del Kremlin. Porque si bien es elogiosa la lucha que se está llevando adelante en Rusia contra la corrupción, los euroatlánticos abogan por la "paciencia al abordar las zonas grises de la economía" porque, argumentan, "una campaña anticorrupción excesiva corre el riesgo de sofocar las iniciativas existentes". Para mí es un misterio descifrar cuáles son esas iniciativas.
Os recuerdo que Zyuganov tiene un alto nivel de popularidad, lo que está haciendo que la campaña contra el Partido Comunista sea muy potente -incluso encarcelando a sus miembros-, y por eso estuvo presente en el foro. Y no perdió la ocasión para arremeter contra el ministro de Finanzas, uno de la flor y nata de los euroatlánticos, porque no prioriza la financiación a docentes, médicos, vivienda y servicios públicos.
Lo importante de la presencia de Zyuganov en este foro es no solo lo que dijo, por ejemplo que "la vida obligaría inevitablemente a la dirigencia a estudiar las experiencias soviética y china y a dar un giro decisivo hacia la izquierda", sino que mantuvo reuniones tanto en el foro como fuera de él con "miembros del Distrito Militar Central, gobernadores, científicos destacados y líderes empresariales".
De estas reuniones lo relevante es lo de "miembros del Distrito Militar Central", una de las cinco divisiones administrativas del ejército ruso pero con una importante presencia en el país 404, en concreto donde se están desarrollando fuertes combates: la zona de Pokrovsk, en Donetsk. Porque aquí hay que hablar de lo de siempre: la popularidad del ejército supera a la de Putin desde hace casi un año. Pinchad en el gráfico para hacerlo más visible.
El apoyo al ejército es del 76% (43% mucho, 33% bastante), a Putin el 71%. La sociedad lo sabe, y los euroatlánticos, también. Incluido Putin.
Por eso hay que hacer otra mención al comentario de Zyuganov sobre que "la guerra traerá una renovación de la élite". Ya os dije que todo gira en torno al 20 de septiembre, cuando se celebren las elecciones en Rusia. El objetivo de los euroatlánticos es que el PC deje de ser la segunda fuerza política para así afianzar su poder y su estrategia pro-occidental, pero según están las cosas eso tampoco serviría de mucho ni para el control de la situación externa ni interna. Sobre todo porque la popularidad y credibilidad de Putin empieza a resentirse. No cumplió lo que dijo en las elecciones presidenciales de 2024, de hacer ajustes en un gobierno trufado de neoliberales, por lo que se verá obligado de hacer algún gesto ahora. Por ejemplo, con la elección de un/a gobernador/a del Banco Central. Por ejemplo, con la destitución de alguno de sus más cercanos asesores. Por ejemplo, con el ascenso de algún militar.
En cualquier caso todo eso, si es que se da, no será hasta después de las elecciones. Entonces se verá si esa famosa frase de Putin de "la guerra está llegando a su fin" se concreta en conversaciones o en mano dura.
El Lince
Trenin no hizo mención alguna del TRIPP, al igual que su colega de Valdai, Timofei Bordachev, omitió cualquier mención al respecto en su reciente informe sobre el "Extranjero Cercano" de Rusia a principios de este año, por lo que podría tratarse realmente del mayor tabú entre los expertos rusos en este momento, un tabú que ni siquiera él se atreve a romper.
12 de junio de 2026
Chipre, Grecia, Israel y Estados Unidos lanzan el Centro Energético del Mediterráneo Oriental en Houston
Chipre, Grecia, Israel y los Estados Unidos lanzaron oficialmente el Centro Energético del Mediterráneo Oriental en Houston el viernes y acordaron desarrollar una hoja de ruta conjunta para la futura cooperación en materia de seguridad energética, desarrollo de gas natural marino, infraestructura, innovación e investigación. La hoja de ruta, que se preparará en una serie de reuniones de grupos de trabajo en los próximos meses, se espera que se apruebe antes de finales de 2026.
La iniciativa se lanzó en el marco del Diálogo Energético 3+1, cuyos participantes también acordaron crear un grupo de trabajo centrado en la ciberseguridad y la protección de la infraestructura crítica. Las cuatro partes subrayaron la importancia de los proyectos regionales de energía y comunicaciones que unen a Chipre, Grecia e Israel, incluido el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC), que, según ellos, puede fortalecer la resiliencia económica y diversificar las rutas de suministro de energía.
El centro, con sede en Houston y ubicado en el Instituto de Política Pública de Rice, servirá como una plataforma permanente para la coordinación de políticas, investigación y cooperación entre gobiernos, academia y sector privado. Funcionarios de los cuatro países calificaron esta iniciativa como un paso significativo hacia el fortalecimiento de los lazos estratégicos, el refuerzo de la seguridad energética regional y el aumento de la cooperación en el Mediterráneo Oriental.
Chipre, Grecia, Israel y los Estados Unidos lanzaron oficialmente el Centro Energético del Mediterráneo Oriental en Houston el viernes y acordaron desarrollar una hoja de ruta conjunta para la futura cooperación en materia de seguridad energética, desarrollo de gas natural marino, infraestructura, innovación e investigación. La hoja de ruta, que se preparará en una serie de reuniones de grupos de trabajo en los próximos meses, se espera que se apruebe antes de finales de 2026.
La iniciativa se lanzó en el marco del Diálogo Energético 3+1, cuyos participantes también acordaron crear un grupo de trabajo centrado en la ciberseguridad y la protección de la infraestructura crítica. Las cuatro partes subrayaron la importancia de los proyectos regionales de energía y comunicaciones que unen a Chipre, Grecia e Israel, incluido el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC), que, según ellos, puede fortalecer la resiliencia económica y diversificar las rutas de suministro de energía.
El centro, con sede en Houston y ubicado en el Instituto de Política Pública de Rice, servirá como una plataforma permanente para la coordinación de políticas, investigación y cooperación entre gobiernos, academia y sector privado. Funcionarios de los cuatro países calificaron esta iniciativa como un paso significativo hacia el fortalecimiento de los lazos estratégicos, el refuerzo de la seguridad energética regional y el aumento de la cooperación en el Mediterráneo Oriental.
Hoy, por primera vez desde 1945, existe una masa crítica de países dispuestos a establecer nuevas instituciones para proteger su autonomía y soberanía.
Sin una transformación de la representación política (hoy en día difícil incluso de imaginar), este circo occidental seguirá pudriéndose, hasta llegar a alguna forma de guerra civil.
Con la crisis del estrecho de Ormuz y Libia, que sigue siendo un Estado fallido, tras haber renunciado a las fuentes rusas, Europa se queda sin alternativas energéticas y, en esencia, es rehén de Washington.
14 de junio de 2026
El retorno de las identidades y los valores, su reafirmación y su reintegración en los procesos educativos marcan el advenimiento de un mundo diferente al moldeado por la hegemonía angloamericana.
La lucha por la PAZ antimperialista es quizás la empresa más vital y revolucionaria que podemos emprender en estos momentos.
Ucrania se ha convertido en un campo de pruebas para las tecnologías militares occidentales, la guerra basada en la inteligencia artificial y los intereses de la industria de defensa, y el conflicto sirve cada vez más a objetivos geopolíticos y corporativos que trascienden los límites de la propia Ucrania.
15 de junio de 2026
El férreo control de Trump sobre el petróleo, los aranceles y la tecnología resultó contraproducente, forjando una nueva era de economías autosuficientes y confrontación generacional.
Si los términos revelados por Irán son exactos, Washington acaba de aceptar la esencia de lo que había rechazado durante 25 años, lo que representa una victoria estratégica para Irán. Pero entre la firma del memorándum podría echarlo Benjamín Netanyahu.
…el Gobierno de Modi está culpando directamente a EEUU del ataque a los buques en el estrecho de Ormuz, en el que murieron siete marineros indios.
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EEUU desclasifica información sobre biolaboratorios en Ucrania y reabre un debate geopolítico de años
13 de junio de 2026 La publicación de documentos desclasificados por la Oficina del Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos (ODNI) ha vuelto a colocar en el centro del debate internacional el tema de los laboratorios biológicos financiados por Washington en territorio ucraniano. https://www.bv.com?utm_source=chatgpt.com) como una de las contratistas involucradas en la construcción y modernización de algunas de estas instalaciones. Un tema que Rusia denunció desde 2022 Desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022, el gobierno ruso sostuvo que existía una red de laboratorios biológicos financiados por Estados Unidos en territorio ucraniano. Las nuevas revelaciones son interpretadas por medios y analistas cercanos a Moscú como una confirmación de que dichos laboratorios existían y recibían apoyo estadounidense. Sin embargo, los documentos publicados no afirman que esas instalaciones desarrollaran armas biológicas. La controversia continúa El debate gira ahora en torno a la naturaleza de las investigaciones realizadas en esos centros. Por un lado, la ODNI sostiene que algunos laboratorios trabajaban con patógenos altamente peligrosos y que varios de ellos se encontraban en zonas vulnerables debido al conflicto armado. Por otro lado, expertos en control de armas biológicas y organismos internacionales han señalado durante años que estos laboratorios formaban parte de programas de salud pública, vigilancia epidemiológica y reducción de riesgos biológicos heredados de la era soviética, rechazando las acusaciones de que fueran instalaciones dedicadas al desarrollo de armas biológicas. |
Implicaciones geopolíticas
La publicación de estos documentos llega en un contexto de creciente confrontación informativa entre Occidente y Rusia. Mientras algunos sectores consideran que la desclasificación valida denuncias realizadas desde hace años, otros advierten que la existencia de laboratorios biológicos no constituye por sí misma evidencia de programas de armas biológicas. Lo que sí parece haber quedado confirmado es que Estados Unidos financió y apoyó una amplia red internacional de laboratorios dedicados al estudio y manejo de agentes biológicos peligrosos, incluyendo decenas de instalaciones en Ucrania. La interpretación de lo que esto significa para la seguridad internacional seguirá siendo objeto de intenso debate político y estratégico. Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional, desclasificó evidencia de que EEUU financió más de 120 biolaboratorios en 30 países, incluidos más de 40 en Ucrania donde se investigaban ántrax, ébola y fiebre de Marburgo, y reveló que la nueva recolección de inteligencia ya detectó ensayos clínicos en marcha con "serias preocupaciones éticas, financieras y de seguridad nacional".
La directora acusó a Fauci y al equipo de seguridad nacional de Biden de ocultar esto durante años y de tildar de "agentes extranjeros y traidores" a quienes lo denunciaban. |
Muchos seguidores de MAGA recuerdan haber sido difamados como "propagandistas rusos" por creer esto.
Hay incógnitas aún, pero...
Irán ha ganado, EEUU ha perdido, el IV Reich sionista -antes conocido como Israel- ha sido derrotado. Nada será igual a partir de ahora, con independencia de que el acuerdo se firme definitivamente el viernes o no.
Hay cosas que Irán tiene que explicar, como el que haya desaparecido al menos inicialmente eso del cobro en yuanes a los petroleros y graneleros que transiten por Ormuz (y desde Irán se dice que lo que hace es ofrecer "un tránsito gratuito" durante los 60 días de conversaciones tras la firma, pero que luego "se diseñarán y recaudarán las tasas necesarias para los servicios de navegación y seguros en el Estrecho de Ormuz"), o el papel de EEUU y sus vasallos del Golfo en la reconstrucción de Irán por valor de 300.000 millones de dólares, pero lo que es innegable es que los iraníes han ganado.
Irán ha ganado porque hay dos logros tangibles en el memorando acordado: eliminar de la agenda de negociación dos demandas estratégicas no solo de EEUU y del IVRS, sino de sus vasallos europeos: limitar las capacidades de misiles y cortar el apoyo al Eje de la Resistencia. Solo tenéis que recurrir al estercolero mediático occidental para ver qué es lo que ha venido diciendo desde el inicio de la agresión, y antes. Tras la sorpresiva y decisiva respuesta inicial de Irán, se añadió también el tema de los drones. Todo eso ha desaparecido e Irán insiste en que "nada de esto está previsto que se aborde en las próximas etapas de las negociaciones".
Irán ha ganado porque las futuras negociaciones se centrarán exclusivamente en cuestiones nucleares, el levantamiento de sanciones y cuestiones económicas.
Hasta aquí el análisis del acuerdo. Ahora bien, la lucha interna dentro de Irán va a ser, está siendo ya, apasionante. El acuerdo ha llegado precedido de una movilización impresionante en las calles exigiendo que no se firmase nada y que continuase el enfrentamiento con EEUU y el IVRS. Tras 116 días de apoyo incondicional al gobierno y a los soldados, especialmente a la Guardia Revolucionaria, y después de que cada dirigente, moderado o no, prooccidental o no, agradeciera efusivamente -incluso entre lágrimas- a la sociedad este apoyo, es lo más lógico que la calle manifieste su opinión. Y no es favorable al acuerdo.
¿Qué ha llevado a los miembros del gobierno a firmarlo? En primer lugar, su propia posición puesto que no hay que olvidar que es pro-occidental. En segundo lugar, ha sido presentado este texto final, así como otros anteriores, a Rusia y a China, que han venido presionando para que se firmase. Esto lo han reconocido los propios iraníes. En tercer lugar, y así ha sido reconocido por Pakistán, la implicación de varios países de la zona, sobre todo Qatar y Arabia Saudita, incluso Turquía, en el mismo lo que supone un acercamiento sin precedentes a Irán. Estos países han elegido proteger con uñas y dientes sus industrias petrolera y gasística, muy golpeadas por Irán, y si no abandonando a EEUU sí haciendo gala de una ambigüedad que beneficia a Irán y perjudica a EEUU.
El presidente Pezeshkian, el ministro de Exteriores y el presidente del Parlamento llevaban dos días intentando apaciguar a la calle. Ahora lo vuelven a hacer y Pezeshkian acaba de comparecer públicamente en la televisión para decir lo siguiente: "Si todas las disposiciones del memorando de entendimiento se implementan correctamente, será considerado un documento honorable para el país". Aquí está el meollo de la cuestión, si todas y si se implementan correctamente. Estas son las incógnitas, y no lo que haga o deje de hacer el IVRS.
Esta es la gran cuestión del día, pero hay más aunque no de tanta importancia. O sí. Puede que mayor aún.
En enero os hablé del Proyecto MBridge que impulsa China junto a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Tailandia por el que los bancos centrales de estos países realizan transacciones financieras en monedas digitales respaldadas por sus bancos centrales y reduciendo significativamente el tiempo así como las comisiones, con lo que se producen dos cosas: se eliminan los riesgos y se incentiva la desdolarización. Hasta ahora era una cuestión solo de estos cuatro países, pese a que Rusia y Brasil también utilizaban el PMB de forma limitada.
Pero eso era hasta ahora. El viernes China anunció que el PMB va a iniciar su "lanzamiento comercial" desde Hong Kong. Eso significa que se abre a la presencia de otros países, y no dudéis que serán muchos, muchos más que los BRICS, quienes acudan presurosos. Y no será para comerciar en dólares o en euros precisamente.
Junto a esto, un chascarrillo. Putin llamó por teléfono a Trump para felicitarle por su 80 cumpleaños, le alabó, le doró la píldora. El comunicado oficial está aquí, y hay párrafos sonrojantes como "Permítanme reiterar que la conversación fue informal y, diría yo, con un toque de humor. Incluso les revelaré un secreto: a Donald Trump no le agrada mucho el número 80, porque está rebosante de energía y vitalidad". No os lo perdáis, aunque también se habló de otras cosas.
Sin embargo, hoy es el 70 cumpleaños de Xi Jinping y Putin le ha felicitado con un telegrama. Mucho más correcto pese a no haber sido en persona: "Bajo su liderazgo, la República Popular China ha logrado impresionantes avances en el desarrollo económico, social, científico y tecnológico, fortaleciendo constantemente su posición en el escenario mundial. Y usted goza, con toda razón, de un gran prestigio tanto entre sus compatriotas como en el extranjero".
En cualquier caso, alguien le debería haber dicho a Putin que en China, y en el caso de los funcionarios, no se menciona el día del nacimiento, sino solo el mes. Los chinos creen en el cálculo de un horóscopo personal (八字) y consideran que sus cumpleaños son un asunto privado para ellos y sus familias. No obstante, algunos chinos sí celebran el cumpleaños según el calendario lunar. Así que si alguien quiere felicitar a Xi, que espere al 22 porque el quinto día del quinto mes lunar este año es ese día.
Como digo, no es más que un chascarrillo pero os ayudará a entender un poco más a China.
El Lince
Hay cosas que Irán tiene que explicar, como el que haya desaparecido al menos inicialmente eso del cobro en yuanes a los petroleros y graneleros que transiten por Ormuz (y desde Irán se dice que lo que hace es ofrecer "un tránsito gratuito" durante los 60 días de conversaciones tras la firma, pero que luego "se diseñarán y recaudarán las tasas necesarias para los servicios de navegación y seguros en el Estrecho de Ormuz"), o el papel de EEUU y sus vasallos del Golfo en la reconstrucción de Irán por valor de 300.000 millones de dólares, pero lo que es innegable es que los iraníes han ganado.
Irán ha ganado porque hay dos logros tangibles en el memorando acordado: eliminar de la agenda de negociación dos demandas estratégicas no solo de EEUU y del IVRS, sino de sus vasallos europeos: limitar las capacidades de misiles y cortar el apoyo al Eje de la Resistencia. Solo tenéis que recurrir al estercolero mediático occidental para ver qué es lo que ha venido diciendo desde el inicio de la agresión, y antes. Tras la sorpresiva y decisiva respuesta inicial de Irán, se añadió también el tema de los drones. Todo eso ha desaparecido e Irán insiste en que "nada de esto está previsto que se aborde en las próximas etapas de las negociaciones".
Irán ha ganado porque las futuras negociaciones se centrarán exclusivamente en cuestiones nucleares, el levantamiento de sanciones y cuestiones económicas.
Hasta aquí el análisis del acuerdo. Ahora bien, la lucha interna dentro de Irán va a ser, está siendo ya, apasionante. El acuerdo ha llegado precedido de una movilización impresionante en las calles exigiendo que no se firmase nada y que continuase el enfrentamiento con EEUU y el IVRS. Tras 116 días de apoyo incondicional al gobierno y a los soldados, especialmente a la Guardia Revolucionaria, y después de que cada dirigente, moderado o no, prooccidental o no, agradeciera efusivamente -incluso entre lágrimas- a la sociedad este apoyo, es lo más lógico que la calle manifieste su opinión. Y no es favorable al acuerdo.
¿Qué ha llevado a los miembros del gobierno a firmarlo? En primer lugar, su propia posición puesto que no hay que olvidar que es pro-occidental. En segundo lugar, ha sido presentado este texto final, así como otros anteriores, a Rusia y a China, que han venido presionando para que se firmase. Esto lo han reconocido los propios iraníes. En tercer lugar, y así ha sido reconocido por Pakistán, la implicación de varios países de la zona, sobre todo Qatar y Arabia Saudita, incluso Turquía, en el mismo lo que supone un acercamiento sin precedentes a Irán. Estos países han elegido proteger con uñas y dientes sus industrias petrolera y gasística, muy golpeadas por Irán, y si no abandonando a EEUU sí haciendo gala de una ambigüedad que beneficia a Irán y perjudica a EEUU.
El presidente Pezeshkian, el ministro de Exteriores y el presidente del Parlamento llevaban dos días intentando apaciguar a la calle. Ahora lo vuelven a hacer y Pezeshkian acaba de comparecer públicamente en la televisión para decir lo siguiente: "Si todas las disposiciones del memorando de entendimiento se implementan correctamente, será considerado un documento honorable para el país". Aquí está el meollo de la cuestión, si todas y si se implementan correctamente. Estas son las incógnitas, y no lo que haga o deje de hacer el IVRS.
Esta es la gran cuestión del día, pero hay más aunque no de tanta importancia. O sí. Puede que mayor aún.
En enero os hablé del Proyecto MBridge que impulsa China junto a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Tailandia por el que los bancos centrales de estos países realizan transacciones financieras en monedas digitales respaldadas por sus bancos centrales y reduciendo significativamente el tiempo así como las comisiones, con lo que se producen dos cosas: se eliminan los riesgos y se incentiva la desdolarización. Hasta ahora era una cuestión solo de estos cuatro países, pese a que Rusia y Brasil también utilizaban el PMB de forma limitada.
Pero eso era hasta ahora. El viernes China anunció que el PMB va a iniciar su "lanzamiento comercial" desde Hong Kong. Eso significa que se abre a la presencia de otros países, y no dudéis que serán muchos, muchos más que los BRICS, quienes acudan presurosos. Y no será para comerciar en dólares o en euros precisamente.
Junto a esto, un chascarrillo. Putin llamó por teléfono a Trump para felicitarle por su 80 cumpleaños, le alabó, le doró la píldora. El comunicado oficial está aquí, y hay párrafos sonrojantes como "Permítanme reiterar que la conversación fue informal y, diría yo, con un toque de humor. Incluso les revelaré un secreto: a Donald Trump no le agrada mucho el número 80, porque está rebosante de energía y vitalidad". No os lo perdáis, aunque también se habló de otras cosas.
Sin embargo, hoy es el 70 cumpleaños de Xi Jinping y Putin le ha felicitado con un telegrama. Mucho más correcto pese a no haber sido en persona: "Bajo su liderazgo, la República Popular China ha logrado impresionantes avances en el desarrollo económico, social, científico y tecnológico, fortaleciendo constantemente su posición en el escenario mundial. Y usted goza, con toda razón, de un gran prestigio tanto entre sus compatriotas como en el extranjero".
En cualquier caso, alguien le debería haber dicho a Putin que en China, y en el caso de los funcionarios, no se menciona el día del nacimiento, sino solo el mes. Los chinos creen en el cálculo de un horóscopo personal (八字) y consideran que sus cumpleaños son un asunto privado para ellos y sus familias. No obstante, algunos chinos sí celebran el cumpleaños según el calendario lunar. Así que si alguien quiere felicitar a Xi, que espere al 22 porque el quinto día del quinto mes lunar este año es ese día.
Como digo, no es más que un chascarrillo pero os ayudará a entender un poco más a China.
El Lince
16 de junio de 2026
General de la OTAN: Occidente no puede asegurar sus territorios en caso de conflicto
Los países occidentales ya no pueden contar con que su territorio permanecerá como una zona segura y protegida en caso de un gran conflicto militar, declaró el teniente general John Stringer, subjefe del mando supremo de las fuerzas aliadas en Europa.
"Las amenazas modernas difieren significativamente de aquellas a las que los países occidentales se han enfrentado en las últimas décadas. Las amenazas aéreas se han vuelto más numerosas y son capaces de alcanzar objetivos a distancias mucho mayores. Además de la aviación militar tradicional, la amenaza la representan los misiles modernos y los drones relativamente baratos de largo alcance, capaces de llegar a áreas que antes se consideraban profundas y seguras", añadió Stringer.
Los países occidentales ya no pueden contar con que su territorio permanecerá como una zona segura y protegida en caso de un gran conflicto militar, declaró el teniente general John Stringer, subjefe del mando supremo de las fuerzas aliadas en Europa.
"Las amenazas modernas difieren significativamente de aquellas a las que los países occidentales se han enfrentado en las últimas décadas. Las amenazas aéreas se han vuelto más numerosas y son capaces de alcanzar objetivos a distancias mucho mayores. Además de la aviación militar tradicional, la amenaza la representan los misiles modernos y los drones relativamente baratos de largo alcance, capaces de llegar a áreas que antes se consideraban profundas y seguras", añadió Stringer.
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Slutski: Alemania está arrastrando a la OTAN hacia un apocalipsis nuclear
"Alemania está jugando peligrosamente con el puño militar ruso y arrastrando a la OTAN hacia un apocalipsis nuclear. El comandante de la fuerza aérea alemana, Holger Neumann, declaró en una entrevista para 'Telegraph' que está listo para lanzar ataques contra Kaliningrado y San Petersburgo 'tan pronto como esta noche'", declaró el presidente del Comité de Asuntos Internacionales de la Duma Estatal, Leonid Slutski. Esta no es la primera vez que se hacen amenazas similares y Moscú se ve nuevamente obligado a recordar a los "neonazis ansiosos de revancha" la doctrina militar y nuclear de la Federación Rusa, añadió Slutski. |
"Rusia no amenaza a nadie ni busca un conflicto con la OTAN. Pero la ‘locura y descaro’ de los rusófobos bálticos y alemanes realmente pueden llevar al mundo al borde de una catástrofe nuclear", enfatizó Slutski, subrayando que cualquier intento de lanzar misiles de la OTAN hacia Kaliningrado, San Petersburgo o cualquier otra ciudad rusa sería considerado un ataque a la integridad territorial y representaría una amenaza crítica para la soberanía de Rusia, lo que conllevaría una "respuesta inevitable, incluyendo medidas de disuasión nuclear".
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17 de junio de 2026
El 4 de junio de 2026, tuve el honor de participar como miembro de una mesa redonda programada en el marco del Foro Económico Internacional de San Petersburgo de 2026, o SPIEF, una reunión anual de líderes empresariales y políticos rusos que se celebra desde 1997. A lo largo de los años, este evento ha crecido hasta el punto de eclipsar a su homólogo europeo, el Foro Económico Mundial, celebrado en Davos, Suiza.
Desde el punto de vista de Teherán, esto cambia por completo las reglas del juego. Han sobrevivido a todo lo que les han lanzado no una, sino dos potencias nucleares. No confían en absoluto en nada que venga de “Barbaria”.
18 de junio de 2026
Irán, China y el futuro incierto del orden en Asia Occidental
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Tailandia está reviviendo su proyecto propuesto de Puentes Terrestres de 1 billón de baht (30 mil millones de €), que vincularía nuevos puertos de aguas profundas en Chumphon y Ranong a través de ferrocarril y carretera para crear una ruta alternativa al Estrecho de Malaca, según Reuters.
El gobierno argumenta que el corredor podría reducir los costos logísticos en casi un 30%, reducir los tiempos de tránsito hasta en 14 días y manejar hasta 20 millones de TEUs anualmente. Los funcionarios pretenden atraer tráfico de transporte de carga en lugar de competir directamente por los buques portacontenedores más grandes. Sin embargo, el proyecto enfrenta importantes obstáculos, incluyendo altos costos, compromisos limitados de inversores, desafíos logísticos asociados con la transferencia de carga entre barcos y una creciente oposición local de las comunidades pesqueras y agrícolas que temen desplazamientos y daños medioambientales. Es poco probable que el proyecto rivalice con el Estrecho de Malaca como una ruta comercial global importante, pero podría convertirse en un corredor estratégico nacional de logística y energía. Se espera que un panel de revisión gubernamental presente sus conclusiones a finales de julio, mientras que los reguladores ya han ordenado una nueva evaluación de impacto ambiental y sanitario debido a preocupaciones sobre los ecosistemas marinos cerca de los puertos propuestos. |
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Hegseth: "EUROPA NO ESTABA DESTINADA A SER UNA DEPENDENCIA DE EE.UU."
El secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth, instó este jueves a los miembros europeos de la OTAN a "dar un paso al frente". "Durante demasiado tiempo, la OTAN ha sido un tigre de papel y una calle de sentido único. Eso se acabó", aseveró. Según Hegseth, ESTA ES LA ESENCIA DE LA OTAN https://sn-esp.site/JxAG La VERDAD INCÓMODA de Serguéi Lavrov que Politico se negó a publicar
El artículo del canciller ruso 'Ucrania, Europa y la seguridad global' estaba previsto inicialmente para su publicación en la edición europea del medio, pero en el último momento la publicación fue cancelada por decisión de la redacción. ¿DE QUÉ SE TRATA? TEXTO COMPLETO https://sn-esp.site/JxCD |
Hegseth: Durante demasiado tiempo, la OTAN fue un tigre de papel, y lo dijimos, pero no más
El secretario de Guerra de EEUU se negó a participar en la sesión del grupo de contacto de la OTAN para suministros a Ucrania. Además, durante el encuentro de ministros de Defensa de los países miembros, lanzó duros dardos contra la propia alianza transatlántica. |
19 de junio de 2026
La estrategia estadounidense de dominación mundial a través de aliados indirectos, destinada a desgastar a sus adversarios sin la intervención directa de sus propias tropas, se ha derrumbado. La causa fue una subestimación de la resistencia de Rusia e Irán, lo que condujo a una redistribución del poder mundial y a un debilitamiento de la posición de Estados Unidos.
La adquisición de la isla de Sazan por parte del yerno del presidente estadounidense pone de manifiesto cómo los vínculos políticos y el capital privado pueden amenazar la soberanía de países enteros en el siglo XXI.
Parece que en sus debates no se hizo mención alguna al inicio por parte de la Administración Trump de la última guerra contra Irán. Un enfoque igualmente erróneo se apreció en sus observaciones sobre la guerra en Ucrania, los ataques contra el Líbano y el genocidio en Gaza, donde volvieron a evitar mencionar a Israel.
20 de junio de 2026
Ocaso del tigre de papel estadounidense: cómo EEUU cambió sus valores por vanidad
Hispan TV * Por Ahmad Habibullah
La decadencia y caída del imperio estadounidense ha atraído una atención creciente por parte de destacados politólogos, pensadores estratégicos, intelectuales y académicos a lo largo de los años.
Numerosos libros y trabajos de investigación han examinado este fenómeno desde diversas perspectivas, tanto de forma directa como indirecta. Sin embargo, este proceso de declive también puede entenderse como un proceso de reducción o contracción.
Históricamente, todo imperio se expande durante sus etapas formativas en las dimensiones política, económica, militar y cultural. No obstante, una vez alcanzado su apogeo, comienza gradualmente a contraerse hasta desaparecer finalmente en las páginas de la historia.
En un sentido metafórico, esta contracción es comparable a la representación recurrente de Estados Unidos como un “tigre de papel” en los medios impresos y electrónicos, así como en la literatura académica.
La reducción de cualquier Estado o imperio comienza primero en la mente de su pueblo, aunque sus gobernantes y élites puedan tener una percepción completamente distinta. En el caso de Estados Unidos, este fenómeno resulta cada vez más visible en la actualidad.
Muchos intelectuales y ciudadanos estadounidenses expresan preocupación por el deterioro de la posición del país como potencia líder a nivel mundial. Por otro lado, sectores de la élite política, altos mandos militares y el establishment gobernante siguen actuando bajo la convicción de que Estados Unidos continúa siendo una superpotencia sin rival.
Estados Unidos fue fundado sobre los principios expuestos en la Declaración de Independencia, que hacía hincapié en la libertad, la igualdad, los derechos humanos, la búsqueda de la felicidad, la justicia y la paz. Con el tiempo, sin embargo, las sucesivas administraciones estadounidenses se han ido alejando gradualmente de esos ideales fundacionales.
Este alejamiento no solo ha afectado a los ciudadanos estadounidenses, sino que también ha tenido consecuencias de gran alcance para los pueblos de numerosos países, privándolos de esos mismos principios. Desde esta perspectiva, ha existido una erosión continua e ininterrumpida de los valores fundacionales de Estados Unidos, tanto dentro como fuera de sus fronteras.
Además, la Declaración de Independencia se refiere a Dios como el ‘Juez Supremo del mundo’ y refleja una firme confianza en la providencia divina por parte de los representantes de las colonias en el momento de su adopción. La política estadounidense contemporánea se ha alejado de ese fundamento y, en su lugar, deposita una confianza abrumadora en el poder militar.
Este cambio se ha manifestado mediante conflictos armados, intervenciones geopolíticas, guerras promovidas, golpes de Estado, explotación de recursos, operaciones de cambio de régimen, apoyo a gobiernos controvertidos y otras acciones consideradas desestabilizadoras y destructivas.
En el ámbito interno, políticas como la legalización del aborto, la venta de alcohol y el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo son presentadas como evidencia de un alejamiento más amplio de los valores religiosos tradicionales. Desde esta perspectiva, la fe en Dios ha sido sustituida gradualmente por un sistema de gobierno secular-fascista que se apoya principalmente en el poder militar y material para promover los intereses nacionales y proyectar influencia en el exterior.
La educación superior es otro ámbito en el que Estados Unidos ha experimentado un declive significativo. Durante la década de 1980, las universidades estadounidenses dominaban las clasificaciones mundiales, y más de 16 de las 20 mejores universidades del mundo solían estar ubicadas en Estados Unidos. Para los estudiantes talentosos de todo el planeta, estudiar en Estados Unidos representaba la máxima aspiración académica y una gran oportunidad profesional.
Esta posición se ha debilitado considerablemente en los últimos años. Según esta visión, el declive puede atribuirse a factores como las restricciones a la libertad académica, las respuestas contundentes a las protestas en los campus, el uso de la fuerza policial contra estudiantes y profesores, procedimientos de visado cada vez más restrictivos, la reducción de oportunidades de becas, la interferencia política en los asuntos académicos y la desviación de recursos nacionales hacia el gasto militar. Como resultado, las universidades estadounidenses han ido perdiendo gradualmente su posición en la educación superior mundial.
De acuerdo con una evaluación reciente de las clasificaciones universitarias globales de 2025, las instituciones estadounidenses ya no dominan los primeros puestos mundiales en la medida en que lo hacían anteriormente. China ha superado a Estados Unidos en varios indicadores de producción académica y científica, incluido el número de tesis doctorales, citas de investigación y registros de patentes. En consecuencia, muchos estudiantes sobresalientes de todo el mundo optan cada vez más por destinos como Canadá, Australia, Europa y China para cursar estudios superiores, reflejando lo que algunos críticos consideran un cambio más amplio en el panorama académico global.
Para mantener su posición como potencia hegemónica mundial y autoproclamado policía del mundo, Estados Unidos impulsó una serie de políticas y maniobras estratégicas destinadas a proyectar poder e infundir temor entre gobiernos, dirigentes políticos, estructuras militares y poblaciones de todo el mundo.
Hubo un tiempo en que un mensaje del presidente estadounidense podía obligar incluso a gobiernos poderosos a cumplir las exigencias de Washington. Sin embargo, hoy esa influencia hegemónica se ha reducido significativamente y ha sido sustituida cada vez más por una disposición de los Estados a desafiar, resistir y rechazar las directrices estadounidenses. Estados Unidos ha perdido gran parte de su antigua capacidad para imponer resultados a naciones más pequeñas y hacer prevalecer sus preferencias en el sistema internacional.
La política exterior estadounidense, en particular su prolongado apoyo al régimen sionista y su reiterado uso del derecho de veto en las Naciones Unidas, ha contribuido a una disminución gradual del respaldo internacional a las posiciones de Washington. En muchas cuestiones globales importantes, incluso aliados tradicionales de Estados Unidos se han mostrado cada vez más reacios a apoyar resoluciones promovidas por Washington, optando a menudo por abstenerse en votaciones clave.
En numerosas ocasiones, los resultados de las votaciones en la ONU han puesto de manifiesto una marcada división entre Estados Unidos y el régimen sionista, por un lado, y una amplia mayoría de los Estados miembros, por el otro. Desde esta perspectiva, tales acontecimientos reflejan una reducción de la influencia diplomática estadounidense y un debilitamiento de su capacidad para moldear el consenso internacional.
La estabilidad interna es otra prueba del declive estadounidense. En cualquier nación desarrollada que aspire al liderazgo mundial, mantener un entorno interno pacífico y seguro se considera una responsabilidad fundamental de los dirigentes políticos y de las instituciones encargadas del orden público. Estados Unidos enfrenta serios desafíos internos en este ámbito.
Entre los factores que pueden citarse figuran los elevados niveles de violencia armada, los tiroteos masivos, los delitos violentos, los crímenes de odio, el abuso de drogas, los suicidios y los disturbios sociales, considerados indicadores de un entorno social en deterioro. El aumento de la posesión de armas de fuego es visto asimismo como un reflejo de la creciente inseguridad pública y de la disminución de la confianza en la seguridad ciudadana.
Además, la brutalidad policial, particularmente contra comunidades minoritarias, ha generado una amplia controversia y ha desencadenado repetidas protestas a nivel nacional en numerosas ocasiones durante los últimos años. Estos acontecimientos revelan una erosión gradual de la cohesión social y de la confianza pública. La reducción de un entorno pacífico y estable tanto en las zonas urbanas como rurales de Estados Unidos ha contribuido a episodios recurrentes de agitación social, especialmente tras incidentes de gran repercusión que involucraron a víctimas pertenecientes a minorías.
La tecnología y la innovación, consideradas durante mucho tiempo pilares de la fortaleza estadounidense, son también ámbitos en los que Estados Unidos enfrenta desafíos cada vez mayores. Silicon Valley fue visto durante décadas como el centro mundial indiscutible de la innovación tecnológica. Sin embargo, con el tiempo, numerosas actividades manufactureras y tecnológicas fueron trasladadas a países como China, Hong Kong, Taiwán y otros, contribuyendo al surgimiento de nuevos competidores de gran peso. El espectacular colapso del Silicon Valley Bank constituye una señal simbólica de las vulnerabilidades existentes en el ecosistema económico y tecnológico estadounidense en general.
El monopolio tecnológico del que alguna vez disfrutó Silicon Valley se ha debilitado considerablemente a medida que países como China han desarrollado capacidades avanzadas en áreas como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y la manufactura de alta tecnología. Al mismo tiempo, han surgido nuevas empresas y polos de innovación en distintas partes del mundo que desafían el predominio estadounidense en sectores de vanguardia.
Una proporción significativa de los científicos, investigadores, becarios posdoctorales y profesores que trabajaban en universidades e industrias estadounidenses durante la segunda mitad del siglo XX eran inmigrantes. La creciente polarización política, la inseguridad laboral, las desigualdades en el ámbito profesional, las políticas migratorias restrictivas y las crecientes tensiones geopolíticas han hecho que Estados Unidos resulte menos atractivo para el talento internacional altamente cualificado.
Como resultado, muchos investigadores de primer nivel y profesionales del sector tecnológico buscan cada vez más oportunidades en otros lugares, especialmente en China y en otras economías de rápido desarrollo. Por ello, Estados Unidos ha experimentado una disminución gradual de su capacidad para atraer y retener talento tecnológico de clase mundial, debilitando así uno de los fundamentos clave de su influencia.
La demostración definitiva de poder en los asuntos internacionales es la capacidad de obligar a un adversario a sentarse a negociar durante una guerra, aceptar las propias exigencias y salvaguardar los intereses estratégicos. La reciente guerra, que según el autor fue impuesta ilegalmente contra la República Islámica de Irán por Estados Unidos y su aliado histórico, el régimen sionista, se ha convertido en cambio en una pesadilla estratégica para Washington.
Como autoproclamada superpotencia, Estados Unidos entró en la guerra con objetivos claramente definidos, entre ellos un ‘cambio de régimen’ en Irán y el desmantelamiento de su programa nuclear mediante ataques contra instalaciones nucleares clave. Sin embargo, Estados Unidos no logró alcanzar sus objetivos y finalmente se vio obligado a detener su agresión ante la firme resistencia de la nación iraní, especialmente de las Fuerzas Armadas iraníes.
El pueblo iraní demostró una notable capacidad de resistencia durante la guerra. A través de la movilización popular y de las manifestaciones de apoyo a sus dirigentes y fuerzas armadas, los iraníes contribuyeron a frustrar las expectativas de que la presión militar externa condujera a un colapso interno o a un ‘cambio de régimen’. En consecuencia, lo que algunos políticos y comentaristas militares estadounidenses habían imaginado como una vía para una transformación política en Irán terminó convirtiéndose en una aventura militar costosa e infructuosa.
La maquinaria bélica estadounidense, tras sufrir importantes reveses militares y estratégicos, se vio obligada a regresar a la mesa de negociaciones y moderar su retórica hacia Irán. Según esta perspectiva, ello constituye una prueba de un declive más amplio de la influencia militar estadounidense. A pesar de poseer la tecnología militar más avanzada del mundo, un arsenal nuclear y el mayor presupuesto de defensa, Washington no pudo imponer el resultado que deseaba y terminó aceptando condiciones en gran medida favorables a Teherán para poner fin a la guerra impuesta.
La historia demuestra que las grandes civilizaciones y los Estados poderosos no surgen de la noche a la mañana. Por el contrario, se construyen a lo largo de siglos mediante el esfuerzo de sus pueblos y la búsqueda de la justicia, la igualdad, la estabilidad y una gobernanza responsable.
La influencia duradera más allá de las fronteras nacionales no se alcanza mediante la fuerza militar, sino a través de la autoridad moral y la promoción de la paz y la justicia. Los Estados que actúan de ese modo se ganan el respeto tanto de sus propios ciudadanos como de la comunidad internacional.
Estados Unidos se ha alejado cada vez más de estos principios, y ese alejamiento se ha acelerado en las últimas décadas. Como muchas potencias anteriores, Estados Unidos está experimentando un rápido declive de su autoridad moral y de su posición global. Ese declive suele comenzar mucho antes de hacerse visible en términos materiales.
Así como imperios anteriores terminaron desapareciendo tras alcanzar su apogeo, Estados Unidos acabará enfrentando una trayectoria histórica similar.
Las generaciones futuras estudiarán a Estados Unidos por su legado desastroso de intervenciones militares, guerras promovidas, explotación de recursos y hegemonía global.
* El Dr. Ahmad Habibullah es profesor universitario y escritor independiente especializado en política internacional. Imparte cursos sobre liderazgo académico y ética de la investigación en una universidad.
Numerosos libros y trabajos de investigación han examinado este fenómeno desde diversas perspectivas, tanto de forma directa como indirecta. Sin embargo, este proceso de declive también puede entenderse como un proceso de reducción o contracción.
Históricamente, todo imperio se expande durante sus etapas formativas en las dimensiones política, económica, militar y cultural. No obstante, una vez alcanzado su apogeo, comienza gradualmente a contraerse hasta desaparecer finalmente en las páginas de la historia.
En un sentido metafórico, esta contracción es comparable a la representación recurrente de Estados Unidos como un “tigre de papel” en los medios impresos y electrónicos, así como en la literatura académica.
La reducción de cualquier Estado o imperio comienza primero en la mente de su pueblo, aunque sus gobernantes y élites puedan tener una percepción completamente distinta. En el caso de Estados Unidos, este fenómeno resulta cada vez más visible en la actualidad.
Muchos intelectuales y ciudadanos estadounidenses expresan preocupación por el deterioro de la posición del país como potencia líder a nivel mundial. Por otro lado, sectores de la élite política, altos mandos militares y el establishment gobernante siguen actuando bajo la convicción de que Estados Unidos continúa siendo una superpotencia sin rival.
Estados Unidos fue fundado sobre los principios expuestos en la Declaración de Independencia, que hacía hincapié en la libertad, la igualdad, los derechos humanos, la búsqueda de la felicidad, la justicia y la paz. Con el tiempo, sin embargo, las sucesivas administraciones estadounidenses se han ido alejando gradualmente de esos ideales fundacionales.
Este alejamiento no solo ha afectado a los ciudadanos estadounidenses, sino que también ha tenido consecuencias de gran alcance para los pueblos de numerosos países, privándolos de esos mismos principios. Desde esta perspectiva, ha existido una erosión continua e ininterrumpida de los valores fundacionales de Estados Unidos, tanto dentro como fuera de sus fronteras.
Además, la Declaración de Independencia se refiere a Dios como el ‘Juez Supremo del mundo’ y refleja una firme confianza en la providencia divina por parte de los representantes de las colonias en el momento de su adopción. La política estadounidense contemporánea se ha alejado de ese fundamento y, en su lugar, deposita una confianza abrumadora en el poder militar.
Este cambio se ha manifestado mediante conflictos armados, intervenciones geopolíticas, guerras promovidas, golpes de Estado, explotación de recursos, operaciones de cambio de régimen, apoyo a gobiernos controvertidos y otras acciones consideradas desestabilizadoras y destructivas.
En el ámbito interno, políticas como la legalización del aborto, la venta de alcohol y el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo son presentadas como evidencia de un alejamiento más amplio de los valores religiosos tradicionales. Desde esta perspectiva, la fe en Dios ha sido sustituida gradualmente por un sistema de gobierno secular-fascista que se apoya principalmente en el poder militar y material para promover los intereses nacionales y proyectar influencia en el exterior.
La educación superior es otro ámbito en el que Estados Unidos ha experimentado un declive significativo. Durante la década de 1980, las universidades estadounidenses dominaban las clasificaciones mundiales, y más de 16 de las 20 mejores universidades del mundo solían estar ubicadas en Estados Unidos. Para los estudiantes talentosos de todo el planeta, estudiar en Estados Unidos representaba la máxima aspiración académica y una gran oportunidad profesional.
Esta posición se ha debilitado considerablemente en los últimos años. Según esta visión, el declive puede atribuirse a factores como las restricciones a la libertad académica, las respuestas contundentes a las protestas en los campus, el uso de la fuerza policial contra estudiantes y profesores, procedimientos de visado cada vez más restrictivos, la reducción de oportunidades de becas, la interferencia política en los asuntos académicos y la desviación de recursos nacionales hacia el gasto militar. Como resultado, las universidades estadounidenses han ido perdiendo gradualmente su posición en la educación superior mundial.
De acuerdo con una evaluación reciente de las clasificaciones universitarias globales de 2025, las instituciones estadounidenses ya no dominan los primeros puestos mundiales en la medida en que lo hacían anteriormente. China ha superado a Estados Unidos en varios indicadores de producción académica y científica, incluido el número de tesis doctorales, citas de investigación y registros de patentes. En consecuencia, muchos estudiantes sobresalientes de todo el mundo optan cada vez más por destinos como Canadá, Australia, Europa y China para cursar estudios superiores, reflejando lo que algunos críticos consideran un cambio más amplio en el panorama académico global.
Para mantener su posición como potencia hegemónica mundial y autoproclamado policía del mundo, Estados Unidos impulsó una serie de políticas y maniobras estratégicas destinadas a proyectar poder e infundir temor entre gobiernos, dirigentes políticos, estructuras militares y poblaciones de todo el mundo.
Hubo un tiempo en que un mensaje del presidente estadounidense podía obligar incluso a gobiernos poderosos a cumplir las exigencias de Washington. Sin embargo, hoy esa influencia hegemónica se ha reducido significativamente y ha sido sustituida cada vez más por una disposición de los Estados a desafiar, resistir y rechazar las directrices estadounidenses. Estados Unidos ha perdido gran parte de su antigua capacidad para imponer resultados a naciones más pequeñas y hacer prevalecer sus preferencias en el sistema internacional.
La política exterior estadounidense, en particular su prolongado apoyo al régimen sionista y su reiterado uso del derecho de veto en las Naciones Unidas, ha contribuido a una disminución gradual del respaldo internacional a las posiciones de Washington. En muchas cuestiones globales importantes, incluso aliados tradicionales de Estados Unidos se han mostrado cada vez más reacios a apoyar resoluciones promovidas por Washington, optando a menudo por abstenerse en votaciones clave.
En numerosas ocasiones, los resultados de las votaciones en la ONU han puesto de manifiesto una marcada división entre Estados Unidos y el régimen sionista, por un lado, y una amplia mayoría de los Estados miembros, por el otro. Desde esta perspectiva, tales acontecimientos reflejan una reducción de la influencia diplomática estadounidense y un debilitamiento de su capacidad para moldear el consenso internacional.
La estabilidad interna es otra prueba del declive estadounidense. En cualquier nación desarrollada que aspire al liderazgo mundial, mantener un entorno interno pacífico y seguro se considera una responsabilidad fundamental de los dirigentes políticos y de las instituciones encargadas del orden público. Estados Unidos enfrenta serios desafíos internos en este ámbito.
Entre los factores que pueden citarse figuran los elevados niveles de violencia armada, los tiroteos masivos, los delitos violentos, los crímenes de odio, el abuso de drogas, los suicidios y los disturbios sociales, considerados indicadores de un entorno social en deterioro. El aumento de la posesión de armas de fuego es visto asimismo como un reflejo de la creciente inseguridad pública y de la disminución de la confianza en la seguridad ciudadana.
Además, la brutalidad policial, particularmente contra comunidades minoritarias, ha generado una amplia controversia y ha desencadenado repetidas protestas a nivel nacional en numerosas ocasiones durante los últimos años. Estos acontecimientos revelan una erosión gradual de la cohesión social y de la confianza pública. La reducción de un entorno pacífico y estable tanto en las zonas urbanas como rurales de Estados Unidos ha contribuido a episodios recurrentes de agitación social, especialmente tras incidentes de gran repercusión que involucraron a víctimas pertenecientes a minorías.
La tecnología y la innovación, consideradas durante mucho tiempo pilares de la fortaleza estadounidense, son también ámbitos en los que Estados Unidos enfrenta desafíos cada vez mayores. Silicon Valley fue visto durante décadas como el centro mundial indiscutible de la innovación tecnológica. Sin embargo, con el tiempo, numerosas actividades manufactureras y tecnológicas fueron trasladadas a países como China, Hong Kong, Taiwán y otros, contribuyendo al surgimiento de nuevos competidores de gran peso. El espectacular colapso del Silicon Valley Bank constituye una señal simbólica de las vulnerabilidades existentes en el ecosistema económico y tecnológico estadounidense en general.
El monopolio tecnológico del que alguna vez disfrutó Silicon Valley se ha debilitado considerablemente a medida que países como China han desarrollado capacidades avanzadas en áreas como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y la manufactura de alta tecnología. Al mismo tiempo, han surgido nuevas empresas y polos de innovación en distintas partes del mundo que desafían el predominio estadounidense en sectores de vanguardia.
Una proporción significativa de los científicos, investigadores, becarios posdoctorales y profesores que trabajaban en universidades e industrias estadounidenses durante la segunda mitad del siglo XX eran inmigrantes. La creciente polarización política, la inseguridad laboral, las desigualdades en el ámbito profesional, las políticas migratorias restrictivas y las crecientes tensiones geopolíticas han hecho que Estados Unidos resulte menos atractivo para el talento internacional altamente cualificado.
Como resultado, muchos investigadores de primer nivel y profesionales del sector tecnológico buscan cada vez más oportunidades en otros lugares, especialmente en China y en otras economías de rápido desarrollo. Por ello, Estados Unidos ha experimentado una disminución gradual de su capacidad para atraer y retener talento tecnológico de clase mundial, debilitando así uno de los fundamentos clave de su influencia.
La demostración definitiva de poder en los asuntos internacionales es la capacidad de obligar a un adversario a sentarse a negociar durante una guerra, aceptar las propias exigencias y salvaguardar los intereses estratégicos. La reciente guerra, que según el autor fue impuesta ilegalmente contra la República Islámica de Irán por Estados Unidos y su aliado histórico, el régimen sionista, se ha convertido en cambio en una pesadilla estratégica para Washington.
Como autoproclamada superpotencia, Estados Unidos entró en la guerra con objetivos claramente definidos, entre ellos un ‘cambio de régimen’ en Irán y el desmantelamiento de su programa nuclear mediante ataques contra instalaciones nucleares clave. Sin embargo, Estados Unidos no logró alcanzar sus objetivos y finalmente se vio obligado a detener su agresión ante la firme resistencia de la nación iraní, especialmente de las Fuerzas Armadas iraníes.
El pueblo iraní demostró una notable capacidad de resistencia durante la guerra. A través de la movilización popular y de las manifestaciones de apoyo a sus dirigentes y fuerzas armadas, los iraníes contribuyeron a frustrar las expectativas de que la presión militar externa condujera a un colapso interno o a un ‘cambio de régimen’. En consecuencia, lo que algunos políticos y comentaristas militares estadounidenses habían imaginado como una vía para una transformación política en Irán terminó convirtiéndose en una aventura militar costosa e infructuosa.
La maquinaria bélica estadounidense, tras sufrir importantes reveses militares y estratégicos, se vio obligada a regresar a la mesa de negociaciones y moderar su retórica hacia Irán. Según esta perspectiva, ello constituye una prueba de un declive más amplio de la influencia militar estadounidense. A pesar de poseer la tecnología militar más avanzada del mundo, un arsenal nuclear y el mayor presupuesto de defensa, Washington no pudo imponer el resultado que deseaba y terminó aceptando condiciones en gran medida favorables a Teherán para poner fin a la guerra impuesta.
La historia demuestra que las grandes civilizaciones y los Estados poderosos no surgen de la noche a la mañana. Por el contrario, se construyen a lo largo de siglos mediante el esfuerzo de sus pueblos y la búsqueda de la justicia, la igualdad, la estabilidad y una gobernanza responsable.
La influencia duradera más allá de las fronteras nacionales no se alcanza mediante la fuerza militar, sino a través de la autoridad moral y la promoción de la paz y la justicia. Los Estados que actúan de ese modo se ganan el respeto tanto de sus propios ciudadanos como de la comunidad internacional.
Estados Unidos se ha alejado cada vez más de estos principios, y ese alejamiento se ha acelerado en las últimas décadas. Como muchas potencias anteriores, Estados Unidos está experimentando un rápido declive de su autoridad moral y de su posición global. Ese declive suele comenzar mucho antes de hacerse visible en términos materiales.
Así como imperios anteriores terminaron desapareciendo tras alcanzar su apogeo, Estados Unidos acabará enfrentando una trayectoria histórica similar.
Las generaciones futuras estudiarán a Estados Unidos por su legado desastroso de intervenciones militares, guerras promovidas, explotación de recursos y hegemonía global.
* El Dr. Ahmad Habibullah es profesor universitario y escritor independiente especializado en política internacional. Imparte cursos sobre liderazgo académico y ética de la investigación en una universidad.
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Gabbard: El doctor Fauci manipuló evaluaciones de la comunidad de inteligencia sobre COVID-19
La directora saliente de la Inteligencia Nacional de EEUU, Tulsi Gabbard, anunció la publicación de documentos inéditos relacionados con los orígenes de la COVID-19 y la investigación financiada por Washington en el Instituto de Virología de Wuhan, China. |
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LA VERDAD ESTÁ EMERGIENDO TRAS FALSAS ACUSACIONES CONTRA CHINA. ESTADOS UNIDOS INGENIERIZÓ EL VIRUS COVID-19. TERREMOTO — Los documentos de COVID: La administración Trump provoca una conmoción al desclasificar archivos que incriminan a Fauci y revelan el encubrimiento detrás del origen del virus.
En sus últimas horas como Directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard desató una bomba política y diplomática de gran magnitud al anunciar oficialmente la desclasificación de un conjunto de documentos de inteligencia sensibles relacionados con los orígenes del COVID-19. Los documentos liberados indican claramente la participación directa del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU., bajo la supervisión directa de su exdirector, el Dr. Anthony Fauci, en la financiación de investigaciones de ganancia de función relacionadas con coronavirus realizadas en el laboratorio de Wuhan en China. Gabbard declaró durante la liberación que “la era de los encubrimientos ha terminado”, señalando que la administración estadounidense anterior lideró un esfuerzo engañoso para trasladar toda la culpa a China, explotando el miedo público y la aceptación generalizada de la narrativa oficial inicial. Los documentos desclasificados también revelan una presión masiva e intimidación sistemática dentro de las agencias de inteligencia de EE.UU. e instituciones científicas, con el objetivo de marginar y silenciar voces que intentaron desde el principio apoyar la hipótesis de la fuga de laboratorio o señalar la financiación estadounidense de esta investigación peligrosa --algo que observadores describieron como un reconocimiento implícito sin precedentes de la responsabilidad de Washington por el desastre de salud global.
China pulse
@Eng_china5
En sus últimas horas como Directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard desató una bomba política y diplomática de gran magnitud al anunciar oficialmente la desclasificación de un conjunto de documentos de inteligencia sensibles relacionados con los orígenes del COVID-19. Los documentos liberados indican claramente la participación directa del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU., bajo la supervisión directa de su exdirector, el Dr. Anthony Fauci, en la financiación de investigaciones de ganancia de función relacionadas con coronavirus realizadas en el laboratorio de Wuhan en China. Gabbard declaró durante la liberación que “la era de los encubrimientos ha terminado”, señalando que la administración estadounidense anterior lideró un esfuerzo engañoso para trasladar toda la culpa a China, explotando el miedo público y la aceptación generalizada de la narrativa oficial inicial. Los documentos desclasificados también revelan una presión masiva e intimidación sistemática dentro de las agencias de inteligencia de EE.UU. e instituciones científicas, con el objetivo de marginar y silenciar voces que intentaron desde el principio apoyar la hipótesis de la fuga de laboratorio o señalar la financiación estadounidense de esta investigación peligrosa --algo que observadores describieron como un reconocimiento implícito sin precedentes de la responsabilidad de Washington por el desastre de salud global.
China pulse
@Eng_china5
22 de junio de 2026
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La dependencia de Europa del gas estadounidense nunca ha sido tan grande:
EEUU ahora representa ~ el 60% de las importaciones totales de GNL de Europa, cerca de un máximo histórico. Esta cifra alcanzó su punto máximo en ~ el 64% en abril tras el cierre del Estrecho de Ormuz, que cortó los suministros de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Este porcentaje ha aumentado +20 puntos desde que Rusia invadió Ucrania en 2022, obligando a Europa a reemplazar el gas de los gasoductos rusos con GNL enviado desde EEUU. Además, EEUU representa el 26% de las importaciones totales de gas de la UE, incluyendo GNL y gas de los gasoductos, solo superado por Noruega. Europa también necesita gas estadounidense para reabastecer los tanques de almacenamiento antes del invierno, lo que significa que esta dependencia se profundizará aún más en los próximos meses. La seguridad energética de Europa ahora está directamente ligada a EEUU. |
El único respiro en ese sombrío escenario, aparte de aniquilar Ucrania para neutralizar de una vez por todas las amenazas que emanan de la OTAN desde allí, tal como lo pretende el objetivo de la operación especial, sería que Rusia vendiera participaciones en sus recursos naturales y otras industrias críticas a Estados Unidos como una "garantía de seguridad".
Si se determina con un alto grado de certeza que Pakistán está aliado con el ISIS-K como parte de un complot occidental para desestabilizar Afganistán y la vulnerable región de Asia Central, entonces las consideraciones de seguridad podrían primar sobre las políticas y económicas a la hora de reconfigurar las relaciones ruso-paquistaníes.
Profesor Chino: ¿Estamos a punto de pasar del capitalismo al socialismo?
Zhu Andong, decano de la Facultad de Marxismo de la Universidad de Tsinghua.
Observatorio de la crisis
La sociedad humana se encuentra en otra encrucijada: o bien es arrastrada al abismo por la lógica del capitalismo, o bien avanza hacia una vía socialista…
El mundo actual está experimentando cambios sin precedentes en un siglo, en los que se entremezclan la agitación y el desorden. El conflicto entre Rusia y Ucrania se prolonga, el conflicto entre Israel y Palestina sigue sin resolverse, Estados Unidos secuestró por la fuerza al presidente venezolano Nicolás Maduro, y Estados Unidos e Israel han lanzado acciones militares contra Irán. La mayoría de las personas están familiarizadas con las estadísticas relevantes sobre la guerra.
Aunque las cifras varían según las instituciones, todas son profundamente angustiosas. Según datos del año pasado, más de cincuenta países de todo el mundo se vieron envueltos en conflictos armados, con al menos 20.000 personas fallecidas a causa de la guerra cada mes.
Tras regresar a la Casa Blanca para un segundo mandato, Donald Trump llegó incluso a plantear reivindicaciones territoriales sobre Groenlandia y Canadá. Esto ha llevado a algunos observadores a argumentar que no solo el sistema de Yalta se encuentra bajo una grave presión, sino que incluso el propio sistema de Westfalia podría estar entrando en un estado de colapso.
Junto con las políticas que aplicó durante su primer mandato, Trump ha desmantelado activamente muchas de las normas e instituciones que los propios Estados Unidos ayudaron a establecer y que, en conjunto, han servido a los intereses estadounidenses al tiempo que sustentaban el funcionamiento del orden económico y político mundial.
No se puede evitar recordar el famoso pasaje: «Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profanado».
Así describieron Karl Marx y Friedrich Engels la transición del feudalismo al capitalismo en El Manifiesto Comunista. Las estructuras jerárquicas y fijas que sustentaban la sociedad feudal o bien se disolvieron en la nada o bien fueron despojadas de su carácter sagrado.
Hoy, sin embargo, nos vemos obligados a preguntarnos: ¿están empezando a desmoronarse también las instituciones «jerárquicas», «fijas» y «sagradas» que sustentan la sociedad capitalista? ¿Podemos plantearnos si estamos viviendo una transición del capitalismo al socialismo y al comunismo y, de ser así, en qué etapa de esa transición nos encontramos actualmente?
El informe del XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China afirmaba que el mundo ha entrado en un nuevo período de turbulencias y transformaciones. Mi propia interpretación es que el mundo está experimentando un cambio profundo y un desorden profundo, en los que la agitación y la inestabilidad se alimentan mutuamente. A esta descripción añadiría tres palabras más: una crisis profunda.
El capitalismo global se enfrenta a una crisis sistémica e institucional. Ya no se trata simplemente de una crisis cíclica; cada vez presenta más características estructurales y a largo plazo. La crisis se extiende más allá de la economía y las finanzas para abarcar dimensiones sociales, políticas e incluso culturales.
En El Capital, Marx escribió: «El motivo de la producción capitalista es la obtención de beneficios. El proceso de producción no es más que una etapa intermedia indispensable para ganar dinero, un mal necesario que hay que soportar para ganar dinero. (De ahí que todas las naciones con un modo de producción capitalista se vean periódicamente invadidas por la fantasía de intentar ganar dinero sin la mediación del proceso de producción).»
En el lenguaje actual, llamaríamos a esto el cambio «de la economía real a la economía virtual». La frase entre paréntesis llama naturalmente la atención sobre la naturaleza cíclica del fenómeno. Sin embargo, últimamente me he estado preguntando si también podría apuntar a una transformación estructural o a largo plazo más profunda dentro del propio capitalismo.
En mi opinión, la característica definitoria del capitalismo contemporáneo puede resumirse como el dominio del capital monopolista financiero. Dicho sistema se ha consolidado, como mínimo, en Estados Unidos y se ha extendido también a muchos otros países.
La influencia de los principales bancos de inversión disminuyó en cierta medida tras la crisis financiera de 2008. Hoy en día, los actores más poderosos son las empresas de gestión de activos, entre las que destacan tres gigantes: The Vanguard Group, BlackRock y State Street Corporation.
Tanto Vanguard como BlackRock gestionan cada una más de 10 billones de dólares en activos. Son los mayores accionistas de la inmensa mayoría de las empresas que cotizan en el S&P 500, lo que les confiere influencia en prácticamente todo el panorama empresarial. Entre los cinco mayores accionistas de la mayoría de las empresas del S&P 500, ahora resulta difícil encontrar inversores particulares. Figuras como Jeff Bezos y Elon Musk son raras excepciones; el resto son, en su gran mayoría, instituciones que representan al capital financiero.
Una vez que el capital financiero obtiene el control de las empresas más grandes y estratégicamente importantes, ¿influye en su comportamiento? Hay quien sostiene que estas inversiones son en gran medida pasivas, mantenidas a través de fondos de inversión, fondos indexados o ETF. Pero piénselo: si usted se convirtiera en el mayor accionista de Microsoft, ¿realmente se abstendría de participar en la gestión? Es difícil de imaginar. En realidad, estas instituciones se ven inevitablemente involucradas en el gobierno corporativo y, al hacerlo, moldean el comportamiento de las empresas.
El resultado es que, una vez generados los beneficios, las empresas dan cada vez más prioridad a la recompra de acciones y a los dividendos para los accionistas, en lugar de a la inversión o a la investigación y el desarrollo. Ambas prácticas tienen su origen en la ideología de la «primacía de los accionistas»: la creencia de que una empresa existe, ante todo, para maximizar la rentabilidad a corto plazo de los accionistas.
Como consecuencia, las empresas que antes se centraban en la fabricación han adoptado una perspectiva cada vez más cortoplacista, prestando cada vez menos atención al desarrollo a largo plazo. Al fin y al cabo, el capital financiero privado suele estar impulsado por la búsqueda de beneficios rápidos y rendimientos desmesurados.
Esto ha tenido una serie de consecuencias. Boeing ofrece un ejemplo especialmente revelador. Como uno de los dos duopolistas mundiales en el mercado de los grandes aviones comerciales, Boeing no debería tener dificultades para conseguir pedidos y mantener la rentabilidad, siempre y cuando evite fallos graves. Sin embargo, ¿cómo es posible que una empresa así acabara fabricando un avión defectuoso como el Boeing 737 MAX?
Es probable que la respuesta sea inseparable de la fusión de Boeing con McDonnell Douglas y del posterior ascenso de antiguos ejecutivos de McDonnell Douglas dentro de la dirección de Boeing. Estos ejecutivos hicieron hincapié en la financiarización de las operaciones corporativas, una estrategia que ya había contribuido al declive de McDonnell Douglas y a su eventual adquisición por parte de Boeing.
Sin embargo, tras tomar el control de Boeing, continuaron aplicando la misma filosofía de gestión. No podían tolerar la cultura corporativa impulsada por los ingenieros que durante mucho tiempo había definido la sede de Boeing, y finalmente trasladaron la sede de la empresa a Chicago.
Tras la crisis del 737 MAX, Boeing volvió a trasladar su sede, esta vez a Arlington, Virginia. La razón es sencilla: Arlington está cerca del Pentágono, y una parte sustancial del negocio de Boeing depende ahora de los contratos del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.
Desde la década de 1980 —y especialmente desde principios del siglo XXI— las principales economías capitalistas han experimentado una clara tendencia hacia la desindustrialización.
Si se analiza el valor añadido manufacturero entre las principales naciones industriales del mundo, todas las potencias industriales tradicionales, incluido Estados Unidos, han visto disminuir su cuota en la fabricación mundial. En 2023, China representaba el 31 % del valor añadido de la industria manufacturera mundial, frente a solo el 15 % de Estados Unidos, el 6 % de Japón y el 5 % de Alemania.
Aunque las sucesivas administraciones estadounidenses, a partir de la de Barack Obama, han promovido políticas destinadas a recuperar la industria manufacturera en Estados Unidos, los resultados han sido limitados. Desde el inicio del siglo XXI —y, en particular, desde la crisis financiera de 2008— la producción industrial y manufacturera estadounidense no ha logrado recuperarse hasta alcanzar su máximo de 2007. La capacidad productiva tampoco ha mostrado un gran crecimiento. Personalmente, no descartaría la posibilidad de un descenso precipitado en algún momento del futuro.
Hoy en día, Estados Unidos tiene dificultades incluso con el mantenimiento y la reparación de portaaviones. Esto refleja un conjunto más amplio de problemas estructurales subyacentes.
El estancamiento económico a largo plazo ha venido acompañado de burbujas financieras galopantes y de una carga de deuda cada vez más grave. En promedio, la deuda pública en los países capitalistas asciende ahora a aproximadamente el 120 % del PIB. Esto ha creado un grave desafío: el mero pago de los intereses de la deuda pública se ha convertido en una importante carga fiscal para países como Estados Unidos. De hecho, los pagos de intereses de Estados Unidos por la deuda nacional superan ahora a sus gastos militares.
En el ámbito de la crisis social, los países occidentales, incluido Estados Unidos, están experimentando un flujo incesante de disturbios sociales. El problema principal radica en la creciente desigualdad de riqueza y la distribución de ingresos cada vez más injusta, que han generado una serie de agudas contradicciones.
En Estados Unidos, la desigualdad de riqueza ha alcanzado un máximo histórico, ya que el 1 % más rico de la población posee ahora más riqueza que el 60 % de la clase media en su conjunto. Además, cuestiones como la inmigración ilegal, los refugiados, la religión y la raza están cada vez más entrelazadas. Es probable que estos problemas empujen a las sociedades occidentales hacia una crisis aún más profunda en el futuro.
Los países occidentales también se encuentran, en general, atrapados en una crisis política: polarización política, conflicto partidista constante y un continuo declive de la capacidad de gobernanza, hasta el punto de que incluso acciones como las retiradas militares se gestionan de forma deficiente.
Durante el conflicto entre Rusia y Ucrania, el bombardeo de los gasoductos Nord Stream reveló aún más que Estados Unidos, como potencia hegemónica, ya no está dispuesto a tener en cuenta los intereses de sus aliados. Esto refleja una mentalidad de «los aliados están para ser sacrificados» y «mejor ellos que nosotros». ¿Indica esto que las contradicciones internas ya se han vuelto tan graves que los intereses de los aliados ya no pueden ser atendidos?
Quizás aún más trascendental sea una crisis cultural. En la actualidad, las ideas, conceptos y teorías dominantes en las sociedades occidentales no son capaces ni de explicar la difícil situación actual ni de ofrecer soluciones viables. Echando la vista atrás a la historia, la propia China experimentó una crisis cultural tras la Revolución de 1911. ¿Ha caído ahora Occidente en una situación similar? Una vez que una sociedad entra en una crisis cultural, puede tardar entre treinta y cincuenta años, o incluso un siglo, en recuperarse.
Desde la década de 1980, el neoliberalismo —promovido por Estados Unidos— se ha extendido por todo el mundo. Sin embargo, tras 2008 se ha vuelto insostenible y ha dado paso al populismo, especialmente al populismo de derecha, con figuras como Donald Trump y Narendra Modi como ejemplos representativos. Sin embargo, el populismo tampoco logra resolver estos problemas, ya que ninguna fuerza política se atreve a perjudicar los intereses del capital monopolista financiero.
En tales condiciones, Occidente necesita urgentemente una reforma, pero esta resulta imposible. ¿Quién se atrevería a desafiar a Wall Street? Quienes lo hagan podrían, en el mejor de los casos, enfrentarse a un proceso de destitución.
Occidente se encuentra ahora atrapado en un dilema: «la reforma es necesaria, pero imposible de lograr». Como resultado, todo tipo de contradicciones seguirán inevitablemente profundizándose, intensificándose y entrelazándose. La probabilidad de que los países occidentales continúen desplazándose hacia la derecha es extremadamente alta.
De hecho, en algunos países, la influencia de políticos y partidos con tendencias fascistas o militaristas está aumentando de forma constante. Existe la preocupación de que dichas fuerzas sigan expandiéndose y, finalmente, lleguen al gobierno en varios países importantes. Si esto llegara a suceder, la humanidad podría enfrentarse a consecuencias catastróficas.
En este contexto, el auge de China adquiere una profunda relevancia mundial. La teoría, la trayectoria, el sistema y la cultura del socialismo con características chinas han cobrado una importancia capital para el desarrollo futuro de la humanidad.
En resumen, la sociedad humana se encuentra en otra encrucijada: o bien es arrastrada al abismo por la lógica del capitalismo, o bien avanza hacia una vía socialista y forja un nuevo camino a seguir, trayendo esperanza para el futuro de la humanidad.
Aunque las cifras varían según las instituciones, todas son profundamente angustiosas. Según datos del año pasado, más de cincuenta países de todo el mundo se vieron envueltos en conflictos armados, con al menos 20.000 personas fallecidas a causa de la guerra cada mes.
Tras regresar a la Casa Blanca para un segundo mandato, Donald Trump llegó incluso a plantear reivindicaciones territoriales sobre Groenlandia y Canadá. Esto ha llevado a algunos observadores a argumentar que no solo el sistema de Yalta se encuentra bajo una grave presión, sino que incluso el propio sistema de Westfalia podría estar entrando en un estado de colapso.
Junto con las políticas que aplicó durante su primer mandato, Trump ha desmantelado activamente muchas de las normas e instituciones que los propios Estados Unidos ayudaron a establecer y que, en conjunto, han servido a los intereses estadounidenses al tiempo que sustentaban el funcionamiento del orden económico y político mundial.
No se puede evitar recordar el famoso pasaje: «Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profanado».
Así describieron Karl Marx y Friedrich Engels la transición del feudalismo al capitalismo en El Manifiesto Comunista. Las estructuras jerárquicas y fijas que sustentaban la sociedad feudal o bien se disolvieron en la nada o bien fueron despojadas de su carácter sagrado.
Hoy, sin embargo, nos vemos obligados a preguntarnos: ¿están empezando a desmoronarse también las instituciones «jerárquicas», «fijas» y «sagradas» que sustentan la sociedad capitalista? ¿Podemos plantearnos si estamos viviendo una transición del capitalismo al socialismo y al comunismo y, de ser así, en qué etapa de esa transición nos encontramos actualmente?
El informe del XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China afirmaba que el mundo ha entrado en un nuevo período de turbulencias y transformaciones. Mi propia interpretación es que el mundo está experimentando un cambio profundo y un desorden profundo, en los que la agitación y la inestabilidad se alimentan mutuamente. A esta descripción añadiría tres palabras más: una crisis profunda.
El capitalismo global se enfrenta a una crisis sistémica e institucional. Ya no se trata simplemente de una crisis cíclica; cada vez presenta más características estructurales y a largo plazo. La crisis se extiende más allá de la economía y las finanzas para abarcar dimensiones sociales, políticas e incluso culturales.
En El Capital, Marx escribió: «El motivo de la producción capitalista es la obtención de beneficios. El proceso de producción no es más que una etapa intermedia indispensable para ganar dinero, un mal necesario que hay que soportar para ganar dinero. (De ahí que todas las naciones con un modo de producción capitalista se vean periódicamente invadidas por la fantasía de intentar ganar dinero sin la mediación del proceso de producción).»
En el lenguaje actual, llamaríamos a esto el cambio «de la economía real a la economía virtual». La frase entre paréntesis llama naturalmente la atención sobre la naturaleza cíclica del fenómeno. Sin embargo, últimamente me he estado preguntando si también podría apuntar a una transformación estructural o a largo plazo más profunda dentro del propio capitalismo.
En mi opinión, la característica definitoria del capitalismo contemporáneo puede resumirse como el dominio del capital monopolista financiero. Dicho sistema se ha consolidado, como mínimo, en Estados Unidos y se ha extendido también a muchos otros países.
La influencia de los principales bancos de inversión disminuyó en cierta medida tras la crisis financiera de 2008. Hoy en día, los actores más poderosos son las empresas de gestión de activos, entre las que destacan tres gigantes: The Vanguard Group, BlackRock y State Street Corporation.
Tanto Vanguard como BlackRock gestionan cada una más de 10 billones de dólares en activos. Son los mayores accionistas de la inmensa mayoría de las empresas que cotizan en el S&P 500, lo que les confiere influencia en prácticamente todo el panorama empresarial. Entre los cinco mayores accionistas de la mayoría de las empresas del S&P 500, ahora resulta difícil encontrar inversores particulares. Figuras como Jeff Bezos y Elon Musk son raras excepciones; el resto son, en su gran mayoría, instituciones que representan al capital financiero.
Una vez que el capital financiero obtiene el control de las empresas más grandes y estratégicamente importantes, ¿influye en su comportamiento? Hay quien sostiene que estas inversiones son en gran medida pasivas, mantenidas a través de fondos de inversión, fondos indexados o ETF. Pero piénselo: si usted se convirtiera en el mayor accionista de Microsoft, ¿realmente se abstendría de participar en la gestión? Es difícil de imaginar. En realidad, estas instituciones se ven inevitablemente involucradas en el gobierno corporativo y, al hacerlo, moldean el comportamiento de las empresas.
El resultado es que, una vez generados los beneficios, las empresas dan cada vez más prioridad a la recompra de acciones y a los dividendos para los accionistas, en lugar de a la inversión o a la investigación y el desarrollo. Ambas prácticas tienen su origen en la ideología de la «primacía de los accionistas»: la creencia de que una empresa existe, ante todo, para maximizar la rentabilidad a corto plazo de los accionistas.
Como consecuencia, las empresas que antes se centraban en la fabricación han adoptado una perspectiva cada vez más cortoplacista, prestando cada vez menos atención al desarrollo a largo plazo. Al fin y al cabo, el capital financiero privado suele estar impulsado por la búsqueda de beneficios rápidos y rendimientos desmesurados.
Esto ha tenido una serie de consecuencias. Boeing ofrece un ejemplo especialmente revelador. Como uno de los dos duopolistas mundiales en el mercado de los grandes aviones comerciales, Boeing no debería tener dificultades para conseguir pedidos y mantener la rentabilidad, siempre y cuando evite fallos graves. Sin embargo, ¿cómo es posible que una empresa así acabara fabricando un avión defectuoso como el Boeing 737 MAX?
Es probable que la respuesta sea inseparable de la fusión de Boeing con McDonnell Douglas y del posterior ascenso de antiguos ejecutivos de McDonnell Douglas dentro de la dirección de Boeing. Estos ejecutivos hicieron hincapié en la financiarización de las operaciones corporativas, una estrategia que ya había contribuido al declive de McDonnell Douglas y a su eventual adquisición por parte de Boeing.
Sin embargo, tras tomar el control de Boeing, continuaron aplicando la misma filosofía de gestión. No podían tolerar la cultura corporativa impulsada por los ingenieros que durante mucho tiempo había definido la sede de Boeing, y finalmente trasladaron la sede de la empresa a Chicago.
Tras la crisis del 737 MAX, Boeing volvió a trasladar su sede, esta vez a Arlington, Virginia. La razón es sencilla: Arlington está cerca del Pentágono, y una parte sustancial del negocio de Boeing depende ahora de los contratos del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.
Desde la década de 1980 —y especialmente desde principios del siglo XXI— las principales economías capitalistas han experimentado una clara tendencia hacia la desindustrialización.
Si se analiza el valor añadido manufacturero entre las principales naciones industriales del mundo, todas las potencias industriales tradicionales, incluido Estados Unidos, han visto disminuir su cuota en la fabricación mundial. En 2023, China representaba el 31 % del valor añadido de la industria manufacturera mundial, frente a solo el 15 % de Estados Unidos, el 6 % de Japón y el 5 % de Alemania.
Aunque las sucesivas administraciones estadounidenses, a partir de la de Barack Obama, han promovido políticas destinadas a recuperar la industria manufacturera en Estados Unidos, los resultados han sido limitados. Desde el inicio del siglo XXI —y, en particular, desde la crisis financiera de 2008— la producción industrial y manufacturera estadounidense no ha logrado recuperarse hasta alcanzar su máximo de 2007. La capacidad productiva tampoco ha mostrado un gran crecimiento. Personalmente, no descartaría la posibilidad de un descenso precipitado en algún momento del futuro.
Hoy en día, Estados Unidos tiene dificultades incluso con el mantenimiento y la reparación de portaaviones. Esto refleja un conjunto más amplio de problemas estructurales subyacentes.
El estancamiento económico a largo plazo ha venido acompañado de burbujas financieras galopantes y de una carga de deuda cada vez más grave. En promedio, la deuda pública en los países capitalistas asciende ahora a aproximadamente el 120 % del PIB. Esto ha creado un grave desafío: el mero pago de los intereses de la deuda pública se ha convertido en una importante carga fiscal para países como Estados Unidos. De hecho, los pagos de intereses de Estados Unidos por la deuda nacional superan ahora a sus gastos militares.
En el ámbito de la crisis social, los países occidentales, incluido Estados Unidos, están experimentando un flujo incesante de disturbios sociales. El problema principal radica en la creciente desigualdad de riqueza y la distribución de ingresos cada vez más injusta, que han generado una serie de agudas contradicciones.
En Estados Unidos, la desigualdad de riqueza ha alcanzado un máximo histórico, ya que el 1 % más rico de la población posee ahora más riqueza que el 60 % de la clase media en su conjunto. Además, cuestiones como la inmigración ilegal, los refugiados, la religión y la raza están cada vez más entrelazadas. Es probable que estos problemas empujen a las sociedades occidentales hacia una crisis aún más profunda en el futuro.
Los países occidentales también se encuentran, en general, atrapados en una crisis política: polarización política, conflicto partidista constante y un continuo declive de la capacidad de gobernanza, hasta el punto de que incluso acciones como las retiradas militares se gestionan de forma deficiente.
Durante el conflicto entre Rusia y Ucrania, el bombardeo de los gasoductos Nord Stream reveló aún más que Estados Unidos, como potencia hegemónica, ya no está dispuesto a tener en cuenta los intereses de sus aliados. Esto refleja una mentalidad de «los aliados están para ser sacrificados» y «mejor ellos que nosotros». ¿Indica esto que las contradicciones internas ya se han vuelto tan graves que los intereses de los aliados ya no pueden ser atendidos?
Quizás aún más trascendental sea una crisis cultural. En la actualidad, las ideas, conceptos y teorías dominantes en las sociedades occidentales no son capaces ni de explicar la difícil situación actual ni de ofrecer soluciones viables. Echando la vista atrás a la historia, la propia China experimentó una crisis cultural tras la Revolución de 1911. ¿Ha caído ahora Occidente en una situación similar? Una vez que una sociedad entra en una crisis cultural, puede tardar entre treinta y cincuenta años, o incluso un siglo, en recuperarse.
Desde la década de 1980, el neoliberalismo —promovido por Estados Unidos— se ha extendido por todo el mundo. Sin embargo, tras 2008 se ha vuelto insostenible y ha dado paso al populismo, especialmente al populismo de derecha, con figuras como Donald Trump y Narendra Modi como ejemplos representativos. Sin embargo, el populismo tampoco logra resolver estos problemas, ya que ninguna fuerza política se atreve a perjudicar los intereses del capital monopolista financiero.
En tales condiciones, Occidente necesita urgentemente una reforma, pero esta resulta imposible. ¿Quién se atrevería a desafiar a Wall Street? Quienes lo hagan podrían, en el mejor de los casos, enfrentarse a un proceso de destitución.
Occidente se encuentra ahora atrapado en un dilema: «la reforma es necesaria, pero imposible de lograr». Como resultado, todo tipo de contradicciones seguirán inevitablemente profundizándose, intensificándose y entrelazándose. La probabilidad de que los países occidentales continúen desplazándose hacia la derecha es extremadamente alta.
De hecho, en algunos países, la influencia de políticos y partidos con tendencias fascistas o militaristas está aumentando de forma constante. Existe la preocupación de que dichas fuerzas sigan expandiéndose y, finalmente, lleguen al gobierno en varios países importantes. Si esto llegara a suceder, la humanidad podría enfrentarse a consecuencias catastróficas.
En este contexto, el auge de China adquiere una profunda relevancia mundial. La teoría, la trayectoria, el sistema y la cultura del socialismo con características chinas han cobrado una importancia capital para el desarrollo futuro de la humanidad.
En resumen, la sociedad humana se encuentra en otra encrucijada: o bien es arrastrada al abismo por la lógica del capitalismo, o bien avanza hacia una vía socialista y forja un nuevo camino a seguir, trayendo esperanza para el futuro de la humanidad.
23 de junio de 2026
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Indicios, documentos y silencios: lo que sabemos (y lo que no se quiere investigar) sobre el origen del COVID-19
Existe una regla no escrita en cualquier democracia que aspire a la transparencia: cuando una administración se niega sistemáticamente a investigar un asunto de interés público, esa negativa se convierte en noticia tanto como el asunto mismo. Algo así ocurre con la maraña de indicios que rodean el origen del COVID-19 y el papel que desempeñó en él el doctor Anthony Fauci, exdirector del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos. Conviene empezar por lo que no está en discusión. Es un hecho contable y documentado que los Institutos Nacionales de Salud (NIH), bajo la supervisión del NIAID dirigido por Fauci, canalizaron millones de dólares hacia el Instituto de Virología de Wuhan a través de la organización EcoHealth Alliance. Esos fondos financiaron investigaciones sobre coronavirus de murciélago. También está documentado que existió una intensa controversia técnica y política sobre si aquellos experimentos encajaban en la definición de "ganancia de función", esto es, la modificación deliberada de virus para estudiar su potencial pandémico. Distintas agencias gubernamentales y la Oficina de Responsabilidad Gubernamental han ofrecido interpretaciones contrapuestas al respecto. La cuestión dista de estar zanjada. |
Tampoco está en discusión que Fauci y otros altos cargos científicos mantuvieron comunicaciones, hoy públicas gracias a solicitudes de transparencia, encaminadas a promover un artículo en Nature Medicine en marzo de 2020 que descartaba de manera temprana la hipótesis del origen de laboratorio. Aquella intervención contribuyó a fijar la narrativa del "origen natural" en un momento crítico, antes de que se hubiera completado una investigación independiente. Analistas de inteligencia que posteriormente expresaron dudas sobre aquella conclusión encontraron resistencia interna, fueron desacreditados profesionalmente o vieron sus carreras estancadas, según ha documentado el Congreso.
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Estos son los hechos que constan en expedientes. No son teorías. Son documentos.
A partir de aquí, entramos en el terreno de los indicios que piden una investigación que no llega. La directora de Inteligencia Nacional de la actual administración, Tulsi Gabbard, ha comenzado a desclasificar documentos adicionales y testimonios de informantes protegidos que, según su oficina, arrojan nueva luz sobre las conexiones entre aquellos fondos, el asesoramiento prestado a la comunidad de inteligencia y la campaña para consolidar la hipótesis del origen natural. Algunos de estos materiales ya eran conocidos parcialmente por investigaciones parlamentarias previas; otros, según sostiene Gabbard, permanecían fuera del alcance público y revelan un grado de coordinación entre científicos, agencias y actores privados que merecería un escrutinio judicial exhaustivo.
Lo que Gabbard no ha presentado —conviene subrayarlo— es una sentencia firme. No hay aún una condena penal, ni cargos formales por perjurio, ni una prueba irrefutable de que la pandemia fuera provocada deliberadamente. Pero sí hay un cuerpo indiciario lo bastante denso como para que la exigencia de una investigación independiente resulte razonable. Y aquí es donde el relato da un giro incómodo para sus detractores: esa investigación no se ha producido. Se ha bloqueado, se ha demorado, se ha desacreditado a quien la impulsa. En el debate público, la obstrucción sistemática a la transparencia opera como un argumento en favor de quien la denuncia.
Conviene recordar, en este punto, un hecho político insólito que sobrevoló el final del mandato de Joe Biden: según múltiples reportes de prensa del 20 de enero de 2025, el presidente saliente habría firmado un indulto preventivo para Anthony Fauci en sus últimas horas en el cargo, blindándolo ante potenciales acciones legales futuras. La Casa Blanca justificó entonces la medida como una protección frente a investigaciones "políticamente motivadas".
Más allá del debate sobre la veracidad o el alcance exacto de aquel acto —negado por algunos sectores y defendido por otros—, lo cierto es que la sola posibilidad de un indulto preventivo a un funcionario que ha negado irregularidades constituye, en sí misma, un hecho político de primer orden.
No sabemos aún si la justicia dictaminará algún día que hubo una conspiración criminal. Lo que sí sabemos —porque está documentado— es que hubo financiación opaca, que hubo coordinación entre altos cargos científicos para moldear la narrativa pública, que hubo disidentes silenciados dentro de la comunidad de inteligencia y que no se ha facilitado una investigación independiente a la altura del sufrimiento causado. La pandemia se cobró millones de vidas, devastó economías y cercenó libertades en todo el mundo. El mínimo tributo a las víctimas es una investigación sin miedo y sin límites. Que esa investigación se bloquee mientras se desacredita a quien la exige es, por sí solo, el hallazgo más perturbador de todos.
A partir de aquí, entramos en el terreno de los indicios que piden una investigación que no llega. La directora de Inteligencia Nacional de la actual administración, Tulsi Gabbard, ha comenzado a desclasificar documentos adicionales y testimonios de informantes protegidos que, según su oficina, arrojan nueva luz sobre las conexiones entre aquellos fondos, el asesoramiento prestado a la comunidad de inteligencia y la campaña para consolidar la hipótesis del origen natural. Algunos de estos materiales ya eran conocidos parcialmente por investigaciones parlamentarias previas; otros, según sostiene Gabbard, permanecían fuera del alcance público y revelan un grado de coordinación entre científicos, agencias y actores privados que merecería un escrutinio judicial exhaustivo.
Lo que Gabbard no ha presentado —conviene subrayarlo— es una sentencia firme. No hay aún una condena penal, ni cargos formales por perjurio, ni una prueba irrefutable de que la pandemia fuera provocada deliberadamente. Pero sí hay un cuerpo indiciario lo bastante denso como para que la exigencia de una investigación independiente resulte razonable. Y aquí es donde el relato da un giro incómodo para sus detractores: esa investigación no se ha producido. Se ha bloqueado, se ha demorado, se ha desacreditado a quien la impulsa. En el debate público, la obstrucción sistemática a la transparencia opera como un argumento en favor de quien la denuncia.
Conviene recordar, en este punto, un hecho político insólito que sobrevoló el final del mandato de Joe Biden: según múltiples reportes de prensa del 20 de enero de 2025, el presidente saliente habría firmado un indulto preventivo para Anthony Fauci en sus últimas horas en el cargo, blindándolo ante potenciales acciones legales futuras. La Casa Blanca justificó entonces la medida como una protección frente a investigaciones "políticamente motivadas".
Más allá del debate sobre la veracidad o el alcance exacto de aquel acto —negado por algunos sectores y defendido por otros—, lo cierto es que la sola posibilidad de un indulto preventivo a un funcionario que ha negado irregularidades constituye, en sí misma, un hecho político de primer orden.
No sabemos aún si la justicia dictaminará algún día que hubo una conspiración criminal. Lo que sí sabemos —porque está documentado— es que hubo financiación opaca, que hubo coordinación entre altos cargos científicos para moldear la narrativa pública, que hubo disidentes silenciados dentro de la comunidad de inteligencia y que no se ha facilitado una investigación independiente a la altura del sufrimiento causado. La pandemia se cobró millones de vidas, devastó economías y cercenó libertades en todo el mundo. El mínimo tributo a las víctimas es una investigación sin miedo y sin límites. Que esa investigación se bloquee mientras se desacredita a quien la exige es, por sí solo, el hallazgo más perturbador de todos.
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Prabowo y su equipo están haciendo un excelente trabajo al lograr un equilibrio entre los principales actores en la transición sistémica global y, lo que es crucial, al mantener a Indonesia al margen de las intrigas de la Nueva Guerra Fría.
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El parque jurásico y la evolución
Irán sigue demostrando que tiene la sartén por el mango a nivel externo mientras que a nivel interno comienza una estrecha vigilancia de la Guardia Revolucionaria sobre el gobierno, repleto de pro-occidentales. Por el momento se le deja hacer, veremos con el paso de las semanas. La GR sabe que la fuerza de Irán reside en su falta de confianza en los procedimientos occidentales y en su constante disposición a actuar por encima del gobierno. Este está ya haciendo llamados a la sociedad iraní para que abandone las calles por la noche. La respuesta es un rotundo: "Abandonaremos las calles cuando nuestro líder nos lo ordene". Es decir, la desconfianza en el gobierno es alta y no se le va a permitir desviarse ni un milímetro de lo pactado. Porque ya hay cosas que han desaparecido del lenguaje iraní como las reparaciones de guerra.
Mientras tanto, el mundo sigue evolucionando al margen del parque jurásico que es Occidente.
Estos días el mundo universitario occidental está muy revuelto. Por una parte, quienes siguen anclados en el pasado siguen insistiendo en que ellos son lo más de lo más. Son como el insecto que se conserva en ámbar o en resina: está fosilizado aunque mantiene la apariencia de su esbeltez como cuando estaba vivo. Por otra, hay quienes se han visto obligados a avanzar y a reconocer lo obvio, que las universidades occidentales solo son relevantes para los payasos del Nobel o del paleto Premio Cervantes.
Da la casualidad, o no, que se han cruzado dos informes sobre las "principales universidades del mundo" y no pueden ser más dispares. Quienes son como el insecto fosilizado siguen insistiendo en lo de siempre: Occidente es lo más de lo más. Lo fue y aparenta seguir siéndolo.
Mientras tanto, el mundo sigue evolucionando al margen del parque jurásico que es Occidente.
Estos días el mundo universitario occidental está muy revuelto. Por una parte, quienes siguen anclados en el pasado siguen insistiendo en que ellos son lo más de lo más. Son como el insecto que se conserva en ámbar o en resina: está fosilizado aunque mantiene la apariencia de su esbeltez como cuando estaba vivo. Por otra, hay quienes se han visto obligados a avanzar y a reconocer lo obvio, que las universidades occidentales solo son relevantes para los payasos del Nobel o del paleto Premio Cervantes.
Da la casualidad, o no, que se han cruzado dos informes sobre las "principales universidades del mundo" y no pueden ser más dispares. Quienes son como el insecto fosilizado siguen insistiendo en lo de siempre: Occidente es lo más de lo más. Lo fue y aparenta seguir siéndolo.
Quienes nos dedicamos a estas cosas vemos que este rango sigue inalterable... ¡desde 2004! Es una burla el que mientras la economía de Gran Bretaña se cae a cachos, con una tasa de crecimiento en los últimos 20 años del 0'6% del Producto Interior Bruto, ese al que se agarra Occidente para mantener la ficción de su superioridad pero que no vale para nada, se siga manteniendo que son sus universidades las principales del mundo. Pero como no se puede tapar el sol con un dedo, afirma ufano: "las universidades chinas están alcanzando rápidamente a las instituciones británicas y estadounidenses".
¡Ah, se me olvidaba: esto se elabora en Gran Bretaña, que todavía se sigue creyendo que es alguien en el mundo! Gran Bretaña, como todo Occidente, no es más que una fantasía grotesca, un parque jurásico que bajo el manto de la monarquía se hunde en su propia miseria y mediocridad.
La Oficina de Estadísticas Nacionales de Gran Bretaña ha publicado su último informe y en abril el país estaba así en términos de contribución al PIB por sectores.
¡Ah, se me olvidaba: esto se elabora en Gran Bretaña, que todavía se sigue creyendo que es alguien en el mundo! Gran Bretaña, como todo Occidente, no es más que una fantasía grotesca, un parque jurásico que bajo el manto de la monarquía se hunde en su propia miseria y mediocridad.
La Oficina de Estadísticas Nacionales de Gran Bretaña ha publicado su último informe y en abril el país estaba así en términos de contribución al PIB por sectores.
Solo por esto ya es suficiente para que quienes tengan medio milímetro de cerebro se cuestionen no ya la metodología de tal engendro sobre la superioridad universitaria occidental, sino su realidad. Pero esto es Occidente, esta es la calidad educativa y esta es la ficción en la que vive. Es como el anciano que sonríe mirando una foto amarillenta de su juventud.
Así que no merece la pena hablar más del tema, salvo para que veáis cuál es el gen occidental.
Pero sí merece la pena que os recuerde que ya en 2018 os comenté que China había comenzado a publicar sus propias revistas científicas después de que dos años antes comenzase un movimiento, "Más Marx, menos Occidente", en las universidades que se extendió a todos los ámbitos educativos acusando al gobierno de "estar viciado por las prácticas occidentales" y obligó al gobierno a comenzar a retirar de sus sistemas educativos el método occidental. Como digo, en 2018 China comenzó a publicar sus propias revistas científicas y se prohibió a las universidades seguir la costumbre occidental de utilizar las citas de los artículos que se publican en las revistas científicas occidentales como condición para los contratos de personal.
Cuatro años más tarde, en 2022, tres de las principales universidades chinas, las de Renmin, Nanjing y Lanzhou, se retiraron de las clasificaciones universitarias internacionales. El argumento fue que "hay que centrarse menos en Occidente y más en la autonomía educativa china y sus características". La reacción de Occidente fue ignorar el movimiento, como podéis ver más arriba y especialmente el Times Higher Education (THE) World University Rankings, el entonces baranda de este tipo de calificaciones (ya no lo es). Y sigue en ello.
Pero otros reaccionaron, como la revista Nature, también británica, que dijo que "este movimiento [de las universidades chinas] puede hacer que las clasificaciones internacionales de ranking universitario sea menos representativo a nivel mundial". Y comenzaron a cambiar. Desde entonces, sus informes anuales (ver aquí el de 2023, y aquí el de 2024) reconocieron el cambio radical en el sistema universitario mundial: no son las universidades occidentales quienes dominan, sino las chinas. Eso fue determinante para provocar un cambio en el paradigma de este tipo de recopilaciones sobre la excelencia universitaria, situando a Nature como la revista científica de referencia a nivel mundial.
El informe que acaba de publicar Nature sobre el año 2025 deja a Occidente por los suelos. Nada menos que 18 de las 20 principales universidades son chinas. Pinchad en el gráfico para verlo con mayor claridad.
Así que no merece la pena hablar más del tema, salvo para que veáis cuál es el gen occidental.
Pero sí merece la pena que os recuerde que ya en 2018 os comenté que China había comenzado a publicar sus propias revistas científicas después de que dos años antes comenzase un movimiento, "Más Marx, menos Occidente", en las universidades que se extendió a todos los ámbitos educativos acusando al gobierno de "estar viciado por las prácticas occidentales" y obligó al gobierno a comenzar a retirar de sus sistemas educativos el método occidental. Como digo, en 2018 China comenzó a publicar sus propias revistas científicas y se prohibió a las universidades seguir la costumbre occidental de utilizar las citas de los artículos que se publican en las revistas científicas occidentales como condición para los contratos de personal.
Cuatro años más tarde, en 2022, tres de las principales universidades chinas, las de Renmin, Nanjing y Lanzhou, se retiraron de las clasificaciones universitarias internacionales. El argumento fue que "hay que centrarse menos en Occidente y más en la autonomía educativa china y sus características". La reacción de Occidente fue ignorar el movimiento, como podéis ver más arriba y especialmente el Times Higher Education (THE) World University Rankings, el entonces baranda de este tipo de calificaciones (ya no lo es). Y sigue en ello.
Pero otros reaccionaron, como la revista Nature, también británica, que dijo que "este movimiento [de las universidades chinas] puede hacer que las clasificaciones internacionales de ranking universitario sea menos representativo a nivel mundial". Y comenzaron a cambiar. Desde entonces, sus informes anuales (ver aquí el de 2023, y aquí el de 2024) reconocieron el cambio radical en el sistema universitario mundial: no son las universidades occidentales quienes dominan, sino las chinas. Eso fue determinante para provocar un cambio en el paradigma de este tipo de recopilaciones sobre la excelencia universitaria, situando a Nature como la revista científica de referencia a nivel mundial.
El informe que acaba de publicar Nature sobre el año 2025 deja a Occidente por los suelos. Nada menos que 18 de las 20 principales universidades son chinas. Pinchad en el gráfico para verlo con mayor claridad.
Por supuesto que no aparece ni una de Gran Bretaña, puesto que solo es el insecto fosilizado en el ámbar o en la resina. Y Estados Unidos está muy cerca de serlo también. Y no digamos el resto de Europa, inexistente. No busquéis a la Sociedad Max Planck de Alemania, considerada "una de las mayores redes científicas de Europa", no busquéis al Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), otro de los "mayores institutos de investigación de Europa". No están, eso por hacer referencia dos de las punteras en ámbitos científicos, de esos que tanto gustan a los del Nobel. Y no están porque año tras año bajan en esta lista, siendo superados por instituciones chinas.
Pero por si tenéis dudas, el estudio de Nature es mucho más exhaustivo que el otro y dice lo siguiente, traducido para su mayor comprensión (gracias a s8a).
Pero por si tenéis dudas, el estudio de Nature es mucho más exhaustivo que el otro y dice lo siguiente, traducido para su mayor comprensión (gracias a s8a).
El caso de Química es paradigmático.
Ahora preguntaos el por qué de la absoluta superioridad en las tierras raras o el por qué los Nobel siempre a occidentales, entre una de las muchas estupideces que hace un Occidente fosilizado, como el insecto en el ámbar o en la resina.
Todo lo de Occidente se ha quedado obsoleto, especialmente en educación. Por el contrario, China se ha colocado en la estratosfera, ha escalado posiciones en la cadena de valor, dominando diversos sectores, desde los vehículos eléctricos hasta la electrónica y las energías limpias. Está compitiendo de tú a tú con Estados Unidos en inteligencia artificial y descubrimiento de fármacos, y se encuentra a la vanguardia de tecnologías futuras como la computación cuántica y la fusión nuclear. Esto es lo que dice Nature en su resumen.
No es solo una cuestión de cifras, sino que refleja el crecimiento explosivo de China que ningún país occidental, ni siquiera EEUU, puede seguir. De ahí el miedo, de ahí las amenazas, de ahí todo lo que se está viendo en contra de China. Y, sobre todo, porque ese crecimiento explosivo se da en la educación superior.
En total, y según Nature, entre las 100 mejores universidades del mundo, 51 son chinas. Para que os hagáis una idea de cómo están las cosas por países, o sea, de esas 49 restantes, la cosa es así:
Todo lo de Occidente se ha quedado obsoleto, especialmente en educación. Por el contrario, China se ha colocado en la estratosfera, ha escalado posiciones en la cadena de valor, dominando diversos sectores, desde los vehículos eléctricos hasta la electrónica y las energías limpias. Está compitiendo de tú a tú con Estados Unidos en inteligencia artificial y descubrimiento de fármacos, y se encuentra a la vanguardia de tecnologías futuras como la computación cuántica y la fusión nuclear. Esto es lo que dice Nature en su resumen.
No es solo una cuestión de cifras, sino que refleja el crecimiento explosivo de China que ningún país occidental, ni siquiera EEUU, puede seguir. De ahí el miedo, de ahí las amenazas, de ahí todo lo que se está viendo en contra de China. Y, sobre todo, porque ese crecimiento explosivo se da en la educación superior.
En total, y según Nature, entre las 100 mejores universidades del mundo, 51 son chinas. Para que os hagáis una idea de cómo están las cosas por países, o sea, de esas 49 restantes, la cosa es así:
¿Sorprende que no aparezca ninguna universidad rusa? A mí no. Tras la desaparición de la URSS, los prooccidentales se apresuraron a destruir todo lo que tuviera que ver con la Unión Soviética. Una de esas cosas fue la educación. Tan es así que en 2003 Rusia se sumó al Plan Bolonia europeo (cuatro años antes que España, por ejemplo). El Plan Bolonia es la mercantilización de la universidad y una cantera para las empresas, tirando a la cuneta el papel de lugar de formación y desarrollo humano y pasando a ser una mera fábrica de mano de obra (si es que se consigue trabajo) y, además, pagando mucho más por ello, como con el escándalo de los máster. Pero no fue hasta mayo de 2022 cuando se retiró del mismo, y no por decisión propia precisamente sino como consecuencia de la agresividad europea tras la famosa "operación militar especial" en el país 404, antes conocido como Ucrania. Porque unas de las cosas que hizo Europa fue retirar a Rusia de los convenios universitarios (colaboración académica, científica y de movilidad). Rusia siempre, como bien dijo en el Foro de San Petersburgo el "siloviki" Andrey Bezrukov, actúa tarde y con lentitud. Él se refería a la cuestión del país 404, pero es aplicable a todo.
Tan es así que solo ahora, en 2026, o sea, cuatro años después de haber abandonado el Plan Bolonia y haber estado casi en una parálisis universitaria total, el gobierno ha aprobado (el pasado día 19) "las normas para un proyecto piloto de transición a un nuevo sistema de educación superior". Ese plan piloto, a la velocidad del Kremlin repleto de pro-occidentales, los euroatlánticos, va a tardar otro tanto en comenzar a concretarse. Así que no habrá universidades rusas de calidad en mucho tiempo porque está previsto que dicho plan se concrete en 2030, aunque ya hay 6 universidades que lo están aplicando de forma experimental y se espera que el curso que viene lo hagan otras 11 más. Este "proyecto piloto" se centra específicamente en "matemáticas y mecánica, informática y ciencias de la información, seguridad informática, física y astronomía, medicina, agronomía, ingeniería mecánica y transporte, administración pública y municipal, economía, lingüística, publicidad y relaciones públicas". O sea, si os fijáis, en casi todo en lo que destaca China. No está mal, tarde pero abandonando un poco la fosilización y mirando un poco al este.
Por dar un poco de oxígeno a los putinistas me referiré a un refrán ruso: "Rusia se toma su tiempo para ensillar el caballo, pero cuando coge impulso es muy difícil de frenar". A la espera de que así sea (antes de morirnos de viejos, claro).
P.D.- China respondió la semana pasada a las nuevas sanciones impuestas por EEUU con una amplia represalia en dos frentes: prohibiendo a los departamentos gubernamentales comprar productos de 46 contratistas de defensa estadounidenses e incluyendo en una lista negra a 10 empresas que no pueden recibir exportaciones chinas de doble uso. Están incluidas Lockheed Martin Corporation y Raytheon Missiles & Defense, por ejemplo. Con ser importante, lo más revelador es que se añade a las dos empresas emblemáticas del esfuerzo estadounidense por reconstruir su cadena de suministro de tierras raras, así que toda esa fanfarria occidental sobre el "romper el monopolio chino en tierras raras", del que se acaba de hablar en el fantasmagórico G-7, no va a ir a ninguna parte. Salvo a la propaganda, claro. En eso es en lo único en que el parque jurásico occidental es insuperable: todavía hace buenos carteles entretener a una sociedad fosilizada.
El Lince
Tan es así que solo ahora, en 2026, o sea, cuatro años después de haber abandonado el Plan Bolonia y haber estado casi en una parálisis universitaria total, el gobierno ha aprobado (el pasado día 19) "las normas para un proyecto piloto de transición a un nuevo sistema de educación superior". Ese plan piloto, a la velocidad del Kremlin repleto de pro-occidentales, los euroatlánticos, va a tardar otro tanto en comenzar a concretarse. Así que no habrá universidades rusas de calidad en mucho tiempo porque está previsto que dicho plan se concrete en 2030, aunque ya hay 6 universidades que lo están aplicando de forma experimental y se espera que el curso que viene lo hagan otras 11 más. Este "proyecto piloto" se centra específicamente en "matemáticas y mecánica, informática y ciencias de la información, seguridad informática, física y astronomía, medicina, agronomía, ingeniería mecánica y transporte, administración pública y municipal, economía, lingüística, publicidad y relaciones públicas". O sea, si os fijáis, en casi todo en lo que destaca China. No está mal, tarde pero abandonando un poco la fosilización y mirando un poco al este.
Por dar un poco de oxígeno a los putinistas me referiré a un refrán ruso: "Rusia se toma su tiempo para ensillar el caballo, pero cuando coge impulso es muy difícil de frenar". A la espera de que así sea (antes de morirnos de viejos, claro).
P.D.- China respondió la semana pasada a las nuevas sanciones impuestas por EEUU con una amplia represalia en dos frentes: prohibiendo a los departamentos gubernamentales comprar productos de 46 contratistas de defensa estadounidenses e incluyendo en una lista negra a 10 empresas que no pueden recibir exportaciones chinas de doble uso. Están incluidas Lockheed Martin Corporation y Raytheon Missiles & Defense, por ejemplo. Con ser importante, lo más revelador es que se añade a las dos empresas emblemáticas del esfuerzo estadounidense por reconstruir su cadena de suministro de tierras raras, así que toda esa fanfarria occidental sobre el "romper el monopolio chino en tierras raras", del que se acaba de hablar en el fantasmagórico G-7, no va a ir a ninguna parte. Salvo a la propaganda, claro. En eso es en lo único en que el parque jurásico occidental es insuperable: todavía hace buenos carteles entretener a una sociedad fosilizada.
El Lince
La izquierda y cómo asaltar la fortaleza digital del capitalismo
Los medios de comunicación estadounidenses han invertido en los últimos años en rehabilitar a los extremistas uigures chinos que ahora tienen su base en Siria, presentándolos como «luchadores por la libertad» cuyo objetivo final es «liberar» (separar) territorio en el oeste de China y que se están preparando para luchar contra China en toda Eurasia, lo que se suma a la guerra sucia que Estados Unidos ya lleva librando contra China a lo largo de los siglos XX y XXI.
24 de junio de 2026
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Kim Jong-un anuncia la aceleración del arsenal nuclear norcoreano y señala al "sionismo, el neonazismo ucraniano y el militarismo japonés" como amenazas globales
El líder norcoreano incluyó también la ideología de "América primero" entre los factores que justifican el refuerzo del potencial nuclear y de misiles de Pyongyang. Según estimaciones de expertos, Corea del Norte cuenta actualmente con alrededor de 60 cabezas nucleares y podría ampliar significativamente ese número en los próximos años. La Reserva Estratégica de Petróleo de EEUU (SPR) ha caído a 331,2 millones de barriles, el nivel más bajo desde 1983.
Esto mientras la Marina de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) DETIENE nuevos permisos para el paso por el Estrecho de Ormuz. Solo se permiten los petroleros seleccionados directamente. Lee mi columna más reciente, "Por qué el neo-Crásus desesperadamente necesita aferrarse a SU acuerdo". No puedo publicar el enlace, pero sabrás dónde encontrarlo. Pepe Escobar @RealPepeEscobar |
Solo las armas nucleares protegen al mundo de una guerra mundial, advierte el Kremlin
"En la actualidad, la seguridad mundial se ve considerablemente mermada. En muchos aspectos, de hecho, aparte de la disuasión nuclear, no nos queda otra cosa en el mundo. Es lo único que protege al mundo de una guerra mundial", aseguró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, en el XII Foro Internacional Científico y de Expertos Lecturas de Primakov. Otras declaraciones del vocero: El riesgo general de que surjan conflictos regionales va en aumento. No existen en el mundo los mecanismos necesarios para alcanzar acuerdos en materia de seguridad. Los países no logran ponerse de acuerdo ni siquiera sobre la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. Es posible que aparezca un arma que no tenga nada que envidiar a la nuclear. Para Rusia, es importante la cuestión de la identidad independiente de Europa en el ámbito militar. Gran maestro Lavrov: "No somos Occidente, somos Eurasia."
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La historia nos enseña que fue posible planear una guerra utilizando flechas persas destinadas específicamente a acabar con Craso y las legiones romanas.
26 de junio de 2026
28 de junio de 2026
Una de las cuestiones fundamentales que existen, tanto en la superficie política como en el ecosistema de poder de Estados Unidos, es, precisamente, si el presidente Donald Trump está atravesando un periodo de declive con respecto a la proyección futura de su proyecto político, y la respuesta es un claro y categórico «Sí».
Es un sí racional. Y no se debe tanto a su edad biológica (actualmente tiene 79 años) ni a que el bando opositor del atlantismo globalista sea más fuerte ahora que en noviembre de 2024. Se debe a que el presidente Trump, por diversas razones personales, familiares y de poder, se involucró en asuntos cuyas resoluciones finales no se vislumbran o, si se concretan, no le serán favorables en la medida en que las necesite para apuntalar y expandir su dinastía entre las élites estadounidenses y mundiales.
Es un sí racional. Y no se debe tanto a su edad biológica (actualmente tiene 79 años) ni a que el bando opositor del atlantismo globalista sea más fuerte ahora que en noviembre de 2024. Se debe a que el presidente Trump, por diversas razones personales, familiares y de poder, se involucró en asuntos cuyas resoluciones finales no se vislumbran o, si se concretan, no le serán favorables en la medida en que las necesite para apuntalar y expandir su dinastía entre las élites estadounidenses y mundiales.
Artículo de Wang Xiangsui (Ex coronel del Ejército Popular de Liberación; coautor de Guerra sin restricciones) en The China Academy.
Análisis completo de la «Lista 1260H» de EEUU: ¿Qué gigantes tecnológicos chinos se verán afectados?
Dentro del ecosistema de poder estadounidense, hay líneas internas diferentes y también subsisten, en ellas y entre ellas, discrepancias respecto a cómo actuar en el proceso mundial. O dicho de otra forma, cómo hacer para que el reinado estadounidense continúe en toda la globalidad.
Es evidente que en Anchorage se llegó a un cierto entendimiento, aunque no fuera un acuerdo "oficial", pero Trump incumplió sus compromisos, por lo que Rubio se hace el tonto negando que existiera tal acuerdo.