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Centro Andino de Estudios Estratégicos
18 de septiembre de 2025

Las guerras del imperio en Latinoamérica y el Caribe

Rebelión            Atilio A. Boron
El título de esta nota puede inducir a creer que el objeto de estas breves líneas será recordar las numerosas aventuras militares del imperialismo norteamericano en Nuestra América, sobre todo en Centroamérica y el Caribe, “la tercera frontera imperial” como felizmente la definiera el profesor y ex presidente de la República Dominicana Juan Bosch. Pero no: nuestro propósito es examinar las guerras actuales del imperialismo, las que al día de hoy se libran en contra de Cuba y Venezuela. Pese a que la Cumbre de la CELAC 2014 declaró a Nuestra América como Zona de Paz, lo cierto es que los países arriba nombrados son víctimas de una guerra no declarada pero no por ello menos perjudicial.

Los cambios en “el arte de la guerra” a lo largo de las últimas décadas han tenido como una de sus consecuencias invisibilizar el enorme daño que hoy se puede infligir a las poblaciones agredidas y ocultar, al menos parcialmente, la responsabilidad criminal que le cabe al país agresor. En los casos que nos ocupan, Estados Unidos es quien sin mediar una declaración formal de guerra, que requeriría una ley del Congreso de ese país, lleva más de sesenta años haciéndole la guerra a Cuba, con total impunidad, y diez años a Venezuela.

El caso venezolano se distingue del cubano porque existe una Orden Ejecutiva firmada el 9 de marzo del 2015 por el entonces presidente Barack Obama mediante la cual se declaraba la “emergencia nacional” ante la “amenaza inusual y extraordinaria que la situación de Venezuela suponía para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.” Es difícil al re-leer estas líneas no pensar en la soberana ridiculez de dicha Orden Ejecutiva. ¡La “seguridad nacional” de la mayor potencia militar y financiera del planeta amenazada por la Venezuela bolivariana! El pretexto, porque para todo el imperio tiene un pretexto, fue sancionar a siete funcionarios de los organismos de seguridad del estado venezolano que habían participado en el combate a las sangrientas “guarimbas” que asolaron al país entre febrero y mayo del 2014 y a los cuales se les acusaba de haber incurrido en prácticas violatorias de los derechos humanos.

En el caso cubano las medidas coercitivas unilaterales comenzaron poco después del triunfo de la Revolución cuando el presidente Dwight Eisenhower en enero de 1960 prohibió la exportación de todo producto a Cuba (excepto alimentos y medicinas) y redujo la cuota de azúcar que la isla exportaba a Estados Unidos, afectando seriamente la economía cubana. En marzo de ese año había autorizado a la CIA que organizara, entrenara y equipase a emigrados cubanos y otros mercenarios para organizar una invasión a Cuba con el objeto de derrocar a Castro, cosa que infructuosamente se intentó en Abril de 1961 en Playa Girón. Pocos meses antes, el 3 de enero de 1961, Eisenhower había roto las relaciones diplomáticas con Cuba. La perversa progresión del bloqueo en contra de Cuba es harto conocida tanto como los efectos devastadores sobre la vida económica, social y política de la isla. No existe ninguna experiencia en la historia universal, repito: en la historia universal, de un país o región que hubiese estado sometida por una gran potencia dominante a una agresión económica, comercial, financiera, diplomática, cultural, mediática, deportiva y migratoria como la que Cuba, con una dignidad y heroísmo ejemplares, viene resistiendo desde hace 65 años. Los problemas de la economía cubana son incomprensibles al margen de las devastadoras consecuencias de una guerra que se extiende por tantas décadas

Con la aceleración del curso declinante del imperio americano y ante su creciente pérdida de influencia en Asia, cada vez más girando en torno a los dos gigantes regionales: China y la India; con su tenue presencia en el continente africano; el debilitamiento irreversible de los países europeos, reducidos a la condición de dóciles sirvientes del amo imperial y sin gravitación siquiera en su entorno geopolítico inmediato como Oriente Medio a lo cual hay que añadir el inesperado renacimiento de Rusia como actor global, Washington reorganiza las prioridades de su agenda de política exterior y vuelve sus ojos hacia Latinoamérica y el Caribe, esa “retaguardia estratégica” del imperio como la denominaran Fidel y el Che. En efecto, nuestra región es un fenomenal emporio de recursos naturales como lo definiera un venezolano ilustre y gran secretario general de la UNASUR, Alí Rodríguez Araque. Y ante el cambio en la correlación mundial de fuerzas, en detrimento de Estados Unidos, Donald Trump alentado por sus halcones -entre ellos el fiel lobista del sionismo, Marco Rubio- ordena a su flota de mar patrullar el Caribe meridional, acosar a pescadores venezolanos en sus aguas territoriales, agredirlos e intimidarlos y, según confesión propia, en un par de casos asesinarlos fríamente luego de acusarlos, sin aportar prueba alguna, de ser narcotraficantes. Estas supuestas narcolanchas pretendían lograr una verdadera proeza náutica en un mar protegido por unas cuarenta bases militares estadounidenses amén de una decena de navíos de guerra que se hallaban patrullando la región, pese a lo cual desafiantemente se dirigían con sus pequeñas embarcaciones supuestamente cargadas de cocaína y fentanilo con destino en las costas estadounidenses. La mentira es tan flagrante que la única conclusión posible es que en su desesperación Trump apela a cualquier expediente, mintiendo sin escrúpulos e inclusive ejecutando a sangre fría a pescadores de atún en abierta violación de la legalidad de su país que exige la detención de los supuestos delincuentes para ser llevados a juicio y la incautación de su cargamento para confirmar su naturaleza.

Se trata, entonces, de actos de agresión militar en una guerra no declarada, pero guerra al fin. Actos que se inscriben en una larga lista de agresiones no militares pero letales que Venezuela ha sufrido en esta larga guerra que comienza con la infame Orden Ejecutiva de Obama del 2015. Si el objetivo de una guerra convencional es destruir mediante el empleo de la fuerza las instalaciones militares, la infraestructura y desestructurar por completo la vida económica del país agredido, en la guerra de quinta generación esos objetivos se logran por otros medios: medidas coercitivas unilaterales (vulgo: “sanciones”) que producen gravísimos daños en la economía, perjudicando las relaciones comerciales con terceros países, desalentando inversiones en Venezuela y destruyendo la normalidad de la vida económica al interior del país; también con atentados mediante ciberataques a represas, puentes, refinerías, abastecimiento de agua y energía eléctrica y el desplome de las redes sociales y la Internet; con campañas de desinformación, satanización de las autoridades del país agredido (por ejemplo, inventando una organización criminal, el Cartel de los Soles, y diciendo que su jefe es el presidente Nicolás Maduro Moros); o con la organización y financiamiento de grupos criminales como las tristemente célebres “guarimbas” de 2014 y 2017 (o, en Oriente Medio, la banda criminal de los degolladores seriales del ISIS, según confesión de Hilary Clinton) y la creación de climas de terror y temor en la población.

En pocas palabras, debemos reconocer que Venezuela, igual que Cuba, está en guerra y que la unión del pueblo con su gobierno y sus fuerzas armadas fue la que hasta ahora erigió una formidable barrera a las pretensiones del imperio, dispuesto a cometer cualquier crimen con tal de apoderarse de la mayor reserva comprobada de petróleo del mundo que se encuentra en la patria de Bolívar y de Chávez y a poner fin a la Revolución Cubana, ese faro ejemplar que ha dado muestras de una resiliencia absolutamente excepcional, sin precedentes en la historia universal. Para lograr estos dos objetivos Trump y sus compinches son capaces de hacer cualquier cosa. Y si hasta ahora no lo hicieron es porque todavía está muy fresca la memoria de las derrotas experimentadas en Corea, en Vietnam, el Líbano, en Afganistán y en Playa Girón. O la “victoria” conseguida en Irak que a poco andar se convirtió en una derrota política, al igual que la más reciente en Siria, donde Washington causó estupor y repulsa universal porque luego de urdir la “primavera de colores” que acabó con el “régimen” de Bashar al Ásad ungió como presidente de ese país a Al-Sharaa, un criminal serial sobre cuya cabeza reposaba una recompensa de diez millones de dólares por ser el líder del grupo terrorista islámico Hayat Tahrir al-Sham (HTS). Y saben en la Casa Blanca que si escalan la agresión en contra de Cuba y Venezuela un tsunami antiestadounidense recorrerá toda Latinoamérica y probablemente también el Sur Global, donde hay actores muy poderosos que desean importar el petróleo venezolano. Un nuevo tsunami que tal como ocurriera a comienzos de siglo culminó con la derrota del ALCA, el gran proyecto que los expertos y analistas del imperio habían elaborado para todo el siglo veintiuno. 
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Fuente: https://www.pagina12.com.ar/858663-las-guerras-del-imperio-en-latinoamerica-y-el-caribe
Las guerras del imperio en Latinoamérica y el Caribe

25 de septiembre de 2025
CEDER MILITARMENTE USHUAIA A EEUU: La Letra Chica del Acuerdo Milei–Trump
Desesperado por fondos, Milei permitirá que el Comando Sur posea una base militar en Ushuaia. La revelación de TN desnuda un claro acuerdo con entrega de soberanía.
El canal de noticias TN, del Grupo Clarín, un medio totalmente afín al gobierno de Javier Milei, ha publicado información que contradice directamente las recientes declaraciones del ministro de Defensa, Luis Petri. Mientras hace pocas horas, Petri negaba la existencia de un acuerdo para una base naval conjunta en Ushuaia, TN afirma que la "letra chica" del acuerdo financiero con el Tesoro de EEUU sí incluye una contrapartida militar: la presencia de fuerzas estadounidenses en Argentina.
Según TN, Milei está dispuesto a "analizar la presencia de las fuerzas norteamericanas en Ushuaia", una zona de alta sensibilidad geopolítica.
Foto

Milei, desesperado por obtener fondos, permitirá que el
Comando Sur tenga bases militares y el control del ejército
​ en Argentina. Análisis

Punto crítico entre Estados Unidos y Colombia

Asociación Analítica de Expertos “Soberanía”           André Soares
Durante el último cuarto de siglo, Colombia ha servido como el aliado de seguridad más importante de Washington en América Latina y el Caribe. Desde la introducción del Plan Colombia en el año fiscal 2000, un programa que en teoría apuntaba a combatir los narcóticos y fortalecer la seguridad, pero en realidad, sus planes eran mantener un punto de apoyo en el lado norte de América del Sur, especialmente desde que el gobierno bolivariano de Hugo Chávez, tuvo lugar en Venezuela, de esa manera, Podría utilizarse para mantener el contacto y la observación en el país vecino y en toda la selva amazónica, una región de gran importancia para los intereses de la OTAN; Estados Unidos podría haber sido un importante receptor de ayuda exterior y de atención del Congreso.

Entre los años fiscales 2000 y 2018, más de 10 mil millones de dólares en fondos de los Departamentos de Estado y de Defensa se destinaron a Colombia, apoyo que resultó crucial en un momento en que el gobierno colombiano estaba al borde del colapso a fines de la década de 1990.

En junio de 2022, los colombianos eligieron al exsenador Gustavo Petro como presidente para un mandato de cuatro años después de que ganara una segunda vuelta contra Rodolfo Hernández, magnate de la construcción y exalcalde de un solo mandato. Posicionado en la izquierda liberal del espectro político, Petro inicialmente encontró puntos en común con la administración Biden, particularmente en temas como la lucha contra el cambio climático, la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles y la promoción de la inclusión étnica y de género, todo ello mientras continuaba participando en la compleja situación de Venezuela.

Sin embargo, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca introdujo nuevas tensiones. La postura de línea dura de Trump sobre la inmigración chocó con las políticas de Petro, provocando tensiones que resonaron en el orgullo nacional colombiano. Sin embargo, la fuente más profunda de fricción residía en los crecientes vínculos de Colombia con Beijing.

En los últimos años, China ha impulsado proyectos ambiciosos en el país, fortaleciendo su influencia con poca resistencia interna. Aunque Colombia no se ha unido a los BRICS, las dos naciones establecieron una Asociación Estratégica en 2023 y China ya se ha convertido en el segundo socio comercial más importante de Colombia, y su presencia se está expandiendo rápidamente.
Punto crítico entre Estados Unidos y Colombia

3 de octubre de 2025
República Dominicana excluye a Cuba, Nicaragua y Venezuela de la Cumbre de las Américas
El gobierno de Luis Abinader no invitó a Cuba, Nicaragua y Venezuela a la próxima Cumbre de las Américas, alegando razones multilaterales y su no pertenencia a la OEA, pese a haber prometido un evento “inclusivo”.
Cuba rechazó la medida y la calificó de “claudicación” ante EEUU, mientras voces internas en Dominicana la ven como una “sumisión” a intereses extranjeros.
Organizaciones sociales y políticas denuncian que la decisión contradice los principios de soberanía y hermandad latinoamericana.
Foto

9 de octubre de 2025
Esta jornada empiezan en Panamá las maniobras militares conjuntas con EEUU.
Sobre el tema hablamos con el analista militar Omar Al Atrache.
Resalta que EEUU busca reforzar su dominio en América Latina frente al ascenso de Rusia y China.
Vicecanciller de Honduras: Ni en la invasión de Panamá ni en Bahía de Cochinos amenazó EEUU tan directamente a otro Estado
El vicecanciller hondureño, Gerardo Torres Zelaya, comparte la visión de Henry Kissinger sobre la importancia de las instituciones globales en un mundo cada vez más polarizado y explica cómo la debilidad de la ONU, la OEA y la CELAC, sumada a las trabas internas y la presión unilateral, están desplazando a la diplomacia del consenso por la fuerza.
Vean la entrevista completa aquí:  https://sn-esp.site/JgBe

16 de octubre de 2025
La campaña alarmista, presuntamente coordinada, de Estados Unidos y Ucrania sobre las consecuencias para la seguridad regional del supuesto combate de los cubanos por el lado de Rusia sugiere que la isla pronto estará bajo mayor presión.
Cuba vuelve a la mira de Estados Unidos

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27 de octubre de 2025
La pérdida de la Revolución en Granada


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