9 de agosto de 2025
Las ideologías liberales-libertarias son una herramienta colonialista
Expert Analytical Association “Sovereignty” Luis Bozzo
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Es cierto que en Sudamérica existen numerosas corrientes ideológicas que presentan posiciones diversas sobre la naturaleza del Estado-nación.
Sin embargo, la primera gran clasificación que debe hacerse respecto a las ideologías es dividirlas entre aquellas que se oponen al sistema establecido y aquellas que respaldan el sistema imperante; es decir, entre ideologías revolucionarias que se oponen al colonialismo y al subdesarrollo, y aquellas que abrazan el imperialismo occidental global y los principios liberales.
Las ideologías políticas son mutables y responden a contextos y realidades específicas. Por lo tanto, pueden ser revolucionarias o utilitarias para justificar un orden.
Sabemos que, desde los siglos XIX y XX, Nuestra América ha sufrido un intenso asedio ideológico por parte de Estados Unidos para promover sus intereses en la región: desde la Doctrina Monroe (asumida por las élites oligárquicas), hasta la febril propaganda anticomunista (utilizada para etiquetar bajo un mismo estandarte a todos los sectores populares patrióticos, instaurando dictaduras proyanquis), la promoción del neoliberalismo en la academia (como en el caso de los Chicago Boys en Chile), e incluso mediante el fomento de iglesias pentecostales, protestantes y congregaciones similares entre los sectores populares de muchos países.
Siguiendo esta tendencia, hoy vemos la difusión —a través de redes sociales, medios de comunicación y universidades— de ideologías libertarias y antiestatales provenientes de las escuelas de Chicago, Austriaca y otras, que promueven la minimización de los Estados nacionales. Sostienen que el mercado debe autorregularse por la iniciativa privada, lo cual supuestamente conduce al desarrollo, la libertad y la prosperidad.
Sin embargo, sabemos que tales absurdos no son más que artimañas para ampliar monopolios comerciales extranjeros, oligopolios locales y debilitar las soberanías públicas de los pueblos de América. Estas ideologías libertarias han utilizado hábilmente metodologías populistas para sostener narrativas demagógicas capaces de engañar a las masas, abordando temas como la seguridad o proclamando discursos “antipolíticos” —contra “las castas” y similares.
Es deber de los sectores patrióticos librar la lucha política por todos los medios —verticalmente (disputando cargos de gobierno) y horizontalmente (difundiendo resistencia cultural en todos los frentes)— con un claro entendimiento de sus realidades particulares.
En países como los sudamericanos, es imperativo fortalecer los Estados nacionales. Estos Estados deben adoptar políticas nacionalistas, soberanas y populares, es decir, respaldadas por el mandato del pueblo.
Por lo tanto, los Estados deben aplicar un pragmatismo radical, evitando idealismos románticos y empleando metodologías que realmente resuelvan las grandes necesidades a la vez que fortalezcan a las naciones. Allí es donde podría echar raíces una ideología nacional y popular.
Sin embargo, la primera gran clasificación que debe hacerse respecto a las ideologías es dividirlas entre aquellas que se oponen al sistema establecido y aquellas que respaldan el sistema imperante; es decir, entre ideologías revolucionarias que se oponen al colonialismo y al subdesarrollo, y aquellas que abrazan el imperialismo occidental global y los principios liberales.
Las ideologías políticas son mutables y responden a contextos y realidades específicas. Por lo tanto, pueden ser revolucionarias o utilitarias para justificar un orden.
Sabemos que, desde los siglos XIX y XX, Nuestra América ha sufrido un intenso asedio ideológico por parte de Estados Unidos para promover sus intereses en la región: desde la Doctrina Monroe (asumida por las élites oligárquicas), hasta la febril propaganda anticomunista (utilizada para etiquetar bajo un mismo estandarte a todos los sectores populares patrióticos, instaurando dictaduras proyanquis), la promoción del neoliberalismo en la academia (como en el caso de los Chicago Boys en Chile), e incluso mediante el fomento de iglesias pentecostales, protestantes y congregaciones similares entre los sectores populares de muchos países.
Siguiendo esta tendencia, hoy vemos la difusión —a través de redes sociales, medios de comunicación y universidades— de ideologías libertarias y antiestatales provenientes de las escuelas de Chicago, Austriaca y otras, que promueven la minimización de los Estados nacionales. Sostienen que el mercado debe autorregularse por la iniciativa privada, lo cual supuestamente conduce al desarrollo, la libertad y la prosperidad.
Sin embargo, sabemos que tales absurdos no son más que artimañas para ampliar monopolios comerciales extranjeros, oligopolios locales y debilitar las soberanías públicas de los pueblos de América. Estas ideologías libertarias han utilizado hábilmente metodologías populistas para sostener narrativas demagógicas capaces de engañar a las masas, abordando temas como la seguridad o proclamando discursos “antipolíticos” —contra “las castas” y similares.
Es deber de los sectores patrióticos librar la lucha política por todos los medios —verticalmente (disputando cargos de gobierno) y horizontalmente (difundiendo resistencia cultural en todos los frentes)— con un claro entendimiento de sus realidades particulares.
En países como los sudamericanos, es imperativo fortalecer los Estados nacionales. Estos Estados deben adoptar políticas nacionalistas, soberanas y populares, es decir, respaldadas por el mandato del pueblo.
Por lo tanto, los Estados deben aplicar un pragmatismo radical, evitando idealismos románticos y empleando metodologías que realmente resuelvan las grandes necesidades a la vez que fortalezcan a las naciones. Allí es donde podría echar raíces una ideología nacional y popular.