26 de septiembre de 2025
Los judíos en el mundo: menos de la mitad viven en Israel
Aunque el sionismo se apropia de la representación del pueblo judío, la mayor parte de la comunidad vive repartida entre EEUU y Europa
EOM Álvaro Merino
Menos de la mitad de la población judía mundial vive en Israel. Sin embargo, su primer ministro, Benjamín Netanyahu, insiste en hablar una y otra vez en nombre de todos los judíos del mundo. Ya en 2015 causó una gran polémica al afirmar que era «un representante de todo el pueblo judío» días antes de dar un discurso en el Congreso de Estados Unidos. Tres años más tarde, con la aprobación de la Ley Básica del Estado-nación, consolidó «el carácter de Israel como el Estado nacional de los judíos». Más recientemente, ha enmarcado la oleada de reconocimientos unilaterales del Estado de Palestina dentro de lo que considera una campaña «antisemita».
Pero aunque el sionismo trate de apropiarse de la representación del judaísmo, la mayoría de sus fieles continúa viviendo fuera de Israel. Según datos de 2022 del demógrafo y estadista israelí Sergio Della Pergola —la principal referencia académica en relación a la evolución histórica de la comunidad hebrea—, el número total de judíos se estima en 15,3 millones, de los cuales el 46% reside en Israel y el 39% en Estados Unidos. Ambos países reúnen, por tanto, al 85% de este grupo religioso, mientras que otras naciones como Francia, Canadá o Reino Unido también acogen a un número significativo de judíos.
Para sus cálculos, Della Pergola contabiliza a todas las personas que se identifican como judías, ya sea en el sentido religioso o en el de identidad étnico-cultural siempre y cuando no profesen otro credo. En cambio, excluye a quienes sólo tienen ascendencia judía pero no se definen como tal.
Este enfoque contrasta con el de la Ley del Retorno de Israel de 1950, que otorga la ciudadanía israelí hasta la tercera generación de descendientes de judíos —hijos, nietos y sus cónyuges—. Esta interpretación se traduciría en 25,4 millones de personas en todo el mundo. También contrasta con el del Pew Research Center, que eleva la cifra de judíos estadounidenses a 7,5 millones —más de un millón por encima de la estimación de Sergio Della Pergola, lo que la convertiría en la comunidad judía más numerosa del mundo—. La razón es que el Pew tiene en cuenta a aquellos judíos que tengan al menos un progenitor judío y que se identifiquen como tal aunque profesen una religión distinta.
Para sus cálculos, Della Pergola contabiliza a todas las personas que se identifican como judías, ya sea en el sentido religioso o en el de identidad étnico-cultural siempre y cuando no profesen otro credo. En cambio, excluye a quienes sólo tienen ascendencia judía pero no se definen como tal.
Este enfoque contrasta con el de la Ley del Retorno de Israel de 1950, que otorga la ciudadanía israelí hasta la tercera generación de descendientes de judíos —hijos, nietos y sus cónyuges—. Esta interpretación se traduciría en 25,4 millones de personas en todo el mundo. También contrasta con el del Pew Research Center, que eleva la cifra de judíos estadounidenses a 7,5 millones —más de un millón por encima de la estimación de Sergio Della Pergola, lo que la convertiría en la comunidad judía más numerosa del mundo—. La razón es que el Pew tiene en cuenta a aquellos judíos que tengan al menos un progenitor judío y que se identifiquen como tal aunque profesen una religión distinta.
A ojos de Tel Aviv, cualquier judío es un israelí en potencia, y los llamamientos de sus dirigentes al retorno de todos sus pares a la tierra de sus orígenes bíblicos son continuos. Después de las grandes oleadas en torno a la creación del Estado de Israel en 1948 y a la caída de la Unión Soviética en 1991, la guerra de Ucrania ha sido el último ejemplo. Los programas de ayuda extendidos por el Gobierno de Netanyahu para la migración de judíos ucranianos y rusos a su país se tradujeron en 2022 en la cifra más alta de llegadas de los 23 años anteriores.
La combinación de etnia y religión ha estado presente en el sionismo desde prácticamente sus orígenes. Aunque el movimiento surgió en el siglo XIX como un reclamo político laico a rebufo de los nacionalismos europeos y ante el antisemitismo en el continente, pronto incorporó la religión a su definición de judío para tratar de aunar una diáspora muy diversa a nivel geográfico, cultural y lingüístico. Así, la matriz etnorreligiosa le permitió identificar un «pueblo judío» homogéneo, unido tras casi dos mil años de exilio, y legitimar sus ambiciones territoriales en la Palestina histórica, con la que hasta ese momento el judaísmo guardaba una relación puramente religiosa.
El judaísmo y el genocidio en Gaza
El Gobierno israelí trata de proyectarse como la voz y el representante de todo el pueblo judío para legitimar su brutal ofensiva en Gaza, la cual ya ha sido considerada genocida por una comisión nombrada por Naciones Unidas. Desde el punto de vista de Tel Aviv, los constantes bombardeos y el bloqueo de la ayuda internacional son medidas defensivas destinadas a proteger a la comunidad judía del terrorismo de Hamás y prevenir su «aniquilación».
Es una postura que parece compartir la mayoría de la sociedad israelí: casi el 80% de los judíos del país declara no estar «muy preocupados» o «preocupados en absoluto» por la hambruna y el sufrimiento de la población palestina en Gaza y piensa que Israel está haciendo esfuerzos para impedirlo, según una encuesta del think tank independiente Israel Democracy Institute de mediados de julio. Y según el Pew Research Center, el 42% de los judíos israelíes creen que su país debe controlar la Franja una vez que la guerra acabe, la opción con más apoyo.
Por el contrario, sólo el 31% de los judíos de Estados Unidos apoya la campaña militar de Israel en Gaza, según una encuesta reciente de las universidades de California y Rochester. De hecho, este mes de agosto más de mil rabinos y líderes judíos norteamericanos firmaron una carta pública urgiendo a Israel a permitir la entrada de ayuda humanitaria en Gaza y denunciando el uso del hambre como arma de guerra.
Más allá de las discrepancias sobre el conflicto árabe-israelí dentro del colectivo judío, Israel sí que ha conseguido convertirse en el gran motor demográfico del judaísmo. Con una tasa de fecundidad de 2,85 hijos por mujer —frente, por ejemplo, a la de 1,12 de España—, el Estado hebreo ha duplicado su población en las últimas tres décadas y ya roza los diez millones de habitantes. Mientras, el resto de comunidades judías han permanecido estables o incluso están viendo menguar su tamaño a consecuencia del envejecimiento, el matrimonio interreligioso y la migración al propio Israel.
La combinación de etnia y religión ha estado presente en el sionismo desde prácticamente sus orígenes. Aunque el movimiento surgió en el siglo XIX como un reclamo político laico a rebufo de los nacionalismos europeos y ante el antisemitismo en el continente, pronto incorporó la religión a su definición de judío para tratar de aunar una diáspora muy diversa a nivel geográfico, cultural y lingüístico. Así, la matriz etnorreligiosa le permitió identificar un «pueblo judío» homogéneo, unido tras casi dos mil años de exilio, y legitimar sus ambiciones territoriales en la Palestina histórica, con la que hasta ese momento el judaísmo guardaba una relación puramente religiosa.
El judaísmo y el genocidio en Gaza
El Gobierno israelí trata de proyectarse como la voz y el representante de todo el pueblo judío para legitimar su brutal ofensiva en Gaza, la cual ya ha sido considerada genocida por una comisión nombrada por Naciones Unidas. Desde el punto de vista de Tel Aviv, los constantes bombardeos y el bloqueo de la ayuda internacional son medidas defensivas destinadas a proteger a la comunidad judía del terrorismo de Hamás y prevenir su «aniquilación».
Es una postura que parece compartir la mayoría de la sociedad israelí: casi el 80% de los judíos del país declara no estar «muy preocupados» o «preocupados en absoluto» por la hambruna y el sufrimiento de la población palestina en Gaza y piensa que Israel está haciendo esfuerzos para impedirlo, según una encuesta del think tank independiente Israel Democracy Institute de mediados de julio. Y según el Pew Research Center, el 42% de los judíos israelíes creen que su país debe controlar la Franja una vez que la guerra acabe, la opción con más apoyo.
Por el contrario, sólo el 31% de los judíos de Estados Unidos apoya la campaña militar de Israel en Gaza, según una encuesta reciente de las universidades de California y Rochester. De hecho, este mes de agosto más de mil rabinos y líderes judíos norteamericanos firmaron una carta pública urgiendo a Israel a permitir la entrada de ayuda humanitaria en Gaza y denunciando el uso del hambre como arma de guerra.
Más allá de las discrepancias sobre el conflicto árabe-israelí dentro del colectivo judío, Israel sí que ha conseguido convertirse en el gran motor demográfico del judaísmo. Con una tasa de fecundidad de 2,85 hijos por mujer —frente, por ejemplo, a la de 1,12 de España—, el Estado hebreo ha duplicado su población en las últimas tres décadas y ya roza los diez millones de habitantes. Mientras, el resto de comunidades judías han permanecido estables o incluso están viendo menguar su tamaño a consecuencia del envejecimiento, el matrimonio interreligioso y la migración al propio Israel.
Con todo, la población judía mundial sigue recuperándose del drama del Holocausto, cuando los nazis asesinaron entre 1941 y 1945 a cerca de seis millones de sus integrantes en campos de exterminio. Los 15,2 millones de judíos contabilizados en 2022 se encuentran lejos de los 16,7 alcanzados en 1939, pero la brecha se ha ido cerrando lentamente desde la liberación de Alemania y el fin de la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de ello, para Netanyahu la supervivencia de los judíos sigue corriendo peligro, y no dudó en comparar los actos terroristas del 7 de octubre de 2023 perpetrados por Hamás con la masacre de Babi Yar de 1941 en Ucrania, en la que fueron asesinados más de 33.000 judíos. Para el Israel actual, sionismo y judaísmo son lo mismo, por mucho que la mayoría de sus integrantes vivan fuera de sus fronteras o que la oposición a su agenda colonial, especialmente en Gaza, siga sumando apoyos en la comunidad judía global.
A pesar de ello, para Netanyahu la supervivencia de los judíos sigue corriendo peligro, y no dudó en comparar los actos terroristas del 7 de octubre de 2023 perpetrados por Hamás con la masacre de Babi Yar de 1941 en Ucrania, en la que fueron asesinados más de 33.000 judíos. Para el Israel actual, sionismo y judaísmo son lo mismo, por mucho que la mayoría de sus integrantes vivan fuera de sus fronteras o que la oposición a su agenda colonial, especialmente en Gaza, siga sumando apoyos en la comunidad judía global.