13 de julio de 2025
Soberanismo tecnológico en la era digital
CENAE Por. Mario Ramos
Hay una pregunta clave que asedia al tema planteado, ya lo hizo en su libro ‘Nexus’, Yuval Noah Harari: ¿Primero hemos de entender mejor qué es la información, cómo ayuda a construir redes humanas y de qué manera se relaciona con la verdad y el poder?
La respuesta a esa pregunta requiere abordajes y enfoques de diverso tipo, en gran medida eso lo hace Hariri en su libro, pero al tratarse de un artículo trataremos de ir a lo esencial.
El hecho concreto es que la información no representa con precisión la realidad, pero puede crear redes de poder. El ejemplo clásico es la Biblia, a pesar de sus numerosos errores se convirtió en un texto que creó toda una institucionalidad de poder con enormes implicaciones de toda clase en la sociedad. ¿Por qué la información crea redes de poder? Porque tiene la facultad de conectar, y si no se toman medidas que inclinen la balanza a favor de la verdad, lo que tenemos es la capacidad de determinada red de información de crear mentiras, errores y fantasías, con un objetivo específico, que no es precisamente fomentar la educación o la sabiduría, sino determinado orden. Esa red de información llamada Biblia, finalmente conectó a aproximadamente 1400 millones de personas. Y no pocos millones creen en la concepción inmaculada de María. Obviamente los millones de cristianos no conectan con la persona, es decir, con María, sino que se conectan con el relato. Y aquí empieza el “pecado original” de todos los problemas. Finalmente el relato oficial de lo que se dice de Jesús, termina siendo más influyente que el mismo personaje histórico, y se neutraliza el mensaje revolucionario que los Teólogos de la Liberación han buscado rescatar y promover.
Si esa ‘red tecnológica llamada Biblia’ ha provocado todo lo que ha generado en la historia, entre estas, por ejemplo, la ‘Santa Inquisición’; la cacería de brujas; dar sustento ideológico a la conquista y luego coloniaje en Nuestra América, veamos lo que está provocando la falta de soberanía tecnológica en los actuales momentos.
Y si ahora hay entes que controlan los algoritmos y eligen qué deben ver y escuchar las personas, tenemos un gran problema. Esos algoritmos conectan a quien quieren conectar y relatan lo que quieren relatar, estamos hablando de un poder que ni siquiera la Biblia lo tuvo en su momento. Solo un ejemplo de lo que los algoritmos pueden provocar: Los ejecutivos e ingenieros de Facebook son los responsables de la codificación de sus algoritmos y les dieron un gran poder con poca capacidad de moderación, esta situación jugó un rol en el genocidio de los musulmanes rohinyás en los años 2016-17. Si programas para que un algoritmo gane más “likes” a todo lo que genere odio, el resultado es previsible. Imaginemos lo que ya puede estar sucediendo con la institucionalidad democrática de un país si entregas la soberanía de la red de información.
Las grandes corporaciones tecnológicas occidentales han logrado monopolizar las dimensiones digitales clave, convirtiendo a la mayoría de países del Sur Global en sus rehenes tecnológicos. Está dependencia crítica (absoluta pérdida de control) y sumisión tecno-geopolítica no es positiva para los Estados por la injerencia y amenaza que significan para su institucionalidad y sociedad en general. Se puede afirmar que hoy en día, quien no tiene soberanía sobre sus redes de información (nubes, redes sociales, sistemas operativos, buscadores), está entregando todos los datos del Estado y de sus ciudadanos a las centrales de almacenamiento de las Big Tech y de los servicios de inteligencia de los países del -mundo globalista neoliberal- (recordemos la denuncia de Snowden).
Hay que volver a destacar tres ángulos: 1) Peligrosa socavación de la seguridad nacional (datos en servidores extranjeros); 2) Asimetría económica, ahora no solo nos roban el capital generado en nuestro países a través de deudas ilegítimas, sino que también entregamos valor, al entregar sin control los datos; 3) Vulnerabilidad sistémica (como muestran casos como el apagón de AWS que paralizó medios latinos). De acuerdo a datos de la International Data Corporation – IDC (2024), la AWS (Amazon Web Services) y Microsoft controlan el 80% de la “nube”.
Frente a este panorama los Estados del Sur Global deben desarrollar su propia infraestructura informática. Esto implica un desafío estratégico fundamental que requiere cooperación sur-sur e inversión pública estratégica (entre otros, sistemas operativos seguros, redes troncales de fibra óptica, etc.). Se necesita marco legal y regulatorio robusto. En fin, se requiere la implementación de toda una arquitectura soberana en materia de redes de información.
Es imposible imaginar un futuro sano sin romper esa amenaza y dependencia tecnológica, es improbable un desarrollo económico sostenible sin soberanía en el campo que hemos analizado.
La respuesta a esa pregunta requiere abordajes y enfoques de diverso tipo, en gran medida eso lo hace Hariri en su libro, pero al tratarse de un artículo trataremos de ir a lo esencial.
El hecho concreto es que la información no representa con precisión la realidad, pero puede crear redes de poder. El ejemplo clásico es la Biblia, a pesar de sus numerosos errores se convirtió en un texto que creó toda una institucionalidad de poder con enormes implicaciones de toda clase en la sociedad. ¿Por qué la información crea redes de poder? Porque tiene la facultad de conectar, y si no se toman medidas que inclinen la balanza a favor de la verdad, lo que tenemos es la capacidad de determinada red de información de crear mentiras, errores y fantasías, con un objetivo específico, que no es precisamente fomentar la educación o la sabiduría, sino determinado orden. Esa red de información llamada Biblia, finalmente conectó a aproximadamente 1400 millones de personas. Y no pocos millones creen en la concepción inmaculada de María. Obviamente los millones de cristianos no conectan con la persona, es decir, con María, sino que se conectan con el relato. Y aquí empieza el “pecado original” de todos los problemas. Finalmente el relato oficial de lo que se dice de Jesús, termina siendo más influyente que el mismo personaje histórico, y se neutraliza el mensaje revolucionario que los Teólogos de la Liberación han buscado rescatar y promover.
Si esa ‘red tecnológica llamada Biblia’ ha provocado todo lo que ha generado en la historia, entre estas, por ejemplo, la ‘Santa Inquisición’; la cacería de brujas; dar sustento ideológico a la conquista y luego coloniaje en Nuestra América, veamos lo que está provocando la falta de soberanía tecnológica en los actuales momentos.
Y si ahora hay entes que controlan los algoritmos y eligen qué deben ver y escuchar las personas, tenemos un gran problema. Esos algoritmos conectan a quien quieren conectar y relatan lo que quieren relatar, estamos hablando de un poder que ni siquiera la Biblia lo tuvo en su momento. Solo un ejemplo de lo que los algoritmos pueden provocar: Los ejecutivos e ingenieros de Facebook son los responsables de la codificación de sus algoritmos y les dieron un gran poder con poca capacidad de moderación, esta situación jugó un rol en el genocidio de los musulmanes rohinyás en los años 2016-17. Si programas para que un algoritmo gane más “likes” a todo lo que genere odio, el resultado es previsible. Imaginemos lo que ya puede estar sucediendo con la institucionalidad democrática de un país si entregas la soberanía de la red de información.
Las grandes corporaciones tecnológicas occidentales han logrado monopolizar las dimensiones digitales clave, convirtiendo a la mayoría de países del Sur Global en sus rehenes tecnológicos. Está dependencia crítica (absoluta pérdida de control) y sumisión tecno-geopolítica no es positiva para los Estados por la injerencia y amenaza que significan para su institucionalidad y sociedad en general. Se puede afirmar que hoy en día, quien no tiene soberanía sobre sus redes de información (nubes, redes sociales, sistemas operativos, buscadores), está entregando todos los datos del Estado y de sus ciudadanos a las centrales de almacenamiento de las Big Tech y de los servicios de inteligencia de los países del -mundo globalista neoliberal- (recordemos la denuncia de Snowden).
Hay que volver a destacar tres ángulos: 1) Peligrosa socavación de la seguridad nacional (datos en servidores extranjeros); 2) Asimetría económica, ahora no solo nos roban el capital generado en nuestro países a través de deudas ilegítimas, sino que también entregamos valor, al entregar sin control los datos; 3) Vulnerabilidad sistémica (como muestran casos como el apagón de AWS que paralizó medios latinos). De acuerdo a datos de la International Data Corporation – IDC (2024), la AWS (Amazon Web Services) y Microsoft controlan el 80% de la “nube”.
Frente a este panorama los Estados del Sur Global deben desarrollar su propia infraestructura informática. Esto implica un desafío estratégico fundamental que requiere cooperación sur-sur e inversión pública estratégica (entre otros, sistemas operativos seguros, redes troncales de fibra óptica, etc.). Se necesita marco legal y regulatorio robusto. En fin, se requiere la implementación de toda una arquitectura soberana en materia de redes de información.
Es imposible imaginar un futuro sano sin romper esa amenaza y dependencia tecnológica, es improbable un desarrollo económico sostenible sin soberanía en el campo que hemos analizado.